Las fechas que se negaron a morir: los Testigos de Jehová y las expectativas frustradas

La historia del movimiento Watch Tower contiene varias fechas a las que sus dirigentes atribuyeron una importancia profética. Charles Taze Russell enseñó que la presencia invisible de Cristo había comenzado en 1874 y esperaba que los tiempos de los gentiles terminaran de manera decisiva en 1914. El folleto de Joseph Rutherford Millions Now Living Will Never Die! enseñaba que se podía esperar con…

Cuando las fechas tienen un peso divino

Los cristianos llevan muchísimo tiempo malinterpretando calendarios proféticos. Los Testigos de Jehová no inventaron el cálculo escatológico fallido, y están lejos de ser el único movimiento religioso cuyos miembros han esperado el fin antes de lo que llegó.

Ese contexto merece reconocerse.

Pero no hace que la historia sea irrelevante.

La cuestión no es si los estudiosos individuales de la Biblia pueden cometer errores cronológicos. Por supuesto que pueden. La pregunta más seria es qué ocurre cuando una organización que afirma tener una guía divina excepcional atribuye reiteradamente gran importancia bíblica a ciertas fechas, anima a sus miembros a organizar sus expectativas en torno a ellas y luego revisa la interpretación después de que los acontecimientos anunciados no se producen.

La historia del movimiento Watch Tower nos ofrece varios ejemplos inusualmente bien documentados.

1874 y el camino hacia 1914

El movimiento que llegó a ser los Testigos de Jehová surgió de la cultura milenarista del protestantismo estadounidense del siglo XIX. Charles Taze Russell trabajó dentro de un entorno adventista más amplio en el que eran comunes la cronología bíblica y los cálculos sobre el regreso de Cristo.

Russell y sus colaboradores llegaron a enseñar que la presencia invisible de Cristo había comenzado en 1874. La literatura histórica actual de los Testigos de Jehová reconoce esta cronología anterior y ahora la considera una comprensión incorrecta.

Russell también atribuyó enorme importancia a 1914, calculándolo como el final de los «tiempos de los gentiles» bíblicos.

La expectativa original iba más allá de la afirmación comparativamente modesta que hacen hoy los Testigos, según la cual 1914 simplemente marcó el comienzo del gobierno celestial del Reino de Cristo y de los «últimos días». En The Time Is at Hand, Russell anticipaba que, al final de los tiempos de los gentiles, los reinos terrenales habrían llegado a su fin y el Reino de Dios quedaría plenamente establecido. Retrospectivas posteriores de Watch Tower han reconocido con franqueza que los Estudiantes de la Biblia esperaban que las naciones gentiles fueran destruidas y que la Iglesia fiel fuera glorificada hacia esa fecha. Esas expectativas no se cumplieron como se esperaba.

Algo indiscutiblemente trascendental sí ocurrió en 1914: Europa se precipitó en la Primera Guerra Mundial.

Eso dio al año una importancia duradera en la interpretación de Watch Tower. Sin embargo, el estallido de una guerra mundial no era idéntico a todos los acontecimientos que las publicaciones anteriores habían esperado para el final de los tiempos de los gentiles.

Con el tiempo, la cronología fue reconstruida. El antiguo comienzo de la presencia invisible de Cristo en 1874 fue abandonado, mientras que el propio 1914 pasó a ser la fecha asociada con la presencia celestial invisible de Cristo y con su gobierno del Reino.

La fecha permaneció.

Su función doctrinal cambió.

1925 y el regreso de los patriarcas

El siguiente ejemplo es aún más difícil de descartar como caricatura hostil, porque las palabras en cuestión se conservan en la propia literatura histórica de la organización.

Bajo Joseph F. Rutherford, el movimiento Watch Tower promovió otra importante expectativa cronológica en torno a 1925.

