Sacrificio, rescate, victoria, sanación e intercambio. Los escritores cristianos antiguos usaron todas estas palabras acerca de la cruz y rara vez se detuvieron a ordenarlas por importancia.
En resumen
Los debates modernos sobre la expiación suelen comenzar con una lista de teorías: rescate, Christus Victor, satisfacción, sustitución penal, influencia moral. Los escritores de los primeros siglos cristianos no trabajaban así. Heredaron un Nuevo Testamento que habla de la muerte de Cristo en muchos registros, y predicaron y argumentaron en esos registros, a menudo varios a la vez. Este artículo sigue a los principales testigos desde finales del siglo I hasta principios del siglo V, citando lo que escribieron. Destacan tres hallazgos. Los escritores más antiguos ya hablan de la sangre de Cristo derramada para nuestra salvación y del justo entregado por los injustos. La imagen de un rescate pagado al diablo aparece en algunos escritores, pero fue rechazada por otros en su tiempo. Y ningún concilio de la Iglesia primitiva convirtió ninguna de estas imágenes en una definición. El artículo fundamental ¿Por qué Dios se hizo hombre? explica por qué estos escritores pensaban que el Salvador tenía que ser Dios hecho hombre; este artículo se concentra en lo que decían que logró su muerte.
En esta página
- Las imágenes que heredaron los Padres
- Los testigos más antiguos
- San Ireneo: obediencia, recapitulación y victoria
- San Atanasio: la muerte deshecha en lugar de todos
- ¿Un rescate para quién? Los dos Gregorios discrepan
- Castigo y sustitución en Oriente y en Occidente
- Muchas imágenes, ninguna teoría oficial
- Lo que podemos afirmar con confianza
- Lo que sigue en debate
- Notas
Las imágenes que heredaron los Padres
El Nuevo Testamento no ofrece una única explicación de la cruz, y los escritores antiguos no actuaron como si la ofreciera. Jesús mismo habla de dar «su vida en rescate por muchos».1 San Pablo describe un registro de deudas cancelado y poderes hostiles derrotados: Dios, «perdonándoos todos los pecados», borró «la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros», y, «despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo».2 Hebreos dice que el Hijo participó de nuestra carne y sangre «para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo»,3 y San Juan, que «apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo».4 (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
Junto a la victoria están las imágenes del sacrificio y la sustitución. Del siervo de Isaías se dice que «herido fué por nuestras rebeliones» y que sobre él recayó «el castigo de nuestra paz».5 San Pedro aplica el pasaje a Cristo, quien «llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero».6 San Pablo escribe que Dios envió a Cristo «como sacrificio expiatorio, mediante la fe en su sangre» (traducción nuestra del inglés),7 y que «siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo».8 Hebreos habla de Cristo, quien, «por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario».9 Apocalipsis alaba al Cordero: «tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre».10
Todo modelo posterior de la expiación toma uno o más de estos hilos y lo hace central. Los escritores antiguos son interesantes precisamente porque aún no habían hecho eso.
Los testigos más antiguos
La carta conocida como 1 Clemente, enviada por la Iglesia de Roma a la Iglesia de Corinto y fechada por lo común a finales del siglo I, usa la muerte de Cristo como motivo de arrepentimiento: «Fijemos la mirada en la sangre de Cristo y veamos cuán preciosa es a los ojos de Dios esa sangre que, derramada para nuestra salvación, ha puesto la gracia del arrepentimiento ante el mundo entero» (traducción nuestra).11 Clemente no explica el mecanismo. Da por supuesto que la sangre fue derramada para la salvación y extrae la conclusión práctica.
San Ignacio de Antioquía, que escribió cartas camino de su ejecución pocos años después, se preocupa sobre todo de que el sufrimiento fuera real. Frente a maestros que decían que Cristo solo parecía sufrir, insiste en que fue «verdaderamente, bajo Poncio Pilato y Herodes el tetrarca, clavado [en la cruz] por nosotros en su carne», y que «padeció todas estas cosas por nosotros, para que fuéramos salvos».12 Para San Ignacio, la expresión por nosotros solo tiene sentido si la carne y la muerte son reales.
