¿Por qué importa el cuerpo en el cristianismo?

A veces se malentiende el cristianismo como una religión interesada en salvar las almas del mundo físico. El cristianismo histórico enseña casi lo contrario. Dios creó buena la materia, formó el cuerpo humano, se encarnó en carne humana real, santifica la vida corporal y promete la resurrección del cuerpo. El cuerpo del cristiano no es un ídolo que adorar ni basura que desechar. Pertenece a Dios…

¿Por qué importa el cuerpo en el cristianismo?

A veces se malentiende el cristianismo como una religión interesada en salvar las almas del mundo físico. El cristianismo histórico enseña casi lo contrario. Dios creó buena la materia, formó el cuerpo humano, se encarnó en carne humana real, santifica la vida corporal y promete la resurrección del cuerpo. El cuerpo del cristiano no es un ídolo que adorar ni basura que desechar. Pertenece a Dios y participa de la salvación.

El cristianismo es sorprendentemente físico

Piensa en lo físico que es en realidad el cristianismo.

Los cristianos son bautizados en agua.

Reciben pan y vino.

Ungen con aceite.

Imponen las manos sobre los enfermos.

Se arrodillan.

Ayunan.

Cantan.

Hacen la señal de la cruz.

Sepultan a los muertos.

¿Por qué?

Porque el cristianismo no cree que la materia sea mala.

Génesis 1 declara una y otra vez que la creación física es buena.

Dios hizo el cuerpo

Génesis 2:7 describe a Dios formando al ser humano del polvo.

Sean cuales sean las preguntas que los cristianos puedan discutir sobre la forma literaria y la interpretación de Génesis, su afirmación teológica es inequívoca:

La dimensión material de la existencia humana procede de Dios.

San Cirilo de Jerusalén advirtió por eso a los cristianos contra quienes trataban el cuerpo como si fuera ajeno a Dios. Llama la atención sobre su asombroso diseño y recuerda a sus oyentes que el cuerpo puede llegar a ser templo del Espíritu Santo.

San Pablo dice:

«glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo»
— 1 Corintios 6:20

Ese mandato tendría poco sentido si el cuerpo fuera espiritualmente irrelevante. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)

Dios se hizo carne

Llega entonces la afirmación más decisiva del cristianismo:

«Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros»
— Juan 1:14

El Hijo eterno asumió verdaderamente la naturaleza humana.

San Ireneo de Lyon usó la Encarnación contra quienes negaban el lugar del cuerpo en la salvación. Si Cristo tomó de verdad nuestra carne, entonces la carne no puede descartarse sin más como incapaz de redención.

La Encarnación trastoca la antropología cristiana.

La materia no es demasiado sucia para Dios.

Dios entró en su creación material.

Tu cuerpo afecta tu vida espiritual

El cristianismo también se niega a separar la moral del cuerpo.

La moral sexual importa.

El comer importa.

El ayuno importa.

La embriaguez importa.

La violencia importa.

Lo que hacemos físicamente a otras personas importa.

San Pablo pregunta:

«¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?»
— 1 Corintios 6:15

El cuerpo interviene tanto en el pecado como en la santidad porque las personas humanas actúan corporalmente.

Eso no significa que los deseos corporales sean pecaminosos en sí mismos. El hambre no es pecado. La sexualidad no es pecaminosa en sí misma. El placer físico no es pecaminoso en sí mismo.

La cuestión es si la persona entera está debidamente ordenada hacia Dios.

El cuerpo resucitará

La prueba definitiva de que el cuerpo importa llega al final del Credo:

«Espero la resurrección de los muertos» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América).

No solo la supervivencia del alma.

Resurrección.

San Cirilo llamó a la resurrección del cuerpo una doctrina fundamental de la Iglesia.

San Ireneo argumentó asimismo sin descanso que Dios salva su propia obra y resucitará a los mismos seres humanos que murieron.

Reflexión

El cristianismo nos da una visión equilibrada del cuerpo.

El cuerpo no es Dios.

La belleza, la forma física, el placer, la juventud y la salud nunca deben convertirse en ídolos.

Pero tampoco carece de valor el cuerpo.

Fue creado por Dios.

Asumido por Cristo.

Habitado por el Espíritu.

Y destinado a la resurrección.

Eso hace que lo que hacemos con nuestro cuerpo sea mucho más importante de lo que la cultura moderna —o el gnosticismo antiguo— suele imaginar.



Fuentes:

Escritura: Génesis 1:31; 2:7; Juan 1:14; Romanos 8:23; 1 Corintios 6:13–20; 15:35–57; Filipenses 3:21.

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 4.

San Ireneo de Lyon, Contra las herejías V.1–7.

Iglesia Ortodoxa en América, «Resurrection».


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