Todo servicio ortodoxo que llama a la Virgen María «Theotokos» (Madre de Dios), la que dio a luz a Dios, le debe algo a San Cirilo de Alejandría. Él encabezó la lucha por ese título contra Nestorio, arzobispo de Constantinopla, y presidió el Concilio de Éfeso del 431, que la Iglesia cuenta como el Tercer Concilio Ecuménico. La Vida de San Cirilo de la Iglesia Ortodoxa en América lo llama «un distinguido campeón de la ortodoxia y un gran maestro de la Iglesia» (traducción nuestra). Las Iglesias ortodoxas orientales lo honran también como su padre en la fe.
También es uno de los santos más criticados de la historia cristiana. Incluso escritores antiguos que compartían su fe criticaron sus métodos, y muchos lectores modernos lo conocen solo como el obispo en funciones cuando una turba cristiana asesinó a la filósofa Hipatia.
En breve
San Cirilo llegó a ser obispo de Alejandría en octubre del 412, como sucesor de su tío Teófilo, y murió en el 444. Sus primeros años vieron un conflicto violento en la ciudad, que incluyó la expulsión de los judíos y el asesinato de Hipatia en el 415. Desde el 428 se opuso a Nestorio, que se resistía al título de Theotokos. San Cirilo insistía en que el nacido de María es el Verbo eterno hecho carne. En Éfeso, en el 431, abrió el concilio antes de que llegaran los obispos de Antioquía e hizo deponer a Nestorio, y una asamblea rival depuso a su vez a San Cirilo. En el 433 San Cirilo y Juan de Antioquía se reconciliaron sobre un texto que hablaba de «una unión de dos naturalezas». Calcedonia, en el 451, recibió las cartas de San Cirilo pero definió a Cristo «en dos naturalezas», lo cual quienes rechazaron el concilio vieron como una traición a la propia fórmula de San Cirilo de una naturaleza encarnada de Dios el Verbo. Por eso lo reclaman tanto los ortodoxos calcedonianos como los no calcedonianos. Sobre Hipatia, la fuente más cercana, Sócrates Escolástico, culpa a un grupo dirigido por un lector de la Iglesia llamado Pedro y dice que el hecho acarreó gran descrédito a San Cirilo, pero no dice que él lo ordenara.
Tesis: la enseñanza de San Cirilo de que Cristo es una sola Persona, el Verbo hecho carne, fue recibida por toda la Iglesia y sigue uniendo a cristianos divididos desde el 451, mientras que los documentos muestran a un obispo cuyos métodos fueron a menudo duros y cuyo papel en la muerte de Hipatia, aunque no está probado, no puede descartarse.
Obispo de una ciudad turbulenta
San Cirilo era sobrino de Teófilo, el patriarca que había presidido el sínodo que depuso a San Juan Crisóstomo. Cuando Teófilo murió el 15 de octubre del 412, facciones rivales se disputaron la sucesión, y al tercer día San Cirilo fue instalado. El historiador eclesiástico Sócrates Escolástico, que escribía en Constantinopla, probablemente en la década del 440, dice que asumió el cargo «con mayor poder del que Teófilo había ejercido jamás» y que de inmediato cerró las iglesias de los novacianos, un grupo cristiano rigorista, y se apoderó de sus bienes.1
Sócrates describe luego una espiral de violencia. Tras un ataque nocturno en el que, según él, los judíos mataron a cristianos, San Cirilo encabezó a una multitud que se apoderó de las sinagogas y expulsó a los judíos de la ciudad, para furia del prefecto Orestes. Unos quinientos monjes de Nitria acudieron a apoyar a San Cirilo; uno de ellos, Amonio, golpeó a Orestes con una piedra y murió torturado. San Cirilo lo honró como mártir, pero «los más sensatos, aunque cristianos, no aceptaron la estimación parcial que Cirilo hacía de él», y San Cirilo dejó el asunto.2 Sócrates defiende el título de Theotokos y no es enemigo de la doctrina de San Cirilo, de modo que su crítica aquí merece peso.
