Jesús en el cristianismo y en el islam: en qué coinciden y en qué se separan las dos fes

Cristianos y musulmanes honran a Jesús como el Mesías nacido de la Virgen María, pero se separan en cuanto a su filiación divina, la cruz y el Evangelio. Aquí está cada fe con sus propias palabras, lo que la historia puede resolver y por qué la Iglesia confiesa al Verbo hecho carne, que murió y resucitó.

Pregúntale a un cristiano y a un musulmán por Jesús y oirás bastante lenguaje en común. Ambos lo llaman el Mesías. Ambos dicen que nació de la Virgen María, que sanó a los enfermos y resucitó a los muertos, y ambos esperan que vuelva antes del fin de los tiempos. Los musulmanes añaden una bendición cuando pronuncian su nombre, y el Corán lo nombra veinticinco veces como ʿĪsā y once veces con el título al-Masīḥ, el Mesías.1

Sin embargo, el Jesús que une a las dos fes también las separa. El Corán niega que sea el Hijo de Dios y contiene un versículo (4:157) que la mayoría de los musulmanes ha leído como una negación de que fuera crucificado. El Nuevo Testamento, escrito cuando todavía vivían quienes recordaban los hechos, proclama su muerte y su resurrección como el centro de su mensaje. Jesús preguntó una vez a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Mateo 16:15). (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.) Cristianos y musulmanes responden de manera distinta, y la diferencia no admite un término medio.

Este artículo expone ambas respuestas con los textos propios de cada fe, pregunta qué puede y qué no puede resolver la historia, escucha con justicia las objeciones musulmanas más sólidas y termina con la fe del Credo niceno tal como la confiesa la Iglesia ortodoxa.2

En resumen

El cristianismo y el islam coinciden sobre Jesús en más cosas de las que mucha gente espera. El Corán afirma su concepción virginal, lo llama el Mesías, le atribuye milagros realizados «con permiso de Alá» y lo llama una palabra de Dios y un espíritu que viene de Él. (Las citas del Corán son de la traducción de Julio Cortés, salvo que se indique otra.) La tradición musulmana también espera su regreso, y los musulmanes lo honran a él y a su madre con gran devoción. Las dos fes se separan en tres cuestiones. La primera es quién es él: el Corán trata a Jesús como un siervo y mensajero creado y rechaza la afirmación de que Dios tenga un hijo, mientras que la Iglesia lo confiesa como el Hijo eterno, «Verdadero Dios de Dios Verdadero» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América), que se hizo hombre. La segunda es la cruz: la mayoría de los intérpretes musulmanes ha leído Corán 4:157 en el sentido de que Jesús no fue muerto ni crucificado, aunque las lecturas musulmanas del versículo han variado más de lo que suele creerse. La tercera es el Evangelio: el Corán honra el Evangelio dado a Jesús, mientras que el pensamiento musulmán posterior acusó a los cristianos de corromper su sentido o su texto. En la cuestión histórica, la evidencia es inusualmente clara. La crucifixión bajo Poncio Pilato está atestiguada por las cartas de Pablo, los cuatro Evangelios, Tácito y Josefo, y prácticamente todos los historiadores de la Antigüedad la aceptan. Que Jesús se entendiera a sí mismo como el «Hijo del hombre» de Daniel 7 es algo más debatido, pero las fuentes más antiguas apuntan en esa dirección.

Tesis: Cristianos y musulmanes honran a la misma figura histórica, pero dan dos relatos distintos de quién es, y en el único punto en que la historia puede juzgar entre ellos, la crucifixión, la evidencia respalda con fuerza el relato cristiano.

En qué coinciden las dos fes

Nacido de una virgen

Las Escrituras de ambas fes dicen que María concibió a Jesús sin padre humano. En Lucas, María pregunta: «¿Cómo será esto? porque no conozco varón», y el ángel responde: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:34–35).

El Corán narra la anunciación dos veces. En la sura 3, María pregunta: «¡Señor! ¿Cómo puedo tener un hijo, si no me ha tocado mortal?», y se le responde: «Así será. Alá crea lo que Él quiere» (3:47). En la sura 19, que lleva su nombre, Dios promete hacer del niño «signo para la gente y muestra de Nuestra misericordia» (19:21). María es nombrada treinta y cuatro veces en el Corán, y los ángeles le dicen que Dios la ha elegido: «Te ha escogido entre todas las mujeres del universo» (3:42).

Las dos fes sacan conclusiones distintas del mismo milagro. Para Lucas, la concepción virginal es la razón por la que el niño «será llamado Hijo de Dios». Para el Corán, muestra el poder de Dios para crear a voluntad: «Para Alá, Jesús es semejante a Adán, a quien creó de tierra y a quien dijo: “¡Sé!” y fue» (3:59). Un musulmán que rechaza la divinidad de Cristo no está rechazando el nacimiento virginal. Acepta el milagro y lo lee como signo de poder creador, no de encarnación.

El Mesías

El Corán da a Jesús un título que no da a nadie más, al-Masīḥ, por lo general unido a «hijo de María», como en «el Mesías Jesús, hijo de María» (3:45, trad. de Isa García). La palabra compartida tiene significados distintos. En los Evangelios, el título pertenece a la esperanza de Israel en el hijo ungido de David, y Jesús lo reformula en torno a su propio sufrimiento: «convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho … y ser muerto, y resucitar después de tres días» (Marcos 8:31). El Corán usa «Mesías» como un nombre honroso, sin relacionarlo con el trono de David ni con una muerte en favor de otros. Cuando los musulmanes dicen «Mesías», no quieren decir lo que Pedro quiso decir con «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:16).

