¿Puede el naturalismo dar cuenta de la razón?

¿Puede el naturalismo explicar no solo cómo surgen las creencias, sino por qué debería confiarse en alguna de ellas como verdadera? El argumento de la razón pregunta si un universo gobernado por completo por causas físicas no racionales puede dar cuenta de manera adecuada de la inferencia racional, de la obligación lógica y de la notable capacidad de la mente humana para seguir la evidencia…

¿Puede el naturalismo dar cuenta de la razón?

El pensamiento humano se produce a través del cerebro, pero ¿lo guían también la verdad, la lógica y la evidencia? El argumento de la razón pregunta si el naturalismo puede explicar no solo cómo se producen las creencias, sino por qué debería confiarse en alguna de ellas.

Introducción

Toda cosmovisión se examina mediante la razón.

Comparamos la evidencia, reconocemos las contradicciones, sacamos conclusiones y revisamos nuestras creencias cuando el argumento lo exige. El propio naturalismo suele defenderse mediante la reflexión racional: sus defensores apelan a la ciencia, a la simplicidad explicativa y al aparente éxito de las explicaciones físicas.

Esto plantea una pregunta inquietante.

¿Puede el naturalismo explicar el mismo razonamiento con el que se afirma el naturalismo?

El argumento de la razón no niega que el pensamiento involucre al cerebro. Tampoco afirma que la evolución produzca necesariamente mentes poco fiables. La percepción exacta contribuye con frecuencia a la supervivencia, y ningún argumento serio debería fingir lo contrario.

La cuestión de fondo es la diferencia entre que una creencia esté causada físicamente y que esté justificada racionalmente.

Un evento cerebral puede explicar por qué ocurrió un pensamiento. No explica automáticamente por qué el pensamiento es verdadero, por qué su conclusión se sigue de sus premisas o por qué una persona debería aceptarlo. El desafío para el naturalismo no es, pues, solo describir la maquinaria del pensamiento, sino dar cuenta de la verdad, del significado, de la obligación lógica y de la fiabilidad del razonamiento humano dentro de un mundo entendido como fundamentalmente no racional.


La duda del propio Darwin

Conviene notar desde el principio que esta inquietud no comenzó con los apologistas cristianos. Se le ocurrió a Charles Darwin.

En una carta al filósofo William Graham del 3 de julio de 1881, cerca del final de su vida, Darwin confesó una inquietud persistente. Coincidía con Graham en que el universo no parecía el mero resultado del azar. Sin embargo, añadió de inmediato que siempre le surgía una «horrible duda» (traducción nuestra): si podía confiarse en absoluto en las convicciones de una mente desarrollada a partir de animales inferiores. Se preguntaba si alguien depositaría confianza en las convicciones de la mente de un mono, suponiendo que tal mente tuviera alguna convicción.

Darwin nunca resolvió la duda, y no la trató como una refutación de su propia teoría. Pero vio el problema con claridad. Si la mente humana es simplemente el resultado de un largo proceso biológico no dirigido, orientado a la supervivencia y no a la verdad, ¿qué garantía tenemos para confiar en sus conclusiones más ambiciosas, incluidas las grandes teorías sobre el origen de la propia mente?

El argumento de la razón es, en buena medida, un intento de tomar en serio la duda de Darwin y de preguntar qué imagen de la realidad la responde mejor.


¿Qué es el naturalismo?

La palabra naturalismo se usa de varias maneras.

El naturalismo metodológico es una regla de la investigación científica: al estudiar los fenómenos físicos, los científicos buscan causas naturales regulares en lugar de recurrir prematuramente a los milagros. Los cristianos pueden aceptar ordinariamente este método sin creer que la naturaleza sea lo único que existe.

El naturalismo metafísico es una afirmación mucho más amplia. Sostiene que el mundo natural es la totalidad de la realidad. No hay una mente divina detrás del universo, ni un alma inmaterial, ni una fuente trascendente de orden racional. Muchos naturalistas contemporáneos son fisicalistas, y sostienen que todo lo que existe es, en última instancia, físico o depende por completo de lo físico. Los filósofos discrepan, sin embargo, sobre cómo definir exactamente el naturalismo y el fisicalismo.

