Muchos cristianos conocen los nombres de San Basilio el Grande y de San Gregorio de Nisa. Muchos menos han oído hablar de su hermana mayor. Sin embargo, el hermano que mejor la conoció la llamó simplemente «la Maestra», y escribió dos libros en los que ella es la figura central: una biografía y un diálogo en el que ella, en su lecho de muerte, lo instruye sobre el alma, la muerte y la resurrección mientras él hace de discípulo.
Santa Macrina la Joven (hacia 327 a 379 o 380) se sitúa cerca del comienzo de la vida monástica organizada en Asia Menor, y es una de las pocas mujeres de la Iglesia primitiva cuya vida podemos seguir con cierto detalle. Como casi todo lo que sabemos de ella procede de un solo autor devoto, es también un caso de prueba de cuánto se puede saber de un santo. Este artículo cuenta su vida tal como la recuerda la Iglesia, muestra de dónde viene ese recuerdo y separa lo que puede comprobarse de lo que no.
En resumen
Casi todo lo que sabemos de Santa Macrina proviene de su hermano menor, San Gregorio de Nisa, que estuvo presente en su muerte y escribió la Vida de Macrina pocos años después, probablemente a principios de la década de 380. También escribió Sobre el alma y la resurrección, un diálogo en el que Santa Macrina lo instruye. Según San Gregorio, ella eligió la virginidad después de que murió su prometido, convirtió la casa familiar de Annisa, en el Ponto, en una comunidad ascética, apartó a San Basilio de una carrera en la retórica, crió a su hermano menor San Pedro y murió en la pobreza después de una oración que la Iglesia sigue atesorando. Un breve epitafio de San Gregorio el Teólogo confirma de manera independiente que fue una virgen famosa, la primogénita de Santa Emelia. San Basilio, sin embargo, nunca la nombra en sus escritos conservados, y San Gregorio escribió con modelos literarios en mente, entre ellos Santa Tecla, Sócrates e incluso Homero. Por eso los estudiosos debaten hasta qué punto su retrato es biografía y hasta qué punto idealización, y las sanaciones relatadas son historias que se le contaron a San Gregorio, que la historia puede registrar pero no verificar. La Iglesia ortodoxa la conmemora el 19 de julio.
Tesis: Santa Macrina fue una líder ascética real e influyente, conocida sobre todo por un retrato amoroso, casi contemporáneo y elaborado con arte de su hermano, y un lector honesto puede aceptar el núcleo de ese retrato reconociendo al mismo tiempo su moldeado literario y los límites de la evidencia.
La vida, tal como la recuerda la Iglesia
Una familia de confesores
Santa Macrina nació en una familia cristiana de terratenientes con propiedades en Capadocia y en el Ponto, en la actual Turquía. San Gregorio dice que se le puso el nombre de «la madre de nuestro padre, que había confesado a Cristo como un buen atleta en tiempos de las persecuciones» (traducción nuestra).1 San Basilio escribió después que esta abuela, Santa Macrina la Anciana, «me enseñó las palabras del bienaventurado Gregorio», es decir, de San Gregorio Taumaturgo, el apóstol del Ponto.2 Sus padres fueron San Basilio el Anciano, un respetado abogado y retórico, y Santa Emelia. Santa Macrina fue la primera de sus hijos; cuatro hijos varones y cinco hijas sobrevivieron a la infancia, y los varones fueron San Basilio (después obispo de Cesarea), San Naucracio, San Gregorio (después obispo de Nisa) y San Pedro (después obispo de Sebaste).3
San Gregorio añade una historia familiar. Durante el parto, Santa Emelia soñó que una figura «más resplandeciente que un ser humano» llamaba tres veces Tecla a la criatura por nacer, como la discípula virgen de San Pablo en los populares Hechos de Pablo y Tecla. San Gregorio lee el sueño como un pronóstico de su modo de vida y no como una instrucción para ponerle nombre.4
La Escritura, un compromiso y una elección
Santa Emelia enseñó a su hija con la Sabiduría de Salomón y los Salmos en lugar de la poesía clásica; el Salterio, dice San Gregorio, fue su «compañero constante, como un buen compañero de viaje que nunca la abandonó».5 Cuando tenía unos doce años, su padre eligió a un joven prometedor como su futuro esposo, pero este murió antes del matrimonio. Ella rechazó entonces a todos los demás pretendientes, argumentando que «por naturaleza solo había un matrimonio, como hay un nacimiento y una muerte», y que su prometido, vivo para Dios en la esperanza de la resurrección, estaba «solo ausente, no muerto».6
San Basilio vuelve a casa
El episodio más famoso se refiere a San Basilio. Después de años de estudio, que terminaron en Atenas, volvió a casa «hinchado más allá de toda medida por el orgullo de la oratoria». San Gregorio continúa: «Sin embargo, Macrina lo tomó en sus manos, y con tal rapidez lo atrajo también hacia la meta de la filosofía que abandonó las glorias de este mundo y despreció la fama ganada con el hablar».7 En el uso cristiano del siglo IV, «filosofía» significaba a menudo la vida ascética misma, y ese es el sentido de San Gregorio.8
San Basilio cuenta su propia conversión de otra manera. Dice que había «malgastado casi toda mi juventud» en el saber mundano hasta que, «como un hombre despertado de un sueño profundo, volví mis ojos a la maravillosa luz de la verdad del Evangelio». Leyó el llamado del Evangelio a vender los bienes y se fue a buscar ascetas en Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia.9 Su hermana no aparece.
