Con frecuencia se explica la Pascua como la prueba que Dios da de que la cruz funcionó. El Nuevo Testamento y la Iglesia primitiva dicen algo más amplio: la resurrección forma parte de lo que salva.
En resumen
Una manera conocida de explicar el evangelio es esta: Cristo murió por nuestros pecados, y la resurrección muestra que su sacrificio fue aceptado. Eso es verdad hasta cierto punto. Sin embargo, el Nuevo Testamento habla de la resurrección como algo que obra, no solo como algo que prueba. San Pablo dice que Cristo fue «resucitado para nuestra justificación», que sin la resurrección los creyentes seguirían «en vuestros pecados» y que el Cristo resucitado es las «primicias» de los muertos. Este artículo expone esas afirmaciones y la lectura que les dio el cristianismo primitivo. No argumenta que la resurrección haya ocurrido. Ese caso se presenta en La evidencia histórica de la resurrección de Jesús y en el paso seis de El caso del cristianismo (en inglés). La pregunta aquí es qué significa la resurrección para la salvación, si ocurrió.
En esta página
- Resucitado para nuestra justificación
- El veredicto sobre quién es Jesús
- Las primicias de los muertos
- La muerte vencida desde dentro
- Por qué importa el cuerpo
- Vida nueva ahora
- Un sumo sacerdote vivo
- La renovación de la creación
- Lo que podemos afirmar con confianza
- Lo que sigue en debate
- Notas
Resucitado para nuestra justificación
La carta de San Pablo a los Romanos contiene una afirmación breve que sitúa la resurrección junto a la cruz en la obra de la salvación. Cristo, dice, «fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación».1 Las dos mitades son paralelas. La muerte se ocupa de los delitos; la resurrección tiene su propia parte en poner a las personas en paz con Dios. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
San Pablo expresa lo mismo en negativo cuando discute con los corintios que dudaban de la resurrección de los muertos. Si no hay resurrección, dice, las consecuencias alcanzan mucho más lejos que un error sobre el futuro: «Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados».2 Un Mesías muerto dejaría el pecado donde estaba.
Los intérpretes describen la conexión de maneras distintas. Para algunos, la resurrección es el veredicto público de Dios sobre el que murió, que lo reivindica a él y con él a todos los que están unidos a él. Para otros, la justificación incluye el don de la vida nueva, que solo un Cristo vivo puede dar. Ambas lecturas coinciden en lo principal: San Pablo no trata la Pascua como una señal añadida a una salvación ya completa el Viernes Santo. La muerte y la resurrección van juntas.
El veredicto sobre quién es Jesús
La resurrección también resuelve una pregunta que la cruz dejó abierta. El consejo del sumo sacerdote condenó a Jesús por blasfemia3, y Jesús fue ejecutado por crucifixión, una muerte que San Pablo relaciona con la maldición que la Ley pronuncia sobre «cualquiera que es colgado en madero».4 Si la historia hubiera terminado ahí, sus afirmaciones habrían terminado con él. San Pablo abre Romanos describiendo al Hijo de Dios, «que fué hecho de la simiente de David según la carne; ... declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos».5 Filipenses traza el mismo movimiento de humillación a reivindicación: Cristo «se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo».6
Esto importa para la salvación, y no solo para la apologética. Quien murió por otros queda demostrado como quien dijo ser, de modo que su muerte no puede leerse como el fracaso de un maestro bienintencionado. Un buen hombre que muere por sus amigos puede inspirarlos. El Hijo de Dios resucitado puede llevarlos con él a través de la muerte, que es lo que el resto del Nuevo Testamento procede a afirmar.
