Toda religión te dice algo que, según ella, es verdad. Algunas de sus afirmaciones se refieren a Dios, otras a cómo vivir, y muchas a la historia: que un profeta recibió un libro, que un pueblo navegó hasta un nuevo continente, que un hombre crucificado fue visto vivo después de su muerte. Entre las distintas religiones, muchas de esas afirmaciones no pueden ser todas verdaderas. Quien toma en serio la religión, sea creyente o escéptico, tarde o temprano se enfrenta a una pregunta práctica. ¿Cómo sopesar estas afirmaciones sin caer en la credulidad ni en el desprecio?
La pregunta importa a los cristianos de un modo particular, porque el Nuevo Testamento no pide quedar exento del examen. Pablo dice a los tesalonicenses: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.) El libro de los Hechos elogia a los judíos de Berea porque recibieron la palabra «escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así» (Hechos 17:11). Pedro pide a los creyentes que estén preparados para dar «razón de la esperanza que hay en vosotros», y hacerlo «con mansedumbre y reverencia» (1 Pedro 3:15). Una fe que habla así ha invitado ella misma las preguntas que se plantea este artículo.
Lo que sigue es un método que cualquiera puede usar, crea lo que crea en este momento. Lo aplicamos primero al cristianismo, y con el mismo rigor que a cualquier otra fe, porque un método que solo encuentra fallas en la religión de los demás no es un método. Donde la evidencia no puede zanjar una cuestión, lo decimos.
En resumen
Las afirmaciones religiosas sobre la verdad son de distintos tipos, y cada tipo se examina de manera distinta. Las afirmaciones históricas, como la resurrección de Jesús, el origen antiguo del Libro de Mormón o la preservación perfecta del Corán, pueden examinarse con las herramientas ordinarias de la historia: fuentes tempranas e independientes, atención a los detalles que un autor no inventaría y concordancia con la arqueología y con los hechos conocidos. Esas herramientas dan probabilidades, no certezas, y tienen límites reales. Más allá de la historia, una cosmovisión puede examinarse por su coherencia interna, por cuánto de la realidad explica y por lo bien que concuerda con nuestra experiencia moral y existencial. Las afirmaciones de milagros merecen un examen atento, pero el famoso argumento de David Hume contra la credibilidad del testimonio sobre milagros ha recibido duras críticas, entre ellas la del filósofo no cristiano John Earman. La experiencia espiritual personal puede ser real e importante, pero no puede zanjar cuestiones históricas públicas cuando personas sinceras relatan experiencias que apuntan en direcciones opuestas. La justicia exige usar un mismo criterio para todas las fes, incluida la nuestra. La tradición cristiana ortodoxa añade que conocer a Dios implica también la purificación del corazón y la oración, de modo que la evidencia y la vida de fe obran juntas, sin que una reemplace a la otra.
Tesis: Las afirmaciones religiosas pueden y deben sopesarse con un único conjunto justo de pruebas, y el cristianismo, que se juega su verdad en un acontecimiento histórico público, pide ser examinado de esa manera, mientras la Iglesia enseña también que el conocimiento pleno de Dios lo recibe un corazón que está siendo sanado.
Primero, clasifica las afirmaciones
Mucha confusión nace de tratar como iguales distintas clases de afirmaciones religiosas. Conviene separar cuatro grupos.
- Las afirmaciones históricas se refieren a sucesos en el espacio y el tiempo, como una crucifixión en Jerusalén o una migración a través de un océano.
- Las afirmaciones textuales se refieren a documentos: quién los escribió, cuándo, y si han sido alterados.
- Las afirmaciones doctrinales se refieren a Dios y a la naturaleza de la realidad. Ninguna excavación puede confirmarlas directamente; se sopesan por su coherencia, por su poder explicativo y por su vínculo con las afirmaciones históricas que las sostienen.
- Las afirmaciones experienciales se refieren a lo que una persona ha vivido, como la sensación de la presencia de Dios. Importan a esa persona, pero son las más difíciles de compartir.
El cristianismo da un peso inusual al primer grupo. Pablo escribe: «si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe», y añade: «vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados» (1 Corintios 15:14, 17). Si la resurrección no ocurrió, dice, los apóstoles resultarían «hallados falsos testigos de Dios» (15:15). Por eso la fe puede, en principio, estar equivocada de un modo que la evidencia histórica podría dejar al descubierto. Nosotros lo consideramos una fortaleza, y es la razón por la que dedicamos a la evidencia una atención cuidadosa en La resurrección de Jesús ante la historia.
Esto también obliga a ser honestos sobre lo que la historia no alcanza. Ningún historiador puede verificar que Cristo es, como dice el Credo, «consubstancial con el Padre» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América), ni que el Espíritu Santo procede del Padre. Esas son cuestiones de revelación recibida en la Iglesia. Lo que la historia sí puede examinar es si son creíbles los acontecimientos sobre los que descansa la confesión de la Iglesia.
Las herramientas del historiador y sus límites
Fuentes tempranas e independientes
Un historiador pregunta primero qué tan cerca de los hechos está una fuente y si depende de otras fuentes. Lo más temprano suele ser mejor, porque la leyenda tiene menos tiempo para crecer, y dos relatos que no se copiaron entre sí dan dos líneas de evidencia en lugar de una. En 1 Corintios, Pablo transmite una tradición de la que dice: «os he enseñado lo que asimismo recibí» (15:3), y enumera las apariciones de Cristo resucitado a Cefas, a los Doce, «á más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún», a Santiago, a todos los apóstoles y, por último, al propio Pablo (15:5-8). Los estudiosos discrepan sobre qué tan temprana es exactamente esa tradición. En un debate de 2006, William Lane Craig afirmó que la mayoría de los estudiosos la fechan dentro de los cinco años siguientes a la crucifixión. Bart Ehrman objetó que Pablo «escribía 25 años después» (traducción nuestra, como las demás citas de obras en otras lenguas en este artículo, salvo que se indique una edición española), y Craig respondió que lo que importa es la tradición más antigua que Pablo cita, no la fecha de su carta.1 Aun tomando la fecha de la carta misma, Pablo escribió cuando, como él mismo señala, muchos de los que afirmaban haber visto a Cristo resucitado seguían vivos (15:6). Ehrman sostiene que los Evangelios fueron escritos «entre 35 y 65 años después de la muerte de Jesús» por personas que no fueron testigos oculares; estudiosos cristianos como Richard Bauckham sostienen que están mucho más cerca del testimonio de testigos oculares.
