Introducción
La Traducción de José Smith de la Biblia, abreviada comúnmente TJS, es una de las ventanas más claras a la comprensión que José Smith tenía de las Escrituras y de la autoridad profética.
El proyecto hizo más que modernizar un lenguaje arcaico. Alteró miles de versículos bíblicos, amplió relatos enteros, introdujo nuevas revelaciones, resolvió supuestas contradicciones e insertó enseñanzas que correspondían de cerca a las creencias en desarrollo del mormonismo primitivo.
Su adición más controvertida aparece cerca del final de Génesis. En la Versión del Rey Santiago (King James Version) y en toda tradición textual reconocida, Génesis termina con la muerte de José en el versículo 26. En la revisión de José Smith, en cambio, el capítulo se amplía a treinta y ocho versículos. El material adicional contiene una profecía detallada sobre un vidente de los últimos días llamado José, que llevaría el nombre de su padre, que daría a conocer nuevas Escrituras y ayudaría a restaurar a Israel.
La actual Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días identifica a esta figura con el propio José Smith.
Esto plantea una pregunta histórica directa. ¿Recuperó José Smith una profecía antigua que había desaparecido de todos los manuscritos bíblicos conocidos, o se colocó a sí mismo dentro del relato bíblico y presentó esa ampliación como revelación restaurada?
La respuesta no puede alcanzarse suponiendo que la revelación es imposible ni que José Smith ya era un profeta. Su afirmación debe examinarse a la luz de la cronología, la evidencia manuscrita, la dependencia literaria y la coherencia teológica.
¿Qué fue la Traducción de José Smith?
José Smith comenzó a revisar la Biblia en el verano de 1830, solo unos meses después de la publicación del Libro de Mormón. Trabajó en el proyecto con varios escribientes, entre ellos Oliver Cowdery, Sidney Rigdon, John Whitmer, Emma Smith y Frederick G. Williams. El trabajo principal continuó hasta julio de 1833.
La historia oficial de la Iglesia SUD reconoce que Smith no tradujo a partir de manuscritos hebreos o griegos. No partió de las lenguas bíblicas, no consultó códices antiguos ni produjo una versión en inglés de un documento antes no traducido. Más bien, leyó de una Biblia inglesa del Rey Santiago y dictó revisiones, ampliaciones y correcciones que creía recibidas por inspiración.
Llamar «traducción» a esta obra exige, por tanto, una definición del término mucho más amplia que la que suelen emplear los eruditos. Se la describe con más exactitud como una revisión por revelación de la Versión del Rey Santiago.
Los cambios van desde pequeños ajustes gramaticales hasta capítulos enteramente nuevos. Según un análisis publicado por BYU Studies, la TJS difiere de la Versión del Rey Santiago en aproximadamente 3,410 versículos. El Libro de Moisés y José Smith—Mateo, que hoy forman parte de la Perla de Gran Precio, se originaron en este proyecto. Otros cambios aparecen en las notas al pie y en un apéndice de la edición SUD, mientras que muchos no están incluidos en absoluto en las obras canónicas de la Iglesia.
Esta distinción es importante. Un pasaje puede tener un significado espiritual como comentario sin ser el texto original de Génesis, de Mateo o de Romanos. Una paráfrasis teológica no es lo mismo que un texto antiguo recuperado.
El problema de los manuscritos
Los cristianos no necesitan fingir que todos los manuscritos bíblicos son idénticos. Existen variantes textuales. Algunas son pequeñas diferencias de ortografía; otras afectan a palabras, frases o pasajes más largos. La Biblia hebrea también circuló en varias formas textuales, como lo demuestran el texto masorético, la Septuaginta, el Pentateuco samaritano, los Rollos del mar Muerto y otros testigos antiguos.
La crítica textual existe precisamente porque los cristianos y los eruditos no han ocultado estas diferencias. Los manuscritos se comparan abiertamente con el fin de determinar la forma más antigua que pueda recuperarse del texto.
Sin embargo, reconocer la variación textual no equivale a aceptar la afirmación de que una doctrina cristiana esencial desapareció de todas las tradiciones manuscritas y tuvo que ser restaurada por un profeta del siglo XIX.
