Por qué la Tradición significa algo distinto para protestantes y cristianos ortodoxos
La palabra tradición puede causar mucha confusión entre protestantes y cristianos ortodoxos. Se usa la misma palabra, pero con frecuencia significa algo muy distinto según quién hable.
Para muchos protestantes, tradición suena a algo que los seres humanos añadieron más tarde: costumbres, rituales, hábitos denominacionales u opiniones teológicas que se fueron desarrollando con el tiempo. Eso no significa que los protestantes piensen que toda tradición es mala. Muchos protestantes valoran profundamente la Iglesia primitiva, los credos antiguos, los escritos de los Padres de la Iglesia y la sabiduría de los cristianos fieles del pasado. Pero por lo general creen que toda tradición debe ser probada por la Escritura, porque solo la Escritura es la regla de fe final e infalible.
Para los cristianos ortodoxos, en cambio, la Santa Tradición significa algo mucho más hondo que las costumbres antiguas. Se refiere a la fe apostólica viva transmitida en la Iglesia desde el principio. En este sentido, la Tradición no se ve como una rival de la Escritura, sino como la vida de la Iglesia en la cual la Escritura fue escrita, conservada, leída, interpretada, orada y proclamada.
Esa diferencia está en el corazón del desacuerdo.
La tradición con «t» minúscula
Ayuda comenzar con una distinción. A veces los cristianos usan la palabra tradición para describir costumbres locales o hábitos humanos. Pueden ser hermosos, útiles y significativos, pero no son necesariamente esenciales para la fe cristiana.
Por ejemplo, una iglesia puede tener cierto estilo de música, cierto orden de culto, cierta manera de celebrar las fiestas o ciertas costumbres culturales vinculadas con la adoración. Estas cosas pueden moldear la vida de una comunidad, pero no equivalen automáticamente a doctrina.
Tanto los protestantes como los cristianos ortodoxos pueden reconocer este tipo de tradición. Ambos pueden coincidir en que no toda práctica heredada tiene el mismo grado de autoridad. Algunas tradiciones son locales. Otras son disciplinares. Otras son devocionales. Algunas pueden ser sabias en un contexto e innecesarias en otro. Algunas incluso pueden necesitar corrección.
Así que, cuando los protestantes advierten contra la «tradición de hombres», por lo general están pensando en este tipo de cosas: prácticas humanas que nunca deberían tratarse como iguales a la revelación de Dios.
Esa preocupación no carece de fundamento. Jesús mismo criticó a los líderes religiosos que permitieron que la tradición humana oscureciera o violara el mandamiento de Dios. Los cristianos deberían tomar en serio esa advertencia.
La Santa Tradición con «T» mayúscula
Los cristianos ortodoxos, sin embargo, suelen querer decir algo distinto cuando hablan de la Santa Tradición. No se refieren simplemente a viejos hábitos o preferencias culturales. Hablan de la fe apostólica misma —la fe entregada una vez a los santos—, vivida y transmitida en el culto, la enseñanza, los sacramentos, las oraciones, los concilios y la vida espiritual de la Iglesia.
Desde la perspectiva ortodoxa, la Santa Tradición incluye la Escritura, pero no se limita a ella. Incluye la Biblia, el canon de la Escritura, los credos antiguos, las decisiones de los Concilios Ecuménicos, la vida litúrgica de la Iglesia, los sacramentos, los escritos de los Padres, las vidas de los santos, el uso de los íconos y los patrones heredados de culto y doctrina de la Iglesia.
Esto no significa que toda costumbre ortodoxa tenga la misma autoridad. Los propios cristianos ortodoxos distinguen entre la fe inmutable de la Iglesia y las costumbres locales, que pueden variar de un lugar a otro. La manera de celebrar una fiesta en Grecia puede verse distinta de cómo se celebra en Rusia, Serbia, Antioquía o Estados Unidos. Ciertas melodías, estilos de vestiduras, costumbres de ayuno y prácticas parroquiales pueden diferir.