Milagros «con permiso de Alá»

Las dos fes recuerdan a un hacedor de prodigios. En el Corán, Jesús dice: «Con permiso de Alá, curaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos» (3:49), y 5:110 repite la lista, con cada milagro realizado «con Mi permiso». Incluso habla siendo un niño en la cuna (19:29–33). La frase repetida sobre el permiso de Dios honra los milagros y, a la vez, se asegura de que apunten más allá de Jesús, hacia Dios.

Uno de los milagros coránicos no está en los cuatro Evangelios. Jesús modela un pájaro de barro, sopla sobre él «y será un pájaro [vivo], con el permiso de Dios» (3:49, trad. de Raúl González Bórnez; los corchetes son de esa traducción). Un paralelo cercano aparece en el Evangelio de la infancia de Tomás, una obra apócrifa cristiana en la que Jesús, con cinco años, toma barro blando y «formó con él doce gorriones», y luego les ordena volar (traducción nuestra, como las demás citas de este artículo que no indican una versión española publicada).3 El relato es anterior al islam: en 2024, dos papirólogos identificaron en Hamburgo un fragmento griego de este mismo episodio y lo fecharon en el siglo IV o V.4 Los musulmanes entienden que el Corán confirma un hecho verdadero que los Evangelios canónicos no registraron; los historiadores suelen ver en él el uso de relatos que ya circulaban entre los cristianos en la Antigüedad tardía. En cualquier caso, el retrato coránico de Jesús no se formó únicamente a partir de los cuatro Evangelios, un patrón que tratamos en El Corán y las leyendas de la Antigüedad tardía (en inglés).

Una palabra y un espíritu que vienen de Dios

Los títulos más llamativos aparecen en 4:171. Saheeh International traduce: «El Mesías, Jesús, hijo de María, no fue sino un mensajero de Alá y Su palabra, que Él dirigió a María, y un alma [creada por una orden] que viene de Él». Abdel Haleem traduce: «Su palabra, dirigida a María, un espíritu que viene de Él» (traducimos del inglés ambas versiones).5 Las palabras entre corchetes muestran cómo han leído habitualmente el versículo los musulmanes: Jesús es la «palabra» de Dios porque llegó a existir por orden de Dios, «¡Sé!» (3:47; 3:59), y «un espíritu que viene de Él» porque Dios le dio la vida.

Los cristianos suelen oír aquí un eco de Juan: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1). El eco se advirtió pronto. San Juan Damasceno, en el siglo VIII, resumió así lo que él entendía como la enseñanza de Mahoma: «Dice que el Cristo es el Verbo de Dios y Su Espíritu, pero una criatura y un siervo».6 La última cláusula importa. El versículo que llama a Jesús palabra de Dios dice a continuación: «¡Glorificado sea! ¡Cómo va a tener Él un hijo!» (trad. de Raúl González Bórnez). Los cristianos debilitan su argumento cuando presentan 4:171 como una confesión oculta de la Trinidad. Es un punto de encuentro, donde ambas fes usan el lenguaje de la Palabra (el Verbo) y del Espíritu, y luego se separan sobre su significado.

Ha de venir otra vez

Las dos fes esperan el regreso de Jesús. Las referencias del Corán son breves y su lectura se discute: Saheeh International traduce 43:61 como «él [es decir, Jesús] será [una señal para el] conocimiento de la Hora» (traducción nuestra del inglés), con las palabras entre corchetes añadidas por el traductor, mientras que Abdel Haleem entiende que el mismo versículo se refiere al propio Corán.7 Los hadices son explícitos. En Sahih al-Bukhari, Mahoma dice que «(Jesús,) el hijo de María pronto descenderá entre ustedes y juzgará a la humanidad con justicia (como Gobernante Justo); quebrará la Cruz y matará a los cerdos y no habrá Jizya».8

El Credo dice igualmente que Cristo «ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos». Pero en la fe cristiana quien vuelve es el Señor crucificado y resucitado, mientras que en la tradición islámica es un profeta que vuelve para confirmar el islam y que «quebrará la Cruz». La esperanza es compartida; el Jesús que se espera, no.

Un Jesús al que los musulmanes aman

Nada de esto debe oírse como un reproche a los musulmanes, que honran sinceramente a Jesús. En un hadiz, Mahoma dice: «Tanto en este mundo como en la otra vida, soy, de entre todas las personas, el más cercano a Jesús, el hijo de María. Los profetas son hermanos de padre; sus madres son distintas, pero su religión es una».9 Otro enseña que todo niño es tocado por Satanás al nacer, «excepto María y su hijo».10 Los escritores musulmanes, sobre todo ascetas y místicos, recopilaron durante siglos dichos e historias de Jesús; Tarif Khalidi reunió unos trescientos en The Muslim Jesus.11 La estudiosa musulmana Mona Siddiqui ha escrito un estudio cuidadoso del pensamiento cristiano y musulmán sobre Jesús, que cierra con sus propias reflexiones, como musulmana, sobre la cruz.12 Los cristianos que quieran hablar con honestidad con sus vecinos musulmanes deberían empezar aquí, con respeto por una reverencia que es real.

En qué se separan las dos fes

¿Es Jesús el Hijo de Dios?

En esta cuestión el Corán habla con claridad. «Es impropio de Alá adoptar un hijo» (19:35). De Dios dice: «No ha engendrado, ni ha sido engendrado» (112:3). «No creen, en realidad, quienes dicen: “Alá es el Ungido, hijo de María”» (5:72). El Corán subraya la humanidad ordinaria de Jesús: de Jesús y de su madre dice que «Ambos tomaban alimentos» (5:75), y el niño Jesús dice: «Soy el siervo de Alá. Él me ha dado la Escritura y ha hecho de mí un profeta» (19:30).