Las primicias de los muertos
La imagen más importante que usa San Pablo es agrícola. Las primicias eran la primera parte de la cosecha, ofrecida a Dios antes que el resto. «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho».7 San Pablo pone la imagen junto a la historia de Adán: «Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida».8 Colosenses usa una imagen emparentada cuando llama a Cristo «el primogénito» de los muertos.9
Lo esencial de la imagen es que la resurrección de Cristo no es un milagro aislado, como la resurrección de Lázaro, que lo devolvió a la vida mortal ordinaria. Es el primer caso de la resurrección que pertenece al fin de la historia, iniciada en medio de la historia. Lo que le ocurrió a su cuerpo es lo que ocurrirá a los cuerpos de quienes le pertenecen. Los primeros escritores retomaron la imagen directamente. San Atanasio describe a Cristo «mostrando su propio cuerpo incorruptible, como primicias de la resurrección de todos».10 El duodécimo anatema de San Cirilo de Alejandría, dirigido contra quienes separarían al Verbo de su sufrimiento, termina confesando que «se ha hecho el primogénito de los muertos, pues, como es Dios, él es la vida y es él quien da vida».11
La muerte vencida desde dentro
El Nuevo Testamento presenta la muerte como un enemigo, no simplemente como un hecho natural. San Pablo la llama «el postrer enemigo que será deshecho».12 Hebreos dice que el Hijo participó de carne y sangre «para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo, y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos á servidumbre».13 El sermón de San Pedro en Pentecostés da la razón por la que el enemigo perdió: Dios levantó a Jesús, «por cuanto era imposible ser detenido de ella».14
Por eso el relato cristiano primitivo de la salvación no puede detenerse en la cruz. Para San Atanasio, el Verbo tomó un cuerpo mortal para que la muerte pudiera deshacerse en él, «desterrando de ellos la muerte como la paja del fuego».15 La resurrección es el momento en que la derrota se hace visible. San Ireneo traza el paralelo con Adán en lenguaje de batalla: Cristo luchó y venció «para que, así como nuestra especie descendió a la muerte por medio de un hombre vencido, así ascendamos de nuevo a la vida por medio de uno victorioso».16 La conclusión del propio San Pablo a su larga argumentación sobre la resurrección es un himno de victoria: «Sorbida es la muerte con victoria». ... «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?»17 En Apocalipsis, el Cristo resucitado dice: «Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte».18
Los modelos de expiación que se tratan en Cómo entendía la Iglesia primitiva la cruz difieren sobre lo que logró la muerte. Sobre la resurrección convergen. Sea lo que sea lo que hizo la cruz, un Cristo que hubiera permanecido muerto no habría vencido la muerte.
Por qué importa el cuerpo
Si la resurrección forma parte de la salvación, entonces la salvación incluye el cuerpo. Este es uno de los puntos en que la esperanza cristiana más se aparta de las ideas de un alma que escapa del cuerpo al morir. Los primeros escritores cristianos insistieron en que el Cristo resucitado tenía un cuerpo real. San Ignacio de Antioquía, al escribir contra quienes decían que Cristo solo parecía ser humano, lo dice con sencillez: «Porque yo sé que después de su resurrección él tenía todavía carne, y creo que la tiene ahora».19
Los Evangelios subrayan lo mismo en sus relatos de las apariciones. En Lucas, el Jesús resucitado responde a los discípulos que creen estar viendo un fantasma: «Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo».20 En Juan le dice a Santo Tomás: «Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado».21 El cuerpo que resucitó es el cuerpo que fue crucificado, con sus heridas. La salvación no descarta aquello en lo que Cristo sufrió; lo levanta.
San Pablo dice que el cuerpo resucitado es transformado: «Se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción; se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo».22 La palabra espiritual no significa aquí inmaterial; el artículo del sitio ¿Qué es un «cuerpo espiritual»? explica ese lenguaje. La misma transformación se promete a los creyentes. Cristo «transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria»,23 y el Espíritu que levantó a Jesús «vivificará también vuestros cuerpos mortales».24 San Pablo lo llama «la redención de nuestro cuerpo».25
Esta es la otra mitad del principio de San Gregorio Nacianceno, expuesto en el artículo de las piedras angulares, según el cual lo que Cristo no asumió no lo sanó. Cristo tomó un cuerpo humano, murió en él y fue resucitado en él. Una salvación que terminara en el alma dejaría fuera parte de lo que él asumió. ¿Por qué creen los cristianos en la resurrección corporal? (en inglés) y ¿Por qué importa el cuerpo en el cristianismo? profundizan en esto.
