La Iglesia ortodoxa confiesa la fe de siete Concilios Ecuménicos, desde Nicea en 325 hasta el segundo Concilio de Nicea en 787. Su credo se canta en cada Divina Liturgia, y sus definiciones sobre Cristo y la Trinidad obligan a todo cristiano ortodoxo. Sin embargo, en esos siglos la Iglesia celebró muchos otros grandes concilios, y algunos de ellos también se llamaron a sí mismos «santos», «grandes» y «ecuménicos». Varios fueron convocados por emperadores, igual que los concilios aceptados, y uno reunió casi tantos obispos como el concilio que lo condenó.
Por eso católicos, protestantes y escépticos plantean una pregunta justa: ¿cómo sabe la Iglesia ortodoxa cuáles concilios son ecuménicos? La respuesta breve habitual es que la Iglesia recibe los concilios verdaderos y rechaza los falsos. Es exacta, pero por sí sola puede sonar a un eslogan que gana por definición, ya que todo lo que la Iglesia aceptó fue ecuménico y la Iglesia es quien lo aceptó.
En breve
Ningún concilio llegó a ser ecuménico simplemente porque lo convocara un emperador, porque asistieran muchos obispos o porque se diera a sí mismo el título. Concilios con todas esas características fueron rechazados después: Rímini y Seleucia en 359, el segundo Concilio de Éfeso en 449, al que el papa San León llamó una reunión «no de jueces sino de ladrones», y el concilio iconoclasta de Hieria en 754, que se tituló a sí mismo el sínodo ecuménico «séptimo». El reconocimiento de los concilios verdaderos fue gradual. Nicea tardó más de cincuenta años en imponerse, y el segundo Concilio de Nicea fue rechazado por un sínodo franco antes de que Occidente lo recibiera. Cuando Nicea II refutó a Hieria, nombró sus criterios: la concordancia con los concilios anteriores y con la tradición, el asentimiento de las Iglesias principales y una enseñanza que llegara a toda la Iglesia. Los autores ortodoxos añaden que todo el cuerpo de los fieles custodia la fe. No son una lista de control jurídica, y Georges Florovsky admite el riesgo de circularidad. Algunas cuestiones siguen abiertas dentro de la ortodoxia, entre ellas el estatus del concilio de 879-880 y el de los concilios del siglo XIV que vindicaron a San Gregorio Palamás.
Tesis: La Iglesia ortodoxa reconoce un concilio como ecuménico cuando su enseñanza, con el tiempo, se comprueba que concuerda con la Escritura y con la fe apostólica que ya confesaba toda la Iglesia, y cuando esa Iglesia la recibe como propia; este es un patrón histórico real, no una prueba mecánica, y unas pocas cuestiones al respecto siguen sin resolverse.
La evidencia histórica
En el primer concilio de la Iglesia, en Jerusalén (Hechos 15), la carta de los apóstoles comienza así: «ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros» (Hechos 15:28), y la decisión se tomó «con toda la iglesia» (Hechos 15:22). El catecismo de la Iglesia Ortodoxa en América describe el patrón posterior: la Iglesia resolvía las disputas «mediante un consenso de opinión entre todos los creyentes» (traducción nuestra), y «no todos esos concilios eran aprobados y aceptados automáticamente por la Iglesia».1 (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
Nicea (325) y su larga recepción
El Concilio de Nicea confesó que el Hijo es de una misma esencia con el Padre, contra Arrio. San Atanasio escribió más tarde que «la palabra del Señor que vino por medio del Sínodo ecuménico de Nicea permanece para siempre».2 Pero Nicea no puso fin a la disputa. En 359 el emperador Constancio dividió un concilio planeado, «convocando a los obispos de Occidente en Arímino, en Italia, y a los de Oriente en Seleucia».3 Según San Atanasio, los obispos de Arímino (Rímini) se declararon primero «satisfechos solo con el Niceno», pero luego fueron «tratados con violencia en Tracia» para que aceptaran las innovaciones del partido antiniceno, que «se atrevió a escribir que no debía decirse que el Hijo tuviera Esencia o Subsistencia».4 El veredicto de San Jerónimo es famoso: «El mundo entero gimió, y se asombró de encontrarse arriano».5
Desde un punto de vista formal, esos concilios tenían una pretensión tan fuerte como la de Nicea. La Iglesia no los recibió. En 381 los obispos reunidos en Constantinopla decretaron que «la fe de los trescientos dieciocho Padres reunidos en Nicea de Bitinia no será dejada de lado, sino que permanecerá firme».6 Ese concilio no fue convocado como concilio ecuménico, y Roma no tuvo parte en su convocatoria; su estatus procede de la aceptación posterior.7 {{very-strong: El credo de Nicea no se impuso de inmediato; en 359 concilios convocados por el emperador en Rímini y Seleucia lo dejaron de lado, y fue reafirmado en 381, más de cincuenta años después de reunirse Nicea.}}
El argumento principal de San Atanasio en favor de Nicea era que tuvo «una causa razonable», que concordaba «con los obispos antiguos» y que sus Padres «respiran el espíritu de la Escritura».4
Éfeso (449): el concilio llamado latrocinio
En 449 se reunió un concilio en Éfeso a propósito de la enseñanza de Eutiques, a quien tanto los ortodoxos como los ortodoxos orientales condenan por negar que Cristo comparta nuestra naturaleza humana. Lo presidió Dióscoro de Alejandría, el emperador Teodosio II nombró a sus obispos principales y asistió un legado papal.8 Depuso al arzobispo San Flaviano de Constantinopla. El papa San León lo llamó «aquella reunión, no de jueces sino de ladrones, en Éfeso», donde sus dirigentes «no perdonaron ni a los hermanos que se les oponían ni a los que les daban su asentimiento».9 Florovsky lo cita como ejemplo de los concilios «realmente repudiados, a pesar de su regularidad formal».10
