Temas bíblicos

¿Qué dice la Escritura sobre la Confesión y el arrepentimiento?

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El arrepentimiento (metanoia, un cambio de mente y de vida) es la primera palabra del Evangelio y el camino constante de todo cristiano. La Iglesia ortodoxa ofrece el Misterio de la Confesión, en el que el creyente confiesa sus pecados ante Dios en presencia de un sacerdote, que ora por el perdón con la autoridad que Cristo dio a sus apóstoles. La Escritura muestra tanto la conversión interior del corazón como la confesión exterior y hablada de los pecados dentro de la comunidad.

Arrepentíos, porque el Reino se ha acercado

Cristo comienza su predicación con el arrepentimiento, y la parábola del hijo pródigo muestra su corazón: volver en sí, regresar y ser abrazado por el Padre.

17 Desde entonces comenzó Jesús á predicar, y á decir: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.
Mateo 4:17 (RV1909)
14 Mas después que Juan fué encarcelado, Jesús vino á Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15 Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio.
Marcos 1:14–15 (RV1909)
11 Y dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda. 13 Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar. 15 Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos. 16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se [las] daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti; 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. 23 Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: 24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.
Lucas 15:11–24 (RV1909)
19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor,
Hechos 3:19 (RV1909)
9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. 10 Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte. 11 Porque he aquí, esto mismo que según Dios fuisteis contristados, cuánta solicitud ha obrado en vosotros, y aun defensa, y aun enojo, y aun temor, y aun gran deseo, y aun celo, y aun vindicación. En todo os habéis mostrado limpios en el negocio.
2 Corintios 7:9–11 (RV1909)

Un corazón contrito y humillado

El arrepentimiento de David después de la reprensión de Natán es el modelo que la Iglesia ora cada día en el Salmo 51 (Salmo 50 en la Septuaginta). La oración del publicano es la raíz de la Oración de Jesús.

1 Al Músico principal: Salmo de David, cuando después que entró á Bathsebah, vino á él Nathán el profeta. TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2 Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. 3 Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado está siempre delante de mí. 4 A ti, á ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. 5 He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. 6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. 7 Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. 8 Hazme oir gozo y alegría; y se recrearán los huesos que has abatido. 9 Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11 No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espíritu. 12 Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente. 13 Enseñaré á los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán á ti. 14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: cantará mi lengua tu justicia. 15 Señor, abre mis labios; y publicará mi boca tu alabanza. 16 Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; no quieres holocausto. 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Salmo 51:1–17 (RV1909)
1 Y ENVIÓ Jehová á Nathán á David, el cual viniendo á él, díjole: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2 El rico tenía numerosas ovejas y vacas: 3 Mas el pobre no tenía más que una sola cordera, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno: y teníala como á una hija. 4 Y vino uno de camino al hombre rico; y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y aderezóla para aquél que le había venido. 5 Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo á Nathán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. 6 Y que él debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo esta tal cosa, y no tuvo misericordia. 7 Entonces dijo Nathán á David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl; 8 Yo te dí la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno: demás de esto te dí la casa de Israel y de Judá; y si esto es poco, yo te añadiré tales y tales cosas. 9 ¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Uría Hetheo heriste á cuchillo, y tomaste por tu mujer á su mujer, y á él mataste con el cuchillo de los hijos de Ammón. 10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada; por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Uría Hetheo para que fuese tu mujer. 11 Así ha dicho Jehová: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré á tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres á la vista de este sol. 12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol. 13 Entonces dijo David á Nathán: Pequé contra Jehová. Y Nathán dijo á David: También Jehová ha remitido tu pecado: no morirás.
2 Samuel 12:1–13 (RV1909)
12 Por eso pues ahora, dice Jehová, convertíos á mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto. 13 Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos á Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo.
Joel 2:12–13 (RV1909)
9 Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano. 11 El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. 13 Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador. 14 Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
Lucas 18:9–14 (RV1909)

Autoridad para perdonar dada a los apóstoles

Cristo resucitado sopla el Espíritu Santo sobre los apóstoles y dice: "A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos". Solo Dios perdona los pecados; Él quiso confiar a su Iglesia un ministerio de reconciliación.

21 Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz á vosotros; como me envió el Padre, así también yo os envío. 22 Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo: 23 A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos.
Juan 20:21–23 (RV1909)
19 Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Mateo 16:19 (RV1909)
18 De cierto os digo [que] todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.
Mateo 18:18 (RV1909)
18 Y todo esto es de Dios, el cual nos reconcilió á sí por Cristo; y nos dió el ministerio de la reconciliación. 19 Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo á sí, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; [os] rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
2 Corintios 5:18–20 (RV1909)
6 Bástale al tal esta reprensión [hecha] de muchos; 7 Así que, al contrario, vosotros más bien lo perdonéis y consoléis, porque no sea el tal consumido de demasiada tristeza. 8 Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. 9 Porque también por este fin [os] escribí, para tener experiencia de vosotros si sois obedientes en todo. 10 Y al que vosotros perdonareis, yo también: porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros [lo he hecho] en persona de Cristo;
2 Corintios 2:6–10 (RV1909)

Confesar los pecados en voz alta

Santiago une la oración de los presbíteros con confesar "vuestras ofensas unos a otros", y en Éfeso los nuevos creyentes venían "confesando y dando cuenta de sus hechos". La confesión era hablada, no solo silenciosa.

14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame á los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados. 16 Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.
Santiago 5:14–16 (RV1909)
8 Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos á nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.
1 Juan 1:8–9 (RV1909)
18 Y muchos de los que habían creído, venían, confesando y dando cuenta de sus hechos.
Hechos 19:18 (RV1909)
6 Habla á los hijos de Israel: El hombre ó la mujer que cometiere alguno de todos los pecados de los hombres, haciendo prevaricación contra Jehová, y delinquiere aquella persona; 7 Confesarán su pecado que cometieron, y compensarán su ofensa enteramente, y añadirán su quinto sobre ello, y lo darán á aquel contra quien pecaron.
Números 5:6–7 (RV1909)
13 El que encubre sus pecados, no prosperará: mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.
Proverbios 28:13 (RV1909)

"¿Quién puede perdonar pecados sino Dios?"

Muchos protestantes sostienen que la confesión debe hacerse directamente a Dios, citando al único Mediador. La respuesta ortodoxa es que el sacerdote es testigo e intercesor, no un segundo mediador; en el rito usado en muchas Iglesias ortodoxas se recuerda al penitente que se confiesa ante Cristo, que está presente de manera invisible.

5 Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, 7 Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? 8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico): 11 A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa. 12 Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.
Marcos 2:5–12 (RV1909)
5 Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre;
1 Timoteo 2:5 (RV1909)
5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)
Salmo 32:5 (RV1909)

Los Padres

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Fuentes

  1. The Orthodox Faith, Vol. II: Penance (Orthodox Church in America) — Orthodox understanding of the sacrament of confession and repentance.

Actualizado: 2026-10-18