¿Por qué Dios no nos hizo simplemente ángeles? La visión cristiana ortodoxa de la corporalidad humana

Si los ángeles son seres espirituales e inteligentes, capaces de servir a Dios libremente, surge una pregunta obvia: ¿por qué creó Dios seres humanos que dependen de cuerpos físicos? ¿Por qué el hambre, el sueño, la vulnerabilidad física, el envejecimiento y las limitaciones de la materia, cuando Dios ya había creado un orden espiritual de seres racionales? El cristianismo no nos da una sola…

¿Por qué Dios no nos hizo simplemente ángeles? La visión cristiana ortodoxa de la corporalidad humana

Si los ángeles son seres espirituales e inteligentes, capaces de servir a Dios libremente, surge una pregunta obvia: ¿por qué creó Dios seres humanos que dependen de cuerpos físicos? ¿Por qué el hambre, el sueño, la vulnerabilidad física, el envejecimiento y las limitaciones de la materia, cuando Dios ya había creado un orden espiritual de seres racionales?

El cristianismo no nos da una sola frase revelada que explique por qué Dios decidió crear a la humanidad en lugar de crear simplemente más ángeles. Por eso, la tradición ortodoxa no debe pretender saber más de lo que Dios ha revelado. Sin embargo, lo que enseñan la Escritura y los Padres es llamativo: la humanidad fue creada intencionalmente como una unión del mundo visible y el invisible. El cuerpo no es una cáscara desafortunada que aprisiona el alma. Pertenece a la naturaleza humana misma. Por lo tanto, el destino final de la humanidad no es escapar de la corporalidad y hacerse angélica, sino ser resucitada corporalmente, transformada por la gracia divina y unida a Dios. La Encarnación hace esta convicción todavía más radical: el Hijo eterno de Dios no se hizo ángel. Se hizo hombre.


La pregunta es mejor de lo que parece al principio

Al principio la pregunta puede sonar casi infantil:

¿Por qué Dios no nos hizo simplemente ángeles?

Pero plantea varios problemas teológicos serios.

En el cristianismo se presenta a los ángeles como criaturas racionales y espirituales. Adoran a Dios, ejercen inteligencia y voluntad y, al menos en el caso de los ángeles caídos, fueron capaces de rechazar a Dios. San Juan Damasceno describe explícitamente a los ángeles como criaturas inteligentes y libres, cuya naturaleza creada posee voluntad y es capaz de cambio.

Los seres humanos también poseen razón y libre albedrío.

Entonces, ¿por qué añadir cuerpos?

¿Por qué crear seres que deben comer, dormir, respirar, regular su temperatura, sufrir heridas, ocupar un espacio físico y, finalmente, morir?

¿No habría sido más sencillo hacer otro orden de criaturas puramente espirituales?

La primera respuesta ortodoxa es sorprendentemente importante:

Dios no estaba obligado a crear un solo tipo de criatura racional.

Un ángel no es simplemente un ser humano mejorado, y un ser humano no es un ángel defectuoso.

Son clases distintas de criaturas.


Los seres humanos nunca fueron destinados a ser ángeles

El cristianismo no enseña que la meta de la existencia humana sea llegar a ser algún día un ángel.

La cultura popular suele entenderlo mal. Una persona muere, recibe alas y «se convierte en ángel». Eso no es cristianismo bíblico.

Los ángeles y los seres humanos son criaturas distintas.

Jesús sí dice que en la resurrección los seres humanos serán «como los ángeles» en un aspecto particular: no se casarán como ahora y ya no estarán sujetos a la muerte del mismo modo (Mateo 22:30; Lucas 20:35–36).

Pero «como los ángeles» no significa «convertirse en ángeles».

La esperanza cristiana es la resurrección de los muertos.

San Pablo dedica una enorme parte de 1 Corintios 15 precisamente a este punto. El cuerpo que ahora es corruptible resucitará incorruptible; lo que se siembra en debilidad resucitará en poder.

Por eso el cristianismo ortodoxo rechaza la idea de que la salvación signifique abandonar la existencia material. La Iglesia ortodoxa enseña que la resurrección de Cristo revela a la humanidad en una condición nueva y glorificada, y no meramente la supervivencia de un alma inmaterial.

Nuestro destino no es:

cuerpo → muerte → escape hacia el espíritu puro

sino más bien:

cuerpo y alma → muerte → resurrección → vida corporal glorificada en Dios

Esa distinción cambia toda la pregunta.


La humanidad une la creación visible y la invisible

Una de las respuestas más bellas viene de San Gregorio el Teólogo.

En su famoso Discurso 38, San Gregorio describe la creación como un reino inteligible o espiritual y un reino visible o material. Luego Dios crea a la humanidad como una criatura en la que se encuentran estos dos órdenes.

