BES La Biblia en Español Sencillo 2026 1 El día veinticuatro de aquel mes, los israelitas se reunieron para ayunar. Llevaban ropa áspera de luto y se habían echado polvo sobre la cabeza. 1 Y EL día veinticuatro del mismo mes se juntaron los hijos de Israel en ayuno, y con sacos, y tierra sobre sí.
2 Los israelitas se separaron de todos los extranjeros. De pie, confesaron sus pecados y las maldades de sus antepasados. 2 Y habíase ya apartado la simiente de Israel de todos los extranjeros; y estando [en pie], confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres.
3 Permanecieron en sus lugares y durante una cuarta parte del día leyeron el libro de la ley del Señor su Dios. Durante otra cuarta parte del día confesaron sus pecados y adoraron al Señor su Dios. 3 Y puestos de pie en su lugar, leyeron en el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron y adoraron á Jehová su Dios.
4 Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenaní subieron a la plataforma de los levitas y clamaron en voz alta al Señor su Dios. 4 Levantáronse luego sobre la grada de los Levitas, Jesuá y Bani, Cadmiel, Sebanías, Bunni, Serebías, Bani y Chênani, y clamaron en voz alta á Jehová su Dios.
5 Entonces los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabneías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías dijeron: «Levántense y alaben al Señor su Dios por siempre y para siempre. Bendito sea tu gran nombre, exaltado por encima de toda bendición y alabanza. 5 Y dijeron los Levitas, Jesuá y Cadmiel, Bani, Hosabnías, Serebías, Odaías, Sebanías [y] Pethaía: Levantaos, bendecid á Jehová vuestro Dios desde el siglo hasta el siglo: y bendigan el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza.
6 Tú solo eres el Señor. Tú hiciste los cielos, los cielos más altos y todos sus ejércitos, la tierra y todo lo que hay en ella, los mares y todo lo que contienen. Tú das vida a todo, y los ejércitos del cielo te adoran. 6 Tú, oh Jehová, eres solo; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, y toda su milicia, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran.
7 Tú eres el Señor Dios que escogiste a Abram, lo sacaste de Ur de los caldeos y le diste el nombre de Abraham. 7 Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste á Abram, y lo sacaste de Ur de los Caldeos, y pusístele el nombre Abraham;
8 Viste que su corazón te era fiel e hiciste un pacto con él para dar a su descendencia la tierra de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, jebuseos y gergeseos. Cumpliste tu palabra porque eres justo. 8 Y hallaste fiel su corazón delante de ti, é hiciste con él alianza para darle la tierra del Cananeo, del Hetheo, y del Amorrheo, y del Pherezeo, y del Jebuseo, y del Gergeseo, para darla á su simiente: y cumpliste tu palabra, porque eres justo.
9 Viste el sufrimiento de nuestros antepasados en Egipto y escuchaste su clamor junto al Mar Rojo. 9 Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el mar Bermejo;
10 Hiciste señales y maravillas contra el faraón, sus servidores y todo el pueblo de su tierra, porque viste la crueldad con que trataban a nuestros antepasados. Así hiciste famoso tu nombre, como sigue siendo hasta hoy. 10 Y diste señales y maravillas en Faraón, y en todos sus siervos, y en todo el pueblo de su tierra; porque sabías que habían hecho soberbiamente contra ellos; é hicístete nombre grande, como este día.
11 Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por tierra seca en medio del mar. Pero arrojaste a sus perseguidores a las profundidades, como una piedra en aguas poderosas. 11 Y dividiste la mar delante de ellos, y pasaron por medio de ella en seco; y á sus perseguidores echaste en los profundos, como una piedra en grandes aguas.
12 De día los guiaste con una columna de nube, y de noche con una columna de fuego que les daba luz en el camino por donde debían ir. 12 Y con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.
