Los testigos de las planchas de oro: lo que su testimonio demuestra y lo que no
Los santos de los últimos días suelen apelar a los Tres y a los Ocho Testigos como evidencia del Libro de Mormón. Su testimonio merece una consideración seria, pero por sí solo no puede establecer que las planchas fueran antiguas, que José Smith las tradujera correctamente ni que el Libro de Mormón sea una historia auténtica de la América antigua.
Los testigos de las planchas de oro ocupan un lugar importante en la defensa que hacen los santos de los últimos días del Libro de Mormón. José Smith no fue presentado como la única persona que sabía algo acerca de las planchas. Once hombres pusieron su nombre bajo declaraciones en las que afirmaban haberlas visto, y ocho aseguraron haberlas manejado.
Esta evidencia no debe ser desechada ni exagerada.
Los cristianos no tienen razón para fingir que el testimonio es inherentemente inútil. El cristianismo mismo descansa sobre una proclamación histórica. Los apóstoles declararon lo que habían visto y oído acerca de Jesucristo. El testimonio puede ser una evidencia significativa.
Por tanto, la pregunta adecuada no es si los testigos del Libro de Mormón cuentan como evidencia. La pregunta es más precisa:
¿Qué puede establecer razonablemente su testimonio y qué queda sin demostrar?
Lo que los testigos afirmaron
La primera edición del Libro de Mormón, publicada en 1830, concluía con dos declaraciones colectivas: el Testimonio de Tres Testigos y el Testimonio de Ocho Testigos.
Los Tres Testigos fueron Oliver Cowdery, David Whitmer y Martin Harris. Su declaración afirmaba que un ángel les había mostrado las planchas y sus grabados. Testificaron además que oyeron la voz de Dios afirmar que el registro había sido traducido «por el don y el poder de Dios».
Los Ocho Testigos (Christian Whitmer, Jacob Whitmer, Peter Whitmer Jr., John Whitmer, Hiram Page, Joseph Smith Sr., Hyrum Smith y Samuel H. Smith) dieron un tipo de testimonio distinto. Declararon que José Smith les había mostrado las planchas, que las habían manejado con sus manos y que habían visto los grabados que contenían.
La distinción es significativa. Los Tres describieron un encuentro angélico y de revelación. Los Ocho describieron una experiencia que implicaba la vista y el tacto ordinarios.
En conjunto, sus declaraciones demuestran que una tradición de testigos estuvo ligada al Libro de Mormón desde su primera publicación. José Smith no presentó las planchas únicamente como una experiencia privada que solo él conocía.
A los testigos no se les debe desechar a la ligera
Varios de los testigos tuvieron más tarde graves conflictos con José Smith y con la iglesia que él fundó. Los tres Testigos se separaron finalmente de la iglesia institucional. Oliver Cowdery y Martin Harris regresaron después, mientras que David Whitmer permaneció fuera de ella. Varios de los Ocho también se distanciaron.
Sin embargo, la evidencia que se conserva no contiene ninguna retractación clara de los testimonios publicados. Los testigos siguieron afirmando, de formas diversas y con distintos niveles de documentación, que habían visto las planchas o que habían vivido lo que describieron originalmente. Los materiales históricos oficiales de la Iglesia SUD consideran con razón que esta persistencia es una evidencia importante de su sinceridad.
Un crítico responsable debe reconocerlo.
No basta con decir simplemente: «Todos lo negaron después». No lo hicieron. Tampoco es justo presentar a cada testigo como un conspirador evidente cuyo testimonio puede descartarse sin examen.
Sus afirmaciones continuas sugieren que al menos varios de estos hombres creyeron genuinamente haber vivido algo extraordinario.
Pero sinceridad y verificación histórica no son lo mismo.
¿Qué tan independientes eran los testigos?
El número once puede sonar más impresionante de lo que justifica el entorno social subyacente.
Los Ocho Testigos no eran una muestra representativa y ajena de la comunidad circundante. Provenían por completo de dos familias entrelazadas. Joseph Smith Sr., Hyrum Smith y Samuel Smith eran el padre y los hermanos de José Smith. Christian, Jacob, Peter Jr. y John eran hermanos Whitmer. Hiram Page estaba casado con su hermana Catherine Whitmer.
Los Tres Testigos también estuvieron profundamente implicados en la producción y el financiamiento del Libro de Mormón. Oliver Cowdery fue el escribiente principal de José Smith. La familia de David Whitmer proporcionó un hogar donde se completó parte de la traducción. Martin Harris financió la publicación hipotecando parte de su granja.