Pero la ortodoxia ve la fe, el culto, la doctrina y la vida sacramental fundamentales de la Iglesia como una herencia recibida, no como algo que cada generación sea libre de reinventar.
La preocupación protestante
La mayoría de los protestantes no intentan borrar la historia de la Iglesia. Los mejores pensadores protestantes se han interesado a menudo profundamente por la Iglesia primitiva. Muchos protestantes confiesan la Trinidad, la Encarnación, el nacimiento virginal, la muerte y la resurrección de Cristo y los credos antiguos. Pueden citar con respeto a Atanasio, Agustín, Crisóstomo o Ireneo.
Pero los protestantes suelen insistir en que incluso los maestros y concilios más respetados de la Iglesia deben ser juzgados por la Escritura. Los credos, las confesiones, los pastores, los teólogos, los concilios y las denominaciones pueden tener un valor real, pero siguen siendo falibles. Pueden guiar, resumir, defender y enseñar la verdad bíblica, pero no pueden crear doctrina al margen de la Escritura ni situarse por encima de la Palabra escrita de Dios.
Este es el corazón de la sola Scriptura. Bien entendida, la sola Scriptura no significa necesariamente «ninguna tradición», «ningún credo» o «solo yo y mi Biblia». Muchos protestantes rechazarían eso como una distorsión individualista extrema. Más bien significa que la Escritura es la única autoridad infalible para la Iglesia. Existen otras autoridades, pero son subordinadas y corregibles.
Los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra expresan este tipo de postura cuando dicen que la Iglesia tiene autoridad en las controversias de fe, pero no puede ordenar nada contrario a la Palabra escrita de Dios. Es un instinto muy protestante: la Iglesia tiene autoridad, pero la Escritura tiene la autoridad final.
De modo que, cuando los protestantes oyen hablar de la Tradición a los cristianos ortodoxos, pueden temer que la Tradición se coloque junto a la Escritura como una segunda fuente de revelación. Su preocupación es que doctrinas o prácticas puedan defenderse simplemente por ser antiguas, aunque no puedan fundamentarse con claridad en la Biblia. Los protestantes temen que la tradición pueda convertirse en una autoridad rival de la Palabra de Dios.
Ese temor merece ser comprendido con equidad.
La preocupación ortodoxa
Los cristianos ortodoxos ven el problema desde otro ángulo. Con frecuencia preguntan: ¿Quién nos dio el canon del Nuevo Testamento? ¿Quién conservó las Escrituras? ¿Quién defendió la doctrina de la Trinidad? ¿Quién rechazó las herejías sobre Cristo? ¿Quién transmitió el culto, los sacramentos y la fe de los primeros cristianos?
Desde la perspectiva ortodoxa, la Escritura nunca estuvo destinada a separarse de la vida de la Iglesia. La Biblia no cayó del cielo como un libro aislado con su índice. Las Escrituras fueron escritas dentro de la comunidad apostólica, leídas en el culto de la Iglesia, conservadas por la Iglesia e interpretadas dentro de la regla de fe de la Iglesia.
Así que, cuando los cristianos ortodoxos oyen decir a los protestantes «solo la Escritura», pueden temer que la Escritura se esté apartando de la misma Iglesia que la recibió, la conservó y la canonizó. Pueden ver en ello una puerta abierta a la interpretación privada, a la fragmentación doctrinal y a un desacuerdo interminable.
Esta preocupación no es imaginaria. El protestantismo ha producido muchas denominaciones con desacuerdos serios sobre el bautismo, la Eucaristía, el gobierno de la Iglesia, la salvación, los dones espirituales, el culto e incluso la enseñanza moral. Los protestantes pueden responder que la división existe también en las tradiciones más antiguas y que la Escritura debe seguir corrigiendo a la Iglesia cuando sea necesario. Pero la preocupación ortodoxa permanece: cuando cada individuo, pastor o denominación afirma interpretar la Escritura por su cuenta, ¿cómo conserva la Iglesia la fe apostólica de manera estable y visible?
