Tarde o temprano casi todo el que investiga la ortodoxia lo pregunta. Si la Iglesia ortodoxa es de verdad la única Iglesia del Credo, ¿qué significa eso para los millones de personas que aman a Cristo, leen las Escrituras, oran y sufren por su fe, pero nunca han sido ortodoxas? ¿Son cristianas? ¿Están en la Iglesia? ¿Se salvarán?
Algunas voces ortodoxas en internet citan el «no hay salvación fuera de la Iglesia» (traducción nuestra) de San Cipriano como si resolviera la suerte de cada abuelita bautista. Otras hablan como si en realidad no estuviera en juego nada. Este artículo sigue más bien la evidencia: lo que San Cipriano escribió y por qué, cómo trataron los Padres posteriores y los cánones a quienes habían sido bautizados fuera de la Iglesia, por qué la práctica ortodoxa al recibir conversos ha variado, y qué han afirmado y qué no los teólogos y sínodos ortodoxos modernos.
En resumen
La máxima que suele citarse como «no hay salvación fuera de la Iglesia» procede de San Cipriano de Cartago, en la década del 250, en una disputa sobre si el bautismo dado por cismáticos y herejes era real. San Cipriano dijo que no. La Iglesia no lo siguió en todo: San Basilio y los cánones recibieron a algunos grupos por crismación y no por bautismo. Desde entonces la práctica ortodoxa ha oscilado entre el rigor (el decreto de 1755 exigió bautizar a los latinos) y la indulgencia (los sínodos de 1484 y 1667 los recibieron por crismación), y todavía varía. La enseñanza ortodoxa moderna sostiene con firmeza que la Iglesia ortodoxa es la única Iglesia y que la salvación se halla en Cristo y en su Cuerpo. Dice también, en el documento de la Iglesia rusa del año 2000, que las comunidades separadas «nunca han sido consideradas totalmente privadas de la gracia de Dios». Sobre el destino final de personas no ortodoxas en particular, la Iglesia no ha definido nada. Kallistos Ware, apoyándose en Jomiakov, dice que sabemos dónde está la Iglesia, pero no podemos estar seguros de dónde no está; los ortodoxos más estrictos discrepan sobre la pertenencia, pero también dejan el juicio a Dios.
Tesis: La Iglesia ortodoxa confiesa que es la única Iglesia y que la salvación está en el Cuerpo de Cristo, pero sus propios cánones y su práctica muestran que nunca ha tratado a todos los que están fuera de sus límites visibles como simplemente desprovistos de gracia, de modo que la respuesta ortodoxa honesta sobre los cristianos no ortodoxos es segura respecto de la Iglesia, humilde respecto de las personas y silenciosa donde Dios no ha hablado.
De dónde viene la frase: San Cipriano
San Cipriano, obispo de Cartago, escribió su tratado Sobre la unidad de la Iglesia hacia el año 251, durante el cisma novaciano, cuando se había levantado en Roma un obispo rival.1 De él procede su frase más famosa: «Ya no puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por madre». Añade que si alguien pudo escapar estando fuera del arca de Noé, «entonces también podrá escapar quien esté fuera de la Iglesia».2
La fórmula exacta aparece unos años después, en la disputa sobre el bautismo. San Cipriano sostenía que los bautizados por herejes o cismáticos no habían sido bautizados en absoluto y debían ser bautizados al entrar en la Iglesia. Escribiendo a un obispo llamado Jubaiano, argumentó que si ni siquiera el martirio podía beneficiar a un hereje, «porque fuera de la Iglesia no hay salvación», mucho menos podría el bautismo herético.3 Los concilios de Cartago del año 256 lo respaldaron.4
El contexto importa. San Cipriano escribía sobre la herejía y el cisma, sobre altares rivales levantados contra los obispos, no sobre personas que nunca habían oído las afirmaciones de la Iglesia. Además perdió la discusión con Roma. El papa San Esteban respondió que no debía innovarse nada más allá de lo transmitido, y que los conversos de la herejía debían recibir la imposición de manos «para el arrepentimiento», no el bautismo. San Cipriano llamó error a esto.5 (El artículo del sitio sobre San Cipriano cuenta la historia completa.) San Cipriano murió mártir en 258 y es santo en Oriente y en Occidente, pero su teoría sacramental no fue adoptada tal como estaba.
