La imagen popular (espíritus sin cuerpo flotando en las nubes) está más cerca de Platón que del Nuevo Testamento. El cristianismo es más terrenal que eso.
Lo que de verdad dice la Escritura
Apocalipsis 21–22 no describe que nosotros subamos a un cielo lejano. Describe a la Nueva Jerusalén descendiendo. El cielo y la tierra se unen: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo». (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
La resurrección es corporal (1 Co. 15). La nueva creación incluye la realidad física: comer, beber, reconocerse, trabajar, crear. «la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Ap. 21:4), pero sí abundancia de vida.
Qué haremos
Adorar, sí, pero adorar como participación plena en la vida de Dios, no como un oficio religioso interminable. Trabajar: un trabajo con sentido, devuelto a su alegría (Ap. 22:3, «sus siervos le servirán»). Relacionarnos: relaciones perfeccionadas, sanadas, ahondadas. Descubrir: N.T. Wright sugiere que seguiremos explorando para siempre la realidad inagotable de Dios.
La mirada ortodoxa
Para los Padres, el cielo no es un lugar; es la presencia de Dios sin velo, vivida en plenitud. La misma Luz divina que los apóstoles entrevieron en el monte Tabor (Mt. 17) es lo que los santos contemplan de forma permanente en la gloria. San Simeón el Nuevo Teólogo escribió que los santos en la gloria son como el hierro en el fuego: plenamente ellos mismos, plenamente encendidos de Dios.
San Gregorio de Nisa llamó al cielo epéktasis: progreso eterno. No una contemplación estática, sino una comunión cada vez más honda, sin fin. «de gloria en gloria» (2 Co. 3:18), para siempre.
C.S. Lewis sobre el cielo
La última batalla termina con los Pevensie entrando en el país de Aslan: «Toda su vida en este mundo y todas sus aventuras en Narnia no habían sido más que la portada y la página del título: ahora por fin comenzaban el Capítulo Uno de la Gran Historia, que nadie en la tierra ha leído, que continúa para siempre, y en la que cada capítulo es mejor que el anterior.» (traducción nuestra)
Una palabra pastoral
No serás menos tú mismo en el cielo. Serás más tú mismo de lo que jamás has sido: cada don desatado, cada herida sanada, cada amor perfeccionado. Todo lo que fue verdaderamente bueno en esta vida estará allí, transfigurado. El Padre que te hizo se deleita en compartir contigo su eternidad.