Parte de lo que el Corán rechaza lo rechazan también los cristianos. La Iglesia nunca ha enseñado que Dios tuviera un hijo con una mujer ni que María sea una diosa (compárese 5:116, donde Dios pregunta a Jesús si dijo a la gente: «¡Tomadnos a mí y a mi madre como a dioses, además de tomar a Alá!»). La fe ortodoxa confiesa un solo Dios: el Padre, que es la única fuente del Hijo, eternamente engendrado, y del Espíritu Santo, que procede del Padre. El Credo llama al Hijo «nacido del Padre antes de todos los siglos» y «engendrado, no hecho, consubstancial con el Padre».13 Aquí «nacido» y «engendrado» nombran una relación eterna dentro del único Dios, no un nacimiento en el tiempo. El artículo que acompaña a este en nuestra serie de piedras angulares, ¿Entiende mal el Corán la Trinidad?, examina hasta qué punto las críticas del Corán corresponden a lo que los cristianos creen realmente.

Despejar los malentendidos no elimina el desacuerdo. Los cristianos confiesan que el Verbo que «era Dios» también «fué hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:1, 14), y que Tomás dijo la verdad cuando dijo a Jesús resucitado: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28). El islam considera esa confesión el más grave de los errores, la asociación de una criatura con Dios. Cada fe sostiene que la otra se equivoca en lo más importante que dice acerca de Dios.

¿Fue crucificado Jesús?

El pasaje decisivo es 4:157–158. Saheeh International traduce así las palabras centrales: «Y no lo mataron ni lo crucificaron; sino que [otro] fue hecho semejante a él a sus ojos», y continúa: «Antes bien, Alá lo elevó hacia Sí». Abdel Haleem traduce la misma frase: «No lo mataron ni lo crucificaron, aunque se hizo que así les pareciera» (traducimos del inglés ambas versiones).14 La comparación es instructiva. El árabe no dice qué o quién fue lo que se hizo parecer así. Saheeh International añade «[otro]», con lo que incorpora en un corchete la interpretación más común; Abdel Haleem deja abierto el sujeto, como lo hace el árabe.

Las lecturas del versículo, tanto de musulmanes como de estudiosos académicos, se agrupan en cuatro grandes tipos.

  • Sustitución. La mayoría de los comentaristas clásicos sostuvo que Dios proyectó la semejanza de Jesús sobre otra persona, que fue crucificada en su lugar, mientras Jesús era elevado vivo al cielo. No se pusieron de acuerdo sobre quién fue el sustituto; el Corán no nombra a nadie. El estudioso musulmán Louay Fatoohi, que defiende la postura mayoritaria de que el Corán niega la crucifixión, describe esa negación como «la postura islámica establecida» y un «semiconsenso de siglos».15 Todd Lawson, que defiende una lectura más abierta del versículo, reconoce, según el resumen de un reseñista, que «la gran mayoría de las opiniones niega que fuera Jesús quien estuvo en la cruz».16
  • Una crucifixión real que no derrotó a Jesús. Algunos de los primeros pensadores chiíes ismailíes, entre ellos Abu Hatim al-Razi (m. hacia 934) y Nasir Khusraw (m. entre 1072 y 1088), sostuvieron que el Corán «solo niega que la Gente del Libro lo crucificara» en el sentido del que ellos se jactaban.17
  • Jesús murió, pero no como afirmaban sus enemigos. Esta es una lectura académica, no una lectura musulmana tradicional. El estudioso Gabriel Said Reynolds, de la Universidad de Notre Dame, sostiene que el Corán «más bien acepta que Jesús murió», y señala que «solo afirma explícitamente que los judíos no mataron a Jesús».18 Apunta a versículos que parecen dar por supuesta la muerte de Jesús: «¡Jesús! Voy a llamarte a Mí, voy a elevarte a Mí» (3:55); «después de llamarme a Ti» (5:117); «el día que muera y el día que sea resucitado a la vida» (19:33). La mayoría de los intérpretes musulmanes lee estos versículos en armonía con la creencia de que Jesús fue elevado vivo.
  • Jesús sobrevivió a la cruz. El movimiento Ahmadiyya, fundado por Mirza Ghulam Ahmad en la India del siglo XIX, enseña que Jesús fue puesto en la cruz pero no murió en ella, se recuperó, viajó hacia el oriente y murió de muerte natural en Cachemira. Otros musulmanes rechazan esta postura.19

Los cristianos deben describir este abanico con exactitud y no fingir que las lecturas minoritarias son la norma. Fatoohi sostiene con verdadera fuerza que el versículo «no puede leerse razonablemente como otra cosa que un rechazo de que Jesús fuera crucificado», y así lo entiende la mayoría de los musulmanes.20 En el islam mayoritario, entonces, Jesús no murió en una cruz ni resucitó al tercer día. Aquí el islam se aparta de la predicación cristiana más antigua, que decía que a Jesús lo habían matado «por manos de los inicuos, crucificándole», y añadía: «Al cual Dios levantó» (Hechos 2:23–24). Cómo entiende el islam el pecado y la salvación sin la cruz se trata en ¿Cómo te salva el islam sin la cruz? (en inglés)

¿Qué pasó con el Evangelio?

El Corán habla con aprecio del Injil, el Evangelio. Dios dice de Jesús: «Le dimos el Evangelio, que contiene Dirección y Luz», y el Corán añade: «Que la gente del Evangelio decida según lo que Alá ha revelado en él» (5:46–47). El Corán habla de un solo Evangelio dado a Jesús; la Iglesia recibió cuatro, escritos por apóstoles y por sus compañeros. Si esos Evangelios afirman la crucifixión de Jesús y su filiación divina, y el Corán niega ambas cosas, algo tiene que ceder. La respuesta musulmana habitual es el taḥrīf, la «distorsión».