Otro instinto: San Agustín, San Basilio y los cánones
Siglo y medio después, San Agustín argumentó contra los donatistas, que habían heredado la postura de San Cipriano. San Agustín sostenía que el bautismo dado en el cisma es real, pero no aprovecha a la persona hasta que se reconcilia con la Iglesia: el sacramento «puede ciertamente recibirse, pero no puede aprovechar en otro lugar».6 Escribió también una frase que teólogos posteriores de todos los bandos han citado: «en esa inefable presciencia de Dios, muchos que parecen estar fuera están en realidad dentro, y muchos que parecen estar dentro, en realidad están fuera».7
El testimonio oriental más claro (véase el explorador de los Padres de la Iglesia (en inglés) del sitio) es la primera carta canónica de San Basilio el Grande a Anfiloquio de Iconio, cuyos cánones el Concilio de Trulo (692) ratificó como parte del derecho canónico ortodoxo. San Basilio distingue entre herejías (grupos «del todo separados y ajenos en lo que atañe a la fe misma»), cismas (separación «por algunas razones eclesiásticas y cuestiones susceptibles de solución mutua») y congregaciones ilícitas. Informa de que «a las antiguas autoridades les pareció bien rechazar por completo el bautismo de los herejes, pero admitir el de los cismáticos, por cuanto aún pertenecían a la Iglesia».8 El propio San Basilio se inclinaba al rigor con algunos grupos, pero aconsejó seguir la costumbre local, por temor a que «por la severidad de nuestra decisión» la Iglesia fuera «un estorbo para los que se están salvando».9
El canon que suele numerarse como el séptimo del Concilio de Constantinopla (381) lo convierte en una escala. Arrianos, macedonianos, sabatianos, novacianos, cuartodecimanos y apolinaristas son recibidos tras renunciar a sus errores y ser ungidos con crisma; eunomianos, montanistas y sabelianos son recibidos «como paganos» y bautizados.10 Es probable que el canon no sea del año 381 en absoluto. Los editores de la edición inglesa estándar reproducen el juicio de Hefele de que es un extracto de una carta de mediados del siglo V de la Iglesia de Constantinopla, «al menos ochenta años posterior» al sínodo de 382. El Concilio de Trulo (692) lo adoptó, con un añadido, como su canon 95, lo que le da plena autoridad canónica en la Iglesia ortodoxa sea cual sea su origen. El mismo concilio ratificó también el canon del sínodo africano de San Cipriano, pero solo como una costumbre «observada únicamente en el país de los mencionados obispos»; canonistas más estrictos, entre ellos San Nicodemo, le dan más peso.11
{{strong: Desde el siglo IV en adelante, la Iglesia de Oriente recibió a algunos cristianos de fuera de su comunión sin bautizarlos.}} Esto muestra que la Iglesia no trataba su frontera visible como un muro tras el cual no hubiera nada real.