Vida nueva ahora
La resurrección no es solo una esperanza futura. El Nuevo Testamento habla de creyentes que ya participan de ella. El bautismo es el lugar donde San Pablo sitúa esto: «Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en [él] á la semejanza de su muerte, así también [lo seremos á la] de su resurrección».26 Efesios puede incluso hablar en pasado: Dios «nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos; y juntamente nos resucitó».27
Primera de Pedro vincula la esperanza cristiana con el mismo acontecimiento. Dios «nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos».28 El nuevo nacimiento procede del Cristo resucitado. Las tradiciones cristianas difieren en cómo se relaciona el bautismo con esta vida nueva, y ¿Salva el bautismo? (en inglés) expone los textos. Todas coinciden en que la vida que reciben los creyentes es la vida del Cristo resucitado, no una versión mejorada de la vida anterior. San Ireneo describe al Señor como quien «nos concede en su venida la inmortalidad de manera duradera y verdadera, por medio de la comunión con Dios».29
Un sumo sacerdote vivo
Hebreos añade una consecuencia fácil de pasar por alto. Los sacerdotes de la antigua alianza morían y tenían que ser reemplazados. Cristo no: «Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable: por lo cual puede también salvar eternamente á los que por él se allegan á Dios, viviendo siempre para interceder por ellos».30 La salvación no es solo algo que Cristo hizo una vez; es algo que sigue haciendo como mediador vivo. Aquí la resurrección conduce a la Ascensión, que los cristianos confiesan en el Credo cuando dicen que «subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América).31
La renovación de la creación
San Pablo extiende la esperanza más allá de los seres humanos. La creación misma, dice, espera que «también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios».32 Si las primicias son un cuerpo humano resucitado, la cosecha es un mundo renovado. Por eso la esperanza cristiana se describe en términos de una nueva creación y no de un escape de la antigua, y por eso el artículo del sitio ¿Por qué la salvación es más que «irse al cielo»? trata la resurrección como central en lo que es la salvación.
Lo que podemos afirmar con confianza
El Nuevo Testamento vincula explícitamente la resurrección con la salvación: Cristo fue «resucitado para nuestra justificación», sin su resurrección los creyentes seguirían «en vuestros pecados», y él es las «primicias» de la resurrección de los muertos. Los escritores cristianos primitivos citados aquí leen estos textos como una enseñanza de que la resurrección de Cristo es el comienzo de la resurrección general, la derrota de la muerte y la garantía de la transformación corporal de los creyentes. Los credos confiesan la resurrección de Cristo y, para los creyentes, la resurrección de los muertos. La creencia en una resurrección corporal y transformada es compartida por el cristianismo católico, ortodoxo y protestante histórico.
Lo que sigue en debate
Cómo se relaciona exactamente la resurrección con la justificación. Los intérpretes de Romanos 4:25 difieren sobre si el versículo describe dos aspectos de un solo acto salvador o asigna efectos distintos a la muerte y a la resurrección.
La naturaleza del cuerpo resucitado. Los cristianos coinciden en que es continuo con el cuerpo actual y a la vez transformado. Cómo describir esa continuidad, y qué implica cuerpo espiritual, se trata en el artículo enlazado.
El estado de los muertos antes de la resurrección. Las tradiciones describen de maneras distintas el tiempo entre la muerte y la resurrección final; véase ¿Qué sucede con el alma después de la muerte?
El alcance de la renovación de la creación. Cómo debe entenderse Romanos 8 en relación con el universo físico se lee con distintos grados de literalidad.
