Cuando la esperanza se seca: Dios puede dar vida otra vez

Cuando la vida se siente seca, vacía o sin remedio, la Escritura nos recuerda que Dios está cerca de los quebrantados de corazón y puede dar vida otra vez. Esta reflexión devocional medita en el Salmo 42, Ezequiel 37 y la esperanza de la resurrección que tenemos en Jesucristo.

Cuando la esperanza se seca: Dios puede dar vida otra vez

Hay temporadas en que el alma se siente cansada de un modo que el sueño no puede remediar. Una persona puede creer en Dios, amar a Dios, orar a Dios, y aun así sentirse vacía, desanimada o sola.

La Biblia no nos avergüenza por eso. La Escritura es honesta acerca de la tristeza. Algunas de las oraciones más hondas de la Biblia vienen de personas fieles que estaban abrumadas, confundidas, de luto o con miedo.

El salmista dice:

«¿Por qué te abates, oh alma mía,
y por qué te conturbas en mí?
Espera á Dios...»

Salmo 42:11

Ese versículo tiene fuerza porque no finge que la tristeza sea imaginaria. El salmista no dice: «Todo está bien». Nombra el peso que lleva dentro. Pero luego le dice la verdad a su propia alma. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)

Esa es una de las grandes lecciones de la fe: la esperanza no es negar el dolor. La esperanza es confiar en Dios mientras el dolor sigue siendo real.

El profeta Jeremías nos da una imagen parecida en el libro de las Lamentaciones. Rodeado de dolor y de ruinas, dice:

«Esto reduciré á mi corazón, por lo cual esperaré. [Es por] la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.»
Lamentaciones 3:21–23

Jeremías no encuentra la esperanza ignorando el sufrimiento que lo rodea. La encuentra recordando lo que es verdad. A veces la fe empieza ahí. No con un sentimiento fuerte, sino con el recuerdo: Dios es misericordioso. Dios es fiel. Sus misericordias no han fallado, aun cuando nuestras fuerzas sí.

Una de las mentiras que nos dice el sufrimiento es que Dios debe de estar lejos. Pero la Escritura dice lo contrario:

«Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu.»
Salmo 34:18

Al Señor no le repugnan los quebrantados de corazón. Está cerca de ellos. No se acerca solo a los fuertes, a los impecables y a los seguros de sí mismos. Se acerca a los humildes, a los heridos y a los cansados.

El autor de Hebreos da el mismo aliento:

«Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin fluctuar; que fiel es el que prometió:»
Hebreos 10:23

Fíjate dónde descansa la esperanza cristiana. No en nuestro estado de ánimo. No en nuestras circunstancias. No en lo fuertes que nos sintamos hoy.

Nuestra esperanza descansa en la fidelidad de Dios.

Nos mantenemos firmes porque fiel es el que prometió.

El profeta Isaías dice:

«El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.»
Isaías 40:29

Y también:

«Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas...»
Isaías 40:31

Dios no les pide a los débiles que fabriquen una fuerza que no tienen. Él da la fuerza. Renueva a los cansados. Sostiene a los que esperan en Él cuando ya no pueden más.

Una de las imágenes más claras de esta esperanza se encuentra en Ezequiel 37, donde el Espíritu del Señor lleva al profeta a un valle lleno de huesos secos. No cuerpos heridos. No personas enfermas. Huesos. Huesos secos.

Humanamente hablando, la situación no tiene remedio.

Entonces Dios le pregunta a Ezequiel:

«Hijo del hombre, ¿vivirán estos huesos?»
Ezequiel 37:3

Ezequiel responde con humildad:

«Señor Jehová, tú lo sabes.»

A veces esa es la única oración que sabemos hacer.

Cuando miramos nuestra propia debilidad, nuestro dolor, nuestra sequedad espiritual, nuestra familia, nuestras heridas o nuestro pasado, quizá no sepamos qué decir. Quizá no sepamos cómo obrará Dios. Quizá no veamos un camino hacia adelante.

Pero aún podemos decir:

Señor, tú lo sabes.

En la visión de Ezequiel, Dios manda que se pronuncie Su palabra sobre los huesos. Los huesos se juntan. Aparece la carne. Entra en ellos el aliento. Lo que estaba muerto se pone de pie, vivo otra vez.

Luego Dios explica el significado:

«...todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza...»
Ezequiel 37:11

Ese es el lenguaje de la desesperación: «pereció nuestra esperanza».