San Gregorio describe al hombre como un ser vivo hecho de las «creaciones visible e invisible» (traducción nuestra), que combina espíritu y carne.

San Juan Damasceno desarrolla más tarde un lenguaje notablemente parecido. La humanidad se compone de elementos visibles e invisibles: el cuerpo pertenece a la creación material, mientras que el alma racional pertenece a la dimensión inteligible de la creación. Incluso describe al hombre como una especie de «segundo microcosmos».

Esto nos da una perspectiva ortodoxa importante.

Dios no creó:

ángeles = criaturas espirituales logradas

y luego

humanos = ángeles impedidos por cuerpos.

Más bien, creó un orden invisible y un orden visible, y luego creó a la humanidad de manera que participa en ambos.

Los seres humanos pueden contemplar a Dios, razonar, amar, orar y volverse libremente hacia Él.

Sin embargo, también pertenecemos a la tierra.

Génesis lo expresa con belleza:

«Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida».
— Génesis 2:7

Tierra y aliento.

Materia y espíritu.

Lo visible y lo invisible.

La humanidad está en su intersección. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)


El cuerpo no es una prisión

Aquí es donde el cristianismo ortodoxo se diferencia netamente de las filosofías que tratan la materia como inherentemente inferior.

El relato bíblico de la creación llama repetidamente buena a la creación material de Dios, hasta culminar en la declaración de que la creación era «bueno en gran manera» (Génesis 1:31).

Por lo tanto, el cuerpo humano no puede ser un obstáculo accidental para la salvación.

Es parte de la persona humana que Dios quiso crear.

La muerte es trágica precisamente porque desgarra algo que pertenece a una unidad.

Por eso la tradición ortodoxa no considera la muerte simplemente como el momento maravilloso en que la «persona real» por fin escapa del cuerpo.

Alexander Schmemann subrayó con fuerza esta distinción: la esperanza del cristianismo no es meramente la inmortalidad del alma, sino la resurrección, porque Dios quiere la salvación y la transformación de toda la persona humana.

La separación del alma y el cuerpo en la muerte no es la condición ideal de la humanidad.

La resurrección sí lo es.


Pero ¿por qué querría Dios criaturas con cuerpo?

Aquí debemos tener cuidado.

La Escritura nunca dice:

«Dios creó a la humanidad corporal específicamente por las cinco razones siguientes».

Cualquier cristiano que pretenda poseer una explicación exhaustiva va más allá de la revelación.

Sin embargo, la Escritura y los Padres permiten varias conclusiones.

Primero, Dios evidentemente se deleita en una creación que contiene una diversidad genuina.

Hay estrellas y océanos, animales y plantas, criaturas visibles e invisibles, ángeles y seres humanos.

Por lo tanto, la pregunta «¿Por qué no hacer ángeles a los humanos?» se parece, en su estructura, a preguntar por qué Dios no hizo simplemente idénticas a todas las criaturas.

Porque unas criaturas idénticas ya no constituirían la creación que Dios eligió hacer.

Una humanidad angélica en realidad no sería humanidad.

Sería simplemente otro orden angélico.

Segundo, la corporalidad permite que la humanidad participe conscientemente en la creación material.

No observamos el universo físico meramente desde fuera.

Pertenecemos a él.

Comemos sus frutos.

Cultivamos su suelo.

Usamos sus materiales.

Experimentamos la belleza por la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto.

Transformamos la creación física mediante el trabajo, la artesanía, la música, la arquitectura, la pintura, la agricultura y la civilización.

Los seres humanos pueden tomar la creación material y ofrecerla conscientemente de vuelta a Dios en acción de gracias.

El culto ortodoxo lo ilustra con viveza.

Pan y vino.

Agua y aceite.

Incienso.

Íconos.

Cuerpos que se inclinan.

Voces que cantan.

Manos que hacen la señal de la cruz.

El culto cristiano es profundamente físico porque la existencia humana es profundamente física.


Y luego Dios mismo tomó un cuerpo

Aquí la respuesta cristiana se vuelve extraordinaria.

Si la corporalidad física fuera inherentemente inferior a la existencia espiritual, la Encarnación resultaría casi incomprensible.

Sin embargo, el cristianismo proclama:

«Y aquel Verbo fué hecho carne».
— Juan 1:14

El Hijo eterno de Dios asumió una naturaleza humana completa.

No apareció meramente como humano.

No habitó temporalmente un cuerpo desechable.

Se hizo hombre.

San Gregorio el Teólogo vincula explícitamente la asunción de la carne y del alma humanas por parte de Cristo con la sanación de la naturaleza humana: el Verbo toma carne por nuestra carne y un alma racional por nuestra alma.