Ningún manuscrito antiguo ni versión antigua de Génesis conocidos contiene la profecía que se encuentra en TJS Génesis 50:24–38. Nada que se le parezca aparece en la tradición textual hebrea, en la Septuaginta, en el Pentateuco samaritano, en la tradición siríaca, en la tradición latina ni en ningún comentario antiguo conocido que conserve una forma alterna de Génesis.
Kevin L. Barney, erudito santo de los últimos días que comparó las lecturas de la TJS con las variantes bíblicas antiguas, concluyó que la mayoría de los cambios de José Smith no tienen paralelos textuales antiguos. Encontró un pequeño número de lugares donde la TJS se parece a una lectura temprana, pero observó que la mayoría de los cambios parecen armonizar contradicciones, aclarar doctrina o parafrasear el difícil lenguaje del Rey Santiago, más que restaurar palabras perdidas de los manuscritos originales.
Esto no refuta lógicamente la posibilidad de la revelación. Siempre se puede afirmar que Dios restauró material para el cual no existe ninguna evidencia sobreviviente. Sí significa, sin embargo, que la TJS no puede presentarse como una recuperación del texto bíblico original demostrada históricamente.
Su autoridad depende casi por completo de aceptar primero la autoridad profética de José Smith.
Génesis 50:33: José Smith entra en el relato bíblico
El ejemplo más revelador es la ampliación que José Smith hizo de Génesis 50.
El capítulo canónico registra las últimas palabras de José, su muerte a los 110 años y el embalsamamiento de su cuerpo en Egipto. José expresa su confianza en que Dios visitará a Israel y devolverá al pueblo a la tierra prometida a Abraham, Isaac y Jacob.
La TJS inserta en este escenario una profecía extensa. Se hace que José de Egipto anuncie a un «vidente escogido» que surgirá entre sus descendientes en los últimos días. Este vidente dará a conocer la palabra de Dios, restaurará a Israel, unirá los escritos de José con los escritos de Judá, confundirá las falsas doctrinas y será combatido por enemigos que al final fracasarán.
La identificación se vuelve inconfundible en TJS Génesis 50:33:
«y su nombre será José, y será igual que el nombre de su padre».
José Smith hijo era hijo de José Smith padre. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
El actual manual de seminario de la Iglesia SUD no trata esta identificación como incierta. Enseña expresamente que José de Egipto profetizó la venida de José Smith y que el pasaje puede fortalecer el testimonio de un alumno de que Smith fue llamado como profeta.
El problema no es simplemente que la profecía describa por casualidad a José Smith. El pasaje se produjo bajo la dirección de José Smith, nombra a un profeta que coincide con José Smith y con su padre, da validez a los escritos que José Smith había producido y promete que quienes busquen destruir al profeta serán confundidos.
No podemos demostrar los motivos privados de José Smith. Históricamente, sin embargo, el resultado es claro: una revisión bíblica creada bajo su autoridad insertó, en el último capítulo de Génesis, una profecía detallada de un hombre que coincide con José Smith.
En ese sentido significativo y observable, José Smith se escribió a sí mismo dentro del relato bíblico.
Primero fue el Libro de Mormón
La cronología hace más grave el problema.
El Libro de Mormón se puso a la venta en marzo de 1830. Su tercer capítulo de 2 Nefi ya contenía una profecía atribuida a José de Egipto acerca de un vidente futuro. Ese vidente daría a conocer Escrituras, restauraría a los descendientes de José, se llamaría José y llevaría el nombre de su padre.
2 Nefi 3:15 dice:
«y su nombre será igual que el mío; y será igual que el nombre de su padre.»
La redacción correspondiente de la TJS es:
«y su nombre será José, y será igual que el nombre de su padre».
El parecido va mucho más allá de esa frase. 2 Nefi 3:6–15 y TJS Génesis 50:26–33 siguen sustancialmente la misma secuencia de ideas y repiten una y otra vez las mismas expresiones características: un «vidente escogido», el «fruto de tus lomos», uno que será «grande como Moisés», la unión de dos registros, la fuerza que surge de la debilidad y el vidente que lleva el nombre de su padre.