Los cristianos ortodoxos temen que rechazar la Santa Tradición pueda cortar a los creyentes de la misma vida apostólica que nos dio, en primer lugar, el canon, los credos, los concilios y el culto histórico.
Ese temor también merece ser comprendido con equidad.
Dos puntos de partida distintos
Un protestante podría decir:
«La tradición puede ser útil, pero siempre debe ser corregida por la Escritura».
Un cristiano ortodoxo podría decir:
«La Escritura misma pertenece a la Santa Tradición de la Iglesia».
Esas dos afirmaciones revelan el corazón de la diferencia.
Para los protestantes, la Escritura es la prueba final de todas las tradiciones. La tradición puede servir a la Escritura, enseñarla, resumirla y protegerla de la falsa interpretación, pero nunca debe llegar a ser igual a la Escritura.
Para los cristianos ortodoxos, la Escritura no es menos que la Tradición, sino parte de la Tradición. La Biblia es el testimonio escrito supremo de la fe apostólica, pero no se entiende al margen del culto, la vida sacramental y la fe heredada de la Iglesia. La misma Iglesia que conservó las Escrituras conservó también los credos, los concilios, la liturgia y los patrones de doctrina con los que la Escritura se lee rectamente.
Por eso el desacuerdo no es simplemente sobre si los cristianos deben respetar el pasado. Ambas partes pueden respetar el pasado. La pregunta más profunda es esta:
¿Qué clase de autoridad tiene hoy la Tradición apostólica recibida por la Iglesia?
Escritura y Tradición en la Biblia
Parte de la dificultad es que la Biblia misma usa la palabra tradición en más de un sentido.
A veces la tradición es condenada. Jesús reprendió a los líderes religiosos por usar la tradición humana de un modo que anulaba el mandamiento de Dios. En ese caso, la tradición no era una conservación fiel; era corrupción.
Pero a veces la tradición es elogiada. Pablo exhorta a los cristianos a «mantenerse firmes y aferrarse a las tradiciones» (traducción nuestra; la Reina-Valera 1909 dice aquí «retened la doctrina», pero el griego dice «tradiciones») que se les enseñaron, ya fuera de palabra o por carta. Elogia a los corintios por mantener las tradiciones que él les entregó. En estos casos, la tradición no significa una costumbre humana vacía. Significa la enseñanza apostólica transmitida a la Iglesia.
Por eso tanto los protestantes como los cristianos ortodoxos pueden apelar a la Escritura en esta discusión.
Los protestantes subrayan las advertencias bíblicas contra las tradiciones humanas que distorsionan la Palabra de Dios. Los cristianos ortodoxos subrayan el mandato bíblico de conservar la enseñanza apostólica, escrita u oral. El debate no es si la Biblia menciona la tradición. Claramente lo hace. El debate es cómo continúa la Tradición apostólica en la Iglesia después de la era de los apóstoles.
Una analogía útil
Imagina una familia que recibe una carta preciosa de un padre que se ha ido lejos. La carta importa profundamente. Está escrita, es estable y tiene autoridad. Nadie en la familia tiene derecho a reescribirla.
Un instinto protestante dice: «La carta es la norma final. Las historias familiares, los recuerdos y los hábitos pueden ayudarnos a entenderla, pero la carta escrita debe corregirlos si se desvían».
Un instinto ortodoxo dice: «Sí, la carta es preciosa. Pero fue entregada a una familia viva, con recuerdos, hábitos, lenguaje y una forma de vida compartidos. Si alguien lee la carta ignorando la memoria viva de la familia, puede malentender lo que el padre quiso decir».
Ambos instintos intentan proteger algo importante.
El protestante quiere proteger la pureza y la autoridad de la Palabra de Dios. El cristiano ortodoxo quiere proteger la plenitud y la continuidad de la fe apostólica.