Dificultad y testimonio múltiple
El criterio de dificultad (también llamado «de vergüenza») observa que es poco probable que un autor invente algo que deja mal a su propio bando. El relato de que Jesús fue bautizado por Juan (Marcos 1:9), que podría sugerir que Juan era la figura mayor, es el tipo de detalle que este criterio destaca. El testimonio múltiple observa que un suceso referido en varias fuentes independientes, o en distintos tipos de material, tiene más probabilidades de ser histórico que uno referido una sola vez.
Estas herramientas son útiles, pero no son máquinas. Una colección de ensayos de 2012, editada por Chris Keith y Anthony Le Donne, sostuvo que los tradicionales «criterios de autenticidad» de la investigación sobre Jesús deberían abandonarse o reformularse a fondo.2 La conclusión justa es modesta: esos criterios suben o bajan probabilidades, pero no pueden por sí solos demostrar que un dicho es auténtico ni mostrar que un pasaje es inventado.
Examinar la casa propia: el censo de Quirinio
Un método justo tiene que estar dispuesto a encontrar un problema en sus propias Escrituras. Lucas fecha el nacimiento de Jesús en un empadronamiento que «primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria» (Lucas 2:2; «Cirenio» es la forma que la Reina-Valera da a Quirinio), y tanto Lucas como Mateo sitúan el nacimiento en los días del rey Herodes (Lucas 1:5; Mateo 2:1). Josefo, en cambio, describe a Quirinio llegando a Siria «para hacer un registro de sus bienes» después de la destitución de Arquelao, hijo de Herodes, y fecha el final de ese censo en «el año trigésimo séptimo de la victoria de César sobre Antonio en Accio», hacia el 6 d. C., aproximadamente una década después de la muerte de Herodes.3 Un artículo de 2018 en la revista evangélica Tyndale Bulletin comienza reconociendo que el vínculo que Lucas establece entre el nacimiento y el censo de Quirinio «se considera ampliamente problemático», y luego repasa las soluciones propuestas y ofrece la suya.4 {{debated: Sigue abierta la cuestión de si el censo de Lucas puede conciliarse con la fecha que Josefo da para Quirinio; se han propuesto armonizaciones, pero ninguna goza de acuerdo general.}}
La dificultad no afecta a la crucifixión ni a la resurrección, y una fecha equivocada en un relato del nacimiento no haría por sí sola que el resto de Lucas fuera poco fiable. Pero no debe ocultarse. Explicamos cómo tratar dificultades de este tipo en ¿Se contradice la Biblia? (en inglés).
Coherencia interna
Una segunda prueba pregunta si un conjunto de creencias se sostiene como un todo. Si las enseñanzas centrales de una religión se contradicen entre sí, al menos una de ellas debe ser falsa. Los críticos suelen dirigir esta prueba contra la Trinidad: ¿cómo puede Dios ser uno y tres?
La respuesta justa distingue un misterio de una contradicción. Una contradicción afirma que algo es y no es el caso en el mismo sentido. Un misterio supera nuestra comprensión sin afirmar un sinsentido. La Iglesia no confiesa un Dios y tres Dioses, ni una Persona y tres Personas. Confiesa una sola esencia divina en tres Personas, con el Padre como única fuente del Hijo y del Espíritu. Un crítico puede seguir encontrándolo poco convincente, pero el debate trata de si la distinción se sostiene; no se trata de un simple caso de autocontradicción. Las demás fes merecen la misma cortesía de ser juzgadas en sus propios términos.
Concordancia con los hechos conocidos: arqueología y anacronismo
Una tercera prueba pregunta si un texto concuerda con lo que sabemos del mundo que describe. Los detalles de geografía, nombres, costumbres y tecnología son difíciles de falsificar a lo largo de muchas páginas, y un anacronismo (algo situado en una época a la que no pertenece) es una señal de alerta. Veamos tres ejemplos breves, medidos con el mismo criterio.