El argumento de la razón se dirige principalmente contra las formas de naturalismo en las que todo pensamiento humano queda explicado por completo mediante procesos físicos que operan según leyes no racionales.

Llamar no racionales a las leyes físicas no significa que sean irracionales o desordenadas. La gravedad no comete errores lógicos. Simplemente no razona. Los electrones no examinan la evidencia, las neuronas no reconocen la validez de un silogismo y las reacciones químicas no creen en las conclusiones porque estas se sigan de las premisas.

Sin embargo, los seres humanos parecen hacer precisamente estas cosas.


Las causas y los fundamentos no son lo mismo

Supongamos que un hombre cree que su casa está en llamas.

Esa creencia podría tener muchas causas. Quizá ve humo por la puerta. Quizá alguien grita una advertencia. Una alucinación, una fiebre, una estimulación eléctrica o un golpe en la cabeza también podrían producir la misma convicción.

En cada caso, la creencia ha sido causada. Pero no en cada caso ha sido justificada.

Ver humo, sentir un calor intenso y oír la alarma de incendios proporcionan fundamentos para la creencia. Una alucinación puede explicar por qué el hombre cree que hay un incendio, pero no le da una buena razón para creerlo.

La distinción se vuelve aún más clara en el razonamiento formal:

  1. Todos los seres humanos son mortales.
  2. Sócrates es un ser humano.
  3. Por lo tanto, Sócrates es mortal.

La conclusión no es simplemente el siguiente evento de una secuencia física. Está sustentada por las premisas. Quien entiende el argumento reconoce que, si las premisas son verdaderas, la conclusión no puede ser falsa.

Esto involucra al menos tres realidades distintas:

  • Los pensamientos tienen significado.
  • Las premisas guardan una relación lógica con la conclusión.
  • Quien piensa acepta la conclusión a causa de esa relación.

Una explicación completa del razonamiento debe, por tanto, explicar algo más que la actividad neuronal. Debe explicar cómo el contenido de una creencia puede proporcionar un fundamento racional para otra.


C. S. Lewis y el argumento de la razón

C. S. Lewis desarrolló su versión más conocida del argumento de la razón en Los milagros. El libro apareció por primera vez en 1947, y Lewis revisó a fondo su tercer capítulo para la edición de 1960, después de que la filósofa G. E. M. Anscombe criticara aspectos de su formulación original durante una reunión del Club Socrático de Oxford en febrero de 1948. En la revisión, Lewis cambió el título del capítulo a «La dificultad cardinal del naturalismo» y trazó una distinción cuidadosa entre causas irracionales y no racionales que su primera versión había difuminado.

Contra lo que cuenta una historia popular, hay pocas razones para creer que la crítica de Anscombe destruyera la fe de Lewis o lo llevara a abandonar la apologética. Lewis, más bien, aclaró y reformuló el argumento. La propia Anscombe, al volver sobre aquel intercambio décadas después, en una charla de 1985 ante la Sociedad C. S. Lewis de Oxford, juzgó que el capítulo revisado era una mejora genuina y describió el nuevo trabajo de Lewis como una muestra de honestidad y seriedad. Es mejor leer el episodio como un modelo de corrección filosófica honesta que como una derrota.

Lewis distinguió dos clases de conexión.

La primera es una relación de causa y efecto. Un evento físico produce otro: la presión sobre un interruptor hace que se encienda una luz.

La segunda es una relación de fundamento y consecuente. Una proposición proporciona evidencia para otra: las nubes oscuras nos dan motivo para esperar lluvia.

Un proceso de razonamiento puede involucrar ambas. En el cerebro ocurren eventos neuronales, pero quien piensa entiende también que una proposición apoya a otra.

La preocupación de Lewis no era simplemente que el razonamiento tenga causas físicas. Su argumento maduro se entiende mejor como una pregunta sobre si las relaciones racionales pueden tener algún papel explicativo genuino cuando las causas físicas ofrecen una explicación completa y exclusiva de cada pensamiento.