Los estudiosos distinguen dos tipos: el taḥrīf al-naṣṣ, la alteración del texto mismo, y el taḥrīf al-maʿānī, la tergiversación de su sentido. Los escritores musulmanes han usado la acusación en ambos sentidos. El Corán condena a «aquéllos que escriben la Escritura con sus manos y luego dicen: Esto viene de Alá» (2:79), y a algunos «que desvían las palabras de sus lugares [propios]» (4:46, según Saheeh International; traducción nuestra del inglés). En su contexto, ambos pasajes apuntan a algunos de entre los judíos, no a los cristianos, y el verbo que usa el Corán para esta distorsión nunca se emplea para los cristianos.21 La afirmación más fuerte, según la cual los Evangelios que leen hoy los cristianos son una versión corrompida de un original perdido, es una lectura de esos versículos y no algo que ellos digan claramente. Además enfrenta una dificultad histórica: las doctrinas que el islam rechaza constan en manuscritos y en escritores cristianos de siglos antes de Mahoma. Examinamos los versículos y el registro manuscrito en ¿Dice el Corán que la Biblia fue corrompida? (en inglés)

Lo que puede decir la historia

Aquí cambian las herramientas. Si Jesús es el Hijo eterno de Dios, o si el Corán es revelación, no puede decidirse solo con el método histórico. Pero si un hombre fue crucificado en la Judea romana del siglo I es una pregunta que los historiadores pueden sopesar como cualquier otra.

La crucifixión está entre los hechos mejor atestiguados sobre Jesús

La evidencia más antigua procede de Pablo. Al escribir a los corintios en los años 50, les recuerda lo que él había recibido y les había transmitido: «os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados, conforme á las Escrituras; Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras» (1 Corintios 15:3–4). La tradición es más antigua que la carta que la conserva. Pablo admite además lo difícil que era escuchar su mensaje: «nosotros predicamos á Cristo crucificado, á los Judíos ciertamente tropezadero, y á los Gentiles locura» (1 Corintios 1:23). Un Mesías crucificado no era una historia que alguien fuera a inventar para ganar conversos. Después, los cuatro Evangelios narran la crucifixión bajo Poncio Pilato.

Dos escritores ajenos a la Iglesia mencionan la ejecución de Jesús. El historiador romano Tácito, que escribía a comienzos del siglo II y era abiertamente hostil a los cristianos, explica el nombre de estos: «Christus, de quien tomó origen el nombre, sufrió la pena extrema durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Pontius Pilatus».22 Tácito no dice «cruz», pero la «pena extrema» que un gobernador romano imponía a un provincial corresponde a la crucifixión. El historiador judío Josefo, que escribía hacia el año 93 d. C., dice en el texto tal como lo tenemos que «Pilato, a sugerencia de los principales de entre nosotros, lo había condenado a la cruz», y en otro lugar menciona «al hermano de Jesús, llamado Cristo, cuyo nombre era Santiago».23 El primer pasaje fue ampliado por copistas cristianos; dice, por ejemplo, «Él era [el] Cristo», algo que Josefo no habría escrito. Muchos estudiosos, entre ellos el agnóstico Bart Ehrman, juzgan que su núcleo se remonta a Josefo, aunque discrepan sobre qué palabras exactamente son suyas.24

Los estudiosos que no comparten la fe de la Iglesia están de acuerdo. John Dominic Crossan, cuyo retrato de Jesús dista mucho de ser tradicional, escribió: «Que fue crucificado es tan seguro como puede serlo cualquier cosa histórica».25 Ehrman, que se describe como «un agnóstico con inclinaciones ateas», incluye la crucifixión en Jerusalén bajo Poncio Pilato entre los puntos «en los que prácticamente todos los estudiosos de la Antigüedad están de acuerdo».26 {{very-strong: Jesús de Nazaret fue crucificado en Jerusalén por orden de Poncio Pilato.}}

Los primeros escritores cristianos insistieron en la realidad de la cruz porque ya había quienes la negaban. A comienzos del siglo II, San Ignacio de Antioquía escribió que Jesús «fue verdaderamente perseguido bajo Poncio Pilato; fue verdaderamente crucificado y [verdaderamente] murió», frente a maestros que decían que «solo pareció padecer».27 Más adelante en ese mismo siglo, San Ireneo informó que el maestro Basílides afirmaba que Simón de Cirene «fue crucificado por ignorancia y error, mientras que Jesús mismo recibió la forma de Simón y, estando allí presente, se reía de ellos».28 Los relatos de un sustituto en la cruz son, por tanto, anteriores al islam, pero surgieron entre maestros a los que la Iglesia rechazó y nunca desplazaron el testimonio anterior. Cuando San Juan Damasceno describió la enseñanza del Corán en el siglo VIII, la refirió así: los judíos, escribe, «apresaron Su sombra y la crucificaron. Pero el Cristo mismo no fue crucificado, dice, ni murió».29 {{strong: Los relatos de un sustituto en la cruz circulaban en el siglo II entre maestros a los que la Iglesia rechazó, siglos antes del Corán.}}

Seis siglos después

El Corán fue proclamado aproximadamente entre 610 y 632, unos seiscientos años después de la crucifixión. No nombra a ningún testigo ocular ni ofrece un relato alternativo de quién fue crucificado o de cómo ocurrió. Según el método histórico ordinario, una breve afirmación de seis siglos después no puede pesar más que múltiples fuentes de los siglos I y comienzos del II, algunas de ellas hostiles. Nuestro artículo ¿Fue Jesús realmente crucificado? (en inglés) y la infografía El islam niega la cruz. La historia la afirma. (en inglés) exponen la evidencia con más detalle.

La equidad exige una matización. Los musulmanes no consideran el Corán una fuente para historiadores, sino la palabra de Dios, y un musulmán puede decir con coherencia que Dios sabe lo que ocurrió mejor que cualquier testigo humano. Es una postura religiosa coherente. No es un argumento histórico, y no debe presentarse como tal. Planteada con claridad, la pregunta pasa a ser si la pretensión del Corán de ser revelación es lo bastante fuerte como para anular el registro del siglo I.