Calcedonia (451) y las Iglesias que no lo recibieron
Dos años después, el Concilio de Calcedonia declaró que San Flaviano había sido depuesto injustamente. Cuando se leyó el Tomo de León, los obispos exclamaron: «Pedro ha hablado así por medio de León», y también: «León y Cirilo enseñaron lo mismo».11 La aclamación aplica el criterio de la concordancia con San Cirilo y con Éfeso 431. Algunos obispos pidieron primero explicaciones, y en una sesión posterior cada uno declaró que el Tomo concordaba con Nicea, Constantinopla y San Cirilo antes de suscribirlo. El obispo católico Bossuet, escribiendo como galicano (una postura que el Concilio Vaticano I rechazó más tarde), sostuvo que la carta de San León, aunque escrita «con toda la autoridad de la Sede Apostólica», fue «sometida, como de costumbre, al examen de un Concilio Universal».11 (Sobre la definición de Calcedonia, véase ¿Qué definió realmente el Concilio de Calcedonia sobre Jesucristo?)
Aquí el relato ortodoxo se topa con un hecho duro. Las Iglesias que hoy se llaman ortodoxas orientales, entre ellas la copta, la siríaca y la armenia, no recibieron Calcedonia. En 1990 la comisión mixta oficial de las dos familias acordó que «ambas familias aceptan los tres primeros Concilios Ecuménicos, que constituyen nuestro patrimonio común». Los ortodoxos declararon que los cuatro concilios posteriores enseñan la misma cristología, «mientras que los ortodoxos orientales consideran esta declaración de los ortodoxos como su interpretación».12 Si la recepción significara aceptación por parte de toda Iglesia que reclame continuidad apostólica, Calcedonia nunca fue recibido en ese sentido.
Hieria (754): el concilio que se llamó a sí mismo séptimo
El caso de prueba más claro es el concilio iconoclasta de 754, convocado por el emperador Constantino V mientras la sede de Constantinopla estaba vacante. El historiador Hefele, siguiendo al cronista Teófanes, contó 338 obispos y señaló que «los patriarcados de Roma, Alejandría, Antioquía y Jerusalén no estaban representados».13 Su decreto, conservado porque Nicea II lo leyó en voz alta para refutarlo, comienza: «El santo y ecuménico sínodo», y lanza anatema contra quien «no acepte este nuestro santo y ecuménico séptimo sínodo». Los obispos aclamaron: «Así creemos todos, todos somos del mismo sentir».14 Por las señales externas que más impresionan, Hieria parecía fuerte: convocatoria imperial, cientos de obispos, unanimidad, el título y el número. Lo que no tuvo fue ni un solo patriarca.
Nicea II (787): los criterios, nombrados
El segundo Concilio de Nicea, con legados del papa Adriano, el patriarca San Tarasio de Constantinopla y representantes de las sedes orientales, restableció la veneración de los íconos. En su sexta sesión respondió al decreto de Hieria punto por punto, empezando por su título. En la traducción de John Mendham de 1850:
«Además, ¿cómo podría ser Grande o Ecuménico lo que los Presidentes de otras Iglesias nunca han recibido ni aceptado, sino que, al contrario, han anatematizado? No tuvo como colaborador al entonces Papa de Roma, ni a su cónclave; ni fue autorizado por su Legado, ni por Carta Encíclica suya, como es costumbre en los Concilios. Tampoco hallamos que los Patriarcas de Oriente, de Antioquía, Alejandría y la Ciudad santa, consintieran en absoluto en ello, ni ninguno de sus grandes doctores o sumos sacerdotes». 15
La refutación añade que la enseñanza de Hieria no llegó «a todas las tierras» como la de los seis concilios, y que no puede ser «el Séptimo, pues no tiene concordancia alguna con los seis santos Concilios Ecuménicos que lo precedieron»: seis monedas de oro y una de bronce no hacen siete monedas de oro.15 A los 338 obispos de Hieria (Nicea II tuvo unos 350) responde que sus adversarios «hacen gran ostentación de sus cacareados números».16 El propio decreto de Nicea II enuncia su regla: «nada disminuimos, nada añadimos, sino que conservamos sin cambio todo lo que pertenece a la Iglesia Católica».17 {{very-strong: El segundo Concilio de Nicea rechazó el concilio iconoclasta de 754, a pesar de sus 338 obispos y de su pretensión de ser el séptimo sínodo ecuménico, porque Roma y los patriarcas orientales no habían participado ni dado su asentimiento, y porque su enseñanza discrepaba de la de los seis concilios anteriores.}}
Sin embargo, la participación patriarcal en el propio Nicea II fue más escasa de lo que sugiere su retórica. Los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén vivían bajo dominio musulmán; Henry Percival, editor de la colección inglesa estándar de los concilios, insiste en que los demás patriarcados «estuvieron representados», pero concede que los patriarcas «no podían asistir en persona, ni siquiera podían enviar apoderados». Los representantes orientales eran un monje y un abad. Percival publica también una carta de San Teodoro de 826, citada por el historiador J. M. Neale, que se queja de que los legados orientales «fueron traídos por nuestros delegados, no enviados por sus Patriarcas», con la nota de Neale de que San Teodoro «más tarde cambió de opinión».18 Tampoco Nicea II fue recibido de inmediato. En 794 el Concilio franco de Fráncfort, con legados papales presentes, decidió (según refiere Hefele a partir de Eginardo) que «no debía ser tenido ni declarado séptimo ni ecuménico, sino carente por completo de autoridad». Percival señala una traducción latina mal hecha de las actas y los Libros Carolinos de Carlomagno, y juzga que el concilio fue «universalmente reconocido» solo alrededor de un siglo después de reunirse.19
Constantinopla: ¿869-870 u 879-880?