San Naucracio y San Pedro
El segundo hermano, San Naucracio, dejó una carrera prometedora a los veintiún años para vivir como ermitaño junto al río Iris, cuidando de ancianos pobres, y murió en un accidente unos cinco años después. San Gregorio describe el hundimiento de Santa Emelia y la entereza de Santa Macrina, que «la levantó del abismo del dolor».10 El menor, San Pedro, nació hacia la época en que murió su padre. Santa Macrina «lo tomó poco después de nacer del pecho de la nodriza y lo crió ella misma», y llegó a ser para él «padre, maestra, preceptora, madre, dadora de todo buen consejo».11
Annisa, junto al Iris
En la propiedad familiar de Annisa, junto al Iris, en el Ponto, Santa Macrina persuadió a su madre viuda de que renunciara a las comodidades de su rango y de «vivir en pie de igualdad con el personal de criadas, para compartir con ellas el mismo alimento, la misma clase de lecho y todas las cosas necesarias para la vida». El resumen de San Gregorio es memorable: «La continencia era su lujo, y la oscuridad su gloria».12 Se convirtió en una comunidad doble, mujeres bajo Santa Macrina y hombres bajo San Pedro, y en una hambruna dio de comer a multitudes de hambrientos. Entre las hermanas había una joven viuda de familia senatorial llamada Vestiana; Lampadia, «jefa del grupo de hermanas, diaconisa de rango»; y niñas abandonadas que Santa Macrina había «recogido, expuestas junto al camino en tiempo de hambruna».13
Susanna Elm sostiene que esta comunidad vino primero y que San Basilio dio forma y regulación al modelo más tarde. Su reseñista Claudia Rapp resume la tesis: «es Macrina cuya resolución e iniciativa dan origen al modelo monástico de vida comunitaria en Asia Menor».14 Philip Rousseau, leyendo el mismo texto, subraya lo doméstica que seguía siendo; la comunidad, concluye, «se piensa mejor como una familia extensa».15
Los últimos días
Santa Emelia murió en brazos de Santa Macrina y de San Pedro. San Basilio llegó a ser obispo de Cesarea en 370. Al noveno mes o poco más después de la muerte de San Basilio, San Gregorio, que volvía de un sínodo en Antioquía, fue a ver a su hermana, a quien no había visto en casi ocho años. En el camino soñó tres veces que llevaba reliquias de mártires que brillaban como el sol.16
La encontró muriendo de fiebre, tendida sobre una tabla en el suelo. San Pedro había salido a recibir a San Gregorio por otro camino y estaba ausente. Ella no permitió que San Gregorio llorara por San Basilio y llevó la conversación a «la naturaleza del alma» y «el tránsito de la muerte a la vida otra vez». En su última tarde, con su lecho vuelto hacia el oriente, oró en voz baja: «Tú, Señor, nos has librado del temor de la muerte. Has hecho del fin de esta vida el comienzo, para nosotros, de la vida verdadera». Pidió a Cristo, que había abierto el Paraíso al ladrón: «Acuérdate también de mí en tu reino; porque yo también fui crucificada contigo, habiendo clavado mi carne a la cruz por temor de ti». Cuando se encendieron las lámparas, trató de unirse a la acción de gracias vespertina, hizo la señal de la cruz y murió.17
No había nada con qué sepultarla. Lampadia dijo a San Gregorio: «Ahí está el manto, ahí la toca, ahí los zapatos gastados en los pies. Esta es toda su riqueza». Al preparar el cuerpo, Vestiana halló una cruz de hierro y un anillo de hierro en su cuello, y explicó que «el anillo es hueco en el aro, y en él se ha ocultado una partícula de la Cruz de Vida». También mostró a San Gregorio una tenue cicatriz en el pecho de Santa Macrina, donde un tumor peligroso había desaparecido una vez, después de que Santa Macrina orara toda la noche y su madre hiciera sobre él la señal de la cruz.18 Después de una vigilia de toda la noche, el obispo local Araxio y San Gregorio llevaron las andas a la iglesia de los Santos Mártires, y ella fue puesta junto a su madre en la tumba de sus padres.19
La evidencia primaria
San Gregorio de Nisa, la Vida de Macrina