¿Quién dijo Jesús que era?

El desacuerdo sobre la identidad de Jesús se remonta a los Evangelios. La manera más frecuente en que Jesús hablaba de sí mismo era como «el Hijo del hombre», lo que evoca la visión de Daniel: «he aquí en las nubes del cielo como un hijo de hombre que venía», y a este se le da «señorío, y gloria, y reino» (Daniel 7:13–14). En los Evangelios, la expresión está casi siempre en labios del propio Jesús, lo que sugiere que se recordaba como su manera de hablar y no como un título preferido por la Iglesia primitiva. El Hijo del hombre reclama además lo que pertenece a Dios, como cuando Jesús perdona pecados y sus críticos preguntan: «¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?» (Marcos 2:7–10).

En su juicio, el sumo sacerdote pregunta: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?». Jesús responde: «Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia [de Dios], y viniendo en las nubes del cielo» (Marcos 14:61–62). La respuesta une Daniel 7:13 con el Salmo 110:1: «Siéntate á mi diestra». El sumo sacerdote la llama blasfemia, y en el concilio «todos le condenaron ser culpado de muerte» (Marcos 14:63–64). Según este relato, Jesús fue entregado a Pilato por quien afirmaba ser. Para el trasfondo en Daniel, véase «Uno como un hijo de hombre» en Daniel 7 (en inglés).

Los historiadores debaten cuánto de esto se remonta al propio Jesús. Ehrman sostiene que Jesús no afirmó ser Dios y que la creencia en su divinidad surgió después de que sus seguidores se convencieran de que Dios lo había resucitado.30 La Iglesia lee la escena del juicio como una afirmación del propio Jesús, coherente con su manera de hablar a lo largo de los Evangelios. {{debated: Jesús se identificó con el Hijo del hombre celestial de Daniel 7.}} Sin embargo, este debate no es entre el cristianismo y el islam. Ninguna de sus dos posturas respalda a un Jesús que nunca fue crucificado, y las fuentes más antiguas muestran de forma constante a un Jesús que esperaba sufrir: «Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45).

Objeciones y respuestas

Una comparación justa tiene que enfrentarse a los mejores argumentos musulmanes, no a los más débiles. Estos son tres que plantean musulmanes reflexivos.

«La evidencia es exactamente lo que el Corán predice»

Objeción. El Corán dice que a quienes lo vieron «se hizo que les pareciera eso» (4:157, trad. de Raúl González Bórnez). Si Dios hizo que pareciera que Jesús fue crucificado, es natural que los discípulos, Pablo, los evangelistas, Tácito y Josefo informaran de una crucifixión. La evidencia histórica es justamente lo que el Corán nos lleva a esperar.

Respuesta. Esta es la réplica musulmana más sólida, y es lógicamente coherente. Pero fíjate en lo que concede. Admite que todos los testigos antiguos, favorables y hostiles, informaron de una crucifixión, y coloca la verdad fuera del alcance de cualquier evidencia posible. Una afirmación contra la que ninguna evidencia podría contar no es una afirmación histórica, de modo que la disputa ha pasado de la historia a la teología. Allí tiene un costo. Según esta postura, Dios permitió que los propios discípulos de Jesús, que sufrieron por su testimonio, fundaran una fe extendida por todo el mundo sobre una apariencia que Él mismo había creado, y dejó la verdad oculta durante seis siglos. Los cristianos preguntarán si eso concuerda con el Dios al que ambas fes llaman justo y misericordioso. Los musulmanes responden desde su propia teología, y vale la pena tener esa conversación, pero se refiere al carácter de Dios y no a la evidencia.

«La revelación está por encima de la historia»

Objeción. Los cristianos también creen cosas que los historiadores no pueden probar, como el nacimiento virginal y la encarnación. ¿Por qué deberían los musulmanes dejar que los historiadores se impongan al Corán, si los cristianos no les dejan imponerse al Credo?

Respuesta. La observación es justa. El método del historiador no puede probar la encarnación. Pero la fe cristiana apoya sus afirmaciones centrales en acontecimientos públicos referidos por personas que conocieron a Jesús, e invita a ponerla a prueba allí donde toca la historia: Pablo nombra a quienes vieron a Cristo resucitado, empezando por Cefas y los doce (1 Corintios 15:5). El desacuerdo sobre la cruz no es entre la fe y la historia en general. Es entre un registro temprano, atestiguado por múltiples fuentes, y un texto muy posterior que nos pide dejar de lado ese registro. Cada lector debe decidir qué pretensión de revelación está mejor fundada, y la evidencia de la historia forma parte legítima de esa decisión.

«Pablo y la Iglesia primitiva cambiaron el mensaje de Jesús»

Objeción. Jesús predicó la unicidad de Dios y la obediencia a la ley de Dios. Pablo lo convirtió en un salvador divino que muere y resucita, y los Evangelios fueron escritos por una Iglesia que ya había aceptado la religión de Pablo. El Corán restaura al verdadero Jesús.

Respuesta. Las cartas de Pablo son los documentos cristianos más antiguos que tenemos, y muestran que la muerte y la resurrección de Jesús se proclamaban antes de que Pablo escribiera; él dice que esa tradición la recibió: «lo que asimismo recibí» (1 Corintios 15:3). Dice también que los demás apóstoles predicaban el mismo mensaje: «ó [sea] yo ó [sean] ellos, así predicamos, y así habéis creído» (1 Corintios 15:11). Si el mensaje cambió, cambió a los pocos años de la crucifixión y en manos de las personas que mejor conocieron a Jesús, y no se conserva ningún registro anterior de un Jesús distinto. Hasta donde muestran nuestras fuentes, la imagen de un Jesús que no fue crucificado aparece primero entre maestros del siglo II a los que la Iglesia rechazó, y luego en el Corán, seis siglos después de los hechos. Una teoría que exige que la evidencia más antigua esté equivocada, sin ninguna evidencia anterior que ponga en su lugar, es difícil de sostener por razones históricas.