Los Evangelios
Los Evangelios mencionan muchos lugares, gobernantes y costumbres reales de la Palestina del siglo I. Un argumento más específico proviene de Richard Bauckham, quien sostuvo en Jesus and the Eyewitnesses que la popularidad de los nombres personales en los Evangelios y en Hechos coincide estrechamente con la frecuencia de los nombres entre los judíos palestinos de la época, un patrón que a autores alejados de ese ambiente les costaría reproducir.5 En 2023, Kamil Gregor y Brian Blais lo sometieron a una prueba estadística y concluyeron que la tesis de Bauckham «no ofrece ninguna ventaja» frente a un modelo de transmisión comunitaria anónima. Luuk van de Weghe y Jason Wilson respondieron en 2024 que esa crítica se basa en «pruebas inadecuadas y una selección de datos cuestionable».6 {{debated: Hoy se discute activamente si el patrón de los nombres personales en los Evangelios y en Hechos es evidencia positiva de una tradición de testigos oculares.}}
El Libro de Mormón
El Libro de Mormón se presenta como el registro antiguo de pueblos que emigraron del Cercano Oriente a las Américas. Esa es una afirmación histórica, y los estudiosos santos de los últimos días la han tratado, con razón, como tal. En 1973, el antropólogo de Yale Michael Coe, escribiendo como «un observador externo comprensivo e interesado» en una revista independiente de pensamiento santo de los últimos días, señaló que el libro menciona el caballo, el carro, el trigo, la cebada y la metalurgia, y concluyó que su imagen de la América antigua «tiene poco que ver con las culturas indígenas tempranas tal como las conocemos».7 Los estudiosos santos de los últimos días han respondido a puntos concretos (John Sorenson, por ejemplo, sugirió que «caballo» podría haber designado un animal nativo, como un venado) y han propuesto diversos escenarios para los sucesos del libro. La Iglesia no adopta una postura oficial sobre su geografía, salvo que los acontecimientos tuvieron lugar en las Américas. El ensayo de la Iglesia sobre los estudios de ADN sostiene que el libro «no afirma que los pueblos descritos en él fueran los habitantes predominantes o exclusivos de las tierras que ocupaban», y concluye que «no se puede hacer uso de los estudios de ADN de manera concluyente para validar ni para rechazar la autenticidad histórica del Libro de Mormón».8
Un santo de los últimos días puede responder, con justicia, que la ausencia de evidencia pesa menos que la evidencia positiva en contra, y que la arqueología de la América antigua dista mucho de estar completa. Es cierto. Pero el registro de grandes civilizaciones con ciudades, guerras y trabajo en metal nos lleva a esperar algún rastro, y cuanto más tarda ese rastro en aparecer, más pesa su ausencia. Aplicamos el mismo razonamiento a la historia bíblica, y por eso nuestras calificaciones marcan algunos sucesos bíblicos como debatidos.
El Corán
Muchos musulmanes entienden que la promesa «Somos Nosotros Quienes hemos revelado la Amonestación y somos Nosotros sus custodios» (Corán 15:9, trad. de Julio Cortés; «la Amonestación» es el Corán) significa que el texto se ha preservado sin cambios. La evidencia es mixta. El análisis por radiocarbono de dos hojas conservadas en la Universidad de Birmingham fechó el pergamino «en el período comprendido entre 568 y 645 d. C. con una precisión del 95.4 %».9 {{strong: Algunos manuscritos del Corán que se conservan están escritos en pergamino que la datación por radiocarbono sitúa en vida de Mahoma o cerca de ella, lo cual respalda la existencia temprana de buena parte del texto.}} Sin embargo, la colección de hadices de al-Bujari relata que el califa Uthmán mandó hacer copias, envió una a cada provincia y «ordenó que todos los demás materiales coránicos, ya estuvieran escritos en manuscritos fragmentarios o en copias completas, fueran quemados».10 Los musulmanes suelen ver esta respuesta a las disputas sobre la recitación como preservación, no como alteración. {{very-strong: La propia tradición islámica registra una estandarización oficial del texto del Corán bajo el califa Uthmán.}} Y la escritura inferior del palimpsesto de Saná es, en palabras del estudioso de Oxford Nicolai Sinai, «nuestro único testigo material de una recensión no estándar» del texto consonántico del Corán: reconociblemente el Corán, pero con diferencias frecuentes.11
La conclusión justa, desarrollada en ¿Se ha preservado perfectamente el Corán? (en inglés), es que la evidencia respalda una estabilidad temprana y sustancial, pero no la afirmación popular más fuerte de que nunca existió variación alguna. Debemos aplicarnos el mismo criterio a nosotros mismos. El Nuevo Testamento también tiene muchas variantes textuales, y los cristianos ortodoxos no afirman que todos los manuscritos sean idénticos letra por letra. Cada tradición debe examinarse por lo que realmente afirma.
Alcance explicativo
Una cuarta prueba pregunta qué explicación da cuenta de más evidencia con menos supuestos especiales. En el debate de 2006, Craig expuso cuatro hechos que, en su opinión, la mayoría de los estudiosos acepta: la sepultura de Jesús, el hallazgo de la tumba vacía, las apariciones y la repentina convicción de los discípulos de que Jesús había resucitado.12 Ehrman sostuvo que las fuentes de los Evangelios en que se apoya esa lista no son históricamente fiables y ofreció una explicación alternativa sobre la tumba, añadiendo con franqueza: «No creo esto. No creo que haya sucedido así», aunque insistió en que aun así era más probable que un milagro.
El intercambio muestra el límite de la prueba. El alcance explicativo compara bien las hipótesis solo cuando ambas partes coinciden sobre la evidencia y sobre lo que cuenta como una causa plausible. Cuando discrepan sobre si Dios existe y podría actuar, la discusión se traslada a la probabilidad previa (o probabilidad a priori), de la que hablamos más abajo.
Concordancia moral y existencial
Una quinta prueba es menos precisa, pero sigue siendo real. ¿Da sentido una fe a la conciencia, al amor, a la culpa, al sufrimiento y al anhelo de sentido? ¿Coincide su imagen de Dios con lo que la mejor intuición moral humana reconoce como bueno? Los cristianos han comprobado desde hace mucho que el Evangelio toma en serio el pecado y la muerte y ofrece sanación en lugar de negación. Pero esta prueba no debe exagerarse. Toda gran tradición ofrece alguna explicación del sentido de la vida, y la concordancia existencial puede hacer que una afirmación merezca investigarse sin demostrar que una revelación es verdadera.
Testimonio y milagros: Hume y sus críticos
El argumento escéptico clásico contra la credibilidad de los milagros referidos es el ensayo de David Hume «De los milagros» («Of Miracles», 1748). Hume parte de un principio que casi todos aceptan: «Un hombre sabio, por tanto, proporciona su creencia a la evidencia». Luego sostiene que «ningún testimonio basta para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea de tal clase que su falsedad resulte más milagrosa que el hecho que pretende establecer».13 Añade que los milagros de las religiones rivales se anulan entre sí, ya que «en materia de religión, todo lo que es diferente es contrario».