La Vida es una larga carta a un monje llamado Olimpio, a quien San Gregorio conoció en Antioquía de camino a Jerusalén. San Gregorio insiste en que su relato «no se basaba en la narración de otros» sino en «lo que habíamos aprendido por experiencia personal».20 Eso vale para el lecho de muerte y el funeral; vale menos para su infancia, que Santa Macrina le relató en sus últimos días, y para las historias que le contaron otros. Derek Krueger describe la obra como «escrita poco después de la muerte de su hermana en 380», y la base de datos Cult of Saints de Oxford la fecha a principios de la década de 380.21 {{very-strong: La fuente principal de la vida de Santa Macrina fue escrita por su hermano, testigo ocular, pocos años después de su muerte.}} La edición crítica es la de Pierre Maraval (Sources Chrétiennes 178, 1971); entre las traducciones inglesas están la de W. K. Lowther Clarke, de dominio público, de 1916, citada aquí, y las de Kevin Corrigan y Anna Silvas.22
San Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección
Este diálogo se abre cuando San Gregorio, afligido por San Basilio, llega a donde está «su hermana la Maestra» y la encuentra «postrada hasta la muerte». Ella reprende su dolor con las palabras del Apóstol («...que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza», 1 Tesalonicenses 4:13) y conduce un largo argumento. Define el alma como «una esencia creada, viviente e intelectual», y la resurrección como «la reconstitución de nuestra naturaleza en su forma original».23 Su editor moderno dice que San Gregorio lo escribió siguiendo «el ejemplo literario de Platón», y Patricia Wilson-Kastner sostuvo que fue escrito «como un paralelo directo del Fedón de Platón», donde Sócrates habla del alma el día de su muerte.24 Lowther Clarke lo expresó con cuidado: en el diálogo «Gregorio pretende reproducir esta conversación».25
Un testigo independiente: San Gregorio el Teólogo
Un texto breve viene de fuera de la familia inmediata. Entre los epitafios de San Gregorio Nacianceno, el amigo más cercano de San Basilio, hay uno para Santa Macrina: «La tierra guarda a la gloriosa virgen Macrina, si alguna vez oíste su nombre, hija primogénita de la gran Emelia. No se dejó ver por hombre alguno, pero ahora está en boca de todos, y tiene una gloria mayor que cualquiera».26 Confirma que fue una virgen consagrada, la mayor de los hijos de Santa Emelia, y ampliamente honrada a su muerte.
El silencio de San Basilio
Las numerosas cartas conservadas de San Basilio nombran a su abuela Macrina, recuerdan haberse criado en Annisa («Desde mi infancia he estado familiarizado con este lugar, pues aquí me crió mi abuela») y lloran a su madre («He perdido a mi Madre, el único consuelo que tenía en la vida»).27 A su hermana nunca la nombra. Ana Cristina Villa Betancourt, en un estudio de 2023 sobre San Basilio y las mujeres, observa que no habla de ella explícitamente en ningún lugar, no describe el cambio en su vida que San Gregorio le atribuye, y guarda igual silencio sobre su padre y sobre sus maestros en Atenas.28 {{strong: San Basilio nunca nombra a su hermana en sus escritos conservados, y su propio relato de su conversión no la menciona.}}
Villa Betancourt recoge la opinión de Anna Silvas de que el silencio no muestra frialdad ni desacuerdo: Silvas encuentra referencias implícitas a la comunidad de Santa Macrina en los escritos de San Basilio, como la Carta 207, donde dice al clero de Neocesarea que «nos alegramos de tener asambleas de hombres y de mujeres, cuya conversación está en el cielo», y la Carta 210, escrita desde la misma Annisa.29 Otros lectores sospechan que San Gregorio, al escribir después de la muerte de San Basilio, agrandó el papel de su hermana. Hay además un giro. Los comienzos ascéticos de San Basilio debieron mucho a Eustacio de Sebaste, con quien rompió más tarde por la divinidad del Espíritu Santo, y la Vida de San Gregorio no menciona a Eustacio en absoluto.30
¿Qué podemos verificar realmente?
(a) Evidencia documental contemporánea o casi contemporánea
- La existencia de Santa Macrina, su virginidad consagrada y su fama al morir: la Vida de San Gregorio de Nisa, testigo ocular, confirmada por el epitafio de San Gregorio Nacianceno.
- La comunidad ascética de Annisa: descrita por San Gregorio y corroborada en términos generales por las cartas de San Basilio desde Annisa.
- Su muerte y su funeral: el testimonio de un participante, escrito poco después.
(b) Tradición posterior y moldeado literario
- Su infancia y su compromiso llegan por medio de San Gregorio, que era entonces un niño pequeño o aún no había nacido, en parte a partir de los propios recuerdos de Santa Macrina en su lecho de muerte.
- Su papel decisivo en la conversión de San Basilio es solo el relato de San Gregorio.
