A la mayoría nos enseñaron que en esta cuestión la ciencia y la religión están en guerra. La historia real se parece más a lo contrario.
Lo que afirma el Génesis
«En el principio crió Dios los cielos y la tierra.» Esa frase ha sido la confesión del cristianismo durante dos mil años. Durante la mayor parte de la historia humana, los filósofos seculares prefirieron un universo eterno: así lo sostenía Aristóteles, y también la mayoría de los físicos hasta bien entrado el siglo XX. Un universo eterno no necesitaba Creador. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
El giro científico
Entonces los datos cambiaron de rumbo. Las observaciones de Edwin Hubble (1929) mostraron que las galaxias se alejan: el universo se está expandiendo. Si haces correr el reloj hacia atrás, todo converge en un único punto de origen.
La figura decisiva fue Georges Lemaître, sacerdote católico y físico belga, que en 1927 dedujo un universo en expansión a partir de las ecuaciones de Einstein, dos años antes de la confirmación de Hubble, y en 1931 propuso la hipótesis del «átomo primitivo». La teoría del Big Bang la propuso por primera vez un sacerdote católico.
La resistencia
Muchos físicos la combatieron. Fred Hoyle acuñó el término «Big Bang» (que a menudo se tiene por una broma despectiva, aunque él negó después haberlo dicho con desprecio) y defendió un modelo alternativo de «estado estacionario». El astrónomo Arthur Eddington había confesado en 1931: «Filosóficamente, la noción de un principio del orden actual de la naturaleza me repugna» (traducción nuestra). El descubrimiento en 1964 de la radiación cósmica de fondo de microondas (Penzias y Wilson) puso fin al debate. El universo tuvo un principio.
El teorema de Borde-Guth-Vilenkin (2003)
El cosmólogo Alexander Vilenkin y sus colaboradores demostraron que cualquier universo que, en promedio, haya estado en expansión, incluida la mayoría de los modelos de multiverso, no puede ser eterno hacia el pasado; Vilenkin lo interpreta como un principio. No hay escapatoria naturalista por la vía de «el universo siempre existió». El propio Vilenkin: «Toda la evidencia que tenemos dice que el universo tuvo un principio.»
El argumento cosmológico kalam
La formulación clásica de William Lane Craig:
- Todo lo que comienza a existir tiene una causa.
- El universo comenzó a existir.
- Por lo tanto, el universo tiene una causa.
Esa causa debe ser atemporal, inespacial, inmaterial e inmensamente poderosa, y personal (solo una voluntad personal explica por qué una causa atemporal produjo un efecto temporal en un momento y no en otro). El argumento no demuestra la Trinidad, pero apunta inequívocamente fuera del universo, hacia una Mente.
La célebre observación de Robert Jastrow
El astrónomo agnóstico Robert Jastrow terminó su libro God and the Astronomers así: «Para el científico que ha vivido de su fe en el poder de la razón, la historia termina como una pesadilla. Ha escalado las montañas de la ignorancia; está a punto de conquistar la cumbre más alta; al alzarse sobre la última roca, lo recibe un grupo de teólogos que llevan siglos sentados allí.»
La mirada ortodoxa
A los Padres no les incomodaba un universo finito. El Hexamerón de San Basilio trata la creación como algo que tuvo un principio definido. El Credo niceno nombra a Dios «Creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América). Cuando los telescopios por fin se pusieron al día, decían lo que la Iglesia había dicho desde siempre.
Una palabra pastoral
El primer versículo del Génesis acaba de recibir mucha ayuda de la cosmología. No tienes que elegir entre creer en la ciencia y creer en la Biblia. Ambas apuntan en la misma dirección.