Nada de esto prueba deshonestidad. Los parientes y los allegados pueden decir la verdad. Sin embargo, la implicación personal afecta el grado de independencia de un conjunto de testimonios. No eran once desconocidos que se toparan de pronto con un artefacto ignorado. Eran miembros del círculo religioso y familiar cercano a través del cual surgió el Libro de Mormón.
La forma documental de su testimonio también merece atención. Los testimonios impresos en el Libro de Mormón son dos declaraciones colectivas, no once descripciones redactadas por separado. Los editores de los Joseph Smith Papers señalan que la copia más antigua que se conserva de la declaración de los Ocho Testigos está escrita de puño y letra de Oliver Cowdery. Afirman además que se desconoce quién redactó originalmente la declaración o si el documento original fue firmado personalmente por los ocho hombres.
Las declaraciones individuales posteriores aportan evidencia adicional y no deben ignorarse. Aun así, la página impresa no debe tratarse como si contuviera once declaraciones juradas independientes redactadas por separado y bajo examen.
Lo que los testigos pueden establecer
Los Ocho Testigos aportan evidencia de que José Smith presentó un objeto metálico en forma de planchas a miembros de su círculo cercano y de que estos hombres sostuvieron después que lo habían visto y manejado.
Los Tres Testigos aportan evidencia de que Cowdery, Whitmer y Harris relataron una experiencia religiosa extraordinaria en la que creyeron que un ángel les mostró las planchas y que una voz divina confirmó la traducción.
Su persistencia, incluso durante los períodos de distanciamiento, pesa en contra de la teoría más simple, según la cual cada testigo inventó a la ligera su testimonio y más tarde lo abandonó en privado.
Estas son conclusiones históricas significativas.
Un crítico no necesita negarlas para cuestionar el Libro de Mormón. El problema central es que ninguna de estas conclusiones alcanza la afirmación completa que sostiene la tradición de los santos de los últimos días.
Lo que los testigos no pueden establecer
1. No pueden establecer que las planchas fueran antiguas
Ver o manejar un objeto no determina su antigüedad.
Aun si se acepta sin reservas el testimonio de los Ocho, su experiencia solo podría establecer que se les mostró un objeto semejante a unas planchas metálicas grabadas. No realizaron pruebas metalúrgicas, no examinaron la procedencia de las planchas, no las compararon con artefactos antiguos auténticos ni establecieron un contexto arqueológico.
El objeto pudo parecer antiguo, inusual o impresionante. La apariencia por sí sola no permite distinguir un registro antiguo auténtico de un objeto fabricado en el siglo XIX.
Por tanto, el testimonio no puede establecer que las planchas procedieran de los antiguos nefitas, lamanitas o jareditas.
2. No pueden autenticar la escritura
Los testigos relataron haber visto grabados, pero ver caracteres desconocidos no es lo mismo que identificarlos.
Ninguno de los testigos demostró que los grabados representaran una lengua antigua, y mucho menos el «egipcio reformado» que describe el Libro de Mormón. No compararon los símbolos con un corpus de escritura antigua identificado con seguridad ni ofrecieron un desciframiento que pudiera evaluarse de manera independiente.
Una inscripción puede ser real como inscripción y seguir siendo moderna, inventada, decorativa o malinterpretada.
Los testigos podían atestiguar que existían marcas. No podían establecer qué significaban esas marcas.
3. No pueden verificar la traducción de José Smith
La afirmación central de los santos de los últimos días no es simplemente que existieran planchas de metal. Es que José Smith produjo, por poder divino, una traducción inglesa exacta de un registro sagrado antiguo.
Los testigos no realizaron una comparación lingüística entre los caracteres y el Libro de Mormón en inglés. Sus declaraciones no contienen ningún análisis de la traducción.
De hecho, los relatos oficiales de la Iglesia SUD describen la traducción principalmente como un proceso de revelación. Según se cuenta, José Smith colocaba en un sombrero los intérpretes o una piedra de vidente y dictaba las palabras en inglés que se le aparecían. Emma Smith recordó que las planchas cubiertas podían estar sobre la mesa mientras José dictaba sin consultarlas directamente.
Dentro de la creencia de los santos de los últimos días, esto puede entenderse como una traducción milagrosa. Históricamente, sin embargo, significa que inspeccionar las planchas no verifica que el texto inglés publicado derive de sus caracteres.
Los Tres Testigos afirmaron que la voz de Dios declaró verdadera la traducción. Es una afirmación religiosa que requiere evaluación teológica; no es una prueba de traducción reproducible de manera independiente.