- El sueño de Tecla, el diálogo socrático y otros rasgos siguen modelos literarios reconocibles; Sobre el alma y la resurrección es un diálogo filosófico, no una transcripción.
- Las Vidas posteriores, incluido el breve sinaxario de la Iglesia Ortodoxa en América (OCA), dependen de San Gregorio, aportan poca información independiente y a veces desdibujan sus detalles (la vida de la OCA hace que sean las hermanas, y no el padre de la niña, quienes relatan la sanación del ojo, y cuenta el grano inagotable como un hecho).31
(c) Milagros relatados
- La sanación del tumor en su pecho se le contó a San Gregorio después de su muerte por Vestiana; él no la presenció.
- La sanación del ojo enfermo de una niña se la contó a San Gregorio el padre de la niña, un oficial de Sebastópolis, en el camino de vuelta a casa después del funeral.32 (A veces se dice que fue sanado el propio ojo de Santa Macrina; en la Vida el ojo es el de la hija del oficial.)
- San Gregorio omite deliberadamente otras maravillas de las que había oído, entre ellas el grano que no disminuía durante la hambruna, porque «la mayoría de los hombres juzgan lo que es creíble en el terreno del relato según la medida de su propia experiencia».33
{{debated: Si los milagros relatados en la Vida ocurrieron tal como se describen no puede resolverse con el método histórico; lo que sí puede verificarse es que San Gregorio los registró a partir de informantes nombrados o descritos pocos años después.}}
¿Biografía o retrato literario?
En 1916, Lowther Clarke pensaba que el estilo sencillo de las escenas del lecho de muerte era «una prueba convincente de que está dando un relato verdadero de hechos reales, puestos por escrito poco después de su ocurrencia».34 Pocos estudiosos lo dirían hoy tan simplemente. San Gregorio era un retórico formado, y Wilson-Kastner sostuvo que «Gregorio modela su retrato de ella sobre dos figuras principales: Sócrates, de la antigüedad pagana; y Tecla».35 Georgia Frank sostuvo que el descubrimiento de la cicatriz en el cuerpo de Santa Macrina evoca el famoso reconocimiento de la cicatriz de Odiseo en la Odisea, de modo que San Gregorio presenta a su hermana como una especie de «Odiseo bautizado».36 Krueger lee la obra como un acto de memoria litúrgica.37
El arte literario no es ficción. Los biógrafos antiguos daban forma habitualmente a vidas reales mediante modelos familiares, y el relato de San Gregorio está lleno de nombres, lugares y detalles incómodos, como su propia pérdida de la compostura y las multitudes que retrasaban el funeral, que se leen como memoria. La conclusión justa es que la Vida es una biografía real, escrita por un testigo ocular que amaba a su sujeto y ordenó su historia para enseñar. Su esbozo y sus hechos públicos merecen más confianza que sus discursos, su lectura de los motivos y los episodios que San Gregorio no vio.
La posición ortodoxa
La Iglesia ortodoxa honra a Santa Macrina entre las santas venerables (monásticas) y celebra su memoria el 19 de julio.38 Conviene mantener separados tres niveles de enseñanza.
Dogma. Nada en la biografía de Santa Macrina es dogma. Lo que toca al dogma es lo que su historia supone: la resurrección del cuerpo, la oración a Cristo: «nos has librado del temor de la muerte», y, detrás de la cruz y la reliquia que llevaba, la enseñanza del Séptimo Concilio Ecuménico (Nicea II, 787) de que las santas imágenes y «la figura de la preciosa y vivificante Cruz» reciben «el debido saludo y la reverencia honorable», «no ciertamente aquel verdadero culto de fe [latreia] que corresponde solo a la naturaleza divina».39 La veneración es el honor que se da por amor a Dios; la adoración pertenece solo a Dios.
Tradición común. La Iglesia recibe la Vida de San Gregorio como el fundamento de su conmemoración y como un modelo de santa muerte, pero los cristianos ortodoxos no están obligados a tratar cada detalle de la Vida de un santo como historia documentada.
Opinión teológica. Sobre el alma y la resurrección da a Santa Macrina algunas de las ideas más audaces de San Gregorio, entre ellas un fuego purificador después de la muerte y la esperanza de que el mal sea reducido finalmente «a una completa aniquilación».40 La Iglesia honra a San Gregorio como Padre, pero estas esperanzas siguen siendo opinión teológica, no enseñanza definida, y si fueron de Santa Macrina, de San Gregorio o de ambos no puede saberse ahora. Para la historia más amplia de la teología de la familia, véanse Los Padres capadocios, ¿Quién fue San Basilio el Grande? (en inglés) y la guía de los Padres de la Iglesia (en inglés); para el monacato primitivo, véase ¿De dónde surgió el monacato cristiano?