La evidencia manuscrita que ha sobrevivido sitúa la ampliación de Génesis 50 en la Revisión 2 del Antiguo Testamento. José Smith retomó esa parte del Antiguo Testamento después de terminar su revisión inicial del Nuevo Testamento en julio de 1832, más de dos años después de la publicación del Libro de Mormón. Todo el proyecto bíblico se declaró terminado en julio de 1833.
El orden es, por tanto:
José Smith produjo el Libro de Mormón, que contenía una profecía sobre un vidente futuro llamado José, como su padre.
Más tarde, José Smith revisó Génesis.
Su revisión insertó sustancialmente la misma profecía en las palabras de José de Egipto.
El pasaje posterior fue entonces tratado como confirmación bíblica de la misión profética de José Smith.
Eso no es corroboración independiente.
Desde una perspectiva creyente SUD, la misma profecía antigua fue revelada dos veces: primero por medio del Libro de Mormón y luego por medio de la TJS. Pero cuando la autoridad profética de José Smith es precisamente lo que se investiga, un texto de José Smith no puede autenticar de forma independiente otro texto de José Smith.
El argumento es circular. La revisión de José Smith confirma el libro de José Smith, mientras que el libro de José Smith confirma la revisión de José Smith.
Génesis 50:33 no ofrece, por tanto, ninguna evidencia histórica externa de que José Smith fuera anunciado en la antigüedad. Funciona como evidencia solo después de haber aceptado ya que José Smith podía revelar Escrituras antiguas perdidas.
¿Restauración o armonización teológica?
Algunos cambios de la TJS son reflexivos y hasta pueden mejorar el sentido aparente de la redacción del Rey Santiago. Eso debe reconocerse.
Por ejemplo, Génesis 6:6 dice en la Versión del Rey Santiago, como en la Reina-Valera 1909, que «arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra». José Smith revisó el pasaje de modo que quien se arrepintió fue Noé y no Dios. El cambio parece diseñado para armonizar Génesis con pasajes como Números 23:19, que dice que Dios no es un hombre para que se arrepienta.
La dificultad es que el texto hebreo de Génesis no dice que Noé se arrepintiera. Dice que el Señor se lamentó o se afligió por la maldad de la humanidad. La revisión de José Smith puede eliminar una dificultad teológica percibida, pero lo hace cambiando el sujeto de la oración en lugar de recuperar la redacción hebrea.
Barney sostiene, por tanto, que tales pasajes se entienden mejor como interpretación o armonización teológica que como restauraciones de un texto original.
Esta distinción permite un juicio equilibrado. Algunos cambios de la TJS pueden ser comentarios perspicaces. Unos pocos pueden parecerse, por coincidencia o con acierto, a lecturas preferidas por los críticos textuales modernos. Mateo 5:22, por ejemplo, suprime la expresión «sin causa» (en la Reina-Valera 1909, «locamente»), una expresión ausente de varios testigos tempranos importantes.
Pero el acuerdo ocasional con una variante antigua no autentica las ampliaciones mucho mayores para las que no existe ninguna evidencia textual.
Un comentario útil no es necesariamente un manuscrito antiguo. Una buena paráfrasis no es automáticamente la redacción original de un apóstol o de un profeta.
El Comentario de Adam Clarke
La erudición moderna ha planteado otro problema para una teoría simple de la restauración.
Thomas Wayment y Haley Wilson-Lemmon han sostenido que partes de la TJS, en particular en el Nuevo Testamento, muestran cientos de posibles conexiones con el comentario bíblico de Adam Clarke, un destacado erudito metodista cuya obra estaba disponible en tiempos de José Smith. Afirman que las similitudes son demasiado numerosas y específicas para explicarlas por completo como coincidencia.
Su propuesta no afirma que todo cambio de la TJS procediera de Clarke. No encontraron una influencia comparable de Clarke en el material más temprano de Génesis y sugieren que el comentario se volvió influyente más adelante en el proceso de revisión, especialmente durante el trabajo en el Nuevo Testamento.
