El Concilio de Calcedonia, en el año 451, suele resumirse así:
«Jesús es una persona con dos naturalezas».
Es correcto, pero incompleto.
El concilio surgió de décadas de controversia sobre cómo confesar que Jesucristo es:
- verdaderamente Dios;
- verdaderamente humano;
- un solo y mismo Hijo.
El desafío era evitar dos errores opuestos:
- dividir a Cristo;
- confundir su divinidad y su humanidad.
Después de Nicea
Nicea había respondido a una pregunta mayor:
¿Es el Hijo verdaderamente divino?
Pero quedaba otro problema:
¿Cómo se unen la divinidad y la humanidad en el Hijo encarnado?
Distintas escuelas teológicas subrayaron peligros distintos.
La teología alejandrina insistía en la unidad de Cristo.
La teología antioquena subrayaba con fuerza la integridad de la humanidad de Cristo.
En su mejor versión, ambas preocupaciones eran necesarias.
En su peor versión, cada una podía deformarse.
Nestorio y Éfeso
El anterior Concilio de Éfeso, en el año 431, condenó a Nestorio.
San Cirilo de Alejandría insistía en que el nacido de María es el Verbo eterno encarnado.
El título Theotokos (Portadora de Dios o Madre de Dios) protegía la unidad de la persona de Cristo.
El título no significaba que María hubiera originado la naturaleza divina de Cristo.
Significaba que la persona a quien dio a luz es verdaderamente Dios el Verbo hecho hombre.
Eutiques
Después de Éfeso surgió una nueva controversia en torno a Eutiques, un archimandrita de Constantinopla.
Se le acusó de hablar de la humanidad de Cristo de maneras que parecían comprometer su plena realidad después de la unión.
La reconstrucción exacta de su teología es objeto de debate.
Pero su nombre quedó asociado a una humanidad confundida o absorbida.
Calcedonia rechazaría ese peligro.
El «Latrocinio de Éfeso» del año 449
Un concilio celebrado en Éfeso en el año 449 rehabilitó a Eutiques y condenó a sus opositores en condiciones sumamente controvertidas.
El papa León I lo llamó después latrocinium, un concilio de ladrones.
La violencia y la presión política rodearon las sesiones.
Este suceso agravó la crisis.
El Tomo de León
San León, obispo de Roma, escribió su famoso Tomo a Flaviano.
Insistía con firmeza en que las realidades divina y humana de Cristo siguen siendo genuinas.
La única persona actúa según ambas:
- según lo propio de la divinidad;
- según lo propio de la humanidad.
En Calcedonia, la teología de León fue una de las influencias principales sobre la definición final.
La Definición de Calcedonia
El concilio confiesa a un solo y mismo Jesucristo:
- perfecto en la divinidad;
- perfecto en la humanidad;
- verdaderamente Dios;
- verdaderamente hombre;
- consubstancial con el Padre según la divinidad;
- consubstancial con nosotros según la humanidad.
Luego presenta los famosos cuatro adverbios.
Cristo es reconocido en dos naturalezas:
- sin confusión;
- sin cambio;
- sin división;
- sin separación.
Estas cuatro negaciones cumplen una enorme tarea teológica.
Sin confusión ni cambio
La divinidad no se convierte en humanidad.
La humanidad no se disuelve en la divinidad.
La encarnación no produce una tercera naturaleza híbrida.
Jesús posee una realidad humana plena.
Esto protege todo lo necesario para una salvación humana auténtica:
- cuerpo humano;
- alma racional;
- experiencia humana;
- voluntad humana, aclarada más tarde;
- sufrimiento y muerte reales según la humanidad.
Sin división ni separación
Las naturalezas divina y humana no pertenecen a dos Hijos.
Hay un solo sujeto:
el Hijo eterno de Dios.
El que nace es el que existe eternamente con el Padre.
El que sufre en carne humana es la persona divina del Verbo.
Así, Calcedonia rechaza ambas cosas:
- la fusión;
- la separación.
¿Fue Calcedonia «nestoriana»?
Sus opositores lo temían.
Muchos partidarios de Cirilo creían que el lenguaje de «dos naturalezas» podía reavivar la idea de dos sujetos que actúan.
Por eso Calcedonia insiste de manera explícita en:
- una sola persona;
- una sola hipóstasis;
- un solo y mismo Hijo.