La anónima Carta a Diogneto, una defensa de la fe de fecha incierta, contiene la declaración más llamativa de intercambio en los primeros tiempos. Dios, dice el autor,
«tomó sobre sí la carga de nuestras iniquidades, entregó a su propio Hijo como rescate por nosotros, al Santo por los transgresores, al Irreprochable por los malvados, al Justo por los injustos, al Incorruptible por los corruptibles, al Inmortal por los mortales. Pues ¿qué otra cosa era capaz de cubrir nuestros pecados sino su justicia? … ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh obra insondable! ¡Oh beneficios que superan toda expectativa! ¡Que la maldad de muchos quede oculta en un solo Justo, y que la justicia de Uno justifique a muchos transgresores!»
El rescate, la sustitución, el encubrimiento de los pecados y la justificación aparecen en pocas líneas, y se mantienen unidos por el asombro ante el amor de Dios más que por un sistema. Esa combinación es típica de lo que sigue.
San Ireneo: obediencia, recapitulación y victoria
San Ireneo de Lyon, que escribía a finales del siglo II, dio a la Iglesia primitiva su primera exposición amplia de la salvación. Su idea central, la recapitulación, es que Cristo recorrió de nuevo la historia que Adán había arruinado y la enderezó desde dentro. La obediencia deshace la desobediencia en cada punto donde esta había causado daño. Incluso rastrea el patrón a través de la madre de Cristo: «el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María».14
La recapitulación en San Ireneo es también una batalla. En la misma obra escribe:
«Por tanto, en su obra de recapitulación, ha resumido todas las cosas, librando guerra contra nuestro enemigo y aplastando a quien al principio nos había llevado cautivos en Adán, y pisoteado su cabeza … para que, así como nuestra especie descendió a la muerte por medio de un hombre vencido, así ascendamos de nuevo a la vida por medio de uno victorioso»
San Ireneo usa también el lenguaje de la redención y del cautiverio, y aquí es cuidadoso de una manera que importa para el debate posterior sobre el rescate. Cristo redime a la humanidad «mediante su propia sangre, dando su alma por nuestras almas y su carne por nuestra carne», pero lo hace con justicia. Se dice que el Verbo «redime de ella lo que era suyo, no por medios violentos, como la [apostasía] había obtenido dominio sobre nosotros al principio, cuando arrebató insaciablemente lo que no era suyo, sino por medio de la persuasión».16 El captor en este pasaje es la apostasía, la rebelión que se había apoderado de lo que no era suyo. San Ireneo no describe un precio entregado al diablo. Describe a Dios recuperando lo suyo por medios justos. Victoria, obediencia, redención y justicia pertenecen a un solo relato.
San Atanasio: la muerte deshecha en lugar de todos
San Atanasio de Alejandría, en el siglo IV, ve el problema humano principalmente como la muerte y la corrupción que siguió al pecado, una visión expuesta en el artículo fundamental. Su exposición de la cruz trata, correspondientemente, de la muerte deshecha. Pero sería un error llamarla una teoría solo de victoria. El Verbo toma un cuerpo de modo que, «porque todos estaban bajo pena de la corrupción de la muerte, lo entregó a la muerte en lugar de todos, y lo ofreció al Padre».17 La muerte es una ofrenda, «una ofrenda y sacrificio libre de toda mancha», con la cual «al instante quitó la muerte de todos sus semejantes mediante la ofrenda de un equivalente».18
La sustitución, el sacrificio y la ofrenda están junto a la incorrupción y la resurrección en un solo argumento. Lo que San Atanasio no hace es describir a un Padre que necesita ser aplacado, ni una transacción medida en términos legales. La deuda de la que habla es la muerte que todos debían. Su imagen es la del Verbo que toma nuestra muerte en su propio cuerpo y la llena de vida.
¿Un rescate para quién? Los dos Gregorios discrepan
Si la vida de Cristo fue un rescate, surge la pregunta de a quién se pagó. Dos obispos del siglo IV originarios de Capadocia, casi contemporáneos, dieron respuestas opuestas, y su desacuerdo es la prueba más clara de que la Iglesia primitiva no tenía una teoría única.
San Gregorio de Nisa, en su Gran catequesis, razona a partir de la justicia. La humanidad se había vendido a la esclavitud, de modo que Dios eligió un método que fuera justo incluso con el esclavizador: «entregar al dueño del esclavo cualquier rescate que él consienta en aceptar por la persona que posee».19 Luego describe al diablo aceptando la oferta sin reconocer lo que tomaba, en la imagen más famosa de toda la tradición:
«la Deidad estaba oculta bajo el velo de nuestra naturaleza, para que, como con peces voraces, el anzuelo de la Deidad fuera tragado junto con el cebo de la carne, y así, introducida la vida en la casa de la muerte, y brillando la luz en las tinieblas, desapareciera lo que se opone diametralmente a la luz y a la vida»
Dos rasgos de la exposición de San Gregorio suelen omitirse en los resúmenes. El engaño forma parte de un argumento sobre la justicia: el engañador es engañado a su vez. Y su meta llega más lejos que la de la mayoría de las teorías posteriores del rescate, pues San Gregorio habla de Cristo «liberando al hombre del mal y sanando incluso al propio introductor del mal».21 Su imagen del rescate pertenece a su esperanza en la restauración final de todas las cosas, que la Iglesia no adoptó como enseñanza suya.