Cómo se ha recibido a los conversos a lo largo de los siglos
La misma tensión recorre el segundo milenio. Un sínodo de Constantinopla, reunido en 1482 y 1484, repudió el Concilio de Florencia y dispuso un servicio para recibir a los cristianos latinos por crismación y una confesión de fe. Un concilio en Moscú en 1667, con los patriarcas de Alejandría y de Antioquía presentes, también recibió a los latinos por crismación.12
En 1755, sin embargo, el patriarca Cirilo V de Constantinopla, con los patriarcas de Alejandría y de Jerusalén, emitió un horos (definición) que declaraba que los conversos de Occidente debían ser recibidos «como impíos y no bautizados». El contexto era un intenso proselitismo latino en Oriente Medio tras la unión melquita de 1724. Como señala George Dragas, su principal objeción era al bautismo sin triple inmersión. Nunca ha sido retirado formalmente, aunque resoluciones posteriores de Constantinopla permitieron la recepción por crismación.13 San Nicodemo de la Montaña Santa dio a la postura estricta su defensa clásica en el Pedalion (1800), argumentando que la indulgencia anterior había sido una «economía» hecha bajo presión.14
En 1875 el Patriarcado de Constantinopla, respondiendo a una carta sobre la cuestión, señaló que el asunto «tiene muchos pros y contras», que la Iglesia rusa seguía el concilio de Moscú de 1667 mientras que las Iglesias orientales seguían el decreto de Cirilo V, y que quedaba «al discernimiento espiritual» de los obispos interesados hasta que las Iglesias locales pudieran llegar a un acuerdo conjunto.15
El documento de 2000 de la Iglesia ortodoxa rusa sobre otros cristianos enumera tres ritos de recepción, «por el Bautismo, por la Crismación, por el Arrepentimiento», y explica que la Iglesia «se relaciona de distintas maneras con las diferentes confesiones no ortodoxas».16 El documento acordado norteamericano de 1999 señala que el decreto de Moscú de 1667 contra el rebautismo de los católicos «ha seguido siendo autoritativo en las Iglesias ortodoxas eslavas orientales hasta nuestros días», mientras que el marco de San Nicodemo, según el relato del mismo documento, «llegó a ser aceptado por buena parte de la ortodoxia de habla griega».17 El padre George Metallinos cuenta cómo en 1979 bautizó a tres conversos alemanes con permiso de la Arquidiócesis de Atenas; la recepción estricta, dice, «nunca había sido abolida en la Iglesia de Grecia».18 La práctica varía según la jurisdicción y el obispo, y el converso sigue la indicación de su propio obispo.
Dos maneras de entender la «economía»
Detrás de la práctica variada hay dos teologías. En la lectura más estricta, asociada con San Nicodemo y defendida en las últimas décadas por autores como Metallinos, los ritos no ortodoxos están vacíos en sí mismos. Cuando la Iglesia recibe a un converso sin bautismo, usa su autoridad de oikonomia (dispensación pastoral) sin atribuir realidad alguna al rito anterior por derecho propio.
En la otra lectura, los distintos ritos son un diagnóstico. Donde la Iglesia no bautiza, reconoce que ya tuvo lugar un bautismo real, en el nombre de la Trinidad. La declaración de 1999 de la Consulta Teológica Ortodoxo-Católica de Norteamérica, un diálogo conjunto de ortodoxos y católicos, sostuvo que la teoría de San Nicodemo «revirtió sistemáticamente» la práctica oriental anterior y no es «la postura mayoritaria de las Iglesias ortodoxas hoy».19 Esa declaración representa a una escuela. No es una decisión sinodal, y los ortodoxos más estrictos rechazan su lectura de la historia.
Florovsky: «Los límites de la Iglesia»
Un tratamiento ortodoxo moderno muy citado es un breve ensayo del padre Georges Florovsky, publicado en inglés en la Church Quarterly Review en 1933.20 Florovsky tomó en serio a San Cipriano. «Hablando con rigor», escribió, «en sus premisas teológicas la enseñanza de San Cipriano nunca ha sido refutada». Pero sostuvo que San Cipriano «partió de la suposición tácita de que los límites canónicos y carismáticos de la Iglesia coinciden invariablemente», una ecuación que la propia práctica de la Iglesia no había confirmado.
