Pocas comparaciones entre católicos y ortodoxos se repiten con más seguridad (y con menos exactitud) que esta:
«Los católicos creen que cada bebé es personalmente culpable del pecado de Adán. Los cristianos ortodoxos solo creen que heredamos la muerte».
Ese contraste encierra una verdad histórica, pero como descripción de la doctrina católica oficial moderna es demasiado burdo.
El Catecismo de la Iglesia Católica dice explícitamente que el pecado original no tiene el carácter de una falta personal en los descendientes de Adán. Lo describe como una condición: un pecado «contraído», «no cometido» personalmente.
La ortodoxia, por su parte, enseña que la humanidad hereda una condición caída marcada sobre todo por la mortalidad, la corrupción, el deseo desordenado y el alejamiento de Dios.
Entonces, ¿dónde está el verdadero desacuerdo?
El punto de partida cristiano común
Ambas tradiciones parten de Génesis 3 y de la teología de San Pablo sobre Adán y Cristo.
Romanos 5:12–21 presenta la desobediencia de Adán como catastrófica para la humanidad y la obediencia de Cristo como el comienzo de una nueva humanidad.
Primera de Corintios 15 contrapone a Adán y a Cristo de manera aún más directa:
- en Adán, la muerte;
- en Cristo, la resurrección.
Ni el catolicismo ni la ortodoxia tratan la caída de Adán como un simple ejemplo desafortunado que otros copiaron después.
La humanidad nace realmente en una condición dañada.
La muerte reina.
La naturaleza humana está herida.
El pecado se convierte en un poder universal.
Toda persona necesita a Cristo.
Lo que el catolicismo enseña en realidad
Los §§404–405 del Catecismo describen el pecado original como la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y la justicia originales.
El Catecismo dice con cuidado que Adán y Eva cometieron un pecado personal, pero que sus descendientes reciben una condición humana caída.
Y añade:
el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal.
Esa frase importa muchísimo.
Oficialmente no se imagina a un bebé católico como personalmente culpable de haber alargado la mano hacia el fruto prohibido miles de años antes de nacer.
El catolicismo habla, en cambio, de una privación o de un estado heredado.
¿Por qué se le sigue llamando «pecado»?
La palabra puede prestarse a confusión.
La teología católica lo llama «pecado» en un sentido analógico.
El pecado personal normalmente implica un acto de la voluntad.
El pecado original en un descendiente no es un acto así.
Es la ausencia de la comunión, la santidad y la justicia originales que la humanidad debía poseer.
Por eso el bautismo de los niños puede ser «para la remisión de los pecados» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América) aun cuando el niño no ha cometido ningún acto pecaminoso personal.
La condición necesita sanación e incorporación a Cristo.
Qué quiere decir la ortodoxia con «pecado ancestral»
Los teólogos ortodoxos suelen preferir la expresión pecado ancestral.
El énfasis recae normalmente en las consecuencias heredadas de Adán:
- la muerte;
- la corrupción;
- las pasiones desordenadas;
- un mundo esclavizado al pecado;
- una condición humana debilitada.
La Iglesia Ortodoxa en América resume la distinción diciendo que la humanidad carga con las consecuencias del pecado de Adán, pero no con la culpa personal de Adán y Eva.
Esto está estrechamente ligado al énfasis oriental en la muerte como el gran enemigo.
Los seres humanos pecan no solo porque Adán pecó una vez, sino porque nacen en un mundo dominado por la mortalidad y la corrupción.
¿Es el catolicismo moderno realmente lo opuesto?
No tanto como sugiere la polémica popular.
El Catecismo católico también dice que:
- el pecado original no es una falta personal en los descendientes de Adán;
- la naturaleza humana está herida, pero no totalmente corrompida;
- la humanidad está sometida al sufrimiento y a la muerte;
- los seres humanos tienen una inclinación al pecado;
- el bautismo devuelve la vida divina, mientras permanecen las consecuencias temporales de la condición caída.