La doctrina se vuelve aún más llamativa en Hebreos.

Cristo no asumió la naturaleza angélica para la obra de la salvación. Hebreos sitúa su solidaridad específicamente con la humanidad:

«Porque ciertamente no tomó á los ángeles, sino á la simiente de Abraham tomó».
— Hebreos 2:16

El pasaje que lo rodea subraya que Cristo participó de nuestra carne y sangre para vencer la muerte (Hebreos 2:14–18).

Por lo tanto, el cristianismo hace una afirmación asombrosa:

La naturaleza humana ha sido asumida por Dios mismo.

No la naturaleza angélica.

La naturaleza humana.

El Hijo sigue siendo eternamente divino mientras se hace verdaderamente humano.

Esto no significa que la humanidad sea «mejor» que los ángeles en todos los aspectos. Significa que la existencia humana corporal no puede descartarse como un error o una vergüenza espiritual cuando el Hijo de Dios mismo la ha asumido.


Cristo no abandonó su humanidad después de la Pascua

La Resurrección refuerza el punto.

Jesús no resucita como un espíritu sin cuerpo.

Cuando sus discípulos piensan al principio que ven un espíritu, Él los corrige deliberadamente:

«palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo».
— Lucas 24:39

Come en su presencia.

Tomás lo toca.

Sin embargo, el cuerpo resucitado de Cristo también está transformado. Ya no está sujeto a la muerte y a la corrupción como antes.

Por eso la enseñanza ortodoxa entiende la resurrección de Cristo como el comienzo y el modelo de la resurrección de la propia humanidad.

Esto es decisivo.

El cristianismo no resuelve los problemas de la corporalidad eliminando la corporalidad.

Dios resuelve la corrupción del cuerpo glorificándolo.


¿Y nuestra dependencia de la comida, el sueño y las necesidades físicas?

Esta puede ser la forma más fuerte de la pregunta original.

Aun si los cuerpos son buenos, nuestra dependencia de ellos puede parecer frustrante.

Un ser humano puede ser brillante, virtuoso, amoroso y orante, y aun así quedar exhausto porque no ha dormido.

No podemos sobrevivir sin oxígeno.

Tenemos hambre.

Enfermamos.

Nuestro cerebro puede lesionarse.

Nuestro cuerpo envejece.

Finalmente muere.

Pero el cristianismo distingue la corporalidad misma de la corrupción y la mortalidad que caracterizan la condición actual de la humanidad.

San Pablo escribe:

«Se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción».
— 1 Corintios 15:42

Y:

«Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo».
— 1 Corintios 15:44

Un «cuerpo espiritual» no significa un objeto inmaterial, lo cual sería casi una contradicción en los términos.

Significa la existencia corporal transformada y gobernada por la vida del Espíritu.

Por eso la enseñanza ortodoxa no espera que el ser humano resucitado simplemente vuelva a la vida biológica ordinaria exactamente como existe ahora. La humanidad resucitada de Cristo se describe como un modo nuevo y glorioso de existencia humana.

La respuesta cristiana a la debilidad corporal no es:

algún día dejarás de tener un cuerpo.

Es:

algún día el cuerpo mismo será liberado de la corrupción.


Los ángeles también tienen libre albedrío

Esto nos devuelve a una de las objeciones más fuertes.

Si Dios quería criaturas capaces de amarlo libremente, los ángeles ya demuestran que la libertad racional no requiere corporalidad física.

Eso es correcto.

La existencia de la libertad angélica significa que no debemos argumentar que los cuerpos eran necesarios simplemente porque Dios quería que los humanos poseyeran libre albedrío.

San Juan Damasceno describe a los ángeles como racionales y libres, y describe también a los humanos como poseedores de libre albedrío.

Por lo tanto:

«Dios nos dio cuerpos para que tuviéramos libre albedrío» no es una respuesta ortodoxa satisfactoria.

Los ángeles muestran lo contrario.

La mejor respuesta es que, al parecer, Dios deseó más de un modo de existencia creada racional.

Los ángeles glorifican a Dios según la naturaleza angélica.

Los humanos están llamados a glorificar a Dios según la naturaleza humana.

Y la naturaleza humana es corporal.


La vocación humana no es meramente sobrevivir, sino la theosis

La teología ortodoxa lleva la discusión un paso más allá.

La humanidad fue creada no meramente para existir indefinidamente, sino para crecer en comunión con Dios.

San Juan Damasceno describe el destino del hombre en términos de participación en la gloria divina y no de llegar a ser divino por naturaleza.

Esta es la doctrina ortodoxa de la theosis (deificación).

Los seres humanos seguimos siendo criaturas para siempre.

Nunca llegamos a ser Dios por esencia.