Su argumento partía de los cánones. Si la Iglesia recibe a algunos conversos sin bautismo, y a veces recibe a clérigos en sus órdenes, está tratando como real algo hecho «fuera». Y si un sacramento es real, solo puede ser obra del Espíritu Santo. «Donde se cumplen los sacramentos, allí está la Iglesia», escribió, y así «el “mundo exterior” no empieza de inmediato». Advirtió también contra el uso de la economía para explicarlo todo: si un bautismo es real es, en su expresión latina, una quaestio facti, una cuestión de hecho que debe discernirse, no algo resuelto por conveniencia pastoral.21
Florovsky no concluyó que las divisiones sean inofensivas. Habló de «muchos vínculos, aún no rotos» entre la Iglesia y los cristianos separados, y terminó citando a San Gregorio el Teólogo: «No buscamos la conquista», ... «sino el regreso de nuestros hermanos, cuya separación de nosotros nos está desgarrando».22
Jomiakov, Ware y «dónde no está»
En el siglo XIX el teólogo laico ruso Alexéi Jomiakov escribió que la Iglesia visible «no juzga al resto de la humanidad, y solo mira como excluidos, es decir, como no pertenecientes a ella, a quienes se excluyen a sí mismos». Al resto de la humanidad, «sea ajena a la Iglesia o unida a ella por lazos que Dios no ha querido revelarle, la deja al juicio del gran día».23 Jomiakov cita a San Pablo: «Porque ¿qué me va á mí en juzgar á los que están fuera?... Porque á los que están fuera, Dios juzgará» (1 Corintios 5:12–13). (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
The Orthodox Church, el libro de amplia difusión del metropolitano Kallistos Ware, hizo familiar esta postura en inglés. Ware describe dos grupos entre los ortodoxos fieles. Un grupo más moderado sostiene que «Muchas personas pueden ser miembros de la Iglesia sin serlo visiblemente; pueden existir vínculos invisibles a pesar de una separación externa». En sus palabras: «Sabemos dónde está la Iglesia, pero no podemos estar seguros de dónde no está; y por eso debemos abstenernos de juzgar a los cristianos no ortodoxos».24
Ware es igualmente claro en que un «grupo más riguroso» sostiene que quien no es ortodoxo no puede ser miembro de la Iglesia, y cita el catecismo del metropolitano Antonio (Khrapovitsky), a quien describe como jefe de la Iglesia rusa en el exilio. Incluso este grupo, señala Ware, sostiene que la gracia divina actúa entre muchos no ortodoxos y que Dios tendrá misericordia de los sinceros; solo niegan que tales personas puedan llamarse miembros de la Iglesia. Añade que «tales opiniones las sostienen muchos ortodoxos de gran saber y santidad».25 {{strong: Tanto la postura moderada como la estricta son sostenidas hoy por obispos y teólogos ortodoxos en plena comunión.}}
Una advertencia honesta. Ware respalda la postura moderada con San Ireneo: «donde está el Espíritu, allí está la Iglesia». En San Ireneo la frase va en ambos sentidos («donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios»), y las líneas siguientes dicen que quienes no se unen a la Iglesia no participan del Espíritu.26 San Ireneo escribía contra sectas gnósticas, y sus palabras no pueden reclamarse con justicia como una afirmación temprana de la postura moderada.
Lo que la Iglesia ortodoxa enseña en realidad
Conviene distinguir tres niveles.
Lo que la Iglesia confiesa. Hay una sola Iglesia, que la Iglesia ortodoxa cree ser. El Credo confiesa «la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América), y el concilio de Creta de 2016 abrió su documento sobre los demás cristianos llamando a la Iglesia ortodoxa «la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia».27 La salvación está en Cristo solo: «Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12). Cristo da esa salvación en y por medio de su Cuerpo, mediante el bautismo, la Eucaristía y la vida en la Iglesia, como unión con Dios, lo que los Padres llamaron theosis. Ninguna de las fuentes ortodoxas aquí revisadas trata a la Iglesia como algo opcional.