El ensayo de Hume ha recibido fuertes críticas, aunque todavía tiene defensores. Una de las críticas modernas más severas vino de John Earman, filósofo de la ciencia de la Universidad de Pittsburgh, que escribió: «Sostengo que “De los milagros” es un rotundo fracaso».14 Earman no está defendiendo el cristianismo; dice que no encuentra «nada atractivo, ni intelectual ni emocionalmente, en las doctrinas teológicas del cristianismo». Su objeción principal es que Hume ignoró en gran medida la teoría de la probabilidad que desarrollaban sus contemporáneos Thomas Bayes y Richard Price. Con esa teoría, Earman muestra que un número suficiente de testigos verdaderamente independientes, cada uno apenas mínimamente fiable, puede en principio volver creíble incluso un suceso muy improbable.15 La dificultad está en la independencia real, que es difícil de establecer para el testimonio antiguo. Earman concede además un punto que va en contra de la apologética fácil: que los milagros confirmen una forma particular de teísmo «depende de las probabilidades previas que se asignen a esta y a las formas alternativas de teísmo».16
El propio Hume concedió más de lo que suele recordarse. Admitió que algunas violaciones del curso habitual de la naturaleza podrían «admitir prueba a partir del testimonio humano», con el ejemplo hipotético de ocho días de oscuridad en todo el mundo. Su verdadero blanco era más limitado: negaba que un milagro pudiera probarse «de modo que sea el fundamento de un sistema de religión».17
Un argumento afín proviene de los historiadores. Ehrman lo formuló así: «Los historiadores solo pueden establecer lo que probablemente sucedió en el pasado, y por definición un milagro es el acontecimiento menos probable».18 Tiene razón en que la historia trabaja con probabilidades y en que un historiador que trabaja solo con causas naturales no puede concluir que Dios actuó. Pero la probabilidad que importa no es con qué frecuencia ocurren tales sucesos en general; es qué tan probable es el suceso dada toda la evidencia, incluidas las razones que haya para pensar que Dios existe. La historia puede establecer, con distintos grados de confianza, hechos como la sepultura y las experiencias de los discípulos, mientras que el paso de esos hechos a «Dios resucitó a Jesús» depende también de la visión más amplia que uno tenga de la realidad. Abordamos el lado filosófico en ¿Pueden ocurrir realmente los milagros? (en inglés).
El razonamiento probabilístico, explicado con sencillez
Buena parte de esto se reduce a una manera de pensar sobre la evidencia que lleva el nombre de Thomas Bayes. Tiene tres partes, y ninguna requiere matemáticas. La probabilidad previa es qué tan plausible es una afirmación antes de considerar esta evidencia concreta, dado todo lo demás que sabemos. La verosimilitud (en el sentido técnico de la estadística) compara cuánto esperaríamos esta evidencia si la afirmación fuera verdadera con cuánto la esperaríamos si fuera falsa. La combinación de ambas da la probabilidad posterior (o a posteriori): qué tan plausible es la afirmación después.
Supongamos que una amiga dice que vio un zorro en su jardín. La probabilidad previa es bastante alta, y su relato la eleva aún más. Si dice que vio un tigre, un solo relato no te moverá mucho, pero una fotografía, el anuncio de un zoológico sobre una fuga y los reportes de la policía, en conjunto, sí lo harían. Las afirmaciones extraordinarias necesitan evidencia sólida, pero la evidencia sólida es posible, sobre todo cuando líneas independientes apuntan en la misma dirección.
Dos precauciones mantienen honesto este razonamiento. Los números que se asignan a estas cuestiones suelen ser conjeturas, de modo que el principal valor de este razonamiento es que nos obliga a explicitar nuestros supuestos. Y la probabilidad previa de un milagro depende en gran medida de si Dios existe. Quien está convencido de que no hay Dios dará a la resurrección una probabilidad previa tan baja que casi ninguna evidencia podría moverla, y por eso los argumentos a favor de la existencia de Dios y la evidencia histórica van juntos.
Los límites del testimonio espiritual subjetivo
Muchos creyentes fundan su fe menos en argumentos que en una experiencia de Dios. La formulación más conocida de esto en la enseñanza de los santos de los últimos días es la promesa de Moroni: «quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo» (Moroni 10:4, según la edición oficial en español del Libro de Mormón). La enseñanza de los santos de los últimos días no reduce esto a una emoción pasajera. Una revelación dirigida a Oliver Cowdery dice: «debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien» (Doctrina y Convenios 9:8).19
La dificultad no es que esas experiencias sean irreales. Es que personas sinceras de muchas tradiciones relatan experiencias que parecen confirmar cosas contradictorias. Un santo de los últimos días puede sentir que el Libro de Mormón es verdadero; un musulmán, que el Corán es la revelación definitiva; un cristiano, que Jesús es Señor y Dios. Si la experiencia es la única prueba, no hay manera de decidir entre ellos, como examinamos en ¿Puede un testimonio espiritual demostrar que el Libro de Mormón es verdadero? (en inglés).
La justicia nos obliga a admitir que este no es un problema exclusivo de los santos de los últimos días. El filósofo evangélico William Lane Craig enseña que «la manera fundamental en que sabemos que nuestra fe es verdadera es mediante el testimonio interno del Espíritu Santo», y sostiene a la vez que los argumentos y la evidencia son el modo de mostrar su verdad a otros.20 La Escritura habla, en efecto, del Espíritu que da testimonio «á nuestro espíritu que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16). También dice: «no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios» (1 Juan 4:1). Un testimonio interior puede ser precioso, pero no puede por sí solo decidir si existieron las ciudades nefitas o si una tumba estaba vacía. Esas cuestiones tienen que enfrentarse a la evidencia pública, como entendieron los de Berea; véase La prueba de Berea (en inglés).