Sin embargo, por gracia se nos invita a una participación genuina en la vida de Dios.

Y, de modo notable, es la persona humana entera la destinada a esta transformación.

No solo la mente.

No solo el alma.

La resurrección significa que la naturaleza humana corporal misma participa en la gloria del Reino.

Por lo tanto, el cristianismo no le dice a la materia:

«Eras solo algo temporal».

Proclama su transfiguración.


Entonces, ¿por qué Dios no nos hizo simplemente ángeles?

En última instancia, el cristianismo no pretende conocer todas las razones ocultas en la sabiduría creadora de Dios.

Pero la tradición ortodoxa nos da lo suficiente para rechazar varias suposiciones equivocadas.

Dios no hizo a los humanos porque fuera incapaz de hacer ángeles.

Ya había hecho ángeles.

No dio cuerpos a los humanos porque el libre albedrío requiera materia.

Los ángeles poseen voluntad y racionalidad sin cuerpos humanos.

Y no encarceló a seres espirituales dentro de cáscaras físicas defectuosas.

La humanidad fue creada deliberadamente como algo diferente.

Somos criaturas de tierra y espíritu.

Visibles e invisibles.

Materiales y racionales.

San Gregorio el Teólogo veía a la humanidad casi como un lugar de encuentro entre las dos grandes dimensiones de la creación.

Y entonces el cristianismo hace la afirmación que supera todas las demás:

Dios mismo entró en esa condición humana.

El Verbo se hizo carne.

Cristo murió corporalmente.

Cristo resucitó corporalmente.

Cristo ascendió como el Hijo encarnado.

Y los cristianos esperan no su transformación en ángeles, sino:

«la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero.» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América)

Quizá, entonces, la pregunta no sea simplemente:

¿Por qué Dios cargó a criaturas espirituales con cuerpos?

La visión cristiana nos invita a preguntar algo mucho más profundo:

¿Y si el cuerpo nunca fue meramente una carga?

¿Y si la humanidad corporal es una de las formas particulares de existencia creada que Dios deseó desde el principio: una criatura capaz de unir la creación visible y la invisible, de ofrecer el mundo material de vuelta a su Creador y, por último, de ver incluso su naturaleza física llena de vida divina?

Desde una perspectiva cristiana ortodoxa, la salvación no significa llegar a ser por fin lo que los ángeles ya son.

Significa llegar a ser, por gracia, lo que la humanidad fue creada para ser.



Fuentes primarias y ortodoxas

Sagrada Escritura

Génesis 1:26–31; 2:7
Mateo 22:30
Lucas 20:35–36; 24:36–43
Juan 1:14; 20:24–29
Romanos 8:18–25
1 Corintios 6:19–20; 15:35–57
Filipenses 3:20–21
Hebreos 2:5–18
Apocalipsis 21–22

San Gregorio el Teólogo, Discurso 38, en especial §11 y §13. San Gregorio describe a la humanidad como formada a partir de las dimensiones visible e invisible de la creación y explica la Encarnación en relación con la sanación de la naturaleza humana.

San Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, libro II. San Juan trata de la naturaleza de los ángeles, la composición del ser humano, el libre albedrío, la imagen de Dios y la humanidad como un microcosmos que contiene elementos visibles e inteligibles.

Orthodox Church in America, «Resurrection». Exposición ortodoxa moderna útil sobre la resurrección corporal y la humanidad glorificada de Cristo.

Orthodox Church in America, «Man». Panorama de la comprensión ortodoxa de la humanidad como creada a imagen y semejanza de Dios y llamada a la vida en el Espíritu Santo.

Una salvedad necesaria

Las doctrinas centrales de este artículo (la creación de la humanidad como cuerpo y alma, la racionalidad y la libertad angélicas, la bondad de la creación, la Encarnación, la resurrección corporal y la vocación de la humanidad a la comunión con Dios) están bien establecidas dentro del cristianismo ortodoxo.

La afirmación de que Dios creó a la humanidad específicamente para unir los reinos visible e invisible debe expresarse con más cautela. San Gregorio el Teólogo y San Juan Damasceno interpretan claramente a la humanidad de este modo «microcósmico», pero la Escritura no revela explícitamente una explicación divina exhaustiva de por qué Dios decidió crear seres racionales humanos y no puramente angélicos.

Por esa razón, la respuesta ortodoxa más sólida no es «sabemos exactamente por qué lo hizo Dios».

Es:

Sabemos que lo hizo intencionalmente, que llamó buena a la creación corporal, que los Padres vieron en la humanidad una unión singular de la creación visible y la invisible, que el Hijo de Dios mismo asumió la naturaleza humana y que nuestra salvación final implica la glorificación del cuerpo, no su abandono.

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