Día 14 Los libros sapienciales en un mes
Read in EnglishProverbios 29–31; Eclesiastés 1–3
Proverbios 29–31 RV1909
Proverbios 29
1 EL hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado; ni habrá [para él] medicina. 2 Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra: mas cuando domina el impío, el pueblo gime. 3 El hombre que ama la sabiduría, alegra á su padre: mas el que mantiene rameras, perderá la hacienda. 4 El rey con el juicio afirma la tierra: mas el hombre de presentes la destruirá. 5 El hombre que lisonjea á su prójimo, red tiende delante de sus pasos. 6 En la prevaricación del hombre malo hay lazo: mas el justo cantará y se alegrará. 7 Conoce el justo la causa de los pobres: [mas] el impío no entiende sabiduría. 8 Los hombres escarnecedores enlazan la ciudad: mas los sabios apartan la ira. 9 Si el hombre sabio contendiere con el necio, que se enoje ó que se ría, no tendrá reposo. 10 Los hombres sanguinarios aborrecen al perfecto: mas los rectos buscan su contentamiento. 11 El necio da suelta á todo su espíritu; mas el sabio al fin le sosiega. 12 Del señor que escucha la palabra mentirosa, todos sus ministros son impíos. 13 El pobre y el usurero se encontraron: Jehová alumbra los ojos de ambos. 14 El rey que juzga con verdad á los pobres, su trono será firme para siempre. 15 La vara y la corrección dan sabiduría: mas el muchacho consentido avergonzará á su madre. 16 Cuando los impíos son muchos, mucha es la prevaricación; mas los justos verán la ruina de ellos. 17 Corrige á tu hijo, y te dará descanso, y dará deleite á tu alma. 18 Sin profecía el pueblo será disipado: mas el que guarda la ley, bienaventurado él. 19 El siervo no se corregirá con palabras: porque entiende, mas no corresponde. 20 ¿Has visto hombre ligero en sus palabras? más esperanza hay del necio que de él. 21 El que regala á su siervo desde su niñez, á la postre será su hijo. 22 El hombre iracundo levanta contiendas; y el furioso muchas veces peca. 23 La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra. 24 El aparcero del ladrón aborrece su vida; oirá maldiciones, y no [lo] denunciará. 25 El temor del hombre pondrá lazo: mas el que confía en Jehová será levantado. 26 Muchos buscan el favor del príncipe: mas de Jehová [viene] el juicio de cada uno. 27 Abominación es á los justos el hombre inicuo; y abominación es al impío el de rectos caminos.
Proverbios 30
1 PALABRAS de Agur, hijo de Jachê: La profecía que dijo el varón á Ithiel, á Ithiel y á Ucal. 2 Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre. 3 Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco la ciencia del Santo. 4 ¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿quién encerró los vientos en sus puños? ¿quién ató las aguas en un paño? ¿quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes? 5 Toda palabra de Dios [es] limpia; es escudo á los que en él esperan. 6 No añadas á sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso. 7 Dos cosas te he demandado; no me [las] niegues antes que muera. 8 Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan que he menester; 9 No sea que me harte, y [te] niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? ó no sea que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios. 10 No acuses al siervo ante su señor, porque no te maldiga, y peques. 11 Hay generación que maldice á su padre, y á su madre no bendice. 12 Hay generación limpia en su opinión, si bien no se ha limpiado su inmundicia. 13 Hay generación cuyos ojos son altivos, y cuyos párpados son alzados. 14 Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar á los pobres de la tierra, y de entre los hombres á los menesterosos. 15 La sanguijuela tiene dos hijas [que se llaman], Trae, trae. Tres cosas hay que nunca se hartan; [aun] la cuarta nunca dice, Basta: 16 El sepulcro, y la matriz estéril, la tierra no harta de aguas, y el fuego que jamás dice, Basta. 17 El ojo que escarnece á su padre, y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos lo saquen de la arroyada, y tráguenlo los hijos del águila. 18 Tres cosas me son ocultas; aun tampoco sé la cuarta: 19 El rastro del águila en el aire; el rastro de la culebra sobre la peña; el rastro de la nave en medio de la mar; y el rastro del hombre en la moza. 20 Tal es el rastro de la mujer adúltera: come, y limpia su boca, y dice: No he hecho maldad. 21 Por tres cosas se alborota la tierra, y la cuarta no puede sufrir: 22 Por el siervo cuando reinare; y por el necio cuando se hartare de pan; 23 Por la aborrecida cuando se casare; y por la sierva cuando heredare á su señora. 24 Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: 25 Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida; 26 Los conejos, pueblo nada esforzado, y ponen su casa en la piedra; 27 Las langostas, no tienen rey, y salen todas acuadrilladas; 28 La araña, ase con las manos, y está en palacios de rey. 29 Tres cosas hay de hermoso andar, y la cuarta pasea muy bien: 30 El león, fuerte entre todos los animales, que no torna atrás por nadie; 31 El [lebrel] ceñido de lomos; asimismo el macho cabrío; y un rey contra el cual ninguno se levanta. 32 Si caiste, [fué] porque te enalteciste; y si mal pensaste, [pon] el dedo sobre la boca. 33 Ciertamente el que exprime la leche, sacará manteca; y el que recio se suena las narices, sacará sangre: y el que provoca la ira, causará contienda.
