Si has orado y has sentido que nada volvía, estás en compañía de casi todos los santos que han vivido.
Tres respuestas, no una
Dios responde la oración de tres maneras: sí, no y espera. Dos de ellas no se sienten como respuestas, pero lo son. Un buen padre no le da un cuchillo a un niño pequeño que se lo suplica. Un padre sabio a veces dice «todavía no».
Pablo oró tres veces para que se le quitara lo que llamó «un aguijón en mi carne» (2 Co. 12). La respuesta fue no, y un sí más hondo: «Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona.» Pablo llegó a llamarlo un don. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
La oración de Jesús mismo
En Getsemaní, Jesús oró tres veces para que pasara de él la copa del sufrimiento. El Padre no la apartó. Jesús la bebió, y el mundo fue salvado por medio de la oración que no fue respondida tal como se pidió.
Eso debería cambiar tu manera de leer tus propias oraciones sin respuesta. El Padre no está ausente. Está haciendo algo más grande de lo que puedes ver desde dentro.
Cuando las oraciones encuentran obstáculos
La Escritura reconoce que algunas oraciones encuentran obstáculos: el pecado del que no nos arrepentimos (Sal. 66:18), las relaciones rotas (1 P. 3:7), orar por motivos equivocados (Stg. 4:3). Vale la pena preguntarse con honestidad: ¿hay algo que confesar, alguien a quien perdonar, un motivo que entregar? A veces el silencio es una invitación.
La mirada ortodoxa
San Juan Crisóstomo: Dios siempre responde la oración, pero a su tiempo y de la manera que verdaderamente nos sana. Los Padres describen el fruto más hondo de la oración no como obtener cosas de Dios, sino como recibir a Dios mismo. La oración sin respuesta nos hunde más en él.
San Teófano el Recluso: «Puede que tengas que esperar mucho la respuesta a tu oración; pero ten paciencia. El Señor sabe cuándo es el momento de responder.» (traducción nuestra)
Una palabra pastoral
Tim Keller, en sus últimos años, mientras moría de cáncer, dijo que las oraciones que había creído sin respuesta muchas veces habían sido respondidas mejor de lo que él había pedido; solo que en ese momento no podía verlo.
Si ahora mismo sientes que tu oración no tiene respuesta, sigue orando. Dile al Padre cómo te sientes. Usa los Salmos cuando se te acaben las palabras. El Señor que se demoró con Lázaro se demoró precisamente porque los amaba, y lo que resucitó fue más grande que lo que habría podido evitar.