La controversia de la Theotokos
Nestorio, un célebre predicador de Antioquía, llegó a ser arzobispo de Constantinopla en el 428. Según Sócrates, su presbítero Anastasio predicó: «Que nadie llame a María Theotokos: porque María no fue sino una mujer; y es imposible que Dios nazca de una mujer». Nestorio lo defendió y rechazó el título. Sócrates, que había leído los sermones de Nestorio, no lo consideró un hereje que negara la divinidad de Cristo; más bien, «parecía asustado por el término Theotokos, como si fuera algún terrible fantasma». Observó también que escritores anteriores, entre ellos Orígenes y Eusebio, habían usado el título.3 Para más sobre su trasfondo, véase María en la Iglesia primitiva.
San Cirilo veía en juego algo más que un título. En su segunda carta a Nestorio escribió que el Verbo no se transformó en carne ni se limitó a asumir a un hombre, sino que «al unirse las dos naturalezas en una unión verdadera, de ambas resulta un solo Cristo y un solo Hijo; pues la diferencia de las naturalezas no se suprime por la unión». El Hijo nacido del Padre antes de todos los siglos es el mismo Hijo nacido de la Virgen.4 Si María dio a luz solo a un hombre unido a Dios, entonces quien murió en la Cruz no era el propio Hijo de Dios.
En el 430 San Cirilo envió una tercera carta, respaldada por un sínodo en Roma bajo el papa Celestino, que terminaba con doce anatemas que Nestorio debía aceptar. El primero dice: «Si alguno no confiesa que el Emmanuel es verdaderamente Dios y que, por tanto, la Santa Virgen es la Madre de Dios (Θεοτόκος), por cuanto en la carne dio a luz al Verbo de Dios hecho carne ... sea anatema». El duodécimo condena a quien no reconozca «que el Verbo de Dios padeció en la carne».5 A los obispos antioquenos estos capítulos les sonaron a apolinarismo, el viejo error de que Cristo carecía de una mente humana plena.
Éfeso 431: un verdadero concilio por un camino irregular
Teodosio II convocó a los obispos a Éfeso para Pentecostés del 431. Juan de Antioquía y los obispos sirios se retrasaron. El 22 de junio, dieciséis días después de que Juan hubiera anunciado que llegaría dentro de cinco o seis, San Cirilo y la mayoría abrieron el concilio sin ellos y sin los legados romanos.6 Nestorio se negó a asistir. En una sola sesión larga, los obispos juzgaron que la segunda carta de San Cirilo concordaba con Nicea, condenaron la respuesta de Nestorio y lo depusieron. Sócrates, que no era partidario de Nestorio, dice sin embargo que San Cirilo «inició una áspera escaramuza de palabras, con el propósito de aterrorizar a Nestorio, pues le tenía fuerte aversión».7
Cinco días después llegó Juan y celebró su propia asamblea, donde cuarenta y tres obispos depusieron a San Cirilo y a Memnón de Éfeso. El emperador ratificó primero las deposiciones decretadas por ambas asambleas e hizo confinar a San Cirilo y a Memnón, antes de aceptar el concilio de la mayoría.6 Incluso John Chapman, un erudito católico que defendió la doctrina de San Cirilo y pensaba que el retraso de Juan fue probablemente deliberado, escribió que «es lamentable que no se hiciera toda la concesión posible» a los obispos ausentes.8 Las actas que se conservan registran que se leyeron la tercera carta de San Cirilo y los anatemas, pero, como señala el editor de la traducción inglesa estándar, «no se registra en las Actas que se tomara medida alguna».9 Si Éfeso adoptó formalmente los doce capítulos sigue siendo discutido.
Después San Cirilo trabajó con empeño para ganarse la corte imperial. Entre sus cartas se conserva una lista de regalos enviados a funcionarios de Constantinopla. El historiador Volker Menze la llama «posiblemente el mayor soborno de la Antigüedad» y sostiene que San Cirilo «disfrazó sus regalos de bendiciones».10
La Iglesia recibe Éfeso no porque su procedimiento fuera limpio, sino porque toda la Iglesia reconoció su enseñanza como la fe apostólica; véase cómo sabe la Iglesia ortodoxa qué concilios son ecuménicos.
Reunión, «una naturaleza encarnada» y por qué