Kent P. Jackson, otro erudito santo de los últimos días, disputa sus conclusiones. Sostiene que muchos de los paralelos propuestos son vagos, que los mismos cambios podrían haber surgido de manera independiente y que la evidencia no establece una dependencia directa de Clarke.
La extensión exacta de la conexión sigue, por tanto, en debate. No debe describirse a la ligera como un plagio comprobado. Sin embargo, la evidencia ha sido lo bastante sólida como para generar una discusión académica seria dentro de los propios estudios de los santos de los últimos días.
Como mínimo, este debate dificulta tratar cada alteración de la TJS como la restauración directa, por revelación, de una redacción antigua. Algunos cambios pueden reflejar un contacto con la interpretación bíblica del siglo XIX, ya sea directamente por medio de Clarke o a través del ambiente religioso más amplio en que trabajaba José Smith.
Una teología en desarrollo, no recuperada
La TJS también refleja las inquietudes teológicas cambiantes de José Smith.
A comienzos de la década de 1830, Smith alteró varios pasajes difíciles para aclarar el lenguaje monoteísta o eliminar aparentes referencias a una pluralidad de dioses. Sin embargo, en los últimos meses de su vida enseñaba abiertamente una pluralidad de dioses y apelaba a la Biblia en apoyo de esa doctrina.
Kevin Barney señala que la enseñanza de Smith en 1844 invirtió de hecho la dirección interpretativa de algunas enmiendas anteriores de la TJS, entre ellas cambios que afectan a Apocalipsis 1:6, Éxodo 22:28 y Colosenses 2:2.
Esto no prueba que cada pasaje de la TJS fuera inventado conscientemente. Sí sugiere que el proyecto seguía a menudo la teología en desarrollo de José Smith en lugar de conservar un texto antiguo estable.
Los manuscritos de revisión que han sobrevivido muestran además que los pasajes que se superponen podían traducirse más de una vez, con ideas similares expresadas con palabras distintas y a veces colocadas en lugares diferentes. Hasta Robert J. Matthews, uno de los más importantes eruditos SUD de la TJS, concluyó que la redacción exacta generalmente no fue dictada palabra por palabra, sino formulada y revisada más tarde por José Smith.
Una vez más, tal proceso puede describirse como comentario inspirado para quien ya acepta el llamamiento de José Smith. Es mucho más difícil describirlo como la recuperación de las palabras precisas escritas por los autores bíblicos.
¿Por qué la Iglesia SUD sigue prefiriendo la Versión del Rey Santiago?
La Iglesia SUD nunca ha reemplazado su Biblia en inglés por la TJS completa.
Históricamente hubo razones comprensibles. Tras la muerte de José Smith, su viuda Emma conservó los manuscritos. Más tarde pasaron a su hijo José Smith III y a la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, hoy conocida como Comunidad de Cristo. Esa iglesia publicó la revisión en 1867 como la Versión Inspirada.
Durante muchos años, los líderes SUD de Utah dudaron de que esa edición representara con exactitud los manuscritos de José Smith. Una comparación posterior mostró que era en gran parte fiable. Pasajes seleccionados de la TJS se incorporaron a la edición SUD de la Biblia del Rey Santiago en 1979, mientras que el Libro de Moisés y José Smith—Mateo ya habían entrado en la Perla de Gran Precio.
La Iglesia SUD adquirió de la Comunidad de Cristo los manuscritos originales de la revisión de la Biblia en 2024. La custodia histórica de los manuscritos explica, por tanto, buena parte de la demora inicial, pero ya no explica la negativa que persiste a adoptar la TJS completa como la Biblia de la Iglesia.
A 2026, la Iglesia sigue identificando su propia Versión del Rey Santiago como su Biblia preferida en inglés, aunque una orientación reciente permite a los miembros consultar y utilizar otras traducciones. La TJS completa sigue fuera de las obras canónicas, salvo las partes canonizadas en la Perla de Gran Precio. Otros extractos aparecen en notas al pie y ayudas de estudio sin que la revisión entera haya sido canonizada formalmente.