Supongamos que una persona concluye que el naturalismo es verdadero tras estudiar filosofía y ciencia. Si la conclusión se produjo únicamente porque eventos físicos previos hicieron necesario un determinado estado neuronal, ¿qué papel desempeñaron la verdad de la evidencia o la validez de la inferencia?

El naturalista puede responder que el proceso físico y el proceso racional son dos descripciones del mismo evento. El desafío de Lewis es que esta respuesta debe explicarse y no darse por supuesta. ¿Cómo puede una secuencia gobernada por completo por la causalidad física estar gobernada también por relaciones lógicas como la implicación, la contradicción, la evidencia y la probabilidad?

El argumento no demuestra que los procesos neurológicos estén ausentes del razonamiento. Pregunta si la descripción neurológica por sí sola puede preservar el razonamiento como razonamiento.


El desarrollo del argumento por Victor Reppert

El filósofo Victor Reppert ha desarrollado el argumento de Lewis hasta convertirlo en una familia más amplia de desafíos. Su planteamiento no depende de una simple afirmación de que las causas físicas hacen imposible el pensamiento racional. Pregunta, más bien, si una explicación naturalista puede dar cabida simultáneamente a varios rasgos de la razón.


Entre ellos están los siguientes:

Intencionalidad. Los pensamientos tratan de cosas. Un pensamiento puede ser acerca de Jerusalén, del número siete, del clima de mañana o de un suceso que nunca ocurrió. Los objetos físicos tienen ubicación, peso y propiedades eléctricas, pero es difícil ver cómo la materia, considerada solo como materia, llega a ser acerca de algo.

Verdad y falsedad. Los estados cerebrales existen o no existen, pero las creencias pueden además ser verdaderas o falsas. La composición química de una oración no determina si esta describe con exactitud la realidad.

Normatividad lógica. La lógica no se limita a describir cómo suelen pensar los seres humanos. Distingue cómo debemos razonar de cómo razonamos a veces. No deben afirmarse a la vez creencias contradictorias. La evidencia debe ser proporcional a las conclusiones. Las falacias deben rechazarse aunque sean psicológicamente persuasivas.

Causación mental. Cuando alguien cambia de opinión porque reconoce una contradicción, el contenido de la contradicción parece influir en lo que cree. Una teoría satisfactoria debe explicar cómo las razones, en cuanto razones, pueden participar en la producción de la creencia y de la acción.

Responsabilidad racional. Elogiamos a quienes siguen la evidencia con honestidad y criticamos a quienes ignoran los hechos incómodos. Esos juicios suponen que el razonamiento no es solo algo que sucede dentro de nosotros, sino algo de lo que somos en cierta medida responsables.

Los filósofos naturalistas han propuesto explicaciones de cada uno de estos rasgos. Por eso, el argumento de la razón no debe presentarse como si los naturalistas nunca los hubieran considerado. La cuestión es si las explicaciones propuestas tienen éxito en conjunto sin reintroducir discretamente realidades (la verdad, el propósito, la normatividad o un contenido mental irreductible) que encajan con dificultad en una explicación estrictamente física del mundo.


Alvin Plantinga y el naturalismo evolucionista

El argumento evolucionista de Alvin Plantinga contra el naturalismo está relacionado con el de Lewis, pero no es idéntico a él.

Lewis y Reppert se concentran principalmente en si el naturalismo puede explicar la inferencia racional. Plantinga pregunta si quien acepta a la vez el naturalismo y la evolución tiene fundamentos adecuados para confiar en las facultades cognitivas humanas.

Plantinga presenta el argumento mediante tres proposiciones:

  • N: El naturalismo es verdadero.
  • E: Las facultades cognitivas humanas surgieron mediante procesos evolutivos.
  • R: Las facultades cognitivas humanas son, en general, fiables.

Sostiene que la probabilidad de una cognición fiable dada la combinación de naturalismo y evolución, P(R | N&E), es baja o, al menos, inescrutable. Si un naturalista llega a creer que la fiabilidad de sus facultades es dudosa, argumenta Plantinga, adquiere un derrotador para las creencias producidas por esas facultades, incluida su creencia en el propio naturalismo.


Este argumento suele enunciarse con descuido.