4. No pueden establecer el mundo histórico del Libro de Mormón
Aun unas planchas antiguas auténticas no probarían automáticamente cada relato escrito en ellas.
Un manuscrito descubierto podría ser antiguo y, a la vez, legendario, sectario, ficticio, propagandístico o históricamente erróneo. Los historiadores aún deben comparar su contenido con la geografía, la arqueología, la lengua, la cultura material, la cronología y otras evidencias contemporáneas.
Los testigos no identifican Zarahemla. No establecen la ubicación de las ciudades nefitas o jareditas. No confirman las batallas, las migraciones, los animales, los cultivos, las tecnologías, los sistemas políticos ni las poblaciones que describe el relato.
La propia Iglesia SUD no adopta ninguna postura oficial sobre la geografía específica de los acontecimientos del Libro de Mormón. Su ensayo sobre el ADN sostiene igualmente que la evidencia genética no puede probar ni refutar de manera concluyente la historicidad del libro. Sean cuales sean las conclusiones a las que se llegue en esos temas, deben argumentarse por separado. Los testigos no pueden resolverlos.
¿Tuvieron los Tres Testigos simplemente una visión?
La experiencia de los Tres Testigos requiere un lenguaje cuidadoso.
Su declaración publicada describe a un ángel que descendió del cielo, que mostró las planchas, y una voz divina que afirmó la traducción. Una revelación asociada con el acontecimiento declaraba que verían las planchas por medio de la fe y por el poder de Dios.
Los relatos posteriores contienen descripciones tanto espirituales como físicas. Martin Harris habló en ocasiones de ver con un «ojo espiritual» (traducción nuestra), pero también insistió en que la experiencia era tan cierta para él como ver a otra persona de pie frente a él. David Whitmer dijo de manera semejante que los testigos estaban «en el espíritu», aunque sostuvo también que estaban presentes corporalmente y que la experiencia les pareció natural.
Los santos de los últimos días creyentes interpretan este lenguaje como la descripción de una manifestación divina genuina. Los críticos pueden entenderlo como una experiencia religiosa visionaria, una percepción alterada o un suceso interpretado después dentro de un marco sobrenatural.
La evidencia no justifica reducir las afirmaciones de los Tres Testigos a una inspección ordinaria de un artefacto. Tampoco justifica fingir que el lenguaje «espiritual» significaba necesariamente una experiencia imaginaria que los propios testigos consideraran irreal.
La conclusión adecuada es más limitada: relataron un encuentro religioso extraordinario cuyo carácter sobrenatural no puede establecerse con solo repetir su interpretación de él.
La sinceridad no es lo mismo que la verdad
El testimonio continuo de los testigos es evidencia de sinceridad. No es una prueba automática de la interpretación que dieron a sus experiencias.
La historia de las religiones contiene testimonios sinceros de revelaciones, apariciones, profecías, sanaciones, visiones y objetos sagrados incompatibles entre sí. Los cristianos no pueden aceptar toda afirmación espiritual solo porque su testigo hable con fervor o le permanezca fiel durante muchos años.
La Escritura misma manda a los creyentes: «probad los espíritus», en lugar de aceptar toda supuesta revelación sin discernimiento (1 Juan 4:1). Pablo advirtió que incluso un mensaje angélico debe ser rechazado si contradice el Evangelio apostólico (Gálatas 1:8).
La pregunta cristiana, por tanto, no es simplemente: «¿Eran sinceros estos hombres?».
Es también:
¿Fue correcta su interpretación?
¿Concuerda la supuesta revelación con la fe apostólica?
¿Resiste el examen el registro profético de José Smith?
¿Presenta el Libro de Mormón las marcas de un texto antiguo?
¿Describe con exactitud la narración de la restauración la historia cristiana?
¿Preserva la teología posterior de los santos de los últimos días la confesión de Dios revelada en la Escritura y recibida por la Iglesia antigua?
Los testigos no pueden responder a todas esas preguntas.
¿Es lo mismo que el testimonio apostólico acerca de Cristo?
Los apologistas de los santos de los últimos días comparan a veces a los testigos del Libro de Mormón con los apóstoles que dieron testimonio de la resurrección de Jesús. Se argumenta que ambas religiones piden a las personas confiar en testigos.
Existe una semejanza genuina: ambas afirmaciones implican testimonio, y ninguna debe aceptarse solo porque se use la palabra testigo.
Pero las estructuras históricas no son idénticas.
La proclamación apostólica se refería a una persona públicamente conocida que enseñó abiertamente, fue ejecutada bajo la autoridad romana y cuyos seguidores proclamaron poco después que había resucitado. La afirmación cristiana no estaba anclada a un artefacto oculto que desapareció del acceso histórico tras ser mostrado a un círculo selecto. Se refería a la identidad y el destino de Jesús de Nazaret dentro del mismo mundo histórico en el que había vivido y había sido crucificado.