San Gregorio Nacianceno abordó la misma cuestión en un sermón de Pascua y no quiso saber nada de eso. Llama a la cuestión «descuidada por la mayoría, pero, a mi juicio, muy digna de investigarse», y la plantea claramente: «¿A quién fue ofrecida aquella Sangre derramada por nosotros, y por qué fue derramada?».22 Rechaza de plano un pago al diablo: «Si al Maligno, ¡qué afrenta!». Pero también rechaza la respuesta opuesta, que el Padre exigió la sangre como precio:
«¿No es evidente que el Padre lo acepta, pero ni lo pidió ni lo exigió; sino a causa de la Encarnación, y porque la Humanidad debía ser santificada por la Humanidad de Dios, para que Él mismo nos librara, y venciera al tirano, y nos atrajera a sí mediante la mediación de su Hijo?»
Su conclusión es modesta: «Hasta aquí hemos hablado de Cristo; la mayor parte de lo que podríamos decir será reverenciada con el silencio». El desacuerdo entre los Gregorios no terminó con ellos. Anselmo, siete siglos después, rechazó la idea de que el diablo tuviera derecho alguno sobre la humanidad: «así como nunca hay injusticia en un ángel bueno, así en un ángel malo no puede haber justicia alguna».24
Castigo y sustitución en Oriente y en Occidente
Hoy se afirma a menudo que los Padres orientales hablaron solo de victoria y de sanación, mientras que solo Occidente habló de castigo y sustitución. Los textos no lo respaldan. San Juan Crisóstomo, que predicaba en Antioquía o en Constantinopla a finales del siglo IV, comenta las palabras de San Pablo sobre aquel que no conoció pecado y fue hecho pecado por nosotros. Dios, dice, «permitió que quien no había cometido ningún mal fuera castigado por quienes sí lo habían cometido», y explica el versículo así: «A Aquel que era la justicia misma, lo hizo pecado, es decir, permitió que fuera condenado como pecador, que muriera como un maldito».25
Agustín, su contemporáneo más joven en el Occidente latino, usa el mismo tipo de lenguaje en su respuesta al maniqueo Fausto, que rechazaba a Moisés por escribir que todo el que es colgado de un madero es maldito:
«La muerte es el efecto de la maldición; y todo pecado es maldito, ya se trate de la acción que merece castigo o del castigo que sigue. Cristo, aunque sin culpa, tomó nuestro castigo, para cancelar nuestra culpa y suprimir nuestro castigo.»
Ninguno de estos escritores tenía la doctrina desarrollada que la teología protestante posterior llama sustitución penal, con su explicación específica de la culpa imputada y la justicia satisfecha. Pero la afirmación de que el lenguaje de sustitución y castigo es ajeno a los Padres tampoco es exacta. San Juan Crisóstomo en Oriente y Agustín en Occidente lo usan ambos, y San Atanasio habla de la muerte aceptada «en lugar de todos». La historia y el debate moderno son el tema de La sustitución penal: lo que afirma, de dónde viene y sus críticos (en inglés).
Muchas imágenes, ninguna teoría oficial
En 1930, el teólogo luterano sueco Gustaf Aulén publicó el libro traducido al inglés en 1931 como Christus Victor. Clasificó el pensamiento cristiano sobre la expiación en tres tipos: una visión clásica del conflicto de Cristo con los poderes del mal y de su victoria sobre ellos, la visión latina u objetiva asociada con Anselmo, y la visión subjetiva asociada con Abelardo. Sostuvo que la visión clásica era la dominante en la Iglesia primitiva y que debía recuperarse.27
Las categorías de Aulén se siguen usando, y su énfasis en la victoria corrigió un descuido real. Los textos de este artículo muestran por qué su tesis requiere cautela. La victoria ocupa un lugar prominente en la Escritura y en escritores como San Ireneo. Pero San Ireneo la combina con la obediencia, la redención y la justicia; San Atanasio, con la ofrenda y la sustitución; la Carta a Diogneto, con el intercambio y la justificación; San Juan Crisóstomo y Agustín, con el castigo soportado por otros. Es justo llamar a la victoria un énfasis antiguo y prominente. Llamarla la teoría patrística afirma más de lo que muestran las fuentes.
