¿Fue Jesús realmente crucificado? El cristianismo, el islam y la evidencia histórica
El cristianismo y el islam mayoritario hacen afirmaciones incompatibles sobre la muerte de Jesús.
El cristianismo dice:
Jesús fue crucificado bajo Poncio Pilato, murió, fue sepultado y resucitó de entre los muertos.
La tradición islámica mayoritaria dice:
Los enemigos de Jesús no lograron matarlo ni crucificarlo; Dios lo elevó.
Este es uno de los puntos en que el método histórico puede hablar con una claridad poco común.
La afirmación coránica
La sura 4:157 dice que los adversarios de Jesús afirmaron:
«Hemos dado muerte al Ungido, Jesús, hijo de María» (trad. de Julio Cortés).
El Corán responde que no lo mataron ni lo crucificaron, sino que se les hizo parecer así.
Los exégetas musulmanes clásicos desarrollaron con frecuencia relatos de sustitución.
Se hizo que otra persona se pareciera a Jesús y fue crucificada en su lugar.
Distintas tradiciones identifican al sustituto de maneras distintas.
Es importante señalar que el propio Corán no nombra a ningún sustituto.
Los elaborados relatos de sustitución pertenecen a la interpretación.
No todos los estudiosos modernos leen el Corán de la misma manera
Gabriel Said Reynolds ha argumentado que tal vez el Corán no niegue en realidad la muerte misma de Jesús, sino la jactancia de quienes se atribuían haber matado al mensajero de Dios.
Otros estudiosos también han explorado lecturas sin sustitución.
Esto debe reconocerse.
Pero, históricamente, la tradición exegética musulmana dominante entendió 4:157 como una negación de la crucifixión de Jesús.
Esa es la postura que normalmente se encuentra en el debate entre cristianos y musulmanes.
La evidencia de los Evangelios es mucho más temprana
Los cuatro Evangelios canónicos narran la crucifixión de Jesús.
Difieren en detalles y en énfasis teológicos.
Pero todos coinciden en que Jesús:
- fue arrestado;
- fue entregado a la autoridad romana;
- fue condenado bajo Poncio Pilato;
- fue crucificado;
- y murió.
Incluso los estudiosos que no aceptan los Evangelios como Escritura inspirada tratan habitualmente la crucifixión de Jesús como histórica.
¿Por qué?
Porque la evidencia va más allá de un solo Evangelio.
Pablo es anterior a los Evangelios escritos
Las cartas indiscutidas de Pablo se escribieron en el siglo I, la mayoría en la década de los 50.
La crucifixión ya es central en ellas.
Pablo no la presenta como información nueva.
Dice a los corintios:
«...nosotros predicamos á Cristo crucificado».
Gálatas da por supuesta la crucifixión de Jesús. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
Filipenses habla de la muerte en una cruz.
Lo más importante es que 1 Corintios 15 dice que Pablo había recibido y transmitido una tradición según la cual Cristo murió, fue sepultado, resucitó y se apareció.
Esto significa que la fe en la muerte y la resurrección de Jesús es anterior a la carta de Pablo.
La crucifixión no fue una vergüenza teológica posterior inventada por los cristianos
Si los primeros cristianos hubieran querido inventar el relato de un Mesías triunfante, la crucifixión romana habría sido una elección extraña.
La crucifixión era una forma humillante de ejecución asociada a esclavos, rebeldes y enemigos de la autoridad romana.
El propio Pablo admite que la proclamación de un Mesías crucificado era escandalosa.
La cruz se volvió sagrada porque los cristianos creían que había sucedido, no porque la crucifixión fuera un símbolo religioso evidentemente atractivo.
Varias tradiciones cristianas convergen
Marcos contiene un relato de la pasión.
Mateo y Lucas reproducen y reelaboran material de Marcos, a la vez que añaden tradiciones.
Juan tiene una presentación literaria propia, pero aun así pone en el centro la muerte de Jesús bajo Pilato.
Pablo aporta evidencia independiente y anterior del acontecimiento.
No se trata de cuatro transcripciones de testigos oculares totalmente independientes.
Los Evangelios sinópticos están relacionados literariamente.
Pero la tradición de la crucifixión es más amplia que la dependencia de un solo texto.
Tácito
El historiador romano Tácito, que escribía a comienzos del siglo II, informa que Cristo, de quien los cristianos tomaron su nombre, sufrió el castigo extremo durante el reinado de Tiberio, bajo Poncio Pilato.
Tácito no es un apologista cristiano.
Desprecia el movimiento.
Su testimonio es posterior a Pablo y a los Evangelios, pero ofrece una útil confirmación externa de que los romanos recordaban que el cristianismo se originó en un fundador ejecutado bajo Pilato.
Josefo
La obra del historiador judío Josefo contiene referencias a Jesús.
El famoso Testimonium Flavianum de las Antigüedades 18 claramente se ha transmitido con alteraciones cristianas, y los estudiosos debaten cuánto material auténtico de Josefo hay debajo de su forma actual.
Otra referencia, en las Antigüedades 20, a Santiago como hermano de «Jesús, llamado el Cristo» (traducción nuestra) se considera en general más segura.
Como la redacción sobre la crucifixión en las Antigüedades 18 presenta complicaciones textuales, Josefo no debe tratarse como una prueba simple e indiscutida.