El siglo IX produjo dos concilios rivales en Constantinopla. El concilio de 869-870 depuso al patriarca San Focio; en palabras de Percival, «tanto los orientales como los occidentales» lo consideraron entonces el octavo sínodo ecuménico. El concilio de 879-880, al que asistieron legados del papa Juan VIII, lo restituyó y fue, añade Percival, «aceptado después por muchos orientales como el Octavo de los Sínodos Ecuménicos».18 La Iglesia occidental cuenta hoy el concilio de 869-870 como el octavo concilio ecuménico; la Iglesia ortodoxa no. La Encíclica de los Patriarcas Orientales de 1848 llama al concilio de 879-880 «el octavo Concilio Ecuménico», aunque en otros pasajes habla de «los siete Concilios Ecuménicos».20
El historiador católico Francis Dvornik sostuvo en 1948 que Juan VIII aprobó las actas de 879-880 y que Roma siguió su veredicto durante dos siglos: las profesiones de fe papales de la primera mitad del siglo XI siguen enumerando siete concilios, de modo que «la Iglesia de Roma conocía solo siete, y no ocho, concilios ecuménicos». Según su lectura, el de 869-870 entró en la lista occidental hacia 1100 por obra de los canonistas de la reforma gregoriana, que valoraban su canon contra la injerencia de los laicos en las elecciones episcopales.21 En 1436, una profesión de fe redactada en el Concilio de Basilea nombraba «los ocho santos concilios universales».22 {{debated: Entre los ortodoxos no está resuelto si el concilio de 879-880 debe contarse como ecuménico, y el relato de Dvornik sobre cómo llegó Occidente a contar el de 869-870 es la reconstrucción de un historiador.}}
Florencia (1438-1439): firmado, pero no recibido
El Concilio de Ferrara-Florencia fue el intento más serio de reunificación. Su decreto de unión, Laetentur caeli («Alégrense los cielos»), se promulgó el 6 de julio de 1439 «con el acuerdo» del emperador Juan Paleólogo, «de los delegados de nuestros venerables hermanos los patriarcas y de otros representantes de la Iglesia oriental». Afirmó el Filioque y definió que «el pontífice romano posee el primado sobre el mundo entero».22 Según lo recuerda la Iglesia ortodoxa, San Marcos de Éfeso «fue el único que se negó» a firmar, e instó al pueblo de Constantinopla a repudiar la unión.23 La unión no fue recibida en la Iglesia ortodoxa, y un sínodo de Constantinopla en 1484 condenó formalmente Florencia. Ese sínodo, señala el padre George Dragas, «se llamó a sí mismo Ecuménico presumiblemente porque estaban presentes los cuatro Patriarcas orientales», y aun así la Iglesia ortodoxa tampoco lo cuenta entre los concilios ecuménicos.24 (Véase El Concilio de Florencia: ¿aceptó la Iglesia ortodoxa la unión con Roma?)
Lo que enseña la Iglesia ortodoxa
Dogma. La Iglesia ortodoxa confiesa como verdaderas y vinculantes las definiciones doctrinales de los siete Concilios Ecuménicos. Confía en la promesa de Cristo sobre su Iglesia: «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mateo 16:18), y en que el Espíritu «os guiará á toda verdad» (Juan 16:13); la Iglesia es «columna y apoyo de la verdad» (1 Timoteo 3:15). El catecismo de la OCA dice que los siete concilios «han recibido la aprobación universal de toda la Iglesia en todos los tiempos y lugares» y son «fuentes esenciales de la doctrina cristiana ortodoxa».1 (Véase Los siete Concilios Ecuménicos: qué enseñaron y por qué importan (en inglés).)