Lo que se enseña de manera general. El documento de la Iglesia rusa del año 2000 expone con cuidado la opinión común. Afirma que «la salvación solo puede alcanzarse en la Iglesia de Cristo», y en el mismo párrafo dice que las comunidades separadas «nunca han sido consideradas totalmente privadas de la gracia de Dios», puesto que una ruptura de comunión lleva a «una erosión de su vida llena de gracia, pero no siempre a su pérdida completa». Habla de «una cierta comunión incompleta» y se niega a medir cuánta gracia se ha conservado en cada cuerpo en particular, llamándolo «un misterio de la providencia y del juicio de Dios».28 El concilio de Creta dijo que la Iglesia ortodoxa «acepta el nombre histórico de otras Iglesias y Confesiones cristianas no ortodoxas que no están en comunión con ella», una formulación que las nombra sin pronunciarse sobre su condición eclesial.29 La autoridad de Creta es en sí misma discutida: las Iglesias de Antioquía, Rusia, Bulgaria y Georgia no asistieron.30
Lo que sigue siendo opinión teológica. Si los sacramentos no ortodoxos son reales en sí mismos; si los cristianos no ortodoxos son miembros de la Iglesia de algún modo invisible; y cómo juzgará Dios a cada persona en particular. Ningún concilio ecuménico ha definido estas cosas. El destino final de las personas pertenece a Dios, «el cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2:4), y que juzga según lo que a cada uno se le dio: «á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él» (Lucas 12:48). La propia enseñanza de la Iglesia ortodoxa sobre el juicio final (en inglés) lo deja a Cristo.
{{moderate: Los escritores ortodoxos modernos y las declaraciones sinodales aquí revisados se niegan a decir que los cristianos no ortodoxos como tales estén perdidos, a la vez que insisten en que solo la Iglesia ortodoxa es la Iglesia en su plenitud.}}
Las objeciones más sólidas
«Roma da una respuesta más clara»
Un católico dirá que el Concilio Vaticano II ya resolvió esto. Lumen Gentium enseña que la Iglesia de Cristo «subsiste en la Iglesia católica», «si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad». Dice que «no podrían salvarse» quienes, sabiendo que la Iglesia católica fue hecha necesaria por Cristo, se niegan a entrar en ella, y que quienes, «ignorando sin culpa» el Evangelio o la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y tratan de cumplir su voluntad, pueden alcanzar la salvación.31 El decreto sobre el ecumenismo dice que quienes creen en Cristo y recibieron debidamente el bautismo «quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea perfecta, con la Iglesia católica».32 ¿Por qué no puede la ortodoxia decir otro tanto?
La respuesta es que la postura ortodoxa se parece en algunos aspectos a esta, como muestra el documento de Moscú, pero la ortodoxia no tiene un órgano central de enseñanza como el de Roma y es más lenta en definir lo que la tradición dejó abierto. El propio camino de Roma hacia esta claridad no fue recto; el artículo del sitio sobre lo que históricamente quisieron decir los católicos con la máxima lo rastrea. La reticencia ortodoxa no es evasión. Es la negativa a definir lo que Cristo no reveló.
«La verdadera Iglesia es invisible»
Muchos protestantes responden que la Iglesia que salva es la compañía invisible de todos los creyentes, conocida solo por Dios, y que ningún cuerpo visible puede pretender serla. Sin embargo, las confesiones reformadas clásicas sostuvieron también una visión fuerte de la Iglesia visible. La Confesión de Westminster llama a la Iglesia visible la casa y familia de Dios, «fuera de la cual no hay posibilidad ordinaria de salvación».33 Calvino escribió que «fuera del seno de la Iglesia no puede esperarse perdón de pecados ni salvación».34 La respuesta ortodoxa es que la Escritura llama a la Iglesia un cuerpo con bautismo y mesa común, no una idea invisible, y que los propios Reformadores conservaron la antigua convicción de que la Iglesia es una madre.