Lo que podemos afirmar con confianza

  • El Corán afirma la concepción virginal de Jesús, lo llama el Mesías, le atribuye milagros y lo llama palabra de Dios y espíritu que viene de Dios; la tradición musulmana, sobre todo los hadices, espera su regreso. Los musulmanes lo honran como uno de los más grandes profetas.
  • El Corán niega explícitamente que Dios tenga un hijo y que Jesús sea Dios (5:72; 19:35; 112:3), mientras que la fe nicena lo confiesa como el Hijo eterno, «Verdadero Dios de Dios Verdadero», que se hizo hombre.
  • La mayoría de los intérpretes musulmanes, antiguos y actuales, ha leído 4:157 como una negación de que Jesús fuera crucificado, y la mayoría de los comentaristas clásicos sostuvo que otro hombre murió en su lugar.
  • La crucifixión de Jesús bajo Poncio Pilato está atestiguada por Pablo, los cuatro Evangelios, Tácito y Josefo, y prácticamente todos los historiadores de la Antigüedad, religiosos o no, la aceptan.
  • El Corán surgió unos seis siglos después de Jesús y no ofrece ningún testigo con nombre ni un relato alternativo de su muerte.
  • Los relatos de un sustituto en la cruz existían antes del islam, entre maestros del siglo II a los que la Iglesia rechazó.

Lo que sigue en debate

  • Qué significaba originalmente 4:157: la lectura mayoritaria de la sustitución, la lectura ismailí, la opinión de Lawson y Younes de que el versículo en sí ni afirma ni niega la crucifixión, o la opinión de Reynolds de que el Corán acepta la muerte de Jesús. Estudiosos musulmanes como Fatoohi defienden con fuerza la postura mayoritaria.
  • Si lo que el Corán critica al hablar de «tres» (4:171; 5:73) y de Jesús y María como divinidades (5:116) describe la fe cristiana ortodoxa o ideas que la propia Iglesia rechazó.
  • Cuánto del material de los Evangelios sobre el Hijo del hombre, incluido Marcos 14:62, recoge las palabras del propio Jesús.
  • Cómo llegaron al Corán relatos que también se encuentran en apócrifos cristianos, como el de los pájaros de barro.
  • Qué palabras exactamente del pasaje de Josefo sobre Jesús son originales.
  • Si las acusaciones coránicas de distorsión se refieren al texto bíblico, a su interpretación o a ambos.

Conclusión: el Verbo hecho carne

Cristianos y musulmanes pronuncian el nombre de Jesús con amor. Esa reverencia compartida es un don, y los cristianos nunca deberían tomarla a la ligera. Pero el amor por el mismo nombre no equivale a un acuerdo sobre la persona. El Corán, tal como lo lee la mayoría de los musulmanes, honra a Jesús como un profeta al que Dios rescató de la cruz. La Iglesia confiesa, con las palabras del Credo, que él es el «Hijo unigénito de Dios», que «por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos», y que «fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilatos, y padeció, y fue sepultado. Y al tercer día resucitó, según las Escrituras».31

Para la Iglesia ortodoxa, la cruz no es una vergüenza que haya que disimular con explicaciones. Es el lugar donde Dios, en la carne que hizo suya, entra en la muerte y la vence. San Atanasio escribió que el Verbo, viendo que «de ningún otro modo podía deshacerse la corrupción de los hombres sino por la muerte», «toma para Sí un cuerpo capaz de morir», para que la corrupción quedara «detenida en todos por la Gracia de la Resurrección».32 Un Cristo que nunca murió no podría haber hecho esto, porque no habría entrado en la muerte de la que vino a liberarnos. Por eso, en cada Pascua, la Iglesia canta: «Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte por la muerte, y dando vida a los que yacían en los sepulcros».33

A los lectores musulmanes les ofrecemos esto como una invitación, no como una victoria que se proclama. Tú ya honras a Jesús como el Mesías, nacido de la Virgen, la palabra que Dios envió a María. Los testigos más antiguos de su vida dicen que fue voluntariamente a la cruz y que Dios lo resucitó al tercer día. Te pedimos que sopeses su testimonio, y la pregunta que Jesús nos sigue haciendo a cada uno: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Para un resumen comparativo de las dos fes, consulta nuestra guía comparativa entre el cristianismo y el islam (en inglés).

