Toda traducción interpreta
No existe una traducción de la Biblia hecha sin interpretación.
El griego y el hebreo no se corresponden palabra por palabra con el español. Los traductores deben decidir cómo representar la gramática, los modismos, la ambigüedad, el orden de las palabras, los sujetos sobrentendidos, el tiempo verbal y el contexto. A veces dos excelentes traductores toman decisiones distintas sin que ninguno de los dos sea deshonesto.
Eso importa al hablar de la Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová.
Los críticos a veces hablan como si cada página estuviera deliberadamente corrompida. Eso es injusto. Gran parte de la traducción es perfectamente ordinaria, y el biblista Jason David BeDuhn ha argumentado, con gran repercusión, que la Traducción del Nuevo Mundo se desempeña mejor de lo que muchos críticos suponen en varios pasajes disputados del Nuevo Testamento. Los propios Testigos de Jehová recurren a su obra para defender la traducción.
Por tanto, una crítica seria no debería empezar llamando fraudulenta a la traducción.
Debería examinar textos concretos.
Y en varios lugares, los compromisos teológicos de la traducción se vuelven difíciles de separar de la redacción en español que se pone ante el lector.
Juan 1:1: La Palabra era un dios
El ejemplo más famoso es Juan 1:1. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
La cláusula final en griego es:
θεὸς ἦν ὁ λόγος
«theos ēn ho logos»
La mayoría de las traducciones al español la vierten así:
«El Verbo era Dios.»
La Traducción del Nuevo Mundo dice:
«La Palabra era un dios.»
Los Testigos de Jehová suelen señalar que theos («Dios» o «dios») no lleva artículo definido en griego en esta cláusula.
Esa observación es correcta.
La conclusión de que, por eso, debe insertarse un artículo indefinido en español no lo es.
El griego koiné no usa su artículo definido del mismo modo en que el español usa «el», y el griego no tiene un equivalente directo del artículo indefinido «un». Un sustantivo anarto, es decir, sin artículo definido, puede ser indefinido, definido o cualitativo según la sintaxis y el contexto.
El influyente estudio de Philip Harner sobre los sustantivos predicativos como el de Juan 1:1 sostuvo que la construcción es predominantemente cualitativa: San Juan está subrayando la naturaleza que posee el Verbo. La cláusula distingue al Verbo del Padre en la frase anterior, a la vez que atribuye al Verbo la naturaleza descrita por theos.
Por eso la gramática no puede reducirse sin más a:
«Sin artículo en griego = poner “un” en español».
Al mismo tiempo, la equidad exige reconocer que Juan 1:1 no es el pasaje más sólido desde el cual acusar a la Traducción del Nuevo Mundo de incompetencia gramatical evidente. BeDuhn ha defendido su versión y sostiene que las traducciones tradicionales pueden, ellas mismas, oscurecer la distinción que hace San Juan entre el Verbo y «el Dios» con quien estaba.
La conclusión mejor es más estrecha.
«Un dios» no lo exige la gramática griega. Es una traducción interpretativa de una construcción que muchos gramáticos entienden principalmente como cualitativa.
Eso convierte Juan 1:1 en un debate teológico importante.
Por sí solo, no prueba una mala traducción deliberada.
Colosenses 1: ¿de dónde salió «demás»?
Colosenses 1:16–17 ofrece un caso más claro.
San Pablo escribe acerca de Cristo que:
«por él fueron criadas todas las cosas»
y continúa que:
«todo fué criado por él y para él.»
El griego usa repetidamente formas de τὰ πάντα: «todas las cosas».
En cambio, la Traducción del Nuevo Mundo dice repetidamente:
«todo lo demás»
de modo que Cristo pasa a ser aquel por medio de quien Dios creó todas las cosas distintas del propio Cristo.
Esto encaja perfectamente con la teología de los Testigos de Jehová: Jesús es entendido como la primera creación de Dios, tras la cual Dios crea todo lo demás por medio de él.
El dato textual importante es que en estas cláusulas no hay ninguna palabra griega aparte que corresponda a «demás».
Incluso el material de estudio de la Traducción del Nuevo Mundo reconoce la redacción literal «todas las cosas», aunque defiende «demás» como algo implícito por el contexto.
Ahora bien, los traductores a veces añaden legítimamente palabras en español que no están representadas por una palabra griega concreta. Eso, por sí solo, no es una falta. La palabra griega pas («todo», «cada») puede significar en algunos contextos «todos los demás» cuando el contexto excluye con claridad a alguien del grupo del que se habla.
La cuestión es si el propio Colosenses 1 ofrece esa exclusión, o si esta se aporta desde una teología previa.
Ese es precisamente el punto en disputa.
El argumento de San Pablo subraya la supremacía de Cristo al decir que todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, incluidos tronos, dominios, principados y potestades, fueron creadas en él, por medio de él y para él.