Esta ambigüedad no prueba, por sí sola, que la TJS sea falsa. Sí revela una cuestión de autoridad sin resolver.
Si la TJS completa restaura palabras esenciales eliminadas de las Escrituras, ¿por qué no se tratan todos sus cambios como Escritura vinculante? ¿Por qué algunas revisiones se canonizan, otras se colocan en notas al pie y otras se omiten? ¿Quién determinó cuáles de los cambios de José Smith poseen autoridad escritural?
Los propios eruditos santos de los últimos días siguen discrepando sobre si todo el proyecto es canónico, parcialmente canónico, inspirado pero opcional o principalmente una ayuda interpretativa.
La defensa más sólida de los santos de los últimos días
Una evaluación justa debe presentar la respuesta SUD más sólida.
Un santo de los últimos días puede argumentar que José Smith usó «traducción» en un sentido revelatorio y no lingüístico. Dios no estaba simplemente corrigiendo manuscritos dañados, sino revelando acontecimientos, doctrinas y palabras proféticas que quizá nunca existieron en la tradición textual que ha sobrevivido. Según este punto de vista, la ausencia de respaldo manuscrito no sorprende.
Génesis 50 podría ser, por tanto, una profecía auténtica revelada de manera independiente en el Libro de Mormón y en la TJS. Las similitudes entre los dos relatos reflejarían una fuente antigua común y no una dependencia literaria. Otros cambios de la TJS podrían ser comentarios inspirados destinados a aclarar la doctrina y no a reconstruir la redacción hebrea o griega.
Esta posición no puede refutarse solo mostrando que el material está ausente de los manuscritos existentes. La revelación divina no se limita a lo que los arqueólogos han recuperado.
Sin embargo, esta defensa tiene un costo considerable.
Primero, abandona en gran medida la afirmación de que la TJS restaura el texto original de la Biblia en algún sentido históricamente verificable. El proyecto se convierte en nueva revelación colocada dentro de un relato bíblico existente.
Segundo, hace de la autoridad de José Smith la premisa necesaria y no la conclusión. Hay que aceptarlo como profeta antes de aceptar Génesis 50 como profecía antigua. El pasaje no puede usarse entonces como evidencia independiente de que era un profeta.
Tercero, la explicación del comentario inspirado no da cuenta plenamente de la manera en que se usa Génesis 50. La Iglesia SUD no lo presenta simplemente como una reflexión de José Smith, en el siglo XIX, sobre Génesis. Enseña que José de Egipto predijo realmente la misión de José Smith.
Eso es una afirmación histórica. A las afirmaciones históricas es legítimo pedirles evidencia histórica.
¿Qué respalda la evidencia?
La evidencia disponible respalda varias conclusiones.
José Smith no tradujo la Biblia a partir de lenguas o manuscritos antiguos. Revisó una Biblia inglesa del Rey Santiago por medio de lo que él consideraba revelación.
Algunos cambios pueden funcionar como paráfrasis reflexiva, comentario doctrinal o intentos de resolver pasajes difíciles.
Un pequeño número de lecturas de la TJS se parecen a variantes textuales antiguas, pero la mayoría no. Las grandes ampliaciones carecen de respaldo en los manuscritos bíblicos conocidos.
La TJS contiene además evidencia de influencia interpretativa del siglo XIX y de las inquietudes teológicas cambiantes de José Smith.
Lo más significativo es que TJS Génesis 50:33 no es un testigo antiguo independiente de José Smith. Su redacción apareció después de que el Libro de Mormón ya contuviera sustancialmente la misma profecía, y ambos textos llegaron al mundo por medio de José Smith.
La evidencia histórica no justifica, por tanto, llamar a Génesis 50:24–38 una porción recuperada del libro original de Génesis. Según los criterios históricos ordinarios, se entiende mejor como una ampliación de Génesis hecha por los santos de los últimos días y destinada a situar a José Smith y al Libro de Mormón dentro de la historia sagrada.