La resurrección debe seguir siendo examinada históricamente. Al cristianismo no se le permite eludir el escrutinio solo porque sus testigos aparezcan en la Escritura. Pero el hecho de que existan testigos en ambas tradiciones no hace iguales los casos evidenciales.
«Ambos tienen testimonio» es el comienzo de la comparación, no su final.
Lo que los testigos demuestran en última instancia
La conclusión históricamente más responsable es limitada, pero no trivial.
Los testigos aportan evidencia de que el Libro de Mormón surgió dentro de una comunidad cuyos miembros principales afirmaron haber tenido experiencias tanto físicas como visionarias relacionadas con las planchas. Los Ocho respaldan la conclusión de que José Smith mostró un objeto semejante a una plancha a familiares y allegados cercanos. Los Tres respaldan la conclusión de que relataron con sinceridad una manifestación angélica y una confirmación divina.
Su testimonio continuo merece reconocimiento.
Lo que no establecen es que el objeto fuera antiguo, que sus marcas representaran una lengua antigua conocida, que el texto inglés de José Smith fuera traducido de él, o que los pueblos y los acontecimientos descritos en el Libro de Mormón existieran en la América antigua.
Menos aún pueden los testigos, por sí solos, establecer toda la restauración de los santos de los últimos días: la autoridad profética de José Smith, Doctrina y Convenios, el Libro de Abraham, las pretensiones sacerdotales SUD, las ordenanzas del templo, las enseñanzas proféticas posteriores o la afirmación de que la Iglesia cristiana histórica cayó en una apostasía universal.
No se puede pedir razonablemente a once testigos que sostengan toda esa estructura teológica.
Son parte de la evidencia. No son el veredicto.
Veredicto final
Los testigos son evidencia significativa de que los primeros participantes afirmaron con sinceridad haber visto planchas o haber tenido experiencias visionarias; no son una prueba independiente de que el Libro de Mormón sea un registro antiguo ni de que la restauración más amplia de José Smith sea verdadera.
Los cristianos deberían poder reconocer que los testigos del Libro de Mormón fueron a menudo perseverantes y aparentemente sinceros. La honestidad intelectual no pierde nada al conceder esto.
Pero el discernimiento cristiano (Hechos 17:11) exige también que examinemos el objeto de su testimonio, la interpretación que se le dio y el sistema profético más amplio construido a su alrededor. La Biblia advierte reiteradamente sobre los falsos profetas, sobre probar los espíritus y sobre conocerlos por sus frutos. Así pues, no podemos simplemente creerle a cualquiera su palabra. En el Nuevo Testamento, cuando a los de Berea se les presentaron nuevas revelaciones, estudiaron las Escrituras cada día para ver si concordaban con la revelación anterior:
«Y fueron éstos más nobles que los que [estaban] en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así». (Reina-Valera 1909)
El propósito de examinar a los testigos de José Smith no es simplemente ganar una discusión. Es distinguir la convicción religiosa sincera de la revelación digna de confianza, para que la fe descanse no en la intensidad del testimonio humano, sino en la verdad que Dios ha dado a conocer en su Hijo.
Fuentes:
Fuentes primarias y oficiales de los santos de los últimos días
The Book of Mormon, edición de 1830, «The Testimony of Three Witnesses» y «The Testimony of Eight Witnesses».
Joseph Smith Papers, «Appendix 4: Testimony of Three Witnesses, Late June 1829».
Joseph Smith Papers, «Appendix 5: Testimony of Eight Witnesses, Late June 1829».
The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, «Witnesses of the Book of Mormon», Church History Topics.
The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, «Book of Mormon Translation», Gospel Topics Essays.
The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, «Book of Mormon and DNA Studies», Gospel Topics Essays.
The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, «Book of Mormon Geography», Gospel Topics.
Otros estudios históricos
Richard Lloyd Anderson, Investigating the Book of Mormon Witnesses (en inglés). Salt Lake City: Deseret Book, 1981.
Richard Lyman Bushman, Joseph Smith: Rough Stone Rolling (en inglés). New York: Alfred A. Knopf, 2005.
Terryl L. Givens, By the Hand of Mormon: The American Scripture That Launched a New World Religion (en inglés). New York: Oxford University Press, 2002.
Dan Vogel, ed., Early Mormon Documents (en inglés), vol. 2. Salt Lake City: Signature Books, 1996.