Plantinga no afirma que la evolución nunca pueda producir una cognición fiable. No niega la biología evolutiva ni sostiene que las creencias falsas sean siempre más adaptativas que las verdaderas. Su argumento trata de lo que el evolucionismo naturalista nos da motivo para esperar.


La selección natural favorece directamente los rasgos que contribuyen a la supervivencia y la reproducción. En criaturas capaces de creer, la conducta suele estar influida por creencias y deseos a la vez. Una conducta beneficiosa podría a veces provenir de una creencia exacta, pero en principio también podría provenir de una creencia inexacta combinada con un deseo inusual.

No obstante, la mera posibilidad de una falsedad adaptativa no establece que la cognición evolucionada sea probablemente poco fiable. Plantinga debe mostrar que la conexión entre aptitud y verdad es demasiado débil para justificar la confianza en nuestras facultades. Aquí es donde se libra buena parte del debate filosófico.


¿La evolución favorece la supervivencia o la verdad?

La afirmación común de que «la evolución selecciona para la supervivencia, no para la verdad» es en parte correcta, pero se malentiende con facilidad.

La selección natural no inspecciona proposiciones ni premia a los organismos por sostener creencias filosóficamente exactas. Opera mediante diferencias en el éxito reproductivo.

Sin embargo, la verdad y la supervivencia suelen estar conectadas.


Un animal que distingue con exactitud a los depredadores de los objetos inofensivos tiene ventaja sobre uno que no lo hace. Una criatura que recuerda correctamente dónde están la comida y el agua rendirá con frecuencia más que una cuyas representaciones internas la engañan de manera constante. La percepción espacial exacta, el reconocimiento de objetos, la memoria y la expectativa causal pueden contribuir directamente a la conducta adaptativa.


Por eso sería un error argumentar que la evolución nos da necesariamente sentidos poco fiables. En entornos ordinarios, una percepción en general fiable suele ser útil.


Las preguntas más difíciles surgen cuando pasamos más allá de la cognición práctica inmediata.

La selección natural puede ayudar a explicar por qué los seres humanos pueden desplazarse por el terreno, reconocer rostros, evitar el peligro y cooperar socialmente. Es menos evidente que el mismo proceso garantice la fiabilidad al contemplar la lógica modal, la teoría cuántica, la metafísica, la obligación moral o la naturaleza última de la realidad.

Los naturalistas pueden responder que el razonamiento avanzado se desarrolló a partir de capacidades más básicas y fue refinado después mediante el lenguaje, la cultura, la educación, las matemáticas y la ciencia. Los seres humanos no dependen por completo del instinto sin ayuda. Nos corregimos unos a otros, construimos instrumentos, realizamos experimentos repetidos y desarrollamos sistemas diseñados para exponer el error.


Esta es una réplica importante. Demuestra que las explicaciones evolutivas no necesitan tratar la mente humana como un producto acabado cuyas creencias hubieran sido todas seleccionadas directamente.

Pero no elimina por completo la cuestión filosófica. La corrección científica sigue dependiendo de la observación, la memoria, la inferencia, el juicio matemático y la capacidad de reconocer la evidencia. Un método puede mejorar facultades falibles, pero no puede partir de una total falta de fiabilidad cognitiva. Alguna capacidad sustancial para la verdad debe estar ya presente.


Principales respuestas naturalistas

Una evaluación justa debe considerar las mejores respuestas naturalistas.

Las explicaciones racionales y físicas pueden coexistir

La respuesta más directa es que la explicación racional y la explicación física no tienen por qué competir.

Una oración puede describirse como tinta sobre papel, como una secuencia de palabras y como un argumento. Estas descripciones no se anulan entre sí. Del mismo modo, un pensamiento puede describirse neurológicamente y, a la vez, evaluarse racionalmente.


Según esta postura, la razón por la que una persona cree una conclusión puede ser a la vez que ciertas neuronas se activaron y que reconoció la fuerza de la evidencia. La explicación racional opera en el nivel personal o psicológico, mientras que la explicación física opera en un nivel neurológico.

Esta réplica tiene una fuerza considerable. El argumento de la razón fracasa si supone sin justificación que la causación física y la inferencia racional son automáticamente incompatibles.