Evitar el doble rasero: la prueba del observador externo
El exministro religioso y autor ateo John Loftus ha construido su argumento más conocido en torno al doble rasero. Su «prueba del observador externo para la fe» (en inglés, Outsider Test for Faith) pide a los creyentes que examinen su propia religión con el escepticismo que aplican a las demás, algo que la descripción de su libro por la editorial resume así: «Haz con tu propia fe lo que haces con las demás fes».21 Su argumento parte de una observación real: la mayoría de las personas profesa la religión de la cultura en la que creció, lo que sugiere que la crianza a menudo decide lo que creemos.
Los cristianos deberían aceptar el núcleo de este desafío, y este artículo ha intentado hacerlo: no debemos excusar en los Evangelios lo que criticamos en otras escrituras. Pero los críticos han señalado debilidades en las formas más fuertes de la prueba. El filósofo cristiano Thomas Talbott sostiene que el origen cultural de una creencia dice poco sobre si una persona concreta la sostiene ahora por buenas razones, del mismo modo que haber aprendido en la infancia que la Tierra es redonda no vuelve irracional esa creencia. Concluye que, una vez eliminada una incoherencia del planteamiento de Loftus, la prueba es «relativamente trivial».22 Está además la cuestión de dónde se sitúa ese «observador externo». Un naturalista secular también está dentro de una cosmovisión, y una prueba coherente aplicaría el mismo escepticismo al naturalismo. Aplicada por igual en todas direcciones, la prueba se convierte en lo que este artículo propone: un mismo criterio justo para todos.
Conocer a Dios: la evidencia y el corazón purificado
Hasta aquí hemos tratado las afirmaciones religiosas como lo haría alguien de fuera, lo cual conviene a la discusión pública. Pero la tradición ortodoxa añade algo que un relato honesto debe incluir. Dios no es un objeto del mundo como una ciudad enterrada. Es una Persona viva, y a las personas se las conoce mediante la relación.
Cuando Natanael dudó de que algo bueno pudiera salir de Nazaret, Felipe no le ofreció un argumento. Le dijo: «Ven y ve» (Juan 1:46). Cristo propuso una prueba que involucra la voluntad tanto como la mente: «El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios» (Juan 7:17). Pablo exhorta: «reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2). La palabra griega que allí se traduce «entendimiento» es nous, y «experimentéis» traduce el mismo verbo (dokimazō) que «Examinadlo todo» en 1 Tesalonicenses 5:21. El examen y la transformación van juntos.
Los autores espirituales ortodoxos usan nous para designar el intelecto espiritual, la facultad por la que una persona puede percibir a Dios directamente, a diferencia del razonamiento paso a paso. El pecado lo oscurece, y se sana por el arrepentimiento, la oración y la vida de la Iglesia; a esta luz se leen las palabras de Cristo: «Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios» (Mateo 5:8). Los Padres dijeron lo mismo. San Gregorio el Teólogo enseñó que filosofar sobre Dios corresponde a quienes «han sido previamente purificados en alma y cuerpo, o al menos se están purificando».23 San Atanasio cerró Sobre la encarnación diciendo que «para el estudio de las Escrituras y su verdadero conocimiento se requiere una vida honrada y un alma pura».24 En el siglo XX, Vladimir Lossky sostuvo que la tradición oriental nunca ha separado tajantemente la teología de la experiencia de Dios.25
La conversión de San Justino Mártir muestra cómo encajan ambas cosas. Justino, un filósofo que había probado varias escuelas, conoció a un anciano que lo remitió a los profetas hebreos y a sus palabras cumplidas, y que luego le dijo: «Pero ora para que, ante todo, se te abran las puertas de la luz; porque estas cosas no pueden ser percibidas ni comprendidas por todos, sino solo por aquel a quien Dios y su Cristo han concedido sabiduría». Justino escribe que «al instante se encendió una llama en mi alma».26 La evidencia abrió la puerta, y la oración lo hizo cruzarla.
Hacen falta dos precauciones. Esta enseñanza nunca debe convertirse en una acusación de que quien duda es impuro, y no equivale a dejar que un sentimiento juzgue una afirmación histórica. El camino ortodoxo de la purificación se recorre a lo largo de toda una vida dentro de la Iglesia, contrastado con la Escritura y los Padres, y está junto a la evidencia pública, sin reemplazarla. Como dice el Salmo en el Antiguo Testamento griego de la Iglesia: «Gusten y vean que el Señor es bueno» (Salmo 34:8; Salmo 33 en la Septuaginta o Versión de los Setenta; traducción del griego de la Septuaginta).
Objeciones y respuestas
«Este método está inclinado a favor del cristianismo».
Un escéptico podría decir que un autor cristiano siempre encontrará que las pruebas favorecen su propia fe. La mejor respuesta es mostrar el trabajo. Este artículo ha concedido una dificultad real en la datación de Lucas, ha señalado que un argumento popular basado en los nombres de los Evangelios está hoy en discusión, ha reconocido que la historia por sí sola no puede demostrar que Dios resucitó a Jesús y ha admitido que también los cristianos se apoyan en la experiencia interior. Nuestras calificaciones de la evidencia (en inglés) y nuestras normas editoriales (en inglés) existen para que los lectores puedan comprobar si se ha mantenido un mismo criterio.
«La fe no debería depender de los historiadores».
A algunos creyentes les preocupa que atar la fe a la evidencia la vuelva rehén de las modas académicas. La fe que salva es, en efecto, confianza en una Persona, no un porcentaje. Pero el cristianismo nació como una religión histórica, y las palabras de Pablo en 1 Corintios 15 hacen de la resurrección una cuestión de hecho o de falsedad. La Iglesia no pide a los creyentes que esperen a los estudiosos, pero tampoco pide a nadie que crea lo que la evidencia muestra que es falso.
«Hume tenía razón: el testimonio nunca puede establecer un milagro».