Enseñanza común. Los teólogos ortodoxos coinciden en general en que ninguna señal externa por sí sola hace ecuménico a un concilio, y en que toda la Iglesia custodia la fe. La Encíclica de 1848 dice que ni los patriarcas ni los concilios podían introducir novedades, «porque el protector de la religión es el cuerpo mismo de la Iglesia, es decir, el pueblo mismo».25 Florovsky llama a los concilios «acontecimientos carismáticos ocasionales» y no «institución canónica», reconocidos «no por su competencia canónica formal» sino porque «dieron testimonio de la Verdad, en conformidad con la Escritura transmitida en la Tradición apostólica».10
Opinión teológica. Cómo funciona la recepción, si el número de concilios ecuménicos está cerrado en siete y si 879-880 o los concilios palamitas de 1341-1351 comparten su autoridad son cuestiones en las que los teólogos ortodoxos difieren. Un estudio rumano de 2022 sobre los sínodos palamitas informa de que algunos ortodoxos los cuentan como un noveno concilio ecuménico y otros no.26
Las señales que se repiten
- Concordancia con la Escritura y con la tradición apostólica, incluidos los concilios anteriores. San Atanasio la aplicó a Nicea, Calcedonia al Tomo de León, Nicea II a Hieria y San Marcos de Éfeso a Florencia. San Vicente de Lérins, escribiendo hacia 434, le dio su forma clásica: hay que sostener «aquella fe que ha sido creída en todas partes, siempre, por todos», fortalecida «primero, con la autoridad de la Ley Divina, y luego, con la Tradición de la Iglesia Católica».27
- Participación o asentimiento de las Iglesias, en especial de las antiguas sedes patriarcales, entre ellas Roma en el primer milenio.
- Recepción por toda la Iglesia a lo largo del tiempo, en su culto, su predicación y su fe. Por eso el veredicto sobre Nicea tardó décadas y sobre Nicea II cerca de un siglo.
- No los números ni la convocatoria imperial. Rímini, Éfeso 449 e Hieria tuvieron ambas cosas.
Estas señales no son una fórmula que se aplique de antemano. Florovsky es tajante: «Ahora no hay espacio para discutir la teoría de la recepción. De hecho, no hubo ninguna teoría».10 San Vicente dice que, cuando «el veneno arriano» había infectado «casi todo el mundo», el verdadero creyente era quien «prefería la antigua creencia a la novedosa descreencia».27 Sobre cómo entiende la ortodoxia la Tradición en un sentido más amplio, véase Por qué la «Tradición» es distinta para los protestantes y para los cristianos ortodoxos.
¿Es circular la recepción?
La objeción más seria es lógica. Si un concilio es verdadero porque la Iglesia lo recibe, y la Iglesia verdadera es el cuerpo que recibe los concilios verdaderos, el argumento da vueltas en círculo. Florovsky lo admite: «Puede parecer que aquí estamos metidos en un círculo vicioso. Podemos estarlo realmente, si insistimos en garantías formales en materia doctrinal». Esas garantías, dice, «no existen y no pueden producirse, sobre todo de antemano».10
Tres cosas impiden que la postura ortodoxa sea un círculo cerrado, aunque no la convierten en una prueba. Primero, la recepción nunca es la única prueba. Un concilio se mide con la Escritura y con la fe ya confesada, y cualquiera puede leer el alegato de Nicea II contra Hieria y juzgar si es sólido. Segundo, la historia es pública: la recepción se desarrolló a lo largo de décadas y dejó registros que pueden comprobarse. Tercero, los ortodoxos admiten abiertamente que su premisa es cuestión de fe: la promesa de Cristo de que el Espíritu guiará a su Iglesia. La historia se lee a la luz de esa promesa, no se usa para probarla. Los protestantes que confían en que el Espíritu guió a la Iglesia para reconocer los libros del Nuevo Testamento se apoyan en una confianza semejante.
El diálogo oficial católico-ortodoxo ha descrito la recepción en un texto que sus miembros aprobaron en 2007 (la delegación rusa se había retirado). El Documento de Rávena dice que la ecumenicidad de un concilio «es reconocida mediante un proceso de recepción de larga o corta duración», en el que «el pueblo de Dios en su conjunto» reconoce «la única fe apostólica», y añade que este proceso «se interpreta de manera distinta en Oriente y en Occidente».28
Objeciones y respuestas
«Un concilio es ecuménico cuando el papa lo confirma».
El Concilio Vaticano II enseña: «Nunca hay Concilio ecuménico si no es confirmado o al menos aceptado como tal por el sucesor de Pedro; y es prerrogativa del Romano Pontífice convocar estos Concilios, presidirlos y confirmarlos».29 Los católicos pueden citar evidencia real del primer milenio: Nicea II señaló la falta de un legado o una carta papal como una de las razones del fracaso de Hieria, y Calcedonia saludó el Tomo de León como si hablara San Pedro. El acuerdo de Roma importó mucho. (Véase ¿Qué es el Magisterio católico?)