Las objeciones más fuertes
«Macrina fue la verdadera teóloga, y sus hermanos se llevaron el mérito»
Algunos lectores modernos, sobre todo en la historia feminista, sostienen que los retratos de San Gregorio conservan la memoria de una mujer que fue el verdadero centro intelectual y espiritual de la familia. La evidencia da a esto un apoyo real: San Gregorio la llama «la Maestra», le atribuye haber convertido a San Basilio y criado a San Pedro, y la hace la voz de su propia enseñanza sobre el alma, mientras que la obra de Elm sugiere que su comunidad estableció el modelo que San Basilio reguló más tarde.
Respuesta. No podemos medir la teología de Santa Macrina de manera independiente, porque no dejó escritos. Todo lo que ella «dice» lo escribe San Gregorio, con el estilo de San Gregorio. Es razonable creer que ella dio forma a la vida espiritual de sus hermanos, puesto que San Gregorio lo dice repetidamente y no tenía una razón evidente para inventarlo; no es posible demostrar que doctrinas concretas fueran suyas. Los cristianos ortodoxos pueden honrarla con gusto como la maestra de su familia sin afirmar más de lo que permiten las fuentes.
«Gregorio inventó una Macrina idealizada»
Otros adoptan la postura contraria. El influyente ensayo de Elizabeth A. Clark «The Lady Vanishes» (1998) usó a Santa Macrina como caso de prueba de si los historiadores pueden recuperar mujeres reales a partir de textos escritos por hombres; según lo resume Andrea Sterk, Clark concluyó que «nunca podemos recuperar mujeres “reales” a partir de las construcciones literarias de las élites masculinas», aunque quedan «huellas» de ellas.41 Morwenna Ludlow describe lecturas en las que, «aun en estos retratos aparentemente íntimos de una vida femenina, la mujer es una construcción y no se le permite hablar por sí misma».42 El propio elogio de San Gregorio, que dice de ella «no sé si es apropiado designarla por su sexo, a ella que superó tan ampliamente a su sexo», muestra cómo medía la santidad en los términos de género de su época.43
Respuesta. Esta es una advertencia justa contra leer la Vida ingenuamente, y este artículo la acepta. Pero un retrato construido sigue siendo el retrato de alguien. San Gregorio escribió para lectores que la habían conocido, incluida la comunidad de Annisa, y San Gregorio Nacianceno atestigua de manera independiente su fama. La posición sensata es la que apunta el panorama de Ludlow: leer los textos tanto como evidencia de una mujer ascética real como literatura con propósitos propios.
«El silencio de Basilio muestra que Gregorio exageró su papel»
Respuesta. El silencio es real; significa que su influencia sobre San Basilio no está documentada de manera independiente. Pero los argumentos desde el silencio son frágiles. San Basilio tampoco nombra nunca a su padre ni a sus maestros atenienses, y su relato de conversión en la Carta 223 fue escrito para defender su ortodoxia frente a Eustacio, no para contar la historia de su familia. El cuadro más probable es que varias influencias convergieran en San Basilio, entre ellas la casa de Santa Macrina, Eustacio y los ascetas que conoció en sus viajes, y que cada hermano contara la parte que le importaba.
«Las reliquias, la señal de la cruz y las sanaciones son superstición posterior»
Muchos protestantes se sienten incómodos con el anillo que guarda un fragmento de la Vera Cruz, el sueño de San Gregorio con reliquias resplandecientes, una vigilia celebrada «como en las fiestas de los mártires» y la sanación mediante la señal de la cruz. Los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, llaman a «la doctrina romana acerca del Purgatorio, las Indulgencias, el Culto y la Adoración, tanto de las imágenes como de las reliquias, y también la invocación de los santos» «una cosa fútil, vanamente inventada» (traducción nuestra).44
Respuesta. Primero, la oración de Santa Macrina al morir se dirige a Cristo y le pide que perdone sus pecados y reciba su alma. Segundo, estas prácticas no son invenciones medievales: aparecen como rasgos ordinarios de la vida devota en un texto escrito hacia 380 por un obispo que asistió al Concilio de Constantinopla en 381, el concilio que completó el Credo niceno.45 Tercero, la Escritura registra a Dios obrando por medio de cosas asociadas con sus siervos: un muerto que revivió cuando «llegó á tocar ... los huesos de Eliseo» (2 Reyes 13:21), y, en el caso de San Pablo, «se llevaban sobre los enfermos los sudarios y los pañuelos de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos» (Hechos 19:12). La distinción entre veneración y adoración expuesta en Nicea II es la respuesta de la Iglesia a la acusación de idolatría; véanse ¿Adoran los cristianos ortodoxos los íconos? (en inglés) y La intercesión de los santos en la Iglesia antigua (en inglés). Un protestante puede seguir en desacuerdo, pero estas prácticas pertenecen a la generación que defendió el Credo.
