Casi todas las culturas antiguas conservan el recuerdo de un diluvio: Mesopotamia (Gilgamesh, Atrahasis), la India, China, las Américas, la Australia aborigen. Algo ocurrió. La pregunta es cómo leer el relato que de ello hace el Génesis.
Lo que el Nuevo Testamento hace con Noé
Jesús trata el diluvio como historia real (Mt. 24:37–39). Lo mismo hacen Pedro (2 P. 2:5; 3:5–7) y Hebreos (11:7). En el Nuevo Testamento el diluvio no se descarta como mito: se trata como un acto real de juicio y de misericordia que prefigura el Último Día.
¿Global o regional?
En la Iglesia han convivido dos lecturas fieles:
- Diluvio global: la lectura tradicional; el lenguaje del texto hebreo es de alcance universal.
- Diluvio regional: la sostienen algunos cristianos (y muchos de los Padres eran menos rígidos con la geografía que los literalistas modernos). La palabra hebrea para «tierra» (eretz) puede significar «país» o «región». Una inundación catastrófica en Mesopotamia podría corresponder al texto.
La ortodoxia no ha dogmatizado entre ambas. Lo que importa es la teología: Dios juzga el pecado, Dios provee un arca de rescate, Dios se acuerda de la misericordia, Dios establece un pacto sellado con un arcoíris.
La mirada ortodoxa
Los Padres leyeron a Noé como tipo de Cristo y el Arca como tipo de la Iglesia. San Cipriano: «No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre» (traducción nuestra). El Arca salva a través del agua, como lo hace el bautismo (1 P. 3:20–21). La historia del diluvio no es solo historia antigua; es la forma de toda salvación.
Una palabra pastoral
Si las preguntas geológicas sobre un diluvio global te inquietan, no dejes que te saquen del reino. El sentido más hondo de Noé es que el juicio de Dios es real, que su misericordia es mayor y que hay un Arca en la que puedes entrar. Su nombre es Jesús.