13 Bajaste al monte Sinaí y les hablaste desde el cielo. Les diste decisiones justas, leyes verdaderas, buenos estatutos y mandamientos. 13 Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos:
14 Les diste a conocer tu santo sábado y les diste mandamientos, estatutos y una ley por medio de tu siervo Moisés. 14 Y notificásteles el sábado tuyo santo, y les prescribiste, por mano de Moisés tu siervo, mandamientos y estatutos y ley.
15 Cuando tuvieron hambre, les diste pan del cielo; cuando tuvieron sed, hiciste salir agua de la roca. Les ordenaste entrar y tomar posesión de la tierra que habías prometido darles. 15 Y dísteles pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la piedra; y dijísteles que entrasen á poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano que se la habías de dar.
16 Pero ellos y nuestros antepasados fueron orgullosos, endurecieron su corazón y no obedecieron tus mandamientos. 16 Mas ellos y nuestros padres hicieron soberbiamente, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos,
17 Se negaron a obedecer y no recordaron las maravillas que habías hecho entre ellos. Se hicieron obstinados y, en su rebelión, nombraron un jefe para volver a su esclavitud en Egipto. Pero tú eres un Dios que perdona, lleno de gracia y compasión, lento para la ira y grande en misericordia. Por eso no los abandonaste. 17 Y no quisieron oir, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse á su servidumbre. Tú empero, eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo para la ira, y de mucha misericordia, que no los dejaste.
18 Incluso cuando hicieron un becerro de metal y dijeron: “Este es tu Dios que te sacó de Egipto”, y te provocaron gravemente, 18 Además, cuando hicieron para sí becerro de fundición, y dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto; y cometieron grandes abominaciones;
19 tú, por tu gran misericordia, no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no dejó de guiarlos de día, ni la columna de fuego dejó de alumbrarles de noche el camino por donde debían ir. 19 Tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.
20 Les diste tu buen Espíritu para enseñarles. No les quitaste el maná de la boca y les diste agua cuando tuvieron sed. 20 Y diste tu espíritu bueno para enseñarlos, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste en su sed.
21 Durante cuarenta años los sostuviste en el desierto y nada les faltó. Su ropa no se gastó y sus pies no se hincharon. 21 Y sustentástelos cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad: sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies.
22 Les diste reinos y pueblos y les repartiste territorios por todas partes. Así tomaron posesión de la tierra de Sehón, rey de Hesbón, y de la tierra de Og, rey de Basán. 22 Y dísteles reinos y pueblos, y los distribuiste por cantones: y poseyeron la tierra de Sehón, y la tierra del rey de Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.
23 Multiplicaste a sus descendientes como las estrellas del cielo y los llevaste a la tierra que habías dicho a sus antepasados que entrarían a poseer. 23 Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y metístelos en la tierra, de la cual habías dicho á sus padres que habían de entrar á poseerla.
24 Sus descendientes entraron y tomaron posesión de la tierra. Tú sometiste delante de ellos a los cananeos que vivían allí y entregaste en sus manos a sus reyes y a los pueblos de la tierra para que hicieran con ellos lo que quisieran. 24 Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y humillaste delante de ellos á los moradores del país, á los Cananeos, los cuales entregaste en su mano, y á sus reyes, y á los pueblos de la tierra, para que hiciesen de ellos á su voluntad.
25 Tomaron ciudades amuralladas y una tierra fértil. Recibieron casas llenas de toda clase de bienes, depósitos de agua excavados en la roca, viñedos, olivares y muchos árboles frutales. Comieron hasta quedar satisfechos, engordaron y disfrutaron de los muchos bienes que les diste. 25 Y tomaron ciudades fortalecidas, y tierra pingüe, y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, viñas y olivares, y muchos árboles de comer; y comieron, y hartáronse, y engrosáronse, y deleitáronse en tu grande bondad.
26 Pero se rebelaron contra ti, rechazaron tu autoridad y dieron la espalda a tu ley. Mataron a tus profetas, que les advertían para hacerlos volver a ti, y te provocaron gravemente. 26 Empero [te] irritaron, y rebeláronse contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos á ti; é hicieron grandes abominaciones.