Un defensor de Hume puede argumentar que la experiencia uniforme de la naturaleza siempre pesará más que el testimonio. Pero un testimonio sólido e independiente puede superar una probabilidad previa baja, como el propio Hume concedió para algunos casos. El verdadero desacuerdo gira en torno a las probabilidades previas y a si existe un Dios que podría actuar, y el ensayo de Hume no resuelve eso.
«Los musulmanes entienden otra cosa por preservación».
Un lector musulmán puede responder que la preservación se refiere ante todo al Corán recitado, y que la propia tradición habla de variación en la recitación. Al-Bujari relata que Mahoma dijo: «Este Corán ha sido revelado para ser recitado de siete maneras distintas, así que reciten de él la (manera) que les resulte más fácil».27 Esa es una afirmación más limitada que la popular, según la cual todas las copias han sido siempre idénticas, y una afirmación formulada de ese modo debe evaluarse en esos términos.
Lo que podemos afirmar con confianza
- Las afirmaciones históricas, textuales, doctrinales y experienciales requieren pruebas distintas.
- El cristianismo se juega su verdad en un acontecimiento histórico, la resurrección, y sus escritos más antiguos invitan a examinarlo (1 Corintios 15:14-17; 1 Tesalonicenses 5:21).
- Los criterios del historiador son útiles, pero arrojan probabilidades, no pruebas definitivas.
- El argumento de Hume contra la credibilidad del testimonio sobre milagros ha recibido críticas serias, entre ellas la del filósofo no cristiano John Earman.
- La experiencia espiritual personal no puede por sí sola zanjar cuestiones históricas públicas, ni para los cristianos ni para los demás.
- Los manuscritos tempranos respaldan la existencia temprana de buena parte del texto del Corán, y la propia tradición islámica registra una estandarización oficial bajo Uthmán.
- Un método justo usa un mismo conjunto de criterios para todas las fes, incluida la propia.
Lo que sigue en debate
- Qué tan temprano debe fecharse exactamente la tradición sobre la resurrección de 1 Corintios 15:3-7, y qué tan cerca de los testigos oculares están los Evangelios.
- Si el censo de Lucas bajo Quirinio puede conciliarse con Josefo.
- Si el patrón de los nombres en los Evangelios y en Hechos es evidencia real de una tradición de testigos oculares.
- Cuánto peso debe tener la falta de confirmación arqueológica en contra del Libro de Mormón, y cómo deben juzgarse las propuestas de los santos de los últimos días sobre su escenario.
- Qué debe significar la «preservación» del Corán, y cómo encaja el palimpsesto de Saná en la historia de su texto.
- Cómo asignar probabilidades previas a los milagros, lo cual depende de cuestiones más amplias sobre Dios que la historia por sí sola no puede decidir.
Conclusión
La Iglesia ortodoxa nunca ha temido las preguntas. Con las palabras del Credo, confiesa que el Hijo de Dios, «nacido del Padre antes de todos los siglos», «fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilatos», y que «al tercer día resucitó, según las Escrituras» (en el texto de la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América). Esas palabras atan la fe a un tiempo, a un lugar y a un acontecimiento público. Por eso los cristianos pueden acoger un examen justo, aplicado a sí mismos con el mismo rigor que a los demás, y pueden decir con claridad dónde la evidencia es sólida, dónde es mixta y adónde no llega.
Sin embargo, la Iglesia sabe también que a Dios no se lo encuentra, en definitiva, al final de un argumento. Él es quien nos busca primero. La evidencia puede mostrar que la afirmación cristiana es razonable y merece tomarse en serio. Lo demás es la invitación de Felipe a Natanael: venir y ver, orar y arrepentirse, recibir los Santos Misterios (sacramentos) y estar de pie en la Liturgia entre los fieles, y dejar que Cristo, que pisoteó la muerte por la muerte, sane el ojo del corazón para que pueda verlo. La evidencia y la vida de fe no son rivales. Son dos caminos por los que la misma verdad llega a la persona entera.
Notas
- William Lane Craig y Bart D. Ehrman, "Is There Historical Evidence for the Resurrection of Jesus?", transcripción del debate, College of the Holy Cross, Worcester, Massachusetts, 28 de marzo de 2006. Craig (exposición inicial): Pablo «cita una fuente extremadamente temprana sobre la sepultura de Jesús que la mayoría de los estudiosos fechan dentro de los cinco años siguientes a la crucifixión de Jesús». Ehrman (primera réplica): «Pablo no escribía cinco años después de la sepultura; escribía 25 años después». Craig (segunda réplica): Pablo «está citando una antigua tradición cristiana que él mismo recibió». Ehrman (exposición inicial): los Evangelios «fueron escritos entre 35 y 65 años después de la muerte de Jesús». Todas estas citas son traducción nuestra del inglés. Sobre Bauckham, véase la nota 5. ↩
- Chris Keith y Anthony Le Donne, eds., Jesus, Criteria, and the Demise of Authenticity (London and New York: T&T Clark, 2012). El volumen examina el testimonio múltiple, la dificultad, la desemejanza, la coherencia y otros criterios. ↩
- Josefo, Antiquities of the Jews 18.1.1 y 18.2.1, trad. William Whiston (las citas, traducción nuestra de esa versión inglesa). Sobre la muerte de Herodes «hacia el 4 a. C.» y la fecha del censo en el 6 d. C., véase el artículo de la nota 4. ↩
- David J. Armitage, "Detaching the Census: An Alternative Reading of Luke 2:1-7", Tyndale Bulletin 69, no. 1 (2018): 75-95, en la p. 75, doi:10.53751/001c.27652. Armitage repasa las propuestas de un censo anterior o de un mandato anterior de Quirinio antes de ofrecer su propia lectura. ↩
- Richard Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses: The Gospels as Eyewitness Testimony (Grand Rapids: Eerdmans, 2006; 2.ª ed. 2017). ↩