«Esto es un ablandamiento ecumenista»
Los ortodoxos estrictos plantean la objeción contraria. San Cipriano, el decreto de 1755 y San Nicodemo, argumentan, expresan el pensamiento de los Padres; la postura moderada nació de los contactos ecuménicos del siglo XX y difumina la línea entre verdad y error. Merece una respuesta seria, que es histórica. La recepción graduada está en San Basilio y en el canon 95 de Trulo, siglos antes de cualquier movimiento ecuménico, y los sínodos de 1484 y 1667 recibieron a los latinos por crismación. La postura estricta es una postura ortodoxa real. No es la única que apoyan los cánones, y sus defensores también dejan el juicio final a Dios.
«Si no se ponen de acuerdo, la afirmación está vacía»
Un escéptico puede decir que una Iglesia que no logra ponerse de acuerdo sobre cómo recibir a un luterano no tiene derecho a afirmar que es la única Iglesia verdadera. El desacuerdo es real. Pero los ortodoxos coinciden en la fe y en la identidad de la Iglesia; difieren en la condición sacramental de los cuerpos que están fuera de ella, una cuestión que los propios cánones dejaron en parte abierta.
Qué significa esto en la práctica
Para un cristiano ortodoxo, la enseñanza corta en dos sentidos. Prohíbe tratar a otros cristianos como incrédulos; el Evangelio advierte contra prohibir a los que obran en nombre de Cristo «porque no nos sigue» (Marcos 9:38–40). Prohíbe también fingir que la división no importa. A un amigo protestante o católico, la Iglesia ortodoxa no le dice «estás condenado». Le dice «vuelve a casa». El artículo del sitio sobre las personas que nunca oyen el Evangelio aborda la cuestión más amplia de los no cristianos.
Lo que podemos afirmar con confianza
- El «no hay salvación fuera de la Iglesia» de San Cipriano se escribió en la década del 250, durante las disputas sobre el cisma y el bautismo herético, y Roma, bajo Esteban, rechazó su conclusión sacramental.
- La primera carta canónica de San Basilio, el canon numerado como 7 de Constantinopla y el canon 95 de Trulo reciben sin bautismo a algunos de fuera.
- La práctica ortodoxa ha variado: crismación para los latinos en 1484 y 1667, bautismo según el decreto de 1755, y discreción en 1875 y hoy.
- El documento de la Iglesia rusa del año 2000 afirma a la vez que la salvación está en la Iglesia y que las comunidades separadas no están del todo privadas de gracia.
- Ningún concilio ecuménico ha definido el destino eterno de los cristianos no ortodoxos.
Lo que sigue en debate
- Si la recepción sin bautismo reconoce un sacramento real (Florovsky) o aporta gracia a un rito vacío (San Nicodemo, Metallinos).
- Si los cristianos no ortodoxos pueden llamarse miembros de la Iglesia en algún sentido, invisible o parcial.
- Cuánta autoridad tiene la formulación del concilio de Creta de 2016, dado que cuatro Iglesias estuvieron ausentes.
- Si la postura moderada es una recuperación de la práctica primitiva o un desarrollo moderno; ambas partes citan los cánones.
Conclusión
La respuesta ortodoxa no es una fórmula para clasificar almas. La Iglesia confiesa que es el Cuerpo de Cristo, la madre de la que hablaba San Cipriano. Recuerda también que Cristo es el Juez, y que los mismos cánones que guardan sus fronteras muestran que reconoce la obra del Espíritu más allá de ellas. La frase de Jomiakov es quizá el mejor resumen: la Iglesia se conoce a sí misma y deja el resto «al juicio del gran día». El cristiano ortodoxo está llamado a orar por la unidad de todos, a amar a sus hermanos y hermanas separados y a mantener abierta la puerta.