La réplica ortodoxa es que esta evidencia muestra el consentimiento de Roma como parte necesaria del consentimiento de la Iglesia, no como una garantía aparte. Los emperadores convocaron los concilios; Constantinopla I se reunió sin intervención de Roma; el Tomo de León solo fue recibido formalmente después de que los obispos lo contrastaran con San Cirilo y con los concilios anteriores; y un legado papal asistió a Éfeso 449 sin poder impedirlo. Los católicos responden con razón que el rechazo de San León a ese concilio es lo que predice su postura; según la lectura ortodoxa, prevaleció porque la Iglesia en general lo compartió en Calcedonia. Percival observa que decir que ningún concilio fue recibido sin la confirmación de Roma «es decir solamente que ningún concilio ha sido aceptado como ecuménico sin haber sido recibido ecuménicamente», puesto que Roma era entonces el único patriarcado de Occidente.7 Florencia, con confirmación papal y firmas griegas, aun así no logró ser recibido en Oriente.
«Los concilios pueden errar; solo la Escritura es la norma».
La Confesión de Westminster declara: «Todos los sínodos o concilios, desde los tiempos de los apóstoles, sean generales o particulares, pueden errar; y muchos han errado. Por tanto, no han de hacerse regla de fe o de práctica, sino usarse como ayuda en ambas».30 Los protestantes señalan con razón Rímini, Éfeso 449 e Hieria, y sostienen que si un concilio debe concordar con la fe apostólica, la Escritura es la autoridad real.
Los ortodoxos coinciden en que las asambleas de obispos han errado; la historia expuesta arriba lo da por supuesto. Coinciden también en que un concilio debe concordar con la Escritura, y San Pablo advierte que incluso «un ángel del cielo» que predicara otro evangelio es anatema (Gálatas 1:8). El desacuerdo está en quién lee correctamente la Escritura cuando lectores sinceros discrepan, como discrepaban Arrio y San Atanasio. La respuesta ortodoxa es que la Iglesia, guiada por el Espíritu, reconoció la lectura apostólica, y un concilio recibido expresa ese reconocimiento. En la práctica, las posturas pueden acercarse mucho. Los Treinta y Nueve Artículos anglicanos dicen que los concilios generales «pueden errar, y a veces han errado, incluso en cosas que pertenecen a Dios», y sin embargo sostienen que los tres Credos, entre ellos el niceno, «deben ser plenamente recibidos y creídos, porque pueden probarse mediante certísimas garantías de la Sagrada Escritura».31 (Véase ¿Qué es la sola scriptura? (en inglés))
«Calcedonia nunca fue recibido por toda la Iglesia».
Esta objeción ortodoxa oriental es la más difícil para el recurso a la recepción, porque procede de antiguas Iglesias apostólicas que comparten la misma reverencia por Nicea. A ellas, el lenguaje de las «dos naturalezas» de Calcedonia les pareció abandonar la «única naturaleza del Logos encarnado» de San Cirilo. La comisión mixta concluyó después que ambas familias «han mantenido siempre con lealtad la misma fe cristológica ortodoxa auténtica ... aunque han usado los términos cristológicos de maneras diferentes».12 Eso apoya la ortodoxia de Calcedonia, pero también muestra que un concilio ortodoxo puede quedar sin recibir por una parte de la Iglesia apostólica durante quince siglos. La postura ortodoxa es que la recepción significa el reconocimiento de la fe apostólica por la Iglesia, no la unanimidad de todos los que dicen ser la Iglesia. Es coherente, pero es un juicio teológico que los ortodoxos orientales no comparten.
«Los vencedores simplemente decidieron».
Un escéptico puede decir que la «recepción» es un nombre piadoso para lo que fuera que defendía el partido que tenía el poder al final. Hay algo de verdad en ello. Los concilios fueron convocados «por mandato y voluntad de los Príncipes», como dice Percival, y la unión de Florencia fue impulsada en parte por la necesidad que tenía el emperador de ayuda militar de Occidente mientras los ejércitos musulmanes cercaban Constantinopla.23 Pero el registro no encaja con una simple historia de poder. Los concilios respaldados por el imperio en 359, 449 y 754 perdieron. En Florencia, San Marcos de Éfeso se mantuvo casi solo frente a la política del emperador, y la Iglesia recibió su postura. (Véase Nicea no fue un final de infarto por un solo voto (en inglés).)
«¿Podría haber entonces un octavo concilio?»
Los autores ortodoxos no coinciden. Algunos cuentan 879-880 o 1341-1351; otros sostienen que un concilio ecuménico en sentido estricto exige una Iglesia reunificada. El Documento de Rávena señala que la ruptura entre Oriente y Occidente «hizo imposible la celebración de Concilios Ecuménicos en sentido estricto del término».28
Lo que podemos afirmar con confianza
- Concilios con convocatoria imperial, numerosa asistencia y pretensiones ecuménicas fueron rechazados después: Rímini y Seleucia (359), Éfeso (449) e Hieria (754).