«Los milagros desacreditan todo el relato»
Respuesta. Los historiadores no descartan las fuentes antiguas porque relaten milagros; distinguen lo que el autor presenció de lo que se le contó, y San Gregorio traza esa línea él mismo. Si Dios sana en respuesta a la oración es una pregunta sobre Dios, no sobre la fiabilidad de San Gregorio (véase ¿Pueden ocurrir realmente los milagros?). Los cristianos creen que «la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho» (Santiago 5:16), pero el argumento histórico a favor de Santa Macrina no depende de los milagros.
Lo que podemos afirmar con confianza
- Santa Macrina fue la hija mayor de San Basilio el Anciano y de Santa Emelia, y hermana de San Basilio el Grande, de San Gregorio de Nisa, de San Naucracio y de San Pedro de Sebaste.
- Vivió como virgen consagrada y dirigió a las mujeres de una comunidad ascética en la propiedad familiar de Annisa, junto al Iris.
- San Gregorio estuvo presente en su muerte y escribió la Vida de Macrina pocos años después.
- Murió en pobreza voluntaria, fue sepultada junto a su madre y fue ampliamente honrada, como también atestigua San Gregorio Nacianceno.
- San Basilio nunca la nombra en sus escritos conservados.
- La Iglesia ortodoxa la conmemora el 19 de julio.
Lo que sigue en debate
- El año de su muerte. Las obras modernas dan 379 o 380. La Vida la sitúa poco después de un sínodo en Antioquía celebrado «el noveno mes o poco más» después de la muerte de San Basilio, y la fecha de la muerte de San Basilio es debatida.
- Su papel en la conversión de San Basilio, que descansa solo en San Gregorio.
- Cuánto de Sobre el alma y la resurrección es suyo.
- Quién fue el pionero de la vida ascética comunitaria en Asia Menor: Elm atribuye a la casa de Santa Macrina el modelo que San Basilio reguló más tarde, mientras que remonta el ascetismo comunitario de la región a Eustacio de Sebaste; los relatos más antiguos dan a San Basilio el papel principal.
- Hasta qué punto está idealizada la Vida, desde un recuerdo familiar fiable hasta una construcción principalmente literaria.
- Los milagros relatados, que el método histórico no puede confirmar ni descartar.
Conclusión
Santa Macrina llega hasta nosotros a través de los ojos de un hermano afligido, y debemos leerlo como él escribió: con amor, con arte y con un propósito. Después de plantear todas las preguntas críticas justas, queda una mujer reconocible. Convirtió una casa rica en un lugar de oración donde la señora y la sierva comían el mismo pan, crió a un hermano huérfano, recogió niñas abandonadas y murió poseyendo un manto, una toca y un par de zapatos gastados.
Para los cristianos ortodoxos es una testigo de la fe que sus hermanos defendieron con palabras. El Credo confiesa que «al tercer día resucitó, según las Escrituras» y termina: «Espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América). La última oración de Santa Macrina dice lo mismo con la voz de una persona: «Has hecho del fin de esta vida el comienzo, para nosotros, de la vida verdadera». San Gregorio escribió para que su vida no pasara «a las sombras del inútil olvido». Dieciséis siglos después la Iglesia sigue guardando su memoria, y aquella esperanza suya se ha cumplido. Para saber más sobre la esperanza en la que murió, véase ¿Por qué creen los cristianos en la resurrección del cuerpo? (en inglés)
Notas
- Gregorio de Nisa, Vida de Macrina, trad. W. K. Lowther Clarke (Londres: SPCK, 1916), PG 46:960C-962A. Todas las citas de la Vida se toman de esta traducción inglesa (el texto español es nuestro) y se citan por los números de columna de Migne (PG 46) impresos en sus márgenes. ↩
- Basilio, Carta 204.6, trad. Blomfield Jackson, NPNF2 vol. 8. Véase también la Carta 223.3: «La enseñanza acerca de Dios que recibí de niño de mi bienaventurada madre y de mi abuela Macrina, la he mantenido siempre con convicción creciente». ↩
- Vida, PG 46:964D-966A (cuatro hijos y cinco hijas), 966C, 968A, 972B-C, 982B (la fama de su padre en los tribunales y en la retórica); Lowther Clarke, introducción, pp. 7-8, sobre la familia y las sedes posteriores de Gregorio y Pedro. ↩
- Vida, PG 46:962A-C. ↩
- Vida, PG 46:962C-964A. ↩
- Vida, PG 46:964B-D. ↩
- Vida, PG 46:966C. ↩
- Lowther Clarke, nota sobre Vida 960C: «filosofía» se usaba en el siglo IV tanto de la religión cristiana en general «como de la ascesis en particular». ↩
- Basilio, Carta 223.2, trad. Blomfield Jackson, NPNF2 vol. 8. ↩
- Vida, PG 46:968A-970B. ↩
- Vida, PG 46:972B-D; ordenación de Pedro por Basilio, 974B-C. ↩
- Vida, PG 46:970C-D. ↩