Notas
- John Chapman, «St. Cyprian of Carthage», The Catholic Encyclopedia, vol. 4 (Nueva York: Robert Appleton, 1908), secciones sobre el cisma novaciano y la controversia bautismal; New Advent. ↩
- Cipriano, Sobre la unidad de la Iglesia 6, trad. Robert Ernest Wallis, ANF 5 (Buffalo: Christian Literature Publishing, 1886); New Advent. ↩
- Cipriano, Epístola 72 (numeración ANF; Ep. 73 en las ediciones modernas), A Jubaiano 21, trad. Wallis, ANF 5. ↩
- Chapman, «St. Cyprian of Carthage» (los concilios de primavera y de septiembre del 256). ↩
- Cipriano, Epístola 73 (numeración ANF), A Pompeyo 1-2, trad. Wallis, ANF 5, citando la carta de Esteban. ↩
- Agustín, Sobre el bautismo, contra los donatistas 1.2.3, trad. J. R. King, rev. Chester D. Hartranft, NPNF1 4 (Buffalo: Christian Literature Publishing, 1887); New Advent. ↩
- Agustín, Sobre el bautismo 5.27.38, NPNF1 4. ↩
- Basilio de Cesarea, Carta 188 (Primera epístola canónica), canon 1, trad. Blomfield Jackson, NPNF2 8 (Buffalo: Christian Literature Publishing, 1895); New Advent. Los cánones de Basilio son ratificados en el Concilio de Trulo, canon 2, NPNF2 14. ↩
- Basilio, Carta 188, canon 1, NPNF2 8. ↩
- Concilio de Constantinopla (381), canon 7, trad. Henry Percival, NPNF2 14 (Buffalo: Christian Literature Publishing, 1900); New Advent (donde la página lo imprime bajo el rótulo «Canon 5»). ↩
- NPNF2 14, «Warning to the Reader Touching Canon VII», citando a Hefele, con la nota sobre su adopción como canon 95 de Trulo; CCEL. Concilio de Trulo, cánones 2 y 95, NPNF2 14; New Advent. Sobre Nicodemo y la legislación de Cipriano: North American Consultation, Baptism and «Sacramental Economy», parte II.B.2. ↩
- George Dragas, «The Manner of Reception of Roman Catholic Converts into the Orthodox Church, with Special Reference to the Decisions of the Synods of 1484 (Constantinople), 1755 (Constantinople) and 1667 (Moscow)», ponencia leída en el Diálogo Ortodoxo-Católico Romano (EE. UU.), 1998, sección 2 y (para 1667) la carta de 1875 citada en la sección 4; Myriobiblos. ↩
- Dragas, secciones 3-4, con el texto inglés del horos de 1755 y su comentario sobre su objeción al bautismo sin triple inmersión; North American Orthodox-Catholic Theological Consultation, Baptism and «Sacramental Economy» (Crestwood, NY, 3 de junio de 1999), parte II.B.1. ↩
- North American Consultation, Baptism and «Sacramental Economy», parte II.B.2-3. ↩
- Carta patriarcal y sinodal de Constantinopla, 26 de mayo de 1875, tal como la traduce Dragas, sección 4. ↩
- Iglesia ortodoxa rusa, Concilio Jubilar de Obispos, Basic Principles of the Attitude of the Russian Orthodox Church toward the Other Christian Confessions (14 de agosto de 2000), 1.17; texto inglés en orthodox.cn (que reproduce la traducción del Patriarcado de Moscú). ↩
- North American Consultation, Baptism and «Sacramental Economy», partes II.A y II.B.4. ↩
- George D. Metallinos, I Confess One Baptism (Monte Athos: Monasterio de San Pablo, 1994), prefacio a la edición inglesa. ↩
- North American Consultation, Baptism and «Sacramental Economy», partes II.B.2 y III.A.5. ↩
- Georges Florovsky, «The Limits of the Church», Church Quarterly Review 117 (1933): 117-31; texto reproducido en el blog de Ancient Faith Orthodoxy and Heterodoxy (2012). ↩
- Florovsky, «The Limits of the Church». ↩
- Florovsky, «The Limits of the Church», párrafos finales. ↩
- A. S. Khomiakov, The Church Is One 2, en W. J. Birkbeck, ed., Russia and the English Church during the Last Fifty Years, vol. 1 (Londres, 1895), cap. 23. ↩