Eso suena bastante más cercano a la ortodoxia de lo que podría sugerir la expresión «culpa heredada».
Por eso una buena crítica ortodoxa no debería atribuir al Catecismo católico moderno una doctrina que él niega explícitamente.
San Agustín importa
Aun así, la divergencia es históricamente real.
La teología occidental fue moldeada en gran medida por los escritos antipelagianos de San Agustín.
San Agustín subrayó la solidaridad de la humanidad con Adán, el pecado heredado, la necesidad absoluta de la gracia y la incapacidad de la humanidad caída para salvarse a sí misma.
Su vocabulario y su marco conceptual ejercieron una influencia directa mucho mayor sobre la teología latina medieval que sobre el cristianismo bizantino.
El Oriente griego desarrolló su antropología a partir de otros énfasis:
- la mortalidad y la corrupción;
- la sanación de la naturaleza humana;
- la libertad;
- la lucha ascética;
- la participación en la vida divina.
Estas trayectorias acabaron produciendo instintos teológicos notablemente distintos.
¿Enseñó San Agustín una culpa personal heredada?
La teología de San Agustín es más difícil de lo que permiten los resúmenes de internet.
Su comprensión del pecado heredado estaba ligada a cuestiones sobre la transmisión de la naturaleza humana, la concupiscencia, el bautismo y la solidaridad en Adán.
Los teólogos occidentales posteriores a San Agustín desarrollaron estos temas de maneras diferentes.
Por lo tanto, la doctrina católica moderna no debería identificarse sin más con la reconstrucción más fuerte posible de la terminología del propio San Agustín.
La negación explícita, por parte del Catecismo, de una falta personal heredada tiene que regir las descripciones de la creencia católica actual.
¿Y Romanos 5:12?
Romanos 5:12 se convirtió en un punto de choque interpretativo importante entre Oriente y Occidente.
La tradición latina leyó a San Pablo a través de una traducción que favorecía el sentido «en quien todos pecaron», lo que vinculaba directamente el pecado de la humanidad con Adán.
Los lectores griegos entendían con más naturalidad la frase final en sentido causal: la muerte pasó a todos porque todos pecaron.
Los estudios bíblicos modernos debaten la sintaxis y el argumento paulino más amplio.
Pero un punto está claro: San Pablo presenta tanto la solidaridad en Adán como la pecaminosidad humana real y universal.
Ni Oriente ni Occidente pueden reducir Romanos 5 a una simple imitación individual.
El bautismo de los niños
Tanto el catolicismo como la ortodoxia bautizan a los niños pequeños.
Este hecho es importante.
Los cristianos ortodoxos no dicen:
«Los bebés son inocentes; por lo tanto, el bautismo no tiene ningún significado salvífico ni regenerador».
El bautismo une al niño con Cristo, le da un nuevo nacimiento, lo incorpora a la Iglesia, le concede la vida del Espíritu y comienza su liberación del dominio de la muerte y la corrupción.
El catolicismo, de modo semejante, ve el bautismo de los niños como regeneración y liberación del pecado original.
Las tradiciones explican de manera distinta la condición heredada, pero ambas consideran el bautismo mucho más que una ceremonia pública de presentación.
La concupiscencia
La teología católica usa el término concupiscencia para la inclinación al pecado que permanece después del bautismo.
El Concilio de Trento insistió en que la concupiscencia, que permanece en los bautizados, no es en ellos verdadera y propiamente pecado, y que no puede dañar a quienes no consienten en ella.
La teología ascética ortodoxa habla, en cambio, de pasiones y de movimientos desordenados que requieren purificación y sanación.
Una vez más, los lenguajes conceptuales difieren.
Ambas tradiciones reconocen que el bautismo no elimina al instante toda inclinación al mal.
La vida cristiana sigue siendo una lucha espiritual.
¿Está la naturaleza humana totalmente corrompida?
Ni el catolicismo ni la ortodoxia enseñan la destrucción total de la naturaleza humana.