El problema que queda es el de la integración. El naturalismo debe explicar cómo las relaciones significativas y normativas emergen de los estados físicos, se superponen a ellos o son realizadas por ellos. Nombrar dos niveles de descripción no muestra, sin más, cómo el contenido de una creencia llega a ser causalmente relevante.


La cognición fiable es adaptativa

Los naturalistas sostienen también que Plantinga resta importancia a la correlación entre la verdad y la conducta exitosa.

Aunque ciertas creencias falsas aisladas puedan ser a veces adaptativas, una criatura cuyas creencias estuvieran sistemáticamente desconectadas de su entorno tendría dificultades para sobrevivir. La conducta compleja y flexible requiere, por lo general, información razonablemente exacta.


Los filósofos Branden Fitelson y Elliott Sober han cuestionado las afirmaciones probabilísticas de Plantinga, y sostienen que este no ha establecido que la cognición fiable sea improbable dados el naturalismo y la evolución. Cuestionan también si los juicios de probabilidad que propone bastan para generar la amplia derrota escéptica que describe.

Esta objeción pone de manifiesto una limitación importante. Plantinga no puede pasar directamente de «la selección recompensa la conducta» a «la creencia fiable es improbable». La relación entre creencia, deseo, conducta y aptitud requiere una explicación mucho más detallada.

Explicaciones naturalizadas del contenido mental

Algunos filósofos recurren a teorías teleológicas o evolutivas del contenido mental, a menudo llamadas teleosemántica. Las versiones más influyentes fueron desarrolladas por Ruth Millikan y Fred Dretske.


Estas teorías intentan explicar qué significa una representación mental examinando la función que adquirió mediante la evolución o el aprendizaje. Un sistema perceptivo puede representar a los depredadores porque detectarlos forma parte de la función para la cual ese sistema fue seleccionado. La posibilidad de mal funcionamiento ayuda entonces a explicar cómo una representación puede ser falsa.


Tales teorías representan esfuerzos serios por explicar la intencionalidad y el error dentro de un marco naturalista.

Los críticos se preguntan si la función biológica basta para producir un significado proposicional pleno, el pensamiento abstracto o la obligación lógica. Un mecanismo puede tener una función seleccionada, pero la afirmación de que una conclusión debe aceptarse porque se sigue válidamente de las premisas parece más fuerte que la afirmación de que un mecanismo cognitivo contribuyó históricamente al éxito reproductivo.


La ciencia corrige las limitaciones de la evolución

Paul Churchland ha argumentado que Plantinga se centra de manera demasiado estrecha en nuestro equipamiento cognitivo nativo. Los seres humanos amplían y corrigen sus facultades naturales mediante instituciones científicas, sistemas simbólicos, instrumentos e investigación comunitaria. Según Churchland, el naturalismo evolucionista puede obtener su garantía de las operaciones colectivas de la comunidad científica, aunque no pudiera hallarla en el razonamiento sin ayuda de un solo cerebro humano. Por tanto, deberíamos evaluar no solo la mente individual, sino las prácticas más amplias de búsqueda de la verdad que los seres naturales han desarrollado.


Esta respuesta explica cómo organismos limitados pueden adquirir un conocimiento que va mucho más allá de los entornos en que evolucionaron sus antepasados. Plantinga y Aaron Segal respondieron directamente a Churchland, y argumentaron que esas prácticas institucionales son ellas mismas productos y extensiones de las mismas facultades cuya fiabilidad está en cuestión, de modo que apelar a ellas no escapa a la dificultad original.


El debate gira en torno a este punto. Las prácticas científicas no crean normas racionales de la nada. Presuponen que la evidencia debe guiar la creencia, que las contradicciones son defectos, que las observaciones repetidas tienen peso probatorio y que algunos métodos conducen más que otros a la verdad.

Quizá el naturalista pueda explicar estas normas. El argumento de la razón pregunta si tal explicación puede permanecer puramente descriptiva sin perder su autoridad normativa.


¿Se derrota a sí mismo el naturalismo?

La versión más sólida del argumento no debería decir:

El naturalismo dice que el cerebro es físico. Por lo tanto, ningún naturalista puede razonar.