Proverbios 31
1 PALABRAS del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre. 2 ¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿y qué, hijo de mis deseos? 3 No des á las mujeres tu fuerza, ni tus caminos á lo que es para destruir los reyes. 4 No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la cerveza. 5 No sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los hijos afligidos. 6 Dad la cerveza al desfallecido, y el vino á los de amargo ánimo: 7 Beban, y olvídense de su necesidad, y de su miseria no más se acuerden. 8 Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte. 9 Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso. 10 Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente á [la de] piedras preciosas. 11 El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo. 12 Darále ella bien y no mal, todos los días de su vida. 13 Buscó lana y lino, y con voluntad labró de sus manos. 14 Fué como navío de mercader: trae su pan de lejos. 15 Levantóse aun de noche, y dió comida á su familia, y ración á sus criadas. 16 Consideró la heredad, y compróla; y plantó viña del fruto de sus manos. 17 Ciñó sus lomos de fortaleza, y esforzó sus brazos. 18 Gustó que era buena su granjería: su candela no se apagó de noche. 19 Aplicó sus manos al huso, y sus manos tomaron la rueca. 20 Alargó su mano al pobre, y extendió sus manos al menesteroso. 21 No tendrá temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. 22 Ella se hizo tapices; de lino fino y púrpura es su vestido. 23 Conocido es su marido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. 24 Hizo telas, y vendió; y dió cintas al mercader. 25 Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá. 26 Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua. 27 Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. 28 Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó. 29 Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste á todas. 30 Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme á Jehová, ésa será alabada. 31 Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.
Eclesiastés 1–3 RV1909
Eclesiastés 1
1 PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem. 2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad. 3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? 4 Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece. 5 Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve á su lugar donde torna á nacer. 6 El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de continuo, y á sus giros torna el viento de nuevo. 7 Los ríos todos van á la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo. 8 Todas las cosas andan en trabajo [más] que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir. 9 ¿Qué es lo que fué? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol. 10 ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fué en los siglos que nos han precedido. 11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después. 12 Yo el Predicador fuí rey sobre Israel en Jerusalem. 13 Y dí mi corazón á inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dió Dios á los hijos de los hombres, en que se ocupen. 14 Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. 15 Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse. 16 Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; y mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y ciencia. 17 Y dí mi corazón á conocer la sabiduría, y también á entender las locuras y los desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de espíritu. 18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.
Eclesiastés 2
1 DIJE yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad. 2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto? 3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. 4 Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas; 5 Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos; 6 Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían. 7 Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; 8 Alleguéme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes. 9 Y fuí engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem: á más de esto perseveró conmigo mi sabiduría. 10 No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena. 11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer[las]: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol. 12 Después torné yo á mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hombre [hay] que [pueda] seguir al rey [en] lo que ya hicieron?) 13 Y he visto que la sabiduría sobrepuja á la necedad, como la luz á las tinieblas. 14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: empero también entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro. 15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio me sucederá también á mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad. 16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio. 17 Aborrecí por tanto la vida; porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. 18 Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí. 19 ¿Y quién sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad. 20 Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría. 21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda á hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande. 22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol él se afanara? 23 Porque todos sus días [no] son [sino] dolores, y sus trabajos molestias: aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad. 24 No hay cosa mejor para el hombre [sino] que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios. 25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? 26 Porque al hombre que le agrada, [Dios] le da sabiduría y ciencia y gozo: mas al pecador da trabajo, el que allegue y amontone, para que dé al que agrada á Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Eclesiastés 3
1 PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, [tiene su] tiempo: 2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3 Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4 Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5 Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar; 6 Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar; 7 Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8 Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja? 10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado á los hijos de los hombres para que en él se ocupasen. 11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo. 12 Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida: 13 Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. 14 He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres. 15 Aquello que fué, ya es: y lo que ha de ser, fué ya; y Dios restaura lo que pasó. 16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad. 17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo á todo lo que se quiere y sobre todo lo que se hace. 18 Dije en mi corazón, en orden á la condición de los hijos de los hombres, que Dios los probaría, para que así echaran de ver ellos mismos que son [semejantes] á las bestias. 19 Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad. 20 Todo va á un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo. 21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra? 22 Así que he visto que no hay cosa mejor que alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque esta es su parte: porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?