- Hieria se llamó a sí mismo el «Santo y Ecuménico Séptimo Sínodo»; Nicea II lo rechazó por carecer del asentimiento de Roma y de los patriarcas orientales y por contradecir a los concilios anteriores.
- El Concilio franco de Fráncfort rechazó Nicea II en 794, antes de que Occidente lo recibiera.
- Occidente cuenta el concilio de 869-870 como ecuménico; los ortodoxos no, y algunos autores ortodoxos, entre ellos la Encíclica de 1848, dan ese título a 879-880.
- Los delegados griegos aceptaron la unión de Florencia en 1439, pero la Iglesia ortodoxa no la recibió, y un sínodo de 1484 la condenó.
Lo que sigue en disputa
- Si la recepción puede explicarse sin circularidad; Florovsky admite que no existen garantías formales.
- Si los concilios de 879-880 y 1341-1351 deben contarse como ecuménicos, y si es posible un futuro concilio ecuménico antes de que Oriente y Occidente se reúnan.
- Si la falta de recepción de Calcedonia por parte de los ortodoxos orientales debilita el recurso ortodoxo a la recepción.
- Si la confirmación papal fue, en el primer milenio, un requisito distinto o parte del consentimiento de toda la Iglesia.
Conclusión
La respuesta ortodoxa es menos pulcra que una regla y más digna de confianza que un eslogan. La Iglesia no reconoció los concilios contando obispos ni obedeciendo a los emperadores. Los reconoció lentamente, contrastando lo que enseñaban con la fe recibida de los apóstoles y orada en su liturgia, y rechazó los concilios que no superaron esa prueba aunque tuvieran muchas señales externas de autoridad, apelando siempre a la fe «creída en todas partes, siempre, por todos».
En última instancia, esto descansa en la confianza de que Cristo cumple su promesa y de que el Espíritu Santo conduce a su Iglesia a la verdad, como escribieron los apóstoles: «ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros». Los ortodoxos pueden mostrar que esta confianza no es arbitraria, porque la recepción ocurrió en público y dio razones. No pueden mostrar que esté libre de fe, y no deberían fingirlo. Donde quedan cuestiones abiertas, la propia historia de la Iglesia aconseja paciencia: lo que es verdadero se recibe con el tiempo, por todo el cuerpo, en oración. Para seguir la historia a través de los propios Padres, la guía de los Padres de la Iglesia (en inglés) es un buen siguiente paso.
Notas
- Thomas Hopko, The Orthodox Faith, vol. 1, Doctrine and Scripture, «Sources of Christian Doctrine: The Councils» (Iglesia Ortodoxa en América, edición en línea en oca.org). ↩
- Atanasio, Ad Afros (Carta sinodal a los obispos de África) 2, trad. Archibald Robertson, NPNF2 vol. 4. La misma sección da el número tradicional de 318 obispos en Nicea. ↩
- Atanasio, De Synodis 1, trad. John Henry Newman y Archibald Robertson, NPNF2 vol. 4. ↩
- Atanasio, Ad Afros 2-4, 9. Atanasio dice que los obispos ortodoxos en Arímino eran «cerca de 200». También sostiene que los obispos de Nicea «son más que los de los sínodos locales». ↩
- Jerónimo, Dialogue against the Luciferians 19, trad. W. H. Fremantle, G. Lewis y W. G. Martley, NPNF2 vol. 6. ↩
- Primer Concilio de Constantinopla (381), canon I, en Henry R. Percival, ed., The Seven Ecumenical Councils, NPNF2 vol. 14. ↩
- Percival, The Seven Ecumenical Councils, Introducción, sección II, «Concerning Ecumenical Councils in General». Percival define un sínodo ecuménico como «un sínodo cuyos decretos han hallado aceptación por parte de la Iglesia en el mundo entero», señala que no hace falta que se haya «reunido con la intención de ser ecuménico, como no fue el caso de Constantinopla I», y que los concilios «fueron todos convocados por mandato y voluntad de los Príncipes», Constantinopla I «sin conocimiento alguno del asunto por parte del Papa». ↩
- Percival, The Seven Ecumenical Councils, notas a los cánones de Calcedonia, sobre Juvenal de Jerusalén: en «el vergonzoso Latrocinio, Juvenal ocupó el tercer lugar, después de Dióscoro y del legado papal, por haber sido nombrado especialmente por Teodosio». Percival señala también que Calcedonia declaró a Flaviano «injustamente depuesto». Sobre Eutiques, ambas familias condenan «la herejía eutiquiana» y describen a Eutiques como quien negaba «la doble consustancialidad del Logos»: Segunda Declaración Acordada (1990), secciones 1 y 7 (véase la nota 12). ↩
- León Magno, Carta 95, a la emperatriz Pulqueria, trad. Charles Lett Feltoe, NPNF2 vol. 12. ↩
- Georges Florovsky, «The Authority of the Ancient Councils and the Tradition of the Fathers», en Bible, Church, Tradition: An Eastern Orthodox View, Collected Works vol. 1 (Belmont, MA: Nordland, 1972), capítulo 6, citas en 96-97 (el ensayo apareció por primera vez en un Festschrift de 1967 en honor de Ernst Benz). ↩
- Concilio de Calcedonia, sesión II (continuación), en Percival, The Seven Ecumenical Councils; y los extractos de Jacques-Bénigne Bossuet, Defensio Declarationis Cleri Gallicani VII.17 y Gallia Orthodoxa 59-61 (trad. T. W. Allies), impresos en el mismo volumen; Percival observa la «posición algo aislada» de Bossuet «como galicano». Sobre la enseñanza católica posterior, véase el Concilio Vaticano I, Pastor Aeternus (1870), capítulo 4: las definiciones papales «son irreformables por sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia» (Tanner, Decrees of the Ecumenical Councils, texto inglés en papalencyclicals.net). ↩