Esa conclusión es demasiado apresurada.

Un argumento más cuidadoso procede de forma condicional:

  1. La inferencia racional requiere que el significado y las relaciones lógicas de los pensamientos desempeñen un papel genuino en la formación de la creencia.
  2. Algunas formas de naturalismo parecen explicar la formación de las creencias por completo mediante causas físicas no racionales.
  3. Si esas causas físicas no dejan ningún papel causal o explicativo al significado, la verdad y la implicación lógica, la inferencia racional no ha sido preservada de manera adecuada.
  4. El naturalismo mismo se acepta mediante la inferencia racional.
  5. Por lo tanto, toda forma de naturalismo que elimine la eficacia o la fiabilidad de la inferencia racional socava sus propias credenciales racionales.

Esta conclusión es más modesta que declarar que toda forma posible de naturalismo ha sido refutada.

Hay además una razón por la que es difícil escapar a la dificultad solo mediante argumentos. Como observó Thomas Reid, el razonamiento no puede certificar su propia fiabilidad sin circularidad, pues cualquier prueba semejante debe emplear ya la facultad cuya fiabilidad está en cuestión. Esto no favorece por sí mismo al teísmo, pero muestra que la confianza en la razón funciona más como un punto de partida que como una conclusión, y plantea la pregunta de qué cosmovisión hace menos sorprendente ese punto de partida.

Los naturalistas han desarrollado teorías sofisticadas sobre la causación mental, las propiedades emergentes, la organización funcional, la representación y la fiabilidad epistémica. La discusión filosófica sigue activa porque ninguna de estas cuestiones ha recibido una respuesta aceptada universalmente. La propia causación mental sigue siendo un tema central y difícil de la filosofía de la mente contemporánea.


Cabe destacar que la inquietud no se limita a los pensadores religiosos. El filósofo ateo Thomas Nagel, en Mind and Cosmos (2012), sostiene que una explicación reduccionista y materialista de la naturaleza no puede dar cuenta de manera adecuada de la conciencia, la cognición ni la razón, y que nuestra capacidad de captar la verdad objetiva encaja con dificultad en un relato puramente darwiniano. Nagel no se vuelve hacia el teísmo; reclama, en cambio, un naturalismo ampliado. Pero su incomodidad ilustra que el problema que señala el argumento se siente en todas las cosmovisiones y no es fabricado por la apologética.


El argumento coloca, por tanto, una carga explicativa sobre el naturalismo. Le pide al naturalista que muestre cómo una realidad que no es fundamentalmente mental, intencional ni regida por normas puede producir seres cuyos pensamientos poseen significado, cuyas inferencias se rigen por la necesidad lógica y cuyas mentes pueden descubrir verdades que se extienden mucho más allá de las necesidades reproductivas inmediatas.


¿Explica mejor la razón el teísmo?

El teísmo cristiano parte de una imagen de la realidad profundamente distinta.

El fundamento de la existencia no es la materia sin mente, sino el Dios eterno. El universo procede de la sabiduría divina, y los seres humanos fueron creados a imagen de Dios. El Evangelio de Juan identifica a Cristo como el Logos eterno, el Verbo divino por medio del cual fueron hechas todas las cosas (Juan 1:1–3). La realidad es inteligible porque es obra de la inteligencia divina.


Dentro de este marco, la correspondencia entre la mente y el mundo no es un accidente inexplicable.

Los seres humanos pueden descubrir el orden porque tanto la mente humana como el orden creado tienen su origen en la misma razón divina. La verdad lógica no es una convención evolutiva pasajera, y nuestro deseo de conocer no está del todo desligado de la naturaleza de la realidad.

Esto no significa que el teísmo cristiano prometa un razonamiento humano infalible. La Escritura presenta a los seres humanos como finitos, moralmente caídos, vulnerables al autoengaño y necesitados de corrección. La explicación cristiana predice tanto una capacidad cognitiva genuina como serias limitaciones cognitivas.


El teísmo también enfrenta preguntas filosóficas. Los creyentes deben explicar por qué un Dios bueno permite el razonamiento equivocado y cómo la confianza en facultades creadas por Dios evita la circularidad. Apelar a Dios no sustituye el examen de la evidencia ni el reconocimiento del sesgo humano.

