Lo que muestran los textos. Emanuel Tov calcula que el hebreo masorético de Jeremías es cerca de un 20 por ciento más largo que la Septuaginta; Joseph Blenkinsopp calcula que el griego es aproximadamente una octava parte más breve; las cifras varían según el método de conteo. El orden también cambia. En las Biblias traducidas del hebreo, las profecías contra las naciones están cerca del final, en los capítulos 46–51. En el griego siguen a 25:13 y comienzan con Elam. La Septuaginta de Brenton lo muestra con claridad: su 25:14 lleva como título las profecías de Jeremías contra las naciones, empezando por Elam.
Dos ejemplos que se pueden comprobar. En el capítulo 10, el griego no tiene los versículos de alabanza que el hebreo trae en 10:6–8 y 10:10 («No hay semejante á ti, oh Jehová», según la Reina-Valera 1909), y coloca la línea sobre la plata de Tarsis (hebreo 10:9) dentro de su versículo 5. En el capítulo 33, el griego no tiene nada que corresponda al hebreo 33:14–26, la promesa de un Renuevo justo para David y de una línea ininterrumpida de sacerdotes levitas. La misma promesa de un Renuevo justo sí está en ambos textos en 23:5. Estas diferencias no están en duda (Muy sólida).
Lo que añaden los rollos. Entre los Rollos del Mar Muerto, 4QJer-b y 4QJer-d son, en algunos lugares, más breves que el texto masorético del mismo modo que la Septuaginta; en el capítulo 10, 4QJer-b además ordena los versículos como el griego. Otros rollos de Jeremías coinciden con la forma masorética, más larga. Así que el traductor griego no estaba simplemente recortando el libro; traducía un texto hebreo del tipo breve (Sólida). Los estudiosos siguen discutiendo cuánto prueban estos fragmentos la idea de «dos ediciones» y cuál fue primero (Debatida), aunque muchos piensan que la forma breve es la más antigua.
Una observación antigua. Esto se notó hace mucho. Escribiendo a Julio Africano en el siglo III, Orígenes comentó que en Jeremías encontraba mucha transposición y variación entre el griego de la Iglesia y las copias hebreas.
Lo que lee la Iglesia ortodoxa. La Iglesia ortodoxa lee Jeremías según la Septuaginta, junto con Baruc y la Carta de Jeremías, que en la Biblia griega están, junto con Lamentaciones, entre Jeremías y Ezequiel. Las traducciones hechas a partir del hebreo, protestantes y católicas, siguen la extensión y el orden masoréticos; las Biblias católicas incluyen además Baruc, con la Carta de Jeremías como su capítulo sexto.
Lo que cambia y lo que no. Las dos formas de Jeremías muestran cómo las palabras de un profeta fueron reunidas y transmitidas por comunidades fieles. El texto griego, más breve, no pierde nada esencial del mensaje de juicio y esperanza de Jeremías, y la promesa mesiánica del Renuevo se conserva en ambos. La Iglesia recibió Jeremías en la forma que conocieron los apóstoles, sin afirmar que el hebreo más largo sea una falsificación.