El desacuerdo surge cuando cada parte cree que la otra ha puesto en peligro aquello que debe preservarse.
Cómo evitar las caricaturas
Aquí es donde los cristianos deberían ir más despacio.
Los protestantes no deberían suponer que cuando los cristianos ortodoxos dicen Tradición se refieren simplemente a «invenciones humanas añadidas a la Biblia». Así no se entiende a sí misma la ortodoxia. La ortodoxia ve la Santa Tradición como la vida de la Iglesia guiada por el Espíritu, que conserva la fe apostólica mediante la Escritura, el culto, la doctrina y los sacramentos.
Los cristianos ortodoxos no deberían suponer que los protestantes odian la historia, rechazan la Iglesia primitiva o creen que el cristianismo comenzó en el siglo XVI. Muchos protestantes se interesan profundamente por los Padres, los concilios, los credos y los mártires. Su preocupación no es que el pasado carezca de valor, sino que nunca se debe permitir que el pasado prevalezca sobre la Palabra escrita de Dios.
Ambas partes suelen reaccionar frente a peligros reales:
Realmente existe algo así como una religión hecha por hombres que reemplaza los mandamientos de Dios. Los protestantes tienen razón al advertir contra ella.
Realmente existe algo así como una interpretación bíblica aislada e individualista, desligada de la Iglesia histórica. Los cristianos ortodoxos tienen razón al advertir contra ella.
La cuestión no es si existen peligros. La cuestión es cuál peligro es mayor y cómo quiso Cristo que su Iglesia guardara la verdad.
Por qué esto importa
Este debate afecta mucho más que la terminología. Moldea la manera en que los cristianos responden a preguntas importantes:
-¿Quién tiene autoridad para interpretar la Escritura?
-¿Cómo sabemos qué libros pertenecen a la Biblia?
-¿Qué papel deberían desempeñar los credos y los concilios antiguos?
-¿Son los íconos una expresión fiel de la Encarnación o un desarrollo no bíblico?
-¿Qué es la Eucaristía?
-¿Qué es la Iglesia?
-¿Cómo deben responder los cristianos cuando las interpretaciones modernas difieren de las antiguas?
Para los protestantes, la respuesta suele volver a la Escritura como autoridad final. Para los cristianos ortodoxos, la respuesta suele volver a la Escritura leída dentro de la Santa Tradición de la Iglesia apostólica.
Por eso esta cuestión importa tanto. No se trata solamente de si una iglesia usa incienso, canta oraciones, honra a los santos o sigue una liturgia antigua. Se trata de cómo entienden los cristianos la relación entre la Biblia, la Iglesia y la fe transmitida desde los apóstoles.
La gran diferencia
En el nivel más sencillo, la diferencia puede resumirse así:
Los protestantes creen en general que la Iglesia debe honrar la tradición, pero que solo la Escritura es infalible y debe juzgar todas las tradiciones.
Los cristianos ortodoxos creen que la Santa Tradición es la fe apostólica viva de la Iglesia, con la Escritura como su expresión escrita suprema, no como algo separado de ella.
Eso no resuelve el debate, pero nos ayuda a entenderlo con más honestidad.
Los protestantes procuran guardar la autoridad única de las Escrituras inspiradas.
Los cristianos ortodoxos procuran guardar la continuidad de la Iglesia apostólica que recibió y conservó esas Escrituras.
Ambas preocupaciones son serias. Ambas merecen ser escuchadas con equidad. Y quien quiera entender la diferencia debería empezar por rechazar las caricaturas fáciles.
El verdadero desacuerdo no es si el pasado importa. Claramente importa. La verdadera pregunta es si la Tradición apostólica recibida por la Iglesia es un testimonio útil pero falible de la Escritura, o si es el contexto vivo en el que la Escritura misma se recibe, se conserva y se entiende rectamente.
Por eso la palabra tradición significa algo muy distinto según la use un protestante o un cristiano ortodoxo.