- Kamil Gregor y Brian S. Blais, "Is Name Popularity a Good Test of Historicity? A Statistical Evaluation of Richard Bauckham's Onomastic Argument", Journal for the Study of the Historical Jesus 21, no. 3 (2023): 171-202, doi:10.1163/17455197-bja10023; Luuk van de Weghe y Jason Wilson, "Why Name Popularity is a Good Test of Historicity: A Goodness-of-Fit Test Analysis on Names in the Gospels and Acts", Journal for the Study of the Historical Jesus 22, no. 2 (2024): 184-214, doi:10.1163/17455197-bja10035. Las palabras citadas proceden de su resumen. ↩
- Michael D. Coe, "Mormons and Archaeology: An Outside View", Dialogue: A Journal of Mormon Thought 8, no. 2 (1973): 40-48, en las pp. 42 y 46. Para una respuesta santo de los últimos días sobre uno de los puntos, véase John L. Sorenson, "Once More: The Horse", en John W. Welch, ed., Reexploring the Book of Mormon (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and FARMS, 1992), 98-100. ↩
- La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, "Book of Mormon and DNA Studies", Gospel Topics Essays, churchofjesuschrist.org; las citas, según la versión oficial en español, «El Libro de Mormón y los estudios de ADN», Ensayos sobre Temas del Evangelio (consultado el 18 de octubre de 2026). La afirmación sobre la geografía está en las notas del ensayo. El ensayo señala también que la introducción del Libro de Mormón de 2006 sustituyó la redacción anterior «los principales antepasados» por «entre los antecesores de los indios de las Américas». ↩
- University of Birmingham, "Birmingham Qur’an manuscript dated among the oldest in the world", comunicado de prensa, 22 de julio de 2015. La prueba se realizó en un laboratorio de la Universidad de Oxford. La datación por radiocarbono fecha el pergamino, no el momento de la escritura. ↩
- Sahih al-Bukhari 4987 (Book 66, Hadith 9), trad. Muhammad Muhsin Khan, sunnah.com (la cita, traducción nuestra de esa versión inglesa). ↩
- Nicolai Sinai, "When Did the Consonantal Skeleton of the Quran Reach Closure? Part I", Bulletin of the School of Oriental and African Studies 77, no. 2 (2014): 273-292, doi:10.1017/S0041977X1400010X. Sinai resume la edición del texto inferior del palimpsesto hecha por Behnam Sadeghi y Mohsen Goudarzi (Der Islam 87, 2012). Su artículo sostiene que la evidencia que examina es compatible con la datación temprana convencional del texto del Corán. ↩
- Craig y Ehrman, transcripción del debate (nota 1). ↩
- David Hume, An Enquiry Concerning Human Understanding (publicado por primera vez en 1748 como Philosophical Essays Concerning Human Understanding; texto de la edición de 1777), sección X, "Of Miracles", párrs. 87 y 91, ed. L. A. Selby-Bigge (Project Gutenberg ebook 9662). El pasaje sobre «todo lo que es diferente es contrario» es el párr. 95. Las citas de Hume son traducción nuestra del inglés. ↩
- John Earman, Hume's Abject Failure: The Argument Against Miracles (New York: Oxford University Press, 2000), sección inicial de la Parte I, "Hume on Miracles". La afirmación sobre la doctrina cristiana procede del Prefacio. ↩
- Earman, Hume's Abject Failure, 54-56, a partir del análisis de testigos múltiples de Charles Babbage y otros. ↩
- Earman, Hume's Abject Failure, 66. ↩
- Hume, Enquiry, sección X, párr. 99. ↩
- Craig y Ehrman, transcripción del debate (nota 1), exposición inicial de Ehrman. ↩
- Libro de Mormón, Moroni 10:3-5; Doctrina y Convenios 9:7-9, churchofjesuschrist.org (citados según la edición oficial en español, consultada el 18 de octubre de 2026). ↩
- William Lane Craig, "Excursus on Natural Theology (Part 2): The Inner Witness of the Holy Spirit", Defenders Podcast, Series 3, 26 de agosto de 2015, transcripción, reasonablefaith.org. Craig añade que la evidencia y los argumentos «podrían usarse para sostener la fe del creyente o para confirmar la fe del creyente», pero «no son propiamente el fundamento de esa fe». ↩
- John W. Loftus, The Outsider Test for Faith: How to Know Which Religion Is True (Amherst, NY: Prometheus Books, 2013); la frase citada procede de la descripción del libro por la editorial. ↩
- Thomas Talbott, "The Outsider Test for Faith: How Serious a Challenge Is It?", ensayo publicado en la página docente del autor en la Willamette University. Talbott responde al capítulo de Loftus "The Outsider Test for Faith Revisited", en John W. Loftus, ed., The Christian Delusion: Why Faith Fails (Amherst, NY: Prometheus Books, 2010). ↩
- San Gregorio Nacianceno (el Teólogo), Oration 27 (First Theological Oration), 3, trad. Charles Gordon Browne y James Edward Swallow, Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd series, vol. 7, según la revisión de New Advent. Las citas de los Padres en este artículo son traducción nuestra de estas versiones inglesas. ↩
- San Atanasio, On the Incarnation of the Word 57, trad. Archibald Robertson, Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd series, vol. 4, según la revisión de New Advent. ↩
- Vladimir Lossky, The Mystical Theology of the Eastern Church (James Clarke & Co.; original francés de 1944). Se resume, no se cita; la descripción de la editorial habla de «doctrina y experiencia condicionándose mutuamente». ↩
- San Justino Mártir, Dialogue with Trypho 2 y 7-8, trad. Marcus Dods y George Reith, Ante-Nicene Fathers, vol. 1, según la revisión de New Advent. ↩
- Sahih al-Bukhari 4992, trad. Muhammad Muhsin Khan, sunnah.com (título del capítulo: «El Corán fue revelado para ser recitado de siete maneras distintas»; las citas, traducción nuestra de esa versión inglesa). ↩
Bibliografía
Fuentes primarias
- Sagrada Escritura. En esta versión española, Nuevo Testamento citado según la Santa Biblia, versión Reina-Valera 1909; el Salmo 34 (33), traducción nuestra del griego de la Septuaginta. El original inglés cita el Nuevo Testamento según The Holy Bible, New King James Version (Nashville: Thomas Nelson, 1982), y el Salmo según Lancelot C. L. Brenton, trad., The Septuagint Version of the Old Testament (London, 1851), texto de dominio público vía eBible.org.
