Cada domingo, cristianos de todo el mundo confiesan su fe en el Espíritu Santo.
El Credo niceno-constantinopolitano, en la forma asociada con el Concilio de Constantinopla del año 381 d. C., dice que el Espíritu Santo «del Padre procede» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América).
En el Occidente latino medieval se volvió habitual otra frase:
«que procede del Padre y del Hijo» (traducción nuestra)
Las palabras latinas son Filioque: «y del Hijo».
Esa pequeña adición se convirtió en una de las disputas más famosas entre el catolicismo romano y la ortodoxia.
Pero la controversia no trata realmente de una sola palabra.
Tiene que ver con dos preguntas:
- ¿Cuál es la relación eterna del Espíritu Santo con el Padre y con el Hijo?
- ¿Tenía la Iglesia occidental autoridad para alterar el texto de un credo recibido ecuménicamente?
Hay que mantener separadas esas dos preguntas.
Lo que dice el Credo original
El credo asociado con el Primer Concilio de Constantinopla confiesa al Espíritu Santo como:
«Señor, Dador de Vida, que del Padre procede».
Este lenguaje refleja Juan 15:26, donde Jesús dice que el Espíritu de verdad «procede del Padre». (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
El texto griego original no incluye «y del Hijo».
Ese dato histórico no está en disputa.
El Filioque se añadió gradualmente en partes del Occidente de habla latina. No se originó en Nicea en 325 ni en Constantinopla en 381.
¿Por qué lo añadió Occidente?
La frase aparece en el contexto de las luchas occidentales contra la teología arriana y posarriana, sobre todo en España.
El Tercer Concilio de Toledo, en 589, suele asociarse con su importante uso litúrgico y doctrinal en el Occidente latino.
El objetivo no era disminuir al Espíritu Santo ni crear dos dioses como fuentes del Espíritu. La frase ayudaba a subrayar la plena igualdad del Hijo con el Padre.
Si el Espíritu está eternamente relacionado no solo con el Padre, sino también con el Hijo, el Hijo no puede ser una criatura que esté fuera de la vida divina.
Con el tiempo, la frase se extendió por los territorios francos.
La propia Roma fue al principio más conservadora en cuanto a cambiar el texto del Credo. La adición no entró en la recitación litúrgica romana del Credo hasta comienzos del siglo XI.
Ese solo hecho muestra por qué la controversia no puede reducirse a «los ortodoxos quitaron palabras que los católicos siempre habían confesado».
Históricamente, la adición se produjo en Occidente.
San Agustín y la tradición latina
La teología occidental fue moldeada en gran medida por San Agustín de Hipona.
San Agustín describió al Espíritu Santo en relación tanto con el Padre como con el Hijo, y podía hablar del Espíritu que procede de ambos.
Sin embargo, San Agustín no enseñó dos causas independientes dentro de la Trinidad.
Para la teología latina, el Padre y el Hijo poseen una sola esencia divina, y el Espíritu procede del Padre y del Hijo de un modo que preserva al Padre como la fuente primordial.
La teología católica posterior refinaría este lenguaje con cuidado.
Esto es importante porque la crítica ortodoxa debe confrontar la formulación católica más sólida, no la caricatura de que los católicos creen que el Espíritu tiene «dos Padres».
No lo creen.
La preocupación oriental: la monarquía del Padre
La teología patrística griega suele subrayar la monarquía del Padre.
El Padre es la fuente personal (arche, aitia) dentro de la Trinidad. El Hijo es engendrado eternamente del Padre. El Espíritu Santo procede eternamente del Padre.
Las personas divinas no se distinguen por poseer porciones de la esencia divina, sino por sus irreductibles relaciones de origen.
Desde esta perspectiva, decir que el Espíritu procede eternamente «del Padre y del Hijo» puede sonar como si el Hijo compartiera la propiedad personal del Padre de ser causa.
Por eso la disputa es más seria que una cuestión de vocabulario.