Sin embargo, el teísmo ofrece un hogar metafísico a la razón. La mente no emerge como una recién llegada sorprendente en un universo fundamentalmente ajeno al pensamiento. La razón finita refleja, aunque sea imperfectamente, la sabiduría eterna de la cual la creación recibe su ser.

Esto no prueba por sí solo el cristianismo. El argumento de la razón se entiende mejor como parte de un argumento acumulativo. Pregunta qué cosmovisión hace menos sorprendentes la existencia, la autoridad y la fiabilidad de la razón.


Un veredicto equilibrado

¿Puede el naturalismo dar cuenta de la razón?

Los naturalistas han propuesto respuestas sustanciales. La evolución puede favorecer la percepción exacta. Las explicaciones físicas y racionales pueden coexistir. Las prácticas culturales pueden corregir sesgos innatos. Las teorías naturalistas de la representación y de la causación mental no pueden descartarse sin más.

Sería, por tanto, irresponsable afirmar que la evolución produce necesariamente una cognición poco fiable o que ningún naturalista tiene explicación posible alguna para el pensamiento racional.

Con todo, la dificultad central permanece.


Una historia causal explica cómo llegó a existir una creencia. La justificación racional se refiere a si la creencia debe aceptarse como verdadera. Una función evolutiva puede explicar por qué persiste un mecanismo cognitivo. La validez lógica se refiere a si una conclusión se sigue necesariamente de sus premisas. Una descripción neurológica puede identificar los procesos cerebrales involucrados en el razonamiento. Por sí sola, no explica por qué esos procesos poseen significado ni por qué una inferencia es racionalmente superior a otra.

El naturalismo no queda derrotado solo porque el pensamiento tenga causas físicas. Tropieza cuando su explicación de esas causas no deja ningún trabajo significativo que realicen la verdad, la evidencia y la necesidad lógica.


El argumento de la razón no se apoya, pues, en burlarse de la evolución ni en negar la neurociencia. Su fuerza radica en una observación más callada, la misma que inquietó a Darwin: la razón parece revelar algo sobre la clase de universo que habitamos.

Si la realidad se origina en la razón, la racionalidad humana no es una extraña accidental en el cosmos. Es una participación finita en un orden que era inteligible antes de que llegáramos.


Reflexión

Los cristianos deben acercarse a este argumento con humildad.

Nuestra capacidad de razonar no es prueba de que seamos inmunes al error. La inteligencia puede convertirse en instrumento de orgullo, y el argumento puede usarse para ocultar la verdad con tanta facilidad como para descubrirla. La confesión cristiana no es que los seres humanos razonen a la perfección, sino que la razón misma es un don.

Cristo, el Logos eterno, no nos llama a abandonar la mente. Nos llama a amar a Dios con toda ella.

Toda inferencia válida, toda corrección honesta y toda búsqueda paciente de la verdad dan testimonio de un mundo que puede ser comprendido. No creamos la verdad al creerla. La recibimos, la buscamos y nos sometemos a ella.


El propósito más profundo de la razón no es, por tanto, la conquista intelectual. Es la comunión con Aquel por medio de quien fueron hechas todas las cosas.

Cuando la razón es fiel a su vocación, no termina en la astucia humana. Conduce más allá de sí misma: al asombro, a la gratitud, a la humildad y a la adoración.

Fuentes:

  • Anscombe, G. E. M. «A Reply to Mr. C. S. Lewis's Argument That “Naturalism” Is Self-Refuting». En The Collected Philosophical Papers of G. E. M. Anscombe, vol. 2, Metaphysics and the Philosophy of Mind. University of Minnesota Press, 1981. (en inglés)

  • Churchland, Paul M. «Is Evolutionary Naturalism Epistemologically Self-Defeating?». Philo 12, no. 2 (2009): 135–141. (en inglés)

  • Darwin, Charles. Carta a William Graham, 3 de julio de 1881. En The Life and Letters of Charles Darwin, editado por Francis Darwin, vol. 1. John Murray, 1887. (Véase también Darwin Correspondence Project, carta n.º 13230.) (en inglés)