La Traducción del Nuevo Mundo resuelve la cuestión cristológica por el lector al añadir «demás» a lo largo del párrafo.
Eso no es una reproducción neutral de una palabra griega explícita.
Es una conclusión exegética incrustada directamente en la traducción.
Los 237 usos de «Jehová» en el Nuevo Testamento
Una cuestión aún más trascendente es la del nombre divino.
La Traducción del Nuevo Mundo usa «Jehová» 237 veces en las Escrituras Griegas Cristianas, o Nuevo Testamento. Sus propios apéndices explican y defienden abiertamente esta política.
El problema textual es sencillo:
Ningún manuscrito griego del Nuevo Testamento conocido hasta hoy contiene el Tetragrámaton hebreo, YHWH, en esos 237 lugares.
La tradición manuscrita griega lee, en cambio, términos como Kyrios («Señor») y Theos («Dios»).
Los traductores de los Testigos de Jehová lo saben. Su argumento es reconstructivo: sostienen que los autores del Nuevo Testamento habrían conservado originalmente el nombre divino, en particular al citar pasajes de la Biblia hebrea que contienen YHWH, y que copistas posteriores lo sustituyeron. Por eso la Traducción del Nuevo Mundo afirma restituir el nombre en los lugares donde los traductores creen que originalmente figuraba.
Detrás de la propuesta hay cierto trasfondo histórico. Algunos manuscritos griegos precristianos y antiguos del Antiguo Testamento conservaron, en efecto, formas del nombre divino en lugar de sustituirlo en todas partes por Kyrios. El estudioso George Howard propuso, con gran repercusión, que los escritores del Nuevo Testamento pudieron haber mantenido originalmente el Tetragrámaton dentro de las citas del Antiguo Testamento.
Pero eso sigue siendo una hipótesis.
No poseemos ningún manuscrito griego del Nuevo Testamento que demuestre las lecturas originales propuestas.
Para la crítica textual, esa distinción es enorme.
Un traductor puede creer que todo manuscrito conservado refleja una alteración temprana. Pero una vez que una traducción imprime la redacción reconstruida directamente en el texto bíblico, los lectores deben entender que ya no se les muestra lo que realmente dicen los manuscritos griegos conservados del Nuevo Testamento.
Se les muestra una teoría sobre lo que una forma anterior y no atestiguada del texto podría haber dicho.
Y la Traducción del Nuevo Mundo va más allá de las citas directas del Antiguo Testamento, y restituye «Jehová» en otros pasajes por motivos contextuales.
Eso es considerablemente más que traducir.
Es reconstrucción textual.
Por qué puede afectar a la cristología
La cuestión adquiere especial importancia porque los autores del Nuevo Testamento usan repetidamente textos del Antiguo Testamento sobre el «Señor» en pasajes que se refieren a Jesús.
La cristología cristiana primitiva opera a menudo precisamente mediante este patrón de las Escrituras: el lenguaje que pertenece al Dios de Israel se pone en relación con el Cristo resucitado.
Si un traductor decide de antemano que Kyrios debe convertirse en «Jehová» en un lugar pero seguir siendo «Señor» en otro, la traducción puede determinar para el lector en español si un pasaje parece referirse al Padre o a Jesús.
Eso no significa que cada uso de «Jehová» en la Traducción del Nuevo Mundo haya sido elegido con cinismo.
Significa que lo que está en juego teológicamente en la reconstrucción es enorme.
Cuando no existe ningún manuscrito griego conservado que contenga la lectura propuesta, al menos debería decirse con claridad a los lectores que están ante una restitución conjetural y no ante el texto griego transmitido.
¿Y Juan 8:58?
Otro ejemplo citado con frecuencia merece más cautela.
Jesús dice en Juan 8:58:
«Antes que Abraham fuese, yo soy.»
El griego termina con ἐγώ εἰμι — egō eimi, que emplea literalmente la forma de presente «yo soy».
La Traducción del Nuevo Mundo traduce la afirmación así:
«Antes de que Abrahán naciera, yo ya existía» (así la edición en español; la edición en inglés dice «I have been», «yo he sido»)
Los críticos suelen presentar esto como una traducción obviamente imposible, ideada únicamente para separar el versículo del lenguaje divino del «YO SOY» asociado con Éxodo.
Esa crítica es más fuerte de lo que permite la evidencia lingüística.
Los traductores de los Testigos de Jehová argumentan que el presente griego puede describir una condición que comienza en el pasado y continúa hasta el presente, lo que hace posible en contexto una traducción en pasado como la inglesa «I have been» o la española «yo ya existía». Su material de estudio explica la traducción precisamente por esos motivos.
Aún se puede argumentar que «yo soy» conserva mejor la llamativa expresión griega de San Juan y su posible resonancia teológica.