El Catecismo católico dice explícitamente que la naturaleza humana caída está herida, no totalmente corrompida.
La ortodoxia, del mismo modo, insiste en que la imagen de Dios permanece, aunque la humanidad esté dañada y esclavizada a la mortalidad.
Esto sitúa a ambas tradiciones a cierta distancia de las formas más fuertes del lenguaje protestante de la depravación total, aunque los propios teólogos reformados distinguen la depravación total de la idea de que todo acto humano es malo en grado máximo.
Hace falta cuidado con la terminología de todos.
La relación con la Inmaculada Concepción
El desacuerdo sobre el pecado original se vuelve especialmente visible en el dogma católico de la Inmaculada Concepción.
La pregunta latina se desarrolló en un marco en el que todos los descendientes de Adán contraen el pecado original.
¿Cómo debía entenderse, entonces, la extraordinaria santidad de María?
La respuesta católica llegó a ser esta: fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción por los méritos de Cristo.
La ortodoxia no suele ver el mismo problema teológico, porque su explicación del pecado ancestral está estructurada de otra manera.
María puede ser toda santa y compartir aun así la condición humana mortal que Cristo vino a sanar.
La diferencia más honda: la salvación como restauración
La ortodoxia tiende a enmarcar la salvación sobre todo como:
- victoria sobre la muerte;
- sanación;
- restauración de la imagen;
- comunión con Dios;
- theosis (deificación).
El catolicismo afirma todos esos temas, pero históricamente desarrolló categorías más sistemáticas que incluyen:
- la justicia original;
- la privación;
- la gracia santificante;
- la concupiscencia;
- la culpa y la pena;
- el mérito y la satisfacción.
Por eso las tradiciones suelen subrayar dimensiones distintas del mismo drama bíblico.
Esa diferencia se vuelve problemática cuando un vocabulario se trata como si agotara el misterio.
Veredicto final
El pecado original católico y el pecado ancestral ortodoxo son tradiciones teológicas realmente distintas, pero la diferencia suele exagerarse con afirmaciones inexactas sobre la doctrina católica moderna.
El catolicismo enseña oficialmente que:
- la caída de Adán afecta a todo ser humano;
- la naturaleza humana se transmite en un estado caído;
- faltan la santidad y la justicia originales;
- la humanidad está herida y sometida a la muerte;
- el pecado original se contrae, no se comete personalmente;
- los descendientes de Adán no cargan con su falta personal.
La ortodoxia subraya de manera característica:
- la mortalidad y la corrupción heredadas;
- las consecuencias, más que la culpa personal de Adán;
- las pasiones;
- la sanación y la deificación;
- la victoria de Cristo sobre la muerte.
Por lo tanto, la diferencia entre Oriente y Occidente es real.
Pero la comparación responsable no es:
«Los católicos culpan a los bebés del acto personal de Adán; los ortodoxos no».
La propia enseñanza católica moderna rechaza esa formulación.
Una conclusión mejor es:
Occidente y Oriente heredaron gramáticas teológicas distintas para explicar la misma condición humana caída. Su mayor desacuerdo tiene que ver con cómo debe conceptualizarse esa condición, no con si la humanidad necesita desesperadamente que Cristo sane lo que la caída de Adán ha hecho.
Fuentes principales
Fuentes primarias y oficiales
- Génesis 3.
- Romanos 5:12–21.
- 1 Corintios 15:20–28, 45–49.
- San Agustín, escritos antipelagianos.
- Concilio de Orange (529).
- Concilio de Trento, sesión V.
- Catecismo de la Iglesia Católica, §§396–421.
- Textos ortodoxos bautismales y fúnebres.
Estudios modernos
- John Meyendorff, Byzantine Theology (en inglés).
- John Romanides, escritos sobre el pecado ancestral.
- Gerald Bonner, estudios sobre San Agustín y la gracia.
- Norman Russell, obras sobre la deificación y la antropología patrística.