Pero la respuesta de Dios no es: «Esfuérzate más».
No es: «Finge que no te duele».
No es: «Primero arréglate tú».

La respuesta de Dios es la vida.

Él dice:

«Y pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis...»
Ezequiel 37:14

En su contexto original, esta visión habla de Dios restaurando a Israel. Pero también revela una verdad honda acerca del carácter de Dios: Él puede dar vida donde la fuerza humana se ha acabado.

San Pablo entendía esta clase de esperanza. Escribe:

«...sobremanera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuviésemos en duda de la vida.»
2 Corintios 1:8

Pero luego explica lo que Dios le enseñó por medio de ese sufrimiento:

«...para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos...»
2 Corintios 1:9

Incluso San Pablo sabía lo que significa sentirse aplastado más allá de sus propias fuerzas. No describe una fe superficial que el sufrimiento no ha tocado. Describe un sufrimiento tan pesado que le enseñó a no confiar en sí mismo, sino en Dios que levanta los muertos.

Esa es la esperanza hacia la que apunta la visión de Ezequiel: cuando el poder humano se acaba, el poder vivificador de Dios no se ha acabado.

Y como cristianos, vemos esta esperanza con la mayor claridad en Jesucristo.

Jesús dice:

«Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.»
Juan 11:25

Jesús no se limita a enseñar la resurrección como una idea. Dice: «Yo soy la resurrección y la vida». La esperanza cristiana no tiene su raíz última en un concepto, un estado de ánimo o una frase motivadora. Tiene su raíz en una Persona.

El Dios que pronunció vida sobre el valle de los huesos secos es el mismo Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos. Porque Cristo ha resucitado, la desesperación no tiene la última palabra. La muerte no tiene la última palabra. Tu momento de mayor debilidad no tiene la última palabra.

San Pablo escribe:

«Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros, el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también...»
Romanos 8:11

Y San Pedro dice:

«...nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos...»
1 Pedro 1:3

La esperanza cristiana no es un optimismo superficial. No es fingir que la vida es fácil. No es forzar una sonrisa mientras el corazón se rompe.

La esperanza cristiana es una esperanza viva porque está fundada en el Cristo vivo.

Así que, cuando tu alma se sienta abatida, dile la verdad:

Espera en Dios.

Cuando tu corazón se sienta débil, recuerda:

Fiel es el que prometió.

Cuando la vida se sienta seca y vacía, recuerda el valle de los huesos:

Dios puede dar vida otra vez.


Quizá hoy no te sientas fuerte. Quizá no tengas todas las respuestas. Quizá no veas lo que Dios está haciendo. Pero tu esperanza no está edificada sobre lo que puedes ver en este momento. Está edificada sobre la fidelidad del Dios vivo.

Ningún valle es demasiado seco para Él.
Ninguna tristeza es demasiado honda para Su misericordia.
Ninguna oscuridad es más fuerte que la luz de la resurrección de Cristo.


Reflexión

¿En qué parte de tu vida te sientes seco, desanimado o sin esperanza en este momento?

No se lo escondas a Dios. Preséntaselo con honestidad. El salmista lo hizo. Jeremías lo hizo. Ezequiel lo hizo. Los santos de Dios siempre han clamado desde lugares reales de debilidad.

Pero no te quedes en la desesperación.

Dile a tu alma la verdad de la Escritura:

«Espera á Dios...»
Salmo 42:11

«...grande es tu fidelidad.»
Lamentaciones 3:23

«Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón...»
Salmo 34:18

«...fiel es el que prometió...»
Hebreos 10:23

«El da esfuerzo al cansado...»
Isaías 40:29

«Y pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis...»
Ezequiel 37:14

«Yo soy la resurrección y la vida...»
Juan 11:25


Oración:

Señor Dios, cuando mi corazón esté desanimado, enséñame a esperar en ti. Cuando me sienta vacío, recuérdame que no estás ausente. Cuando me sienta espiritualmente seco, sopla vida en mí por tu Espíritu. Ayúdame a mantener firme la esperanza que confieso, no porque yo sea fuerte, sino porque tú eres fiel. Dame fuerza donde soy débil. Acércate donde estoy quebrantado. Restaura lo que está herido, renueva lo que está cansado, y mantén mis ojos fijos en Jesucristo, que venció a la muerte y da vida al mundo. Amén.

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