Pero Juan 8:58 no es el ejemplo más limpio de una traducción indefendible.
No hay razón para apoyarse en un argumento más débil cuando hay otros más fuertes disponibles.
¿Es «corrupta» la Traducción del Nuevo Mundo?
Esa palabra suele generar más calor que claridad.
La evidencia respalda una conclusión más precisa.
La Traducción del Nuevo Mundo no es un disparate, y no es inexacta en todos los pasajes. Algunas de sus versiones poco convencionales merecen una genuina discusión académica.
Sin embargo, en varios pasajes centrales para la teología de los Testigos de Jehová, la traducción hace algo más que reproducir la forma más directa del texto griego conservado.
En Juan 1:1 elige el teológicamente trascendente «un dios» donde la construcción griega no exige un sentido indefinido.
En Colosenses 1:16–20 añade repetidamente «demás», una palabra que no está presente por separado en el griego, con lo cual sitúa a Cristo dentro de la categoría de las cosas creadas.
A lo largo del Nuevo Testamento imprime «Jehová» 237 veces sobre la base de una reconstrucción propuesta que no está atestiguada en la tradición manuscrita griega conservada del Nuevo Testamento.
El patrón merece atención.
Esto no establece un fraude.
Sí demuestra una teología que opera dentro de la traducción.
Y esa distinción es especialmente importante cuando los Testigos de Jehová animan a los cristianos a abandonar una supuesta tradición religiosa corrupta y a aceptar simplemente «lo que dice la Biblia».
Toda traducción de la Biblia contiene interpretación.
La Traducción del Nuevo Mundo también.
La pregunta es si el lector sabe dónde termina el texto griego y dónde empieza la interpretación de la Watch Tower.
¿Cómo deben responder los cristianos?
La respuesta no es decir a los Testigos de Jehová que dejen de leer su Biblia.
Anímalos a leer más.
Compara la Traducción del Nuevo Mundo con varias traducciones que representen distintos trasfondos teológicos. Consulta una interlineal. Examina el griego donde el desacuerdo sea significativo. Mira el aparato textual. Pregunta por qué aparecen palabras añadidas. Pregunta qué dice realmente la evidencia manuscrita.
La verdad no tiene nada que temer de la comparación.
Si una interpretación es correcta, permitir que los lectores vean la evidencia de fondo la fortalecerá.
Reflexión
La Escritura no se nos dio como munición para ganar disputas de traducción.
Se nos dio para que oigamos el testimonio apostólico acerca de Cristo.
Por eso los cristianos deben acercarse al texto con reverencia y no con ansiedad. No necesitamos manipular una palabra para proteger a Jesús del escrutinio. Si él es quien los apóstoles proclaman que es, el estudio cuidadoso no lo disminuirá.
El comienzo del Evangelio de San Juan nos invita a algo mayor que una contienda gramatical:
Antes de Abraham, antes de Moisés, antes de Belén, antes de los montes y los mares, el Verbo ya era.
Por medio de él vino a la existencia la creación.
Y este Verbo «fué hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14).
Por tanto, el fin propio del estudio bíblico no es solamente ganar una discusión sobre theos, Kyrios o panta.
Es contemplar a Aquel de quien habla la Escritura y, con Santo Tomás ante el Cristo resucitado, confesar:
«¡Señor mío, y Dios mío!»
—Juan 20:28
Fuentes
Fuentes textuales primarias
- Novum Testamentum Graece, 28.ª ed. (Nestle-Aland), para el texto griego del Nuevo Testamento.
- New World Translation of the Holy Scriptures (edición en inglés), revisión de 2013, Watch Tower Bible and Tract Society.
- Material de estudio de la Traducción del Nuevo Mundo sobre Juan 1:1.
- Material de estudio de la Traducción del Nuevo Mundo sobre Colosenses 1:16–20.
- Traducción del Nuevo Mundo, Apéndice A5, que explica el uso de «Jehová» en las Escrituras Griegas Cristianas.
- Traducción del Nuevo Mundo, Apéndice C3, que documenta otras restituciones del nombre divino.
- Nota de estudio de la Traducción del Nuevo Mundo sobre Juan 8:58.
Obras académicas
- Philip B. Harner, “Qualitative Anarthrous Predicate Nouns: Mark 15:39 and John 1:1,” Journal of Biblical Literature 92, no. 1 (1973): 75–87.
- Jason David BeDuhn, Truth in Translation: Accuracy and Bias in English Translations of the New Testament (University Press of America, 2003).
- Murray J. Harris, Jesus as God: The New Testament Use of Theos in Reference to Jesus (Baker, 1992).
- Bruce M. Metzger y Bart D. Ehrman, The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption, and Restoration, 4.ª ed. (Oxford University Press, 2005).