- Timothy (Kallistos) Ware, The Orthodox Church, nueva ed. (Londres: Penguin, 1993), cap. 16, «'One Holy Catholic Church': what do we mean?» (número de página no verificado). ↩
- Ware, The Orthodox Church, cap. 16. ↩
- Ireneo, Contra las herejías 3.24.1, trad. Alexander Roberts y William Rambaut, ANF 1 (Buffalo: Christian Literature Publishing, 1885); New Advent. ↩
- Santo y Gran Concilio (Creta, 2016), Relations of the Orthodox Church with the Rest of the Christian World, párr. 1; holycouncil.org. ↩
- Basic Principles (2000), 1.15 y 1.17. ↩
- Creta 2016, Relations, párr. 6. ↩
- Paul L. Gavrilyuk, «Council meets despite absence of four patriarchates under the sway of Russia», America, 7 de julio de 2016. ↩
- Concilio Vaticano II, Lumen Gentium (1964), 8, 14 y 16; vatican.va. ↩
- Concilio Vaticano II, Unitatis Redintegratio (1964), 3; vatican.va. ↩
- Confesión de fe de Westminster, 25.2 (texto de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa); opc.org. ↩
- Juan Calvino, Institutes of the Christian Religion 4.1.4, trad. Henry Beveridge (1845); CCEL. ↩
Bibliografía
Fuentes primarias
- Agustín. Sobre el bautismo, contra los donatistas. Trad. J. R. King, rev. Chester D. Hartranft. NPNF1 4. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1887.
- Basilio de Cesarea. Carta 188. Trad. Blomfield Jackson. NPNF2 8. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1895.
- Concilio de Constantinopla (381) y Concilio de Trulo (692), cánones, con notas editoriales. Trad. Henry Percival. NPNF2 14. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1900.
- Cipriano de Cartago. Sobre la unidad de la Iglesia; Epístolas 72 y 73 (numeración ANF). Trad. Robert Ernest Wallis. ANF 5. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1886.
- Ireneo de Lyon. Contra las herejías. Trad. Alexander Roberts y William Rambaut. ANF 1. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1885.
- The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982 (versión citada en el original inglés; esta edición en español cita la Reina-Valera de 1909).
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Dragas, George. «The Manner of Reception of Roman Catholic Converts into the Orthodox Church, with Special Reference to the Decisions of the Synods of 1484, 1755 and 1667». Ponencia para el Diálogo Ortodoxo-Católico Romano (EE. UU.), 1998. Myriobiblos.
- Florovsky, Georges. «The Limits of the Church». Church Quarterly Review 117 (1933): 117-31.
- Santo y Gran Concilio de la Iglesia ortodoxa (Creta, 2016). Relations of the Orthodox Church with the Rest of the Christian World.
- Khomiakov, A. S. The Church Is One. En W. J. Birkbeck, ed., Russia and the English Church during the Last Fifty Years, vol. 1. Londres, 1895.
- Metallinos, George D. I Confess One Baptism. Monte Athos: Monasterio de San Pablo, 1994.
- Iglesia ortodoxa rusa. Basic Principles of the Attitude of the Russian Orthodox Church toward the Other Christian Confessions. Moscú, 2000.
- Ware, Timothy (Kallistos). The Orthodox Church. Nueva ed. Londres: Penguin, 1993.
Otros estudios y documentos eclesiales
- Calvin, John. Institutes of the Christian Religion. Trad. Henry Beveridge. Edimburgo, 1845.
- Chapman, John. «St. Cyprian of Carthage». The Catholic Encyclopedia, vol. 4. Nueva York: Robert Appleton, 1908.
- Gavrilyuk, Paul L. «Council meets despite absence of four patriarchates under the sway of Russia». America, 7 de julio de 2016.
- North American Orthodox-Catholic Theological Consultation. Baptism and «Sacramental Economy»: An Agreed Statement. Crestwood, NY, 1999.
- Concilio Vaticano II. Lumen Gentium (1964) y Unitatis Redintegratio (1964).
- Westminster Confession of Faith (1646), cap. 25.