- Vida, PG 46:972D (hambruna), 976C y 996D (lados de los hombres y de las mujeres), 988B (niñas abandonadas), 988C-990A (Vestiana y Lampadia). ↩
- Claudia Rapp, reseña de Susanna Elm, 'Virgins of God': The Making of Asceticism in Late Antiquity, Bryn Mawr Classical Review 1995.04.07. Rapp recoge la datación de Elm del primer retiro de Basilio en 357/8, «más de una década después del retiro de Macrina y su madre». ↩
- Philip Rousseau, «The Pious Household and the Virgin Chorus: Reflections on Gregory of Nyssa's Life of Macrina», Journal of Early Christian Studies 13, n.º 2 (2005): 165-186, resumen. ↩
- Vida, PG 46:974A-976B; sobre el año de la consagración de Basilio, Lowther Clarke, introducción, p. 9. ↩
- Vida, PG 46:976B-978D (llegada, ausencia de Pedro, conversación), 984B-986B (oración y muerte). ↩
- Vida, PG 46:990A-992C. ↩
- Vida, PG 46:992D-996B. ↩
- Vida, PG 46:960A-B. ↩
- Derek Krueger, «Writing and the Liturgy of Memory in Gregory of Nyssa's Life of Macrina», Journal of Early Christian Studies 8, n.º 4 (2000): 483-510, resumen; base de datos The Cult of Saints in Late Antiquity (Universidad de Oxford), registro E01877, cuyo título describe la Vida como «composed in the early 380s». ↩
- Grégoire de Nysse, Vie de sainte Macrine, ed. y trad. Pierre Maraval, Sources Chrétiennes 178 (París: Cerf, 1971); The Life of Saint Macrina, trad. Kevin Corrigan (Saskatoon: Peregrina, 1987); Anna M. Silvas, Macrina the Younger, Philosopher of God (Turnhout: Brepols, 2008), que reúne y traduce todas las fuentes. ↩
- Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección, trad. William Moore y Henry Austin Wilson, NPNF2 vol. 5 (apertura; definición del alma; definición de la resurrección hacia el final). ↩
- St. Vladimir's Seminary Press, descripción del editor de Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección, trad. Catharine P. Roth, Popular Patristics 12 (Crestwood, NY, 1993); Patricia Wilson-Kastner, «Macrina: Virgin and Teacher», Andrews University Seminary Studies 17, n.º 1 (1979): 105-117, en 110. ↩
- Lowther Clarke, nota sobre Vida 978B. ↩
- Gregorio Nacianceno, epigrama en la Antología griega 8.163, trad. W. R. Paton, Loeb Classical Library, vol. 2 (1917). Los epigramas 8.161-162 se refieren a Emelia. ↩
- Basilio, Cartas 223.3, 210.1 y 30, trad. Blomfield Jackson, NPNF2 vol. 8. ↩
- Ana Cristina Villa Betancourt, «“El conocimiento de Dios que de niño recibí de mi bienaventurada madre y de mi abuela Macrina”: Basilio de Cesarea y las mujeres», Estudios Eclesiásticos 98, n.º 386 (2023): 469-504, sección 2.4 (pp. 482-484). ↩
- Villa Betancourt, pp. 483-484, que resume a Silvas, Macrina the Younger, pp. 55-57; Basilio, Carta 207.2, NPNF2 vol. 8. ↩
- Basilio, Carta 223.3; Villa Betancourt, p. 477 n. 26, quien atribuye el silencio de Gregorio sobre Eustacio a la ruptura doctrinal posterior. ↩
- Iglesia Ortodoxa en América, «Venerable Macrina, sister of Saint Basil the Great», Vidas de los santos, 19 de julio. ↩
- Vida, PG 46:996C-998D. ↩
- Vida, PG 46:998D-1000B. ↩
- Lowther Clarke, introducción, p. 12. ↩
- Wilson-Kastner, «Macrina: Virgin and Teacher», 105. ↩
- Georgia Frank, «Macrina's Scar: Homeric Allusion and Heroic Identity in Gregory of Nyssa's Life of Macrina», Journal of Early Christian Studies 8, n.º 4 (2000): 511-530, resumen. ↩
- Krueger, «Writing and the Liturgy of Memory», resumen. ↩
- OCA, «Venerable Macrina», 19 de julio. ↩
- Segundo Concilio de Nicea (787), Decreto, trad. Henry Percival, NPNF2 vol. 14. ↩
- Sobre el alma y la resurrección, NPNF2 vol. 5 (la discusión del fuego purificador y de la aniquilación final del mal). ↩
- Elizabeth A. Clark, «The Lady Vanishes: Dilemmas of a Feminist Historian after the 'Linguistic Turn'», Church History 67, n.º 1 (1998): 1-31, tal como lo resume Andrea Sterk en su introducción al número virtual de Church History «Asceticism, Monasticism and Gender in Early Christianity» (Cambridge University Press, 2021). ↩
- Morwenna Ludlow, «Macrina—in Life and in Letters», en su Gregory of Nyssa, Ancient and (Post)modern (Oxford: Oxford University Press, 2007), 202-219, resumen. ↩
- Vida, PG 46:960B. ↩
- Iglesia de Inglaterra, Artículos de Religión (1571), Artículo XXII, «Of Purgatory». ↩
- Lowther Clarke, introducción, p. 10: «En 381 estuvo presente en el Concilio de Constantinopla». ↩
Bibliografía
Fuentes primarias
- Basilio de Cesarea. Cartas 30, 204, 207, 210 y 223. Traducción de Blomfield Jackson. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 8. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1895. Edición revisada en newadvent.org.