El folleto de Rutherford de 1920, Millions Now Living Will Never Die! [en español, «Millones que ahora viven no morirán jamás»], enseñaba que 1925 marcaría el regreso a la vida terrenal de Abraham, Isaac, Jacob y otros fieles del Antiguo Testamento. Escribió que los creyentes podían «esperar con confianza» (traducción nuestra) su restauración. Historias posteriores de los Testigos de Jehová han reproducido y comentado esa expectativa.

Abraham no apareció.

Tampoco Isaac ni Jacob.

También aquí lo importante es no exagerar. Rutherford no dejó de creer en la resurrección porque la expectativa fracasara. Los Testigos de Jehová siguen esperando una resurrección futura. Lo que falló fue la confianza cronológica depositada en 1925.

El calendario era erróneo.

¿Qué ocurrió realmente con 1975?

Ninguna fecha de la historia reciente de los Testigos de Jehová suscita más discusión que 1975, y es precisamente aquí donde los críticos deben ser especialmente cuidadosos.

Es demasiado simplista decir que la Sociedad Watch Tower anunció formalmente: «El Armagedón ocurrirá sin duda en 1975».

Sus publicaciones no hicieron esa afirmación sin matices de manera constante.

El libro de 1966 Life Everlasting—in Freedom of the Sons of God [en español, «Vida eterna, en libertad de los hijos de Dios»] calculaba que los seis mil años de historia humana terminarían en 1975. La literatura posterior destacó el hito cronológico que se acercaba. El número del 15 de agosto de 1968 de The Watchtower llevó incluso el título «Why Are You Looking Forward to 1975?», aunque a la vez advertía a los lectores contra afirmar certeza sobre lo que ocurriría exactamente.

Esas advertencias importan.

También importa todo lo demás que se estaba diciendo.

En 1974, Kingdom Ministry mencionó con aprobación a Testigos que habían vendido casas y propiedades y planeaban dedicar el tiempo restante al servicio de precursor, y presentó esas decisiones como un uso admirable del «poco tiempo que queda».

No se trataba solo de una expectativa inventada por miembros de base entusiastas.

En 1980, la propia revista The Watchtower reconoció que algunas declaraciones de las publicaciones de Watch Tower habían dado a entender que el cumplimiento esperado en torno a 1975 era más probable que meramente posible, y admitió que esas declaraciones habían contribuido a aumentar la expectativa.

Esa admisión es fundamental, porque nos permite describir el episodio con exactitud y sin sensacionalismo.

El sociólogo académico Richard Singelenberg también concluyó que se dio a 1975 una importancia apocalíptica considerable, aunque el lenguaje de la organización se mantuvo lo bastante matizado como para evitar una predicción formal simple. Su estudio documentó un aumento marcado de la actividad antes de la fecha y una disminución después.

Por lo tanto, la crítica más fuerte no es:

«Los Testigos de Jehová profetizaron explícitamente que el Armagedón tenía que ocurrir en 1975».

La evidencia histórica respalda una conclusión más cuidadosa y, en última instancia, más difícil:

La organización atribuyó una importancia escatológica extraordinaria a 1975, ayudó a cultivar expectativas sobre la cercanía del fin, elogió los sacrificios extraordinarios hechos a la luz de esa urgencia y reconoció después que su propio lenguaje había contribuido a una expectativa excesiva.

Eso basta.

No hay necesidad de mejorar la evidencia exagerándola.

«Pero el Cuerpo Gobernante no es inspirado»

Los Testigos de Jehová señalan con razón que su Cuerpo Gobernante no afirma tener inspiración ni infalibilidad. La literatura oficial de Watch Tower lo dice de manera explícita.

Eso complica algo más de lo que a veces admiten los críticos el recurso cristiano habitual a Deuteronomio 18:21–22. El pasaje se dirige más directamente a quien afirma hablar una revelación profética en nombre de Dios. No debería aplicarse sin más a toda interpretación bíblica equivocada, como si cualquier error teológico convirtiera automáticamente a alguien en un falso profeta en el sentido de Deuteronomio.

Pero el descargo no hace que la historia cronológica sea irrelevante.

