La corrección puede exigir algo difícil a las dos personas implicadas. Quien habla debe buscar el bien del otro; quien es corregido debe estar dispuesto a que lo pongan en el camino recto. San Basilio presenta ambas responsabilidades juntas en la Carta 22, §3. Leerlas juntas nos impide usar su consejo como arma contra otra persona.
San Basilio dice a quien se ha mostrado en falta que reciba la corrección de buen grado, «reconociendo su propia ganancia en ser corregido» (traducción nuestra). El beneficio es la enmienda de la falta. En las frases que rodean ese pasaje, quien corrige debe actuar con ternura, en el temor de Dios y con el propósito de hacer volver al pecador (§3). La dureza y el deseo de ganar quedan fuera del propósito que San Basilio señala.
La carta no nos exige declarar verdadera toda acusación. San Basilio trata también qué hacer cuando un cargo parece infundado: en lugar de contradecir abiertamente al acusador, quien lo duda debe hablar con él en privado, ya sea para persuadirlo o para dejarse persuadir. Sus instrucciones surgen dentro de una disciplina ascética comunitaria, así que no debemos convertir sus detalles de procedimiento en una norma universal. El punto más acotado es que recibir la corrección de buen grado e interesarse por si una acusación es verdadera van juntos (§3).
La comparación con la Escritura empieza con Santiago 1:19–25. Santiago pide disposición para escuchar, dominio de la ira, recepción mansa de la palabra implantada y obras que sigan a lo que se ha oído. Su preocupación es que el oír dé fruto. Mateo 18:15–17 describe asimismo una corrección dirigida a ganar al hermano, mientras que Gálatas 6:1–2 exige mansedumbre y vigilancia en quien procura la restauración.
San Basilio pasa después a unir el arrepentimiento con sus frutos y con el perdón de quien se arrepiente. Una disculpa sin enmienda no agota su consejo. En la vida ortodoxa, el arrepentimiento incluye el Misterio (sacramento) de la penitencia de la Iglesia, en lugar de reducirse a un esfuerzo privado de superación personal. Una corrección puede ayudarnos a reconocer lo que necesita arrepentimiento; no sustituye por sí misma a la confesión y la absolución sacramentales (OCA, Penance).
La respuesta sigue lo que estas fuentes piden en realidad: escuchar con paciencia, examinar la corrección con honestidad y enmendar de buen grado una falta que se ha mostrado real. Si eres tú quien habla, lleva la misma ternura que necesitarías al ser corregido. Cuando una acusación parece infundada, la carta de San Basilio permite examinarla en privado en lugar de discutirla en público. El propósito compartido es que una persona sea ayudada hacia el arrepentimiento y que una comunidad sea edificada en el amor (§§1, 3; Efesios 4:25–32).
Para la oración, usa el Padrenuestro que Cristo da en Mateo 6:9–13.
Notas sobre las fuentes y las ediciones
- San Basilio Magno, Carta 22. Blomfield Jackson, NPNF, segunda serie, vol. 8 (1895). Págs. impresas 128–129.
- OCA, Penance. Contexto doctrinal y pastoral de la Iglesia ortodoxa
Las referencias del Nuevo Testamento se verificaron en la NKJV. La Escritura se cita por referencia y en paráfrasis; no se incluye ningún extracto bíblico textual.