Notas

  1. Recuento hecho sobre el texto árabe del Corán publicado por Quran.com (las 6236 aleyas): el nombre ʿĪsā aparece 25 veces; al-Masīḥ, 11 veces, en nueve versículos (3:45; 4:157; 4:171; 4:172; 5:17 dos veces; 5:72 dos veces; 5:75; 9:30; 9:31); Maryam, 34 veces. La sura 19 se titula Maryam. ↩
  2. Corán: en esta versión española, las citas siguen la traducción de Julio Cortés (texto de Tanzil.net), que vierte al-Masīḥ como «el Ungido»; donde se indica, se cita la traducción de Raúl González Bórnez (Tanzil.net) o la de Isa García (Quran.com). El artículo original en inglés cita The Qur’an, traducción de Saheeh International (1997), según la publica Quran.com, y, donde se indica, M. A. S. Abdel Haleem, The Qur’an: A New Translation (Oxford: Oxford University Press, 2004; Oxford World’s Classics, 2005), también en Quran.com; cuando el texto nombra estas dos versiones, las traducimos de su inglés. Las palabras entre corchetes en las citas de Saheeh International y de Bórnez pertenecen a esas traducciones. Biblia: en esta versión española, Reina-Valera 1909; el original inglés cita The Holy Bible, New King James Version (Thomas Nelson, 1982). ↩
  3. Infancy Gospel of Thomas (First Greek Form) 2, trad. Alexander Walker, en Ante-Nicene Fathers, vol. 8, ed. Alexander Roberts, James Donaldson y A. Cleveland Coxe (Buffalo: Christian Literature Publishing, 1886). ↩
  4. Humboldt-Universität zu Berlin, «Earliest manuscript of Gospel about Jesus’s childhood discovered», comunicado de prensa, 4 de junio de 2024, que informa de la identificación de P.Hamb.Graec. 1011 por Lajos Berkes y Gabriel Nocchi Macedo en Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik 229 (2024): 68–74. ↩
  5. Corán 4:171, traducciones de Saheeh International y de Abdel Haleem. ↩
  6. Juan Damasceno, On Heresies 100 (numerado 101 en ediciones antiguas), en Saint John of Damascus: Writings, trad. Frederic H. Chase Jr., The Fathers of the Church 37 (New York: Fathers of the Church, 1958; reimpreso después por la Catholic University of America Press), 153–160. Algunos estudiosos han puesto en duda que el propio Juan escribiera este capítulo, pero la evidencia manuscrita lo sitúa, a más tardar, en el siglo VIII o IX. Juan escribe como polemista, y no adoptamos su tono. ↩
  7. Corán 43:61, Saheeh International y Abdel Haleem. Muchos comentaristas leen también 4:159, que dice que cada uno de la Gente de la Escritura creerá en Jesús «antes de su muerte», como referido a su regreso; las palabras entre corchetes de Saheeh International en ambos versículos reflejan la lectura del traductor. ↩
  8. Sahih al-Bukhari 3448 (libro 60, hadiz 118), trad. Muhammad Muhsin Khan, según la publica Sunnah.com. Un relato paralelo es Sahih al-Bukhari 2222. ↩
  9. Sahih al-Bukhari 3443 (libro 60, hadiz 113), trad. Muhsin Khan. ↩
  10. Sahih al-Bukhari 3431 (libro 60, hadiz 102), trad. Muhsin Khan. ↩
  11. Tarif Khalidi, ed. y trad., The Muslim Jesus: Sayings and Stories in Islamic Literature (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2001). ↩
  12. Mona Siddiqui, Christians, Muslims, and Jesus (New Haven: Yale University Press, 2013). ↩
  13. El Credo niceno-constantinopolitano, en el texto de la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América, «El Credo», ocamexico.org/elcredo (consultado el 18 de octubre de 2026); el original inglés cita la traducción de la Orthodox Church in America, «The Creed: The Symbol of Faith». La Iglesia ortodoxa recita el Credo sin el añadido occidental posterior (el Filioque, «y del Hijo») en el artículo sobre el Espíritu Santo. ↩
  14. Corán 4:157–158, Saheeh International; 4:157, Abdel Haleem. ↩
  15. Louay Fatoohi, «The Non-Crucifixion Verse: A Historical, Contextual, and Linguistic Analysis», American Journal of Islam and Society 40, n.º 1–2 (2023): 39–76, doi:10.35632/ajis.v40i1-2.3143. ↩
  16. Las palabras citadas son el resumen que hace el reseñista de la postura de Lawson, no palabras del propio Lawson: Martin Whittingham, reseña de Todd Lawson, The Crucifixion and the Qur’an: A Study in the History of Muslim Thought (Oxford: Oneworld, 2009), Centre for Muslim-Christian Studies, Oxford. ↩
  17. Mohamad Younes, «Revisiting the Crucifixion of Jesus within Islam», Australian Journal of Islamic Studies 9, n.º 1 (2024): 104–121, doi:10.55831/ajis.v9i1.585. Desde la perspectiva ismailí, escribe, el Corán «solo niega que la Gente del Libro lo crucificara, en aparente respuesta a su jactancia». El propio Younes sostiene que 4:157 ni afirma claramente ni niega claramente la crucifixión. ↩
  18. Gabriel Said Reynolds, «The Muslim Jesus: Dead or Alive?», Bulletin of the School of Oriental and African Studies 72, n.º 2 (2009): 237–258, doi:10.1017/S0041977X09000500, citado del resumen del artículo. Reynolds señala también que la mayoría de los comentaristas musulmanes clásicos leen el versículo como enseñanza de que otro hombre, «ya fuera su discípulo o su traidor», fue transformado para parecerse a Jesús y crucificado, y que la mayoría de los estudiosos críticos aceptan que esa es la enseñanza del Corán. ↩
  19. Mirza Ghulam Ahmad, Jesus in India (escrito en 1899), edición inglesa publicada por la Ahmadiyya Muslim Community en alislam.org, con la introducción de la comunidad. ↩
  20. Fatoohi, «The Non-Crucifixion Verse», resumen (véase la nota 15). ↩
  21. Gabriel Said Reynolds, «On the Qur’anic Accusation of Scriptural Falsification (taḥrīf) and Christian Anti-Jewish Polemic», Journal of the American Oriental Society 130, n.º 2 (2010): 189–202, en la p. 189 (los dos tipos de taḥrīf) y en la 194, donde Reynolds observa que el verbo coránico para esta distorsión «se usa siempre contra los judíos y nunca contra los cristianos». ↩
  22. Tácito, Annals 15.44, trad. Alfred John Church y William Jackson Brodribb (1876). ↩
  23. Josefo, Antiquities of the Jews 18.3.3 (18.63–64) y 20.9.1 (20.200), trad. William Whiston. ↩
  24. Bart D. Ehrman, Did Jesus Exist? The Historical Argument for Jesus of Nazareth (New York: HarperOne, 2012), cap. 2: «Es mucho más probable que el núcleo del pasaje se remonte realmente al propio Josefo». ↩
  25. John Dominic Crossan, Jesus: A Revolutionary Biography (San Francisco: HarperSanFrancisco, 1994), 145. ↩
  26. Ehrman, Did Jesus Exist?, introducción. ↩
  27. Ignacio de Antioquía, To the Trallians 9–10, trad. Alexander Roberts y James Donaldson, Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (1885), en la revisión de Kevin Knight para New Advent. ↩
  28. Ireneo de Lyon, Against Heresies 1.24.4, trad. Alexander Roberts y William Rambaut, Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (1885). ↩
  29. Juan Damasceno, On Heresies 100, trad. Chase (véase la nota 6). ↩
  30. Bart D. Ehrman, How Jesus Became God: The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee (New York: HarperOne, 2014). ↩
  31. Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América, «El Credo» (véase la nota 13; el original inglés cita Orthodox Church in America, «The Creed: The Symbol of Faith»). ↩
  32. Atanasio de Alejandría, On the Incarnation of the Word 9.1, trad. Archibald Robertson, Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, vol. 4 (1892). ↩
  33. El tropario pascual, en el texto de la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América, «Domingo de Resurrección», ocamexico.org/domingoderesrurreccion.html (consultado el 18 de octubre de 2026; corregimos dos erratas evidentes de la página, «resucito» y «pro», en «resucitó» y «por»); el original inglés cita la traducción de la Orthodox Church in America, «Selected Liturgical Hymns». ↩