- Gregorio Nacianceno. Epigramas, en The Greek Anthology, vol. 2, libro 8. Traducción de W. R. Paton. Loeb Classical Library. Londres: William Heinemann; Nueva York: G. P. Putnam's Sons, 1917.
- Gregorio de Nisa. The Life of St. Macrina. Traducción de W. K. Lowther Clarke. Londres: SPCK, 1916. Transcripción de Roger Pearse en tertullian.org.
- Gregorio de Nisa. Sobre el alma y la resurrección. Traducción de William Moore y Henry Austin Wilson. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 5. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1893. Edición revisada en newadvent.org.
- Grégoire de Nysse. Vie de sainte Macrine. Introducción, texto crítico, traducción y notas de Pierre Maraval. Sources Chrétiennes 178. París: Éditions du Cerf, 1971.
- Segundo Concilio de Nicea. Decreto. Traducción de Henry Percival. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 14. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1900. Edición revisada en newadvent.org.
- The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982 (versión citada en el original inglés; esta edición en español cita la Reina-Valera 1909).
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Gregorio de Nisa. Sobre el alma y la resurrección. Traducción de Catharine P. Roth. Popular Patristics Series 12. Crestwood, NY: St. Vladimir's Seminary Press, 1993.
- Gregorio de Nisa. The Life of Saint Macrina. Traducción de Kevin Corrigan. Saskatoon: Peregrina, 1987.
- Iglesia Ortodoxa en América. «Venerable Macrina, sister of Saint Basil the Great». Vidas de los santos, 19 de julio. oca.org. También «Symbol of Faith» (el Credo niceno-constantinopolitano), oca.org.
Otros estudios (incluidos estudiosos que discrepan)
- Elm, Susanna. 'Virgins of God': The Making of Asceticism in Late Antiquity. Oxford Classical Monographs. Oxford: Clarendon Press, 1994. Reseñado por Claudia Rapp, Bryn Mawr Classical Review 1995.04.07.
- Frank, Georgia. «Macrina's Scar: Homeric Allusion and Heroic Identity in Gregory of Nyssa's Life of Macrina». Journal of Early Christian Studies 8, n.º 4 (2000): 511-530. doi:10.1353/earl.2000.0063.
- Krueger, Derek. «Writing and the Liturgy of Memory in Gregory of Nyssa's Life of Macrina». Journal of Early Christian Studies 8, n.º 4 (2000): 483-510. doi:10.1353/earl.2000.0069.
- Rousseau, Philip. «The Pious Household and the Virgin Chorus: Reflections on Gregory of Nyssa's Life of Macrina». Journal of Early Christian Studies 13, n.º 2 (2005): 165-186. doi:10.1353/earl.2005.0027.
- Silvas, Anna M. Macrina the Younger, Philosopher of God. Medieval Women: Texts and Contexts 22. Turnhout: Brepols, 2008. ISBN 978-2-503-52390-3.
- Villa Betancourt, Ana Cristina. «“El conocimiento de Dios que de niño recibí de mi bienaventurada madre y de mi abuela Macrina”: Basilio de Cesarea y las mujeres». Estudios Eclesiásticos 98, n.º 386 (2023): 469-504. doi:10.14422/ee.v98.i386.y2023.002.
- Wilson-Kastner, Patricia. «Macrina: Virgin and Teacher». Andrews University Seminary Studies 17, n.º 1 (1979): 105-117.
Fuentes de las tradiciones tratadas (histórico-feminista y protestante)
- Clark, Elizabeth A. «The Lady Vanishes: Dilemmas of a Feminist Historian after the 'Linguistic Turn'». Church History 67, n.º 1 (1998): 1-31. doi:10.2307/3170769. Leído a través de la introducción de Andrea Sterk al número virtual de Church History «Asceticism, Monasticism and Gender in Early Christianity» (Cambridge University Press, 2021).
- Ludlow, Morwenna. «Macrina—in Life and in Letters». En Gregory of Nyssa, Ancient and (Post)modern, 202-219. Oxford: Oxford University Press, 2007. doi:10.1093/acprof:oso/9780199280766.003.0014.
- Iglesia de Inglaterra. Articles of Religion (los Treinta y Nueve Artículos), 1571. Artículo XXII. churchofengland.org.