- Comisión Mixta del Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Ortodoxas Orientales, Segunda Declaración Acordada (Chambésy, 23-28 de septiembre de 1990), secciones 7-9, que se apoyan en la Primera Declaración Acordada (Monasterio de Anba Bishoy, Egipto, junio de 1989). ↩
- Percival, The Seven Ecumenical Councils, «Excursus on the Conciliabulum Styling Itself the Seventh Ecumenical Council», que cita a Karl Joseph von Hefele, History of the Councils, vol. 5. ↩
- «Epitome of the Definition of the Iconoclastic Conciliabulum held in Constantinople, A.D. 754», con las aclamaciones que le siguen, en Percival, The Seven Ecumenical Councils (de la sexta sesión de Nicea II). ↩
- Segundo Concilio de Nicea, sesión VI, en John Mendham, trad., The Seventh General Council, the Second of Nicaea, Held A.D. 787 (Londres: W. E. Painter, 1850), 306-308; cotejado con la edición escaneada (archive.org). Mendham imprime «Œcumenic»; la transcripción de readthesaints.com moderniza algunos casos como «Ecumenical». La traducción académica moderna es la de Richard Price, The Acts of the Second Council of Nicaea (787) (Liverpool: Liverpool University Press, 2018), no consultada aquí. ↩
- Mendham, The Seventh General Council, 329, donde también se lee la pretensión del decreto iconoclasta de contar con «Three Hundred and Thirty-Eight Bishops». La asistencia de «trescientos cincuenta obispos» a Nicea II procede de la introducción de Percival al Séptimo Concilio, punto 1(e) (nota 18). ↩
- «The Decree of the Holy, Great, Ecumenical Synod, the Second of Nice», en Percival, The Seven Ecumenical Councils. ↩
- Percival, The Seven Ecumenical Councils, Introducción al Séptimo Concilio Ecuménico, puntos 1(d)-(f); «Historical Note on the So-Called ‘Eighth General Council’ and Subsequent Councils», sobre los concilios de 869 y 879; y la nota 546 de Percival en el «Excursus on the Reception of the Seventh Council», que cita a J. M. Neale, History of the Holy Eastern Church, sobre la carta de Teodoro a Arsenio. Los representantes orientales se nombran en la carta de los emperadores leída en la primera sesión (Juan, «piadosísimo Monje», y Tomás, «Presbítero y Abad»). ↩
- Percival, The Seven Ecumenical Councils, «Excursus on the Council of Frankfort, A.D. 794», que cita a Hefele, quien cita a Eginardo; el «Excursus on the Reception of the Seventh Council» de Percival, sobre la traducción latina enviada a Carlomagno y los Libros Carolinos; y su «Historical Note» (nota 18) sobre el reconocimiento posterior del concilio. ↩
- Encíclica de los Patriarcas Orientales (1848), secciones 3 y 5 (5.xi), texto inglés en el Internet Modern History Sourcebook (Universidad Fordham), a partir de orthodoxinfo.com. ↩
- Francis Dvornik, The Photian Schism: History and Legend (Cambridge: Cambridge University Press, 1948), capítulos 6-7 sobre el concilio de 879-880 y la aprobación de Juan VIII; cita en 319, donde Dvornik señala también que 869-870 «es considerado hoy concilio ecuménico por la Iglesia occidental»; conclusión en 329-330. ↩
- Concilio de Basilea, sesión 23 (26 de marzo de 1436), sobre la profesión de fe del sumo pontífice; Concilio de Florencia, sesión 6 (6 de julio de 1439), Laetentur caeli; ambos en Norman P. Tanner, ed., Decrees of the Ecumenical Councils, texto inglés en papalencyclicals.net. ↩
- «Saint Mark, Archbishop of Ephesus», Lives of the Saints, Iglesia Ortodoxa en América (oca.org), que dice que el emperador «buscaba asistencia militar de Occidente». Para «por mandato y voluntad de los Príncipes», véase la nota 7. ↩
- George Dragas, «The Manner of Reception of Roman Catholic Converts into the Orthodox Church, with Special Reference to the Decisions of the Synods of 1484 (Constantinople), 1755 (Constantinople) and 1667 (Moscow)», ponencia presentada en el Diálogo Ortodoxo/Católico Romano (EE. UU.), 1998, sección 2; en línea en myriobiblos.gr. ↩
- Encíclica de los Patriarcas Orientales (1848), sección 17. ↩
- Maxim Marian Vlad, «Sinoade palamite. Evaluare istorică, ecleziologică și canonică» [Sínodos palamitas: evaluación histórica, eclesiológica y canónica], Teologie și Educație la Dunărea de Jos 20 (2022): 80-115, resumen en inglés. ↩
- Vicente de Lérins, Commonitorium 2.4, 2.6 y 4.10, trad. C. A. Heurtley, NPNF2 vol. 11. Vicente fecha su obra unos tres años después del Concilio de Éfeso (431). ↩
- Comisión Internacional Mixta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa, «Ecclesiological and Canonical Consequences of the Sacramental Nature of the Church» (Documento de Rávena), 2007, secciones 37 y 39. Sobre la retirada de la delegación de la Iglesia Ortodoxa Rusa por la presencia de la Iglesia de Estonia, véase Catholic News Agency, «Catholic-Orthodox dialogue draws to a close, theme for next meeting is the role of the Pope», 15 de octubre de 2007 (ahora alojado en ewtnnews.com). ↩
- Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 22 (1964). ↩
- Confesión de Fe de Westminster, capítulo 31, «Of Synods and Councils», sección 3 en la edición de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa. ↩
- Artículos de Religión (Treinta y Nueve Artículos), artículos XXI y VIII, Libro de Oración Común (1662), texto en churchofengland.org. ↩
Bibliografía
Fuentes primarias
- The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982.