La teología ortodoxa teme que el Filioque, si se entiende en sentido causal, confunda las propiedades personales del Padre y del Hijo.
La importancia de «por medio del Hijo»
Los Padres orientales no suelen describir al Hijo como irrelevante para la existencia eterna del Espíritu.
La expresión «por medio del Hijo» tiene hondas raíces patrísticas.
San Cirilo de Alejandría, por ejemplo, usa un lenguaje fuerte que relaciona al Espíritu con el Hijo. Otros Padres orientales hablan del Espíritu que reposa en el Hijo, que resplandece por medio de él o que se manifiesta eternamente por medio de él.
Esto ha abierto un espacio para el diálogo moderno.
¿Puede entenderse un uso occidental del Filioque sin contradecir la confesión ortodoxa de que solo el Padre es la causa personal del origen hipostático del Espíritu?
La teología católica ha dicho cada vez más que sí.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña explícitamente que la tradición occidental no hace del Padre y del Hijo dos principios independientes del Espíritu.
San Máximo el Confesor: un puente clave
San Máximo el Confesor es uno de los testigos más importantes de toda la controversia.
En el siglo VII, San Máximo defendió a los cristianos latinos frente a la acusación de que su lenguaje hacía del Hijo una segunda causa del Espíritu.
Explicó que los romanos no habían hecho del Hijo la causa del Espíritu, pues sabían que el Padre es la única causa del Hijo y del Espíritu: del uno por generación y del otro por procesión. La expresión latina quería mostrar la salida del Espíritu por medio del Hijo y, así, la unidad e identidad de la esencia divina. Por eso la defensa de San Máximo no permite tratar al Hijo como una segunda causa del Espíritu ni como una causa compartida.
Este texto tiene una enorme importancia para el diálogo ecuménico.
Muestra que al menos un gran Padre griego creía que una formulación latina que incluye al Hijo podía interpretarse de manera ortodoxa.
Pero no resuelve todas las controversias posteriores, porque las definiciones occidentales medievales emplearon a veces una terminología que a los griegos les resultaba mucho más difícil de conciliar con la monarquía del Padre.
Florencia y el «un solo principio»
En el Concilio de Florencia, en 1439, el intento de reunión entre Oriente y Occidente produjo un acuerdo formal sobre el Filioque.
El decreto enseñó que el Espíritu Santo es eternamente del Padre y del Hijo, y que el Padre y el Hijo son «un solo principio» del Espíritu.
El concilio también aceptó que «por medio del Hijo» podía expresar la misma verdad bajo una comprensión adecuada.
Los católicos consideran Florencia un concilio ecuménico.
La Iglesia ortodoxa terminó rechazando la unión.
Muchos ortodoxos objetaron no solo el vocabulario, sino las implicaciones teológicas de describir al Padre y al Hijo juntos como un solo principio de la procesión hipostática del Espíritu.
El segundo problema: ¿quién puede cambiar el Credo?
Aun si a la fórmula latina se le puede dar un significado teológico plenamente ortodoxo, queda otro problema.
El Credo era la confesión común de la Iglesia ecuménica.
Occidente insertó gradualmente el Filioque en ese credo sin un concilio ecuménico compartido por Oriente y Occidente.
Para la ortodoxia, este es un problema eclesiológico de primer orden.
La cuestión no es simplemente si las palabras añadidas pueden interpretarse con caridad. Es si una iglesia regional (o, con el tiempo, la sede romana) podía modificar un credo recibido por toda la Iglesia.
Así, esta disputa une la doctrina de la Trinidad con la doctrina de la autoridad en la Iglesia.
¿Prohibió Éfeso todo lenguaje credal posterior?
A veces la polémica ortodoxa dice que el Concilio de Éfeso prohibió de manera absoluta añadir siquiera una palabra al Credo.
Eso requiere matices.
Éfeso condenó la elaboración de una fe rival que desplazara la fe de Nicea, en particular en un contexto cristológico conflictivo. La propia Iglesia recibió más tarde el credo ampliado asociado con Constantinopla.