Una persona puede aceptar esa ampliación como revelación moderna. Pero eso es una confesión de fe en José Smith, no una conclusión establecida por los manuscritos bíblicos.
Significado teológico
La cuestión cristiana es mayor que la fiabilidad de una revisión de la Biblia del siglo XIX. Se refiere a la preservación de la fe apostólica y a la autoridad para hablar en nombre de la Escritura.
El cristianismo histórico no afirma que los copistas nunca cometieran errores ni que la Versión del Rey Santiago sea perfecta. La Iglesia siempre ha comparado manuscritos, corregido traducciones y luchado con cuidado con los pasajes difíciles.
Pero corregir no es lo mismo que reescribir proféticamente.
Los apóstoles instruyeron a los cristianos a guardar el depósito de la fe confiado a la Iglesia: «Retén la forma de las sanas palabras» y «Guarda el buen depósito» por el Espíritu Santo (2 Timoteo 1:13–14). San Judas habla de «la fe que ha sido una vez dada á los santos» (Judas 3). San Pablo manda a los creyentes que se mantengan en las tradiciones apostólicas que habían recibido, ya fuera de palabra o por carta (2 Tesalonicenses 2:15).
A la Iglesia apostólica no se le dijo que el Evangelio desaparecería y que un profeta tendría que reconstruirlo dieciocho siglos después.
Desde la perspectiva cristiana ortodoxa, la Escritura nunca fue un volumen aislado, separado del culto, la doctrina y la memoria de la Iglesia. Los escritos bíblicos fueron copiados, proclamados, interpretados y conservados dentro de la comunión que había recibido el testimonio apostólico. La misma Iglesia confesó a Cristo en el bautismo, la Eucaristía, el martirio, la predicación, los concilios y los credos.
Para que el Evangelio se hubiera perdido de la manera que exige la restauración mormona, la corrupción habría tenido que alcanzar no solo los manuscritos bíblicos, sino también el culto de la Iglesia, su predicación, su vida sacramental, su memoria teológica y su confesión pública en muchas lenguas y regiones.
El registro histórico no respalda una desaparición tan completa.
Veredicto final
La TJS se explica mejor como una revisión y ampliación teológica de José Smith en el siglo XIX, no como una recuperación demostrada de la redacción bíblica antigua. Su falta de respaldo manuscrito, su profecía autorreferencial, su teología en desarrollo y el posible uso de Adam Clarke siguen siendo obstáculos serios para la afirmación de restauración.
Los cristianos no necesitan temer el estudio honesto del texto bíblico. Las Escrituras han pasado por las manos de copistas, traductores, pastores y eruditos humanos, y sin embargo, por la divina providencia, el testimonio apostólico ha perdurado.
Nuestra confianza no depende de fingir que todos los manuscritos son idénticos. Tampoco depende de defender una traducción inglesa como impecable. Descansa en la notable continuidad del testimonio bíblico y en la fidelidad de Dios, que no abandonó a Su Iglesia ni dejó al mundo sin el Evangelio de Su Hijo.
El problema más hondo de TJS Génesis 50 no es solo que José Smith se colocara dentro de una narración antigua. Es que el pasaje dirige la atención hacia la autoridad del hombre que produce la revisión.
El verdadero centro de la Escritura no es un vidente de los últimos días. Es Jesucristo.
La Ley y los Profetas dan testimonio de Él. Los apóstoles proclamaron Su encarnación, crucifixión, resurrección y reino eterno. La Iglesia conservó las Escrituras porque había encontrado en ellas la voz del Pastor y el testimonio apostólico acerca de Su obra salvadora.
Cristo no necesita ser reescrito dentro del sistema de un profeta del siglo XIX. Él es ya el cumplimiento hacia el cual apunta toda la herencia escritural.
La respuesta adecuada a la Escritura no es, por tanto, la sospecha de que el Evangelio desapareció, sino la gratitud de que Dios ha conservado el testimonio de Cristo: suficiente para llamar a los pecadores al arrepentimiento, sostener a la Iglesia en la fidelidad y conducir a Su pueblo a la esperanza de la resurrección.
Fuentes
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