Bibliografía

Fuentes primarias

  • The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982. (En esta versión española, las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909.)
  • The Qur’an. Traducción de Saheeh International. Jeddah: Abul-Qasim Publishing House, 1997. En línea en Quran.com. (En esta versión española, las citas coránicas siguen la traducción de Julio Cortés, salvo indicación; véase la nota 2.)
  • The Qur’an: A New Translation. Traducción de M. A. S. Abdel Haleem. Oxford: Oxford University Press, 2004; Oxford World’s Classics, 2005. En línea en Quran.com.
  • Tácito. The Annals. Traducción de Alfred John Church y William Jackson Brodribb, 1876. En línea en Wikisource y en la Perseus Digital Library.
  • Josefo. The Antiquities of the Jews. Traducción de William Whiston. Project Gutenberg eBook 2848.
  • The Infancy Gospel of Thomas. Traducción de Alexander Walker. En Ante-Nicene Fathers, vol. 8. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1886.

Fuentes ortodoxas y patrísticas

  • Ignacio de Antioquía. Epistle to the Trallians. Traducción de Alexander Roberts y James Donaldson. En Ante-Nicene Fathers, vol. 1. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1885.
  • Ireneo de Lyon. Against Heresies. Traducción de Alexander Roberts y William Rambaut. En Ante-Nicene Fathers, vol. 1. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1885.
  • Atanasio de Alejandría. On the Incarnation of the Word. Traducción de Archibald Robertson. En Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, vol. 4. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1892.
  • Juan Damasceno. Saint John of Damascus: Writings. Traducción de Frederic H. Chase Jr. The Fathers of the Church 37. New York: Fathers of the Church, 1958; reimpreso después por la Catholic University of America Press.
  • Orthodox Church in America. «The Creed: The Symbol of Faith» y «Selected Liturgical Hymns» (el tropario pascual). oca.org. (En esta versión española se citan los textos de la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América, «El Credo» y «Domingo de Resurrección», ocamexico.org.)

Otros estudios (incluidos estudiosos que discrepan)

  • Crossan, John Dominic. Jesus: A Revolutionary Biography. San Francisco: HarperSanFrancisco, 1994.
  • Ehrman, Bart D. Did Jesus Exist? The Historical Argument for Jesus of Nazareth. New York: HarperOne, 2012.
  • Ehrman, Bart D. How Jesus Became God: The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee. New York: HarperOne, 2014.
  • Humboldt-Universität zu Berlin. «Earliest manuscript of Gospel about Jesus’s childhood discovered». Comunicado de prensa, 4 de junio de 2024 (sobre P.Hamb.Graec. 1011, publicado por Lajos Berkes y Gabriel Nocchi Macedo en Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik 229, 2024, 68–74).
  • Lawson, Todd. The Crucifixion and the Qur’an: A Study in the History of Muslim Thought. Oxford: Oneworld, 2009. (Consultado a través de la reseña de Martin Whittingham para el Centre for Muslim-Christian Studies, Oxford.)
  • Reynolds, Gabriel Said. «The Muslim Jesus: Dead or Alive?». Bulletin of the School of Oriental and African Studies 72, n.º 2 (2009): 237–258.
  • Reynolds, Gabriel Said. «On the Qur’anic Accusation of Scriptural Falsification (taḥrīf) and Christian Anti-Jewish Polemic». Journal of the American Oriental Society 130, n.º 2 (2010): 189–202.

Fuentes de la tradición islámica

  • Sahih al-Bukhari. Traducción de Muhammad Muhsin Khan. En línea en Sunnah.com.
  • Ahmad, Mirza Ghulam. Jesus in India. Escrito en 1899. Edición inglesa, Ahmadiyya Muslim Community, alislam.org.
  • Fatoohi, Louay. «The Non-Crucifixion Verse: A Historical, Contextual, and Linguistic Analysis». American Journal of Islam and Society 40, n.º 1–2 (2023): 39–76.
  • Khalidi, Tarif, ed. y trad. The Muslim Jesus: Sayings and Stories in Islamic Literature. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2001.
  • Siddiqui, Mona. Christians, Muslims, and Jesus. New Haven: Yale University Press, 2013.
  • Younes, Mohamad. «Revisiting the Crucifixion of Jesus within Islam». Australian Journal of Islamic Studies 9, n.º 1 (2024): 104–121.

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