Los concilios confirman el cuadro. Los credos de Nicea y de Constantinopla confiesan que Cristo descendió por nuestra salvación, padeció y resucitó (el credo del 381 añade que fue crucificado por nosotros), y la Definición de Calcedonia confiesa quién es él, pero ninguno de ellos define cómo salva la cruz. El artículo fundamental expone lo que los concilios dejaron resuelto y lo que dejaron abierto. El infográfico ortodoxo ¿Por qué tuvo que morir Jesús? (en inglés) y la explicación sobre la expiación (en inglés) ofrecen panorámicas más breves de los modelos.
Lo que podemos afirmar con confianza
Los escritores de los primeros cuatro siglos coinciden en que la muerte de Cristo fue por nosotros y por nuestra salvación, y en que fue real. Desde finales del siglo I hablan de su sangre derramada para la salvación y del justo entregado por los injustos. Combinan con libertad imágenes que la teología posterior separó: rescate, sacrificio, sustitución, victoria sobre la muerte y el diablo, sanación y restauración de la imagen de Dios. El lenguaje de sustitución e incluso de castigo aparece tanto en escritores griegos como latinos. La idea de un rescate pagado al diablo aparece en algunos escritores y fue rechazada expresamente por otros en el mismo siglo. Ningún concilio de la Iglesia primitiva definió una teoría de la expiación.
Lo que sigue en debate
Qué imagen es la principal. El argumento de Aulén de que el motivo de la victoria dominó en la Iglesia primitiva sigue siendo influyente y discutido. Los lectores que parten de tradiciones distintas tienden a encontrar en los Padres su propio énfasis, y los textos son lo bastante ricos como para recompensarlo.
Hasta qué punto el lenguaje patrístico de sustitución anticipa la sustitución penal. Los defensores de la sustitución penal citan a Agustín y a San Juan Crisóstomo como precursores. Los críticos responden que estos escritores no compartían el marco posterior de la culpa imputada y la justicia satisfecha. Ambas observaciones pueden ser verdaderas a la vez.
Cómo leer la imagen del rescate de San Gregorio de Nisa. Algunos la leen como una imagen vívida del diablo que se excede; otros, como una afirmación seria sobre lo que exigía la justicia. Se inscribe en su peculiar esperanza de que incluso el autor del mal sería finalmente sanado.
Notas
- Marcos 10:45. En el texto inglés de este artículo, las Escrituras se citan de la World English Bible (dominio público). ↩
- Colosenses 2:13–15. ↩
- Hebreos 2:14. ↩
- 1 Juan 3:8. ↩
- Isaías 53:5. ↩
- 1 Pedro 2:24. ↩
- Romanos 3:25. El sacrificio expiatorio de la WEB traduce hilastērion, que las versiones inglesas más antiguas traducen propitiation (propiciación); la elección de la traducción es en sí misma debatida. ↩
- Romanos 5:10. ↩
- Hebreos 9:12. ↩
- Apocalipsis 5:9. ↩
- 1 Clemente 7, trad. John Keith, Ante-Nicene Fathers 9 (1896), newadvent.org/fathers/1010.htm. ↩
- Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas 1–2 (recensión breve), trad. Alexander Roberts y James Donaldson, ANF 1 (1885), newadvent.org/fathers/0109.htm. ↩
- Carta a Diogneto 9, trad. Roberts y Donaldson, ANF 1, newadvent.org/fathers/0101.htm. ↩
- Ireneo, Contra las herejías III.22.4, trad. Alexander Roberts y William Rambaut, ANF 1, newadvent.org/fathers/0103322.htm. ↩
- Ireneo, Contra las herejías V.21.1, newadvent.org/fathers/0103521.htm. ↩
- Ireneo, Contra las herejías V.1.1, newadvent.org/fathers/0103501.htm. La palabra entre corchetes es de los traductores. ↩
- Atanasio, Sobre la encarnación 8.4, trad. Archibald Robertson, NPNF 2.ª serie, vol. 4 (1892), newadvent.org/fathers/2802.htm. ↩
- Atanasio, Sobre la encarnación 9.1–2. ↩