  • Dretske, Fred. Naturalizing the Mind. MIT Press, 1995. (en inglés)

  • Fitelson, Branden y Elliott Sober. «Plantinga's Probability Arguments Against Evolutionary Naturalism». Pacific Philosophical Quarterly 79, no. 2 (1998): 115–129. (en inglés)

  • Lewis, C. S. Miracles: A Preliminary Study. Edición revisada. Fontana/Collins, 1960. Especialmente el capítulo 3, «The Cardinal Difficulty of Naturalism». (en inglés)

  • Millikan, Ruth Garrett. Language, Thought, and Other Biological Categories: New Foundations for Realism. MIT Press, 1984. (en inglés)

  • Nagel, Thomas. Mind and Cosmos: Why the Materialist Neo-Darwinian Conception of Nature Is Almost Certainly False. Oxford University Press, 2012. (en inglés)

  • Plantinga, Alvin. Warrant and Proper Function. Oxford University Press, 1993. Especialmente el capítulo 12. (en inglés)

  • Plantinga, Alvin. Where the Conflict Really Lies: Science, Religion, and Naturalism. Oxford University Press, 2011. Especialmente el capítulo 10. (en inglés)

  • Plantinga, Alvin y Aaron Segal. «Response to Churchland». Philo 13, no. 2 (2010): 211–217. (en inglés)

  • Reppert, Victor. C. S. Lewis's Dangerous Idea: In Defense of the Argument from Reason. InterVarsity Press, 2003. (en inglés)

  • Reppert, Victor. «The Argument from Reason». En The Blackwell Companion to Natural Theology, editado por William Lane Craig y J. P. Moreland, 344–390. Wiley-Blackwell, 2009. (en inglés)

  • Robb, David y John Heil. «Mental Causation». The Stanford Encyclopedia of Philosophy. (en inglés)

  • Schulte, Peter. «Teleological Theories of Mental Content». The Stanford Encyclopedia of Philosophy. (en inglés)

  • Stoljar, Daniel. «Physicalism». The Stanford Encyclopedia of Philosophy. (en inglés)

Nota editorial:

En coherencia con el compromiso de este sitio con la transparencia, aquí se explica cómo se comprobó y se revisó este artículo.

Verificado con fuentes primarias y de referencia. Las siguientes afirmaciones se confirmaron en lugar de darse por supuestas: la historia de publicación de Los milagros de C. S. Lewis (primera edición en 1947; edición revisada en 1960); el cambio de título de su tercer capítulo a «La dificultad cardinal del naturalismo» y el paso del lenguaje de lo «irracional» al de lo «no racional»; la fecha y el escenario del intercambio con Anscombe (Club Socrático de Oxford, 2 de febrero de 1948); la valoración posterior y favorable de Anscombe sobre la revisión; el texto y la fecha de la «horrible duda» de Darwin (carta a William Graham, 3 de julio de 1881, confirmada mediante el Darwin Correspondence Project); y los datos bibliográficos de Fitelson y Sober (Pacific Philosophical Quarterly, 1998) y de Churchland (Philo, 2009).

Lo que se añadió o se reforzó. La duda del propio Darwin se colocó cerca del comienzo para mostrar que el problema es anterior a la apologética moderna. Se incluyó el juicio de Anscombe en 1985 de que la revisión de Lewis era una mejora, para que el intercambio se presente como corrección honesta y no como derrota. Se nombra directamente a los fundadores de la teleosemántica (Ruth Millikan y Fred Dretske). Se añadió la réplica publicada de Plantinga y Segal a Churchland, para que ese intercambio no quede unilateral. Se citó Mind and Cosmos de Thomas Nagel para mostrar que la inquietud la expresan también filósofos laicos, y no solo religiosos.

Lo que este artículo no afirma. No sostiene que la evolución produzca necesariamente mentes poco fiables, que ningún naturalista tenga respuesta alguna, ni que el argumento de la razón demuestre por sí solo el cristianismo. Presenta las mejores respuestas naturalistas junto con el argumento teísta y deja que el lector las sopese.

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