El concilio se proponía preservar la unidad cristológica de Cirilo y, a la vez, proteger la humanidad completa.
¿Por qué muchos cristianos la rechazaron?
Las razones fueron teológicas, lingüísticas, políticas y eclesiásticas.
Amplias regiones de Egipto, Siria, Armenia y otros lugares rechazaron Calcedonia.
Temían una traición a la fórmula de Cirilo, «una sola naturaleza encarnada de Dios el Verbo» (traducción nuestra).
Con el tiempo se formaron familias eclesiásticas separadas.
Hoy se las llama Iglesias ortodoxas orientales (no calcedonianas).
Hoy «monofisita» es una etiqueta demasiado simple
Las polémicas antiguas suelen llamar monofisitas a los cristianos ortodoxos orientales, con lo que dan a entender que creen que la humanidad de Cristo fue absorbida por la divinidad.
Los mismos cristianos ortodoxos orientales rechazan ampliamente esa descripción.
Los diálogos teológicos modernos han producido acuerdos notables.
Teólogos ortodoxos y teólogos de las Iglesias ortodoxas orientales han afirmado en ocasiones que ambas familias conservan la fe auténtica en la plena divinidad y la plena humanidad de Cristo, aunque históricamente han usado terminologías distintas.
No se ha restablecido la plena comunión.
Siguen en pie cuestiones históricas y eclesiológicas reales.
Pero no es responsable identificar sin más la cristología actual de los ortodoxos coptos, armenios o siríacos con la cruda fusión eutiquiana.
El lenguaje miafisita
Los teólogos ortodoxos orientales prefieren a menudo el lenguaje miafisita.
Este subraya la única naturaleza encarnada y unida del Verbo, y sostiene a la vez que la divinidad y la humanidad permanecen completas.
La terminología procede sobre todo de Cirilo.
La pregunta que persiste es cómo se relaciona el lenguaje cirílico de «una sola naturaleza» con el «en dos naturalezas» de Calcedonia.
El diálogo moderno ha mostrado que la distancia es menor de lo que a veces sugirieron siglos de polémica.
Lo que Calcedonia no explicó
Calcedonia fija límites.
No explica de manera mecánica cómo coexisten la divinidad y la humanidad.
Dice a los cristianos lo que no se debe negar.
El misterio permanece.
Concilios posteriores abordarían otras preguntas, en especial si Cristo tiene:
- una voluntad;
- dos voluntades.
El Sexto Concilio Ecuménico defendería dos voluntades naturales unidas en la única persona.
Significado ortodoxo
Para la ortodoxia, Calcedonia es el Cuarto Concilio Ecuménico.
Su confesión sigue siendo normativa.
Jesucristo es:
- una sola persona;
- plenamente divino;
- plenamente humano.
La salvación depende de ambas cosas.
Si la humanidad es incompleta, la naturaleza humana no queda plenamente sanada.
Si Cristo no es divino, la humanidad no está unida a Dios.
Veredicto final
Calcedonia definió la encarnación protegiendo a la vez la unidad de la persona de Cristo y la integridad de su divinidad y de su humanidad.
Su confesión central es:
un solo y mismo Hijo, en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación.
El concilio rechazó:
- un Cristo dividido;
- un Cristo fusionado.
Su recepción posterior produjo un cisma trágico y duradero.
El diálogo moderno también ha mostrado que las Iglesias ortodoxas orientales de hoy no deben equipararse a la ligera con el crudo monofisismo eutiquiano.
Por eso Calcedonia debe estudiarse como:
- un logro doctrinal decisivo;
- y también como una ruptura histórica cuya terminología aún requiere una explicación cuidadosa.
Fuentes principales
Fuentes primarias
- Concilio de Éfeso (431).
- León Magno, Tomo a Flaviano.
- Definición de Calcedonia (451).
- Cirilo de Alejandría, cartas cristológicas.
Estudios modernos y diálogo
- John Behr, estudios sobre Cirilo y Calcedonia.
- Aloys Grillmeier, Christ in Christian Tradition (en inglés).
- Declaraciones oficiales del diálogo teológico entre la Iglesia ortodoxa y las Iglesias ortodoxas orientales.
- Declaraciones cristológicas conjuntas modernas en las que participan las Iglesias ortodoxas orientales.