- Gregorio de Nisa, La gran catequesis 22, NPNF 2.ª serie, vol. 5 (1893), Wikisource. ↩
- Gregorio de Nisa, La gran catequesis 24, Wikisource. ↩
- Gregorio de Nisa, La gran catequesis 26, Wikisource. ↩
- Gregorio Nacianceno, Discurso 45 (Segundo discurso sobre la Pascua), 22, trad. C. G. Browne y J. E. Swallow, NPNF 2.ª serie, vol. 7 (1894), newadvent.org/fathers/310245.htm. ↩
- Gregorio Nacianceno, Discurso 45.22. ↩
- Anselmo, Cur Deus Homo I.7, trad. Sidney Norton Deane (1903), Internet Medieval Sourcebook. ↩
- Juan Crisóstomo, Homilía 11 sobre 2 Corintios, §5, trad. Talbot W. Chambers, NPNF 1.ª serie, vol. 12 (1889), newadvent.org/fathers/220211.htm. ↩
- Agustín, Contra Fausto el maniqueo XIV.4, trad. Richard Stothert, NPNF 1.ª serie, vol. 4 (1887), newadvent.org/fathers/140614.htm. ↩
- Gustaf Aulén, Christus Victor: An Historical Study of the Three Main Types of the Idea of Atonement, trad. A. G. Hebert (1931); original sueco Den kristna försoningstanken (1930). El resumen de sus tres tipos sigue la descripción habitual del libro. ↩
Bibliografía
Escritura
- World English Bible. Dominio público.
Escritores cristianos antiguos y medievales
- Anselmo de Canterbury. Cur Deus Homo. Traducción de Sidney Norton Deane. Chicago: Open Court, 1903.
- Atanasio. On the Incarnation of the Word. Traducción de Archibald Robertson. NPNF, 2.ª serie, vol. 4. 1892.
- Agustín. Reply to Faustus the Manichaean. Traducción de Richard Stothert. NPNF, 1.ª serie, vol. 4. 1887.
- Clemente de Roma. First Epistle to the Corinthians. Traducción de John Keith. ANF, vol. 9. 1896.
- Epistle to Diognetus. Traducción de Alexander Roberts y James Donaldson. ANF, vol. 1. 1885.
- Gregorio Nacianceno. Oration 45. Traducción de C. G. Browne y J. E. Swallow. NPNF, 2.ª serie, vol. 7. 1894.
- Gregorio de Nisa. The Great Catechism. NPNF, 2.ª serie, vol. 5. 1893.
- Ignacio de Antioquía. To the Smyrnaeans. ANF, vol. 1. 1885.
- Ireneo de Lyon. Against Heresies. Traducción de Alexander Roberts y William Rambaut. ANF, vol. 1. 1885.
- Juan Crisóstomo. Homilies on Second Corinthians. Traducción de Talbot W. Chambers. NPNF, 1.ª serie, vol. 12. 1889.
Obras modernas
- Aulén, Gustaf. Christus Victor. Traducción de A. G. Hebert. 1931.
Registro editorial de verificación
| Afirmación | Fuente consultada | Confianza |
|---|---|---|
| Todas las citas patrísticas y medievales | Copiadas de las páginas indicadas en las notas; registradas en sources-verified.json y sources-verified-2.json | Muy alta (literal) |
| 1 Clemente se fecha por lo común a finales del siglo I | Datación habitual | Alta; algunos eruditos defienden una fecha anterior |
| La fecha de la Carta a Diogneto es incierta | Introducciones habituales | Alta |
| El captor de San Ireneo en Contra las herejías V.1.1 es la apostasía, de la cual se redime mediante la persuasión | V.1.1 tal como se cita | Alta (lectura del texto) |
| La imagen del rescate en San Gregorio de Nisa está ligada a su esperanza de la sanación del autor del mal | Gran catequesis 26 | Alta |
| San Gregorio Nacianceno rechaza el pago al diablo y a un Padre que exigiera la sangre | Discurso 45.22 | Muy alta |
| San Juan Crisóstomo y Agustín usan un lenguaje de castigo acerca de la cruz | Homilía 11 sobre 2 Corintios §5; Contra Faustum XIV.4 | Muy alta |
| Christus Victor de Aulén: sueco 1930, inglés 1931; tres tipos; defendió la visión clásica | Registros de catálogo de bibliotecas (archive.org) y descripciones habituales del libro | Alta |
| Ningún concilio primitivo definió una teoría de la expiación | Credos del 325 y del 381; Calcedonia (451); Constantinopla III (681) | Alta para los textos mencionados |