27 Por eso los entregaste en manos de sus enemigos, que los oprimieron. En el tiempo de su angustia clamaron a ti, y tú los escuchaste desde el cielo. Por tu gran misericordia les diste libertadores que los salvaron de sus enemigos. 27 Y entregástelos en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron: y en el tiempo de su tribulación clamaron á ti, y tú desde los cielos los oíste; y según tus muchas miseraciones les dabas salvadores, que los salvasen de mano de sus enemigos.
28 Pero cuando tenían descanso, volvían a hacer lo malo delante de ti. Entonces los entregabas en manos de sus enemigos, que dominaban sobre ellos. Cuando volvían a ti y clamaban, tú los escuchabas desde el cielo y, por tu misericordia, los librabas una y otra vez. 28 Mas en teniendo reposo, se volvían á hacer lo malo delante de ti; por lo cual los dejaste en mano de sus enemigos, que se enseñorearon de ellos: pero convertidos clamaban otra vez á ti, y tú desde los cielos los oías, y según tus miseraciones muchas veces los libraste.
29 Les advertiste para hacerlos volver a tu ley, pero ellos se llenaron de orgullo. No obedecieron tus mandamientos y pecaron contra tus decisiones, que dan vida a quien las cumple. Te dieron la espalda, se hicieron obstinados y no quisieron escuchar. 29 Y protestásteles que se volviesen á tu ley; mas ellos hicieron soberbiamente, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; y dieron hombro renitente, y endurecieron su cerviz, y no escucharon.
30 Durante muchos años tuviste paciencia con ellos y les advertiste por medio de tu Espíritu y de tus profetas. Pero no escucharon, y por eso los entregaste en manos de los pueblos de otras tierras. 30 Y alargaste sobre ellos muchos años, y protestásteles con tu espíritu por mano de tus profetas, mas no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.
31 Aun así, por tu gran misericordia no acabaste con ellos ni los abandonaste, porque eres un Dios lleno de gracia y misericordia. 31 Empero por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los dejaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.
32 Ahora, Dios nuestro, Dios grande, fuerte y digno de temor, que mantienes tu pacto y tu misericordia, no consideres pequeño todo el sufrimiento que ha venido sobre nosotros, sobre nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes, nuestros profetas, nuestros antepasados y todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta hoy. 32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, terrible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el trabajo que nos ha alcanzado á nuestros reyes, á nuestros príncipes, á nuestros sacerdotes, y á nuestros profetas, y á nuestros padres, y á todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día.
33 Tú has sido justo en todo lo que nos ha sucedido. Tú has actuado con fidelidad, pero nosotros hemos hecho el mal. 33 Tú empero eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo:
34 Nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros antepasados no obedecieron tu ley ni prestaron atención a tus mandamientos y a las advertencias que les diste. 34 Y nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes, y nuestros padres, no pusieron por obra tu ley, ni atendieron á tus mandamientos y á tus testimonios, con que les protestabas.
35 Mientras vivían en su propio reino, disfrutando de los muchos bienes que les diste y de la tierra extensa y fértil que pusiste delante de ellos, no te sirvieron ni abandonaron sus malas acciones. 35 Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y pingüe que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.
36 Por eso hoy somos siervos. En la tierra que diste a nuestros antepasados para que disfrutaran de sus frutos y sus bienes, nosotros vivimos como siervos. 36 He aquí que hoy somos siervos, henos aquí, siervos en la tierra que diste á nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien.
37 Su abundante producción va a los reyes que has puesto sobre nosotros por causa de nuestros pecados. Ellos gobiernan a su gusto sobre nuestros cuerpos y nuestro ganado, y estamos en gran angustia. 37 Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestras bestias, conforme á su voluntad, y estamos en grande angustia.
38 Por todo esto hacemos un compromiso firme y lo ponemos por escrito. Nuestros jefes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes ponen sus nombres en él. 38 A causa pues de todo eso nosotros hacemos fiel alianza, y la escribimos, signada de nuestros príncipes, de nuestros Levitas, y de nuestros sacerdotes.