Por eso la cuestión canónica es más complicada que «después de 431 no se podía añadir ninguna palabra».
Con todo, la objeción más amplia de Oriente conserva su fuerza: un símbolo de la fe recibido universalmente no debería ser alterado de forma unilateral por una parte de la Iglesia.
Aclaraciones católicas en el diálogo moderno
Las declaraciones católicas modernas se han acercado a la preocupación patrística oriental más de lo que suele sugerir la polémica popular.
La teología católica puede afirmar:
- al Padre como el primer origen y fuente dentro de la Trinidad;
- que el Espíritu no procede de dos principios separados;
- la legitimidad de la fórmula oriental «del Padre por medio del Hijo»;
- la forma griega original del Credo sin el Filioque.
De hecho, las iglesias católicas orientales suelen recitar el Credo sin la adición.
Esto demuestra que la comunión con Roma no exige que toda tradición litúrgica católica pronuncie la interpolación latina.
¿Es hoy la disputa meramente verbal?
No del todo.
Buena parte del desacuerdo puede reducirse distinguiendo el vocabulario teológico griego del latino. El verbo griego ekporeuesthai tiene un sentido de origen más específico que el latín procedere. Por eso un cristiano latino podía decir procedit a Patre Filioque queriendo expresar algo menos problemático de lo que un cristiano griego podría oír en una traducción griega exacta.
Pero quedan diferencias teológicas y eclesiológicas.
La teología ortodoxa confiesa que solo el Padre es la causa personal del Hijo por generación eterna y del Espíritu por procesión eterna. La teología católica admite formulaciones en las que se dice que el Espíritu procede eternamente del Padre y del Hijo como de un solo principio, aunque niega que haya dos causas.
Sigue en disputa si esas formulaciones son, en última instancia, equivalentes.
Veredicto final
El Filioque no formaba parte del Credo niceno-constantinopolitano original. Surgió gradualmente en el Occidente latino y más tarde se insertó en el uso litúrgico del Credo en Roma.
Su intención teológica no era arriana, triteísta ni contraria al Espíritu. La teología católica rechaza explícitamente la idea de dos fuentes independientes del Espíritu Santo.
Y la misma teología oriental contiene un lenguaje fuerte sobre la relación eterna del Espíritu con el Hijo, en especial la fórmula «por medio del Hijo».
Aun así, las objeciones ortodoxas no pueden descartarse como una riña semántica.
Hay dos cuestiones de fondo:
- Teológica: ¿Preserva suficientemente la fórmula occidental la monarquía única del Padre como causa personal en la Trinidad?
- Eclesiológica: ¿Con qué autoridad se alteró en una parte de la Iglesia un credo recibido universalmente?
El diálogo moderno ha reducido considerablemente el primer desacuerdo.
El segundo lleva directamente de vuelta a la cuestión no resuelta de la autoridad papal y conciliar.
Por eso el Filioque sigue siendo un símbolo de la división más amplia entre católicos y ortodoxos: una frase en la que se encuentran la teología trinitaria, el lenguaje, la historia y la eclesiología.
Fuentes principales
Fuentes primarias y oficiales
- Juan 14:26; 15:26; 16:13–15.
- Credo niceno-constantinopolitano.
- San Agustín, De Trinitate.
- San Cirilo de Alejandría, escritos trinitarios y cristológicos.
- San Máximo el Confesor, Carta a Marino.
- Concilio de Florencia, Laetentur Caeli (1439).
- Catecismo de la Iglesia Católica, §§243–248.
- Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, The Greek and Latin Traditions Regarding the Procession of the Holy Spirit (1995).
Estudios modernos
- A. Edward Siecienski, The Filioque: History of a Doctrinal Controversy (en inglés).
- John Meyendorff, Byzantine Theology (en inglés).
- Yves Congar, I Believe in the Holy Spirit (en inglés).
- Boris Bobrinskoy, The Mystery of the Trinity (en inglés).