BES Bible in Simple Spanish (2026) 1 Jesús reunió a los doce y les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. 1 Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.
2 Los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. 2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.
3 Les dijo: No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas. 3 Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.
4 En cualquier casa donde entren, quédense allí hasta que salgan de ese lugar. 4 Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.
5 Y si en algún lugar no los reciben, salgan de esa ciudad y sacudan el polvo de sus pies como testimonio contra ellos. 5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.
6 Ellos salieron y recorrieron las aldeas, anunciando las buenas noticias y sanando por todas partes. 6 Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.
7 Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús, y estaba confundido, porque algunos decían que Juan había resucitado de entre los muertos. 7 Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;
8 Otros decían que Elías había aparecido, y otros que algún profeta de los antiguos había resucitado. 8 Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.
9 Herodes dijo: A Juan yo lo mandé decapitar. Entonces, ¿quién es este de quien oigo tales cosas? Y procuraba verlo. 9 Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.
10 Cuando los apóstoles volvieron, le contaron a Jesús todo lo que habían hecho. Él los tomó consigo y se retiró aparte, a un lugar desierto cerca de una ciudad llamada Betsaida. 10 Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.
11 Pero la gente lo supo y lo siguió. Jesús los recibió, les hablaba del reino de Dios y sanaba a los que necesitaban ser sanados. 11 Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.
12 Cuando el día comenzaba a terminar, los doce se acercaron y le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, encuentren alojamiento y consigan comida, porque aquí estamos en un lugar desierto. 12 Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.
13 Pero Jesús les dijo: Denles ustedes de comer. Ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos nosotros a comprar comida para toda esta gente. 13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.
14 Porque eran como cinco mil hombres. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Hagan que se sienten en grupos de unos cincuenta. 14 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.
15 Así lo hicieron, y todos se sentaron. 15 Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.
16 Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente. 16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.
17 Todos comieron y quedaron satisfechos. Y recogieron lo que sobró: doce canastas llenas de pedazos. 17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.
18 Sucedió que Jesús estaba orando aparte, y sus discípulos estaban con él. Entonces les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? 18 Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?
19 Ellos respondieron: Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. 19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
20 Él les dijo: Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro respondió: El Cristo de Dios. 20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
21 Pero Jesús les mandó con firmeza que no dijeran esto a nadie. 21 Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;
22 Les dijo: Es necesario que el Hijo del Hombre sufra mucho, sea rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, sea muerto y resucite al tercer día. 22 Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. 23 Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.
24 Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la salvará. 24 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.
25 ¿De qué le sirve a una persona ganar todo el mundo, si se pierde o se destruye a sí misma? 25 Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?
26 Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la gloria del Padre y de los santos ángeles. 26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
27 Pero de cierto les digo que algunos de los que están aquí no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios. 27 Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
28 Como ocho días después de decir estas palabras, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Jacobo, y subió al monte a orar. 28 Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.
29 Mientras oraba, la apariencia de su rostro cambió, y su ropa se volvió blanca y resplandeciente. 29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
30 Y dos hombres hablaban con él: Moisés y Elías, 30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
31 quienes aparecieron en gloria y hablaban de su partida, que él iba a cumplir en Jerusalén. 31 Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.
32 Pedro y los que estaban con él estaban cargados de sueño; pero al despertar bien, vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. 32 Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.
33 Cuando ellos se apartaban de Jesús, Pedro le dijo: Maestro, bueno es que estemos aquí. Hagamos tres enramadas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías. Pero no sabía lo que decía. 33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.
34 Mientras decía esto, vino una nube y los cubrió. Ellos tuvieron miedo al entrar en la nube. 34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor, entrando ellos en la nube.
35 Entonces vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado. Escúchenlo. 35 Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.
36 Cuando pasó la voz, Jesús quedó solo. Ellos guardaron silencio, y en aquellos días no contaron a nadie nada de lo que habían visto. 36 Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.
37 Al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud salió al encuentro de Jesús. 37 Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro.
38 Entonces un hombre de la multitud clamó: Maestro, te ruego que mires a mi hijo, porque es mi único hijo. 38 Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:
39 Un espíritu se apodera de él, y de repente grita; lo sacude con violencia, le hace echar espuma, y apenas se aparta de él, dejándolo maltratado. 39 Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.
40 Rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron. 40 Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
41 Jesús respondió: ¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes y los soportaré? Trae acá a tu hijo. 41 Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.
42 Mientras el muchacho se acercaba, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia. Pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, sanó al niño y se lo devolvió a su padre. 42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.
43 Todos quedaron asombrados del gran poder de Dios. Mientras todos se maravillaban de todo lo que Jesús hacía, él dijo a sus discípulos: 43 Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:
44 Guarden bien estas palabras en sus oídos: el Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres. 44 Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
45 Pero ellos no entendían esta palabra. Les estaba encubierta, para que no la comprendieran; y tenían miedo de preguntarle acerca de ella. 45 Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.
46 Surgió entonces una discusión entre ellos sobre quién sería el mayor. 46 Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.
47 Jesús, conociendo el pensamiento de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a él. 47 Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,
48 Y les dijo: El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Porque el más pequeño entre todos ustedes, ese es grande. 48 Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.
49 Juan respondió: Maestro, vimos a uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
50 Jesús le dijo: No se lo prohíban, porque el que no está contra nosotros, está a favor de nosotros. 50 Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
51 Cuando se acercaba el tiempo en que Jesús sería recibido arriba, decidió con firmeza ir a Jerusalén. 51 Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.
52 Envió mensajeros delante de él. Ellos fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para prepararle lugar. 52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.
53 Pero allí no lo recibieron, porque su rostro iba dirigido hacia Jerusalén. 53 Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.
54 Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo y los consuma, como hizo Elías? 54 Y viendo [esto] sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?
55 Pero Jesús se volvió y los reprendió, diciendo: Ustedes no saben de qué espíritu son. 55 Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;
56 Porque el Hijo del Hombre no vino para destruir las vidas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea. 56 Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.
57 Mientras iban por el camino, alguien le dijo: Señor, te seguiré a dondequiera que vayas. 57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.
58 Jesús le dijo: Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo tienen nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.
59 A otro le dijo: Sígueme. Pero él respondió: Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. 59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.
60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú ve y anuncia el reino de Dios. 60 Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.
61 Otro también dijo: Señor, te seguiré, pero primero déjame despedirme de los que están en mi casa. 61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
62 Jesús le dijo: Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.