Notas
- Romanos 4:25. En el texto inglés de este artículo, las Escrituras se citan de la World English Bible (dominio público). ↩
- 1 Corintios 15:17. ↩
- Marcos 14:61–64. ↩
- Gálatas 3:13, que cita Deuteronomio 21:23. ↩
- Romanos 1:3–4. ↩
- Filipenses 2:8–9. ↩
- 1 Corintios 15:20. ↩
- 1 Corintios 15:22–23. ↩
- Colosenses 1:18. ↩
- Atanasio, Sobre la encarnación 20.2, trad. Archibald Robertson, NPNF 2.ª serie, vol. 4 (1892), newadvent.org/fathers/2802.htm. ↩
- Cirilo de Alejandría, Doce anatemas, 12, trad. Henry Percival, NPNF 2.ª serie, vol. 14 (1900), newadvent.org/fathers/3810.htm. ↩
- 1 Corintios 15:26. ↩
- Hebreos 2:14–15. ↩
- Hechos 2:24. ↩
- Atanasio, Sobre la encarnación 8.4. ↩
- Ireneo, Contra las herejías V.21.1, trad. Alexander Roberts y William Rambaut, ANF 1 (1885), newadvent.org/fathers/0103521.htm. ↩
- 1 Corintios 15:54–55. ↩
- Apocalipsis 1:18. ↩
- Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas 3 (recensión breve), trad. Roberts y Donaldson, ANF 1, newadvent.org/fathers/0109.htm. ↩
- Lucas 24:39. ↩
- Juan 20:27. ↩
- 1 Corintios 15:42–44. ↩
- Filipenses 3:21. ↩
- Romanos 8:11. ↩
- Romanos 8:23. ↩
- Romanos 6:4–5. ↩
- Efesios 2:5–6. ↩
- 1 Pedro 1:3. ↩
- Ireneo, Contra las herejías V.1.1, newadvent.org/fathers/0103501.htm. ↩
- Hebreos 7:24–25. ↩
- Credo de Constantinopla (381), trad. Percival, newadvent.org/fathers/3808.htm. ↩
- Romanos 8:20–21. ↩
Bibliografía
Escritura
- World English Bible. Dominio público.
Escritores cristianos primitivos y credos
- Atanasio. Sobre la encarnación del Verbo. Traducido por Archibald Robertson. NPNF, 2.ª serie, vol. 4. 1892.
- Cirilo de Alejandría. Doce anatemas contra Nestorio. Traducido por Henry Percival. NPNF, 2.ª serie, vol. 14. 1900.
- Ignacio de Antioquía. A los esmirniotas. ANF, vol. 1. 1885.
- Ireneo de Lyon. Contra las herejías. ANF, vol. 1. 1885.
- Credo de Constantinopla (381). Traducido por Henry Percival. NPNF, 2.ª serie, vol. 14. 1900.
Registro editorial de verificación
| Afirmación | Fuente consultada | Confianza |
|---|---|---|
| Todas las citas bíblicas y patrísticas | Texto de la World English Bible (bible-api.com); páginas patrísticas en las notas; banco verificado | Muy alta (literal) |
| Las primicias eran la primera parte de la cosecha ofrecida a Dios | Trasfondo del Antiguo Testamento (por ejemplo, Levítico 23), descripción general | Alta |
| Los intérpretes leen Romanos 4:25 de más de una manera | Estado general de la interpretación; no se cita a ningún comentarista | Alta; se presenta como cuestión abierta |
| La creencia en la resurrección corporal es compartida por el cristianismo católico, ortodoxo y protestante histórico | La confesión de los credos sobre la resurrección de los muertos | Alta |
| Cuerpo espiritual en 1 Corintios 15 no significa inmaterial | Artículo del sitio sobre 1 Corintios 15; interpretación ampliamente aceptada | Interpretación; véase el artículo enlazado para el argumento |