Tácito y la evidencia cristiana ya hacen que el argumento histórico sea extremadamente sólido.
Por qué los historiadores aceptan la crucifixión
Las conclusiones históricas rara vez se basan en un único criterio mágico.
La crucifixión de Jesús encaja con:
- una atestación temprana;
- múltiples corrientes de tradición;
- el contexto histórico romano;
- las circunstancias políticas de la administración de Pilato;
- y el surgimiento inmediato de un movimiento que predicaba a un Mesías crucificado.
La pregunta no es:
«¿Puede verificarse de forma independiente cada frase de cada relato de la pasión?».
No.
La pregunta es:
«¿Qué explica mejor la evidencia?».
Lo explica la ejecución romana de Jesús por crucifixión.
¿Pudo Jesús sobrevivir a la crucifixión?
Las «teorías del desmayo» aparecen cada cierto tiempo.
Proponen que Jesús fue crucificado, pero que en realidad no murió.
Esto es distinto de la teoría islámica tradicional de la sustitución.
En lo histórico enfrenta dificultades serias.
La crucifixión romana tenía como fin matar.
La propia tradición de los Evangelios subraya la muerte y la sepultura.
La proclamación más temprana de Pablo no es que Jesús sobrevivió por poco, sino que Dios lo resucitó de entre los muertos.
Por lo tanto, una teoría de la supervivencia sustituye tanto el relato cristiano como el islámico clásico por un tercer escenario para el que hay poca evidencia antigua positiva.
¿Pudo ser crucificado otro?
La literatura cristiana antigua conoció tradiciones docetas y afines que negaban o reinterpretaban el sufrimiento de Jesús.
San Ireneo informa que Basílides, maestro del siglo II, enseñaba un relato en el que Simón de Cirene fue crucificado mientras Jesús escapaba.
Esto es interesante porque muestra que existían ideas parecidas a la sustitución antes del islam.
Pero no las hace lo bastante tempranas, en lo histórico, como para competir con Pablo.
San Ireneo describe una teología alternativa posterior frente a una tradición de la crucifixión mucho más antigua.
El Corán es seis siglos posterior
La cronología no decide automáticamente la verdad.
En teoría, una revelación divina posterior podría corregir registros humanos anteriores.
Pero la historia en cuanto historia da prioridad a las fuentes anteriores y con múltiple atestación, a menos que una evidencia sólida las anule.
El Corán aparece unos seis siglos después de Jesús.
No ofrece ningún testigo ocular con nombre de la crucifixión.
No ofrece un relato histórico alternativo detallado.
Por lo tanto, si se deja entre paréntesis la afirmación teológica de que el Corán es revelación infalible de Dios, tiene mucho menos peso histórico para reconstruir la muerte de Jesús que la evidencia cristiana del siglo I.
La postura musulmana es, en último término, teológica
Un musulmán puede decir con coherencia:
«Las fuentes históricas pueden apuntar a la crucifixión, pero la revelación de Dios en el Corán es más digna de confianza que la historia humana».
Esa es una afirmación de fe coherente.
Pero entonces el argumento ha cambiado.
El musulmán ya no está diciendo:
«La evidencia histórica muestra que Jesús no fue crucificado».
La afirmación es:
«Acepto una revelación posterior que se impone a la evidencia histórica».
Esa distinción debería hacerse explícita.
¿Prueba la crucifixión el cristianismo?
No.
Que un hombre sea crucificado no prueba que resucitara de entre los muertos ni que sea divino.
La crucifixión histórica y la resurrección teológica son afirmaciones distintas.
Pero la crucifixión importa muchísimo porque el relato tradicional del islam niega un acontecimiento que los historiadores pueden establecer con una confianza excepcionalmente sólida.
Veredicto final
Cuando los historiadores reconstruyen la vida de Jesús, la crucifixión bajo Poncio Pilato está cerca del centro de lo que se puede saber.
La evidencia incluye:
- las cartas tempranas de Pablo;
- la tradición cristiana anterior a Pablo;
- los cuatro Evangelios canónicos;
- la proclamación cristiana primitiva;
- y la confirmación no cristiana posterior.
Frente a esto está un texto del siglo VII interpretado tradicionalmente como una negación de la crucifixión.
Un musulmán puede aceptar esa negación posterior porque cree que el Corán es revelación.
Pero esa apelación da por supuesta la autoridad que está en discusión; no responde a la evidencia histórica, anterior y más sólida. La evidencia misma apunta en la otra dirección.
Jesús de Nazaret fue crucificado bajo Poncio Pilato.
La siguiente pregunta, si Dios lo resucitó de entre los muertos, nos lleva del hecho de la cruz a la afirmación que dio origen al cristianismo.
Fuentes y lecturas adicionales
- Textos cristianos primarios: 1 Corintios 1:18–25; 15:1–11; Gálatas 3:1; Filipenses 2:8; Marcos 15; Mateo 27; Lucas 23; Juan 19.
- Texto islámico primario: Corán 4:157–158.
- Cambridge Companion to the New Testament, capítulo «The Historical Jesus».
- Cambridge, «The Death of Jesus as a Historical and Theological Problem».
- Cambridge, «The Judgment of Pontius Pilate».
- Gabriel Said Reynolds, «The Muslim Jesus: Dead or Alive?».