Día 201 La Biblia en un año (canon ortodoxo)

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Salmos 81–83 (82–84); Romanos 6

Los capítulos se numeran como en la mayoría de las Biblias en español; en los Salmos va primero el número de la Septuaginta y entre paréntesis el hebreo.

Salmos 81–83 (82–84) RV1909

Salmo 82

1 Salmo de Asaph. DIOS está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga. 2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? (Selah.) 3 Defended al pobre y al huérfano: haced justicia al afligido y al menesteroso. 4 Librad al afligido y al necesitado: libradlo de mano de los impíos. 5 No saben, no entienden, andan en tinieblas: vacilan todos los cimientos de la tierra. 6 Yo dije: Vosotros sois dioses, é hijos todos vosotros del Altísimo. 7 Empero como hombres moriréis, y caeréis como cualquiera de los tiranos. 8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra: porque tú heredarás en todas las gentes.

Salmo 83

1 Canción: Salmo de Asaph. OH Dios, no tengas silencio: no calles, oh Dios, ni te estés quieto. 2 Porque he aquí que braman tus enemigos; y tus aborrecedores han alzado cabeza. 3 Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus escondidos. 4 Han dicho: Venid, y cortémoslos de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel. 5 Por esto han conspirado de corazón á una, contra ti han hecho liga; 6 Los pabellones de los Idumeos y de los Ismaelitas, Moab y los Agarenos; 7 Gebal, y Ammón, y Amalec; los Filisteos con los habitadores de Tiro. 8 También el Assur se ha juntado con ellos: son por brazo á los hijos de Lot. (Selah.) 9 Hazles como á Madián; como á Sísara, como á Jabín en el arroyo de Cisón; 10 Que perecieron en Endor, fueron hechos muladar de la tierra. 11 Pon á ellos y á sus capitanes como á Oreb y como á Zeeb; y como á Zeba y como á Zalmunna, á todos sus príncipes; 12 Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios. 13 Dios mío, ponlos como á torbellinos; como á hojarascas delante del viento. 14 Como fuego que quema el monte, como llama que abrasa las breñas. 15 Persíguelos así con tu tempestad, y asómbralos con tu torbellino. 16 Llena sus rostros de vergüenza; y busquen tu nombre, oh Jehová. 17 Sean afrentados y turbados para siempre; y sean deshonrados, y perezcan. 18 Y conozcan que tu nombre es JEHOVÁ; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.

Salmo 84

1 Al Músico principal: sobre Gittith: Salmo para los hijos de Coré. ¡CUÁN amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! 2 Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. 3 Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos en tus altares, oh Jehová de los ejércitos, rey mío, y Dios mío. 4 Bienaventurados los que habitan en tu casa: perpetuamente te alabarán. (Selah.) 5 Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti; en cuyo corazón están [tus] caminos. 6 Atravesando el valle de Baca pónenle por fuente, cuando la lluvia llena los estanques. 7 Irán de fortaleza en fortaleza, verán á Dios en Sión. 8 Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración: escucha, oh Dios de Jacob. (Selah.) 9 Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido. 10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil [fuera de ellos]: escogería antes estar á la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad. 11 Porque sol y escudo es Jehová Dios: gracia y gloria dará Jehová: no quitará el bien á los que en integridad andan. 12 Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.

Romanos 6 RV1909

Romanos 6

1 ¿PUES qué diremos? Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? 2 En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. 5 Porque si fuimos plantados juntamente en [él] á la semejanza de su muerte, así también [lo seremos á la] de su resurrección: 6 Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con [él], para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que es muerto, justificado es del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. 10 Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir, á Dios vive. 11 Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. 12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias; 13 Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 15 ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer[le], sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia? 17 Empero gracias á Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados; 18 Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia. 19 Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia y á la iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros á servir á la justicia. 20 Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21 ¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

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