Lo que dicen los textos. El texto breve dice: «tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres concuerdan». El texto largo intercala un trío celestial, Padre, Verbo y Espíritu Santo, y otro terrenal, Espíritu, agua y sangre. La KJV, la Douay-Rheims y la Reina-Valera 1909 tienen el texto largo; la ASV y casi todas las traducciones modernas tienen el breve.
La evidencia griega. Las palabras añadidas aparecen solo en unos diez manuscritos griegos, todos tardíos: el más antiguo que las tiene en el texto es del siglo XIV, y varios otros las tienen solo en el margen, añadidas por manos posteriores. No se conoce ningún escritor griego que las cite antes de una traducción griega de las actas del IV Concilio de Letrán, de 1215. Que estas palabras no formaban parte de la carta griega original es la conclusión de los especialistas en crítica textual de todas las tradiciones (Muy sólida).
De dónde vienen. Las palabras surgieron en el Occidente latino. La primera cita indiscutible está en una obra latina de hacia el año 380, atribuida por lo general a Prisciliano. San Cipriano, en el siglo III, escribió que «estos tres son uno» está escrito acerca del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero puede que estuviera interpretando el versículo 8 y no citando un texto más largo (Debatida). Los manuscritos más antiguos que se conservan de la Vulgata, como el Códice Fuldense del año 546, no tienen las palabras; copias posteriores de la Vulgata las incorporaron, y la Vulgata Clementina de 1592 las imprimió.
Erasmo y el griego impreso. Erasmo omitió las palabras en su Nuevo Testamento griego de 1516 y de 1519 porque sus manuscritos griegos no las tenían. Las añadió en 1522, después de que se informó de un manuscrito griego que las contenía, aunque en sus notas dijo sospechar que había sido corregido según el latín. La conocida historia de que había prometido incluirlas si se le presentaba un solo manuscrito se ha demostrado que no tiene base en sus escritos. La razón que él mismo dio fue no dar a nadie ocasión de calumnia. De sus ediciones posteriores las palabras pasaron al Textus Receptus, a la KJV y a la Reina-Valera.
Lo que lee la Iglesia ortodoxa. La edición patriarcal de 1904 es de una franqueza poco común. Sus editores escribieron que el pasaje no está atestiguado en los textos de la Iglesia, ni en los Padres y maestros de la Iglesia oriental, ni en las versiones antiguas, ni en los manuscritos eslavos más antiguos. Aun así lo imprimieron en letra pequeña, explicando que se conserva por opinión del Santo Sínodo. Por eso el lector ortodoxo encuentra estas palabras en el Texto Patriarcal, visiblemente señaladas como de otra categoría.
La práctica católica y protestante. En 1897 el Santo Oficio romano declaró que no se podía negar con seguridad la autenticidad del pasaje; en 1927 se declaró que la cuestión quedaba abierta a la investigación académica. La Neovulgata (Nova Vulgata) lo omite. Las traducciones modernas católicas y protestantes, incluidas la RSV edición católica, la ESV, la NIV y la NRSVUE, lo omiten o lo ponen en nota; la NKJV lo conserva con una nota.
Lo que cambia y lo que no. La Iglesia confesó la Santísima Trinidad en Nicea y Constantinopla sin este versículo; los Padres orientales que defendieron la Trinidad nunca lo citaron. La doctrina se apoya en el testimonio de toda la Escritura, como el bautismo en el único nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:19), y en la fe de la Iglesia. Quitar la Coma quita una glosa tardía, no la Trinidad.