La organización Watch Tower ha reclamado a la vez un papel singularmente privilegiado en la transmisión de la instrucción espiritual y en la dirección del pueblo de Jehová. Cuando las interpretaciones presentadas por medio de esa autoridad moldean la manera en que miles o millones de creyentes entienden la cercanía del fin, los maestros son responsables de la confianza que cultivan.

Santiago advierte que los maestros recibirán «mayor condenación» (Santiago 3:1). Pablo dice a los cristianos: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)

La falibilidad es real.

También lo es la responsabilidad.

Un patrón que vale la pena examinar

A lo largo de estos episodios surge un patrón reconocible:

1874 fue tratado en otro tiempo como el comienzo de la presencia invisible de Cristo. Fue abandonado.

1914 conllevaba expectativas más amplias que lo que los Testigos de Jehová enseñan hoy sobre ese año.

1925 se vinculó con confianza con la restauración de Abraham y de otros fieles de la antigüedad. No aparecieron.

1975 no fue una predicción incondicional del Armagedón, pero las publicaciones oficiales sin duda intensificaron las expectativas en torno a esa fecha y reconocieron después su propia contribución a la decepción resultante.

Por lo tanto, la pregunta más importante no es si cada episodio puede explicarse por separado.

Por supuesto que puede.

La pregunta es si la revisión cronológica repetida debería aumentar o disminuir la confianza en la afirmación de una organización de ser dirigida de manera singular en su interpretación de la Escritura.

Esa es una pregunta que los Testigos de Jehová merecen poder plantearse.

Reflexión

Los cristianos han sido tentados repetidamente a convertir la vigilancia en cálculo.

Sin embargo, el mandato de Cristo no fue dominar un calendario, sino permanecer fieles.

Jesús advirtió que del día y de la hora «nadie sabe» (Mateo 24:36). Antes de su Ascensión, cuando los apóstoles volvieron a preguntar sobre la restauración del reino, les dijo que los tiempos y las sazones pertenecían a la autoridad del Padre (Hechos 1:6–7).

Por lo tanto, la esperanza cristiana no se asegura encontrando la fecha correcta.

Se asegura por Aquel que prometió volver.

Las fechas excitan la imaginación porque nos dan la ilusión de poseer el mañana. Cristo nos llama a algo más difícil y mejor: la fidelidad de hoy.

La Iglesia lo espera no porque por fin se haya descifrado una cronología, sino porque el Señor crucificado y resucitado ha dado su palabra.

Esa promesa basta.

Fuentes

Fuentes primarias de Watch Tower

  • Charles Taze Russell, The Time Is at Hand (en inglés) (1889), en particular el tratamiento de los tiempos de los gentiles y de 1914. El material pertinente se conserva en la Biblioteca en Línea Watch Tower.
  • Joseph F. Rutherford, Millions Now Living Will Never Die! (en inglés) (1920). La expectativa de 1925 se reproduce en material histórico de los Testigos de Jehová.
  • Watch Tower Bible and Tract Society, Life Everlasting—in Freedom of the Sons of God (1966).
  • «Why Are You Looking Forward to 1975?» (en inglés), The Watchtower, 15 de agosto de 1968.
  • «How Are You Using Your Life?» (en inglés), Kingdom Ministry, mayo de 1974.
  • «Choosing the Best Way of Life» (en inglés), The Watchtower, 15 de marzo de 1980.

Estudios académicos

  • George D. Chryssides, «How Prophecy Succeeds: Jehovah’s Witnesses and Prophetic Expectations», International Journal for the Study of New Religions 1, n.º 1 (2010): 27–48.
  • Richard Singelenberg, «“It Separated the Wheat from the Chaff”: The “1975” Prophecy and Its Impact among Dutch Jehovah’s Witnesses», Sociological Analysis 50, n.º 1 (1989): 23–40.
  • Robert Crompton, Counting the Days to Armageddon: The Jehovah’s Witnesses and the Second Presence of Christ (James Clarke, 1996).
  • George D. Chryssides, Jehovah’s Witnesses: Continuity and Change (Routledge, 2016).

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