- El Símbolo de la fe (Credo niceno-constantinopolitano). Traducción de la Iglesia Ortodoxa en América, oca.org; en esta versión española, texto de la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América, «El Credo», ocamexico.org/elcredo.
- Hume, David. An Enquiry Concerning Human Understanding (publicado por primera vez en 1748 como Philosophical Essays Concerning Human Understanding). Texto de la edición de 1777, editado por L. A. Selby-Bigge. Oxford: Clarendon Press, 1894. Project Gutenberg ebook 9662.
- Josefo, Flavio. Antiquities of the Jews. Traducción de William Whiston. Project Gutenberg ebook 2848.
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Atanasio de Alejandría. On the Incarnation of the Word. Traducción de Archibald Robertson. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd series, vol. 4. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1892. Edición revisada en newadvent.org.
- Gregorio Nacianceno. Oration 27. Traducción de Charles Gordon Browne y James Edward Swallow. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd series, vol. 7. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1894. Edición revisada en newadvent.org.
- Justino Mártir. Dialogue with Trypho. Traducción de Marcus Dods y George Reith. Ante-Nicene Fathers, vol. 1. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1885. Edición revisada en newadvent.org.
- Lossky, Vladimir. The Mystical Theology of the Eastern Church. James Clarke & Co., edición de 1991 (traducción inglesa publicada por primera vez en 1957). ISBN 978-0-227-67919-7. Original francés: Essai sur la théologie mystique de l'Église d'Orient, 1944.
Otros estudios (incluidos autores que discrepan)
- Armitage, David J. "Detaching the Census: An Alternative Reading of Luke 2:1-7". Tyndale Bulletin 69, no. 1 (2018): 75-95. doi:10.53751/001c.27652.
- Bauckham, Richard. Jesus and the Eyewitnesses: The Gospels as Eyewitness Testimony. Grand Rapids: Eerdmans, 2006; 2.ª ed. 2017.
- Coe, Michael D. "Mormons and Archaeology: An Outside View". Dialogue: A Journal of Mormon Thought 8, no. 2 (1973): 40-48.
- Craig, William Lane. "Excursus on Natural Theology (Part 2): The Inner Witness of the Holy Spirit". Defenders Podcast, Series 3, 26 de agosto de 2015. Transcripción en reasonablefaith.org.
- Earman, John. Hume's Abject Failure: The Argument Against Miracles. New York: Oxford University Press, 2000.
- Gregor, Kamil, y Brian S. Blais. "Is Name Popularity a Good Test of Historicity? A Statistical Evaluation of Richard Bauckham's Onomastic Argument". Journal for the Study of the Historical Jesus 21, no. 3 (2023): 171-202. doi:10.1163/17455197-bja10023.
- Keith, Chris, y Anthony Le Donne, eds. Jesus, Criteria, and the Demise of Authenticity. London and New York: T&T Clark, 2012.
- Sinai, Nicolai. "When Did the Consonantal Skeleton of the Quran Reach Closure? Part I". Bulletin of the School of Oriental and African Studies 77, no. 2 (2014): 273-292. doi:10.1017/S0041977X1400010X.
- Talbott, Thomas. "The Outsider Test for Faith: How Serious a Challenge Is It?". Ensayo, página docente en la Willamette University, s. f.
- University of Birmingham. "Birmingham Qur’an manuscript dated among the oldest in the world". Comunicado de prensa, 22 de julio de 2015.
- van de Weghe, Luuk, y Jason Wilson. "Why Name Popularity is a Good Test of Historicity: A Goodness-of-Fit Test Analysis on Names in the Gospels and Acts". Journal for the Study of the Historical Jesus 22, no. 2 (2024): 184-214. doi:10.1163/17455197-bja10035.
Fuentes de las tradiciones examinadas (santos de los últimos días, islámicas, escépticas)
- The Book of Mormon (Moroni 10) y Doctrine and Covenants (sección 9). La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. churchofjesuschrist.org. En esta versión española, citados según la edición oficial en español, El Libro de Mormón y Doctrina y Convenios (churchofjesuschrist.org, ?lang=spa).
- La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. "Book of Mormon and DNA Studies". Gospel Topics Essays. churchofjesuschrist.org. Versión oficial en español: «El Libro de Mormón y los estudios de ADN», Ensayos sobre Temas del Evangelio.
- Sorenson, John L. "Once More: The Horse". En Reexploring the Book of Mormon, editado por John W. Welch, 98-100. Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and FARMS, 1992.
- The Qur’an. Saheeh International translation. quran.com. En esta versión española, Corán 15:9 citado según la traducción de Julio Cortés.
- al-Bukhari, Muhammad ibn Ismail. Sahih al-Bukhari, hadices 4987 y 4992. Traducción de Muhammad Muhsin Khan. sunnah.com.
- Loftus, John W. The Outsider Test for Faith: How to Know Which Religion Is True. Amherst, NY: Prometheus Books, 2013.
- Craig, William Lane, y Bart D. Ehrman. "Is There Historical Evidence for the Resurrection of Jesus?". Transcripción del debate. College of the Holy Cross, Worcester, Massachusetts, 28 de marzo de 2006.