- Atanasio. Ad Afros Epistola Synodica y De Synodis. Traducido por Archibald Robertson y John Henry Newman. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 4. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1892. Edición revisada en newadvent.org.
- Jerónimo. Dialogue against the Luciferians. Traducido por W. H. Fremantle, G. Lewis y W. G. Martley. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 6. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1893. Edición revisada en newadvent.org.
- León Magno. Carta 95. Traducida por Charles Lett Feltoe. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 12. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1895. Edición revisada en newadvent.org.
- Vicente de Lérins. Commonitorium. Traducido por C. A. Heurtley. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 11. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1894. Edición revisada en newadvent.org.
- Percival, Henry R., ed. The Seven Ecumenical Councils. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 14. 1900. Texto en ccel.org y newadvent.org. Cánones y extractos de las actas, la definición iconoclasta de 754 y la introducción, las notas y los excursus del editor.
- Mendham, John, trad. The Seventh General Council, the Second of Nicaea, Held A.D. 787, in Which the Worship of Images Was Established. Londres: W. E. Painter, 1850.
- Tanner, Norman P., ed. Decrees of the Ecumenical Councils. Concilios de Basilea y de Ferrara-Florencia, y Concilio Vaticano I (Pastor Aeternus, 1870); texto inglés en papalencyclicals.net.
- Encyclical of the Eastern Patriarchs, 1848: A Reply to the Epistle of Pope Pius IX, «to the Easterns». Internet Modern History Sourcebook, Universidad Fordham.
- Comisión Mixta del Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Ortodoxas Orientales. Primera Declaración Acordada (1989) y Segunda Declaración Acordada (1990). Textos en dss-syriacpatriarchate.org y copticorthodox.church.
- Comisión Internacional Mixta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa. Ecclesiological and Canonical Consequences of the Sacramental Nature of the Church (Documento de Rávena). 2007. christianunity.va.
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Florovsky, Georges. «The Authority of the Ancient Councils and the Tradition of the Fathers». En Bible, Church, Tradition: An Eastern Orthodox View, Collected Works of Georges Florovsky, vol. 1. Belmont, MA: Nordland Publishing Company, 1972.
- Hopko, Thomas. The Orthodox Faith, vol. 1, Doctrine and Scripture. Iglesia Ortodoxa en América, edición en línea en oca.org.
- Iglesia Ortodoxa en América. «Saint Mark, Archbishop of Ephesus». Lives of the Saints. oca.org.
- Dragas, George. «The Manner of Reception of Roman Catholic Converts into the Orthodox Church, with Special Reference to the Decisions of the Synods of 1484 (Constantinople), 1755 (Constantinople) and 1667 (Moscow)». Ponencia presentada en el Diálogo Ortodoxo/Católico Romano (EE. UU.), 1998. myriobiblos.gr.
- Vlad, Maxim Marian. «Sinoade palamite. Evaluare istorică, ecleziologică și canonică». Teologie și Educație la Dunărea de Jos 20 (2022): 80-115.
Otros estudios (incluidos autores que discrepan)
- Dvornik, Francis. The Photian Schism: History and Legend. Cambridge: Cambridge University Press, 1948.
Fuentes de las tradiciones tratadas (católica y protestante)
- Concilio Vaticano II. Lumen Gentium: Constitución dogmática sobre la Iglesia. 1964. vatican.va.
- The Westminster Confession of Faith. Capítulo 31. Edición de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa, opc.org.
- Iglesia de Inglaterra. Articles of Religion (Treinta y Nueve Artículos), artículos VIII y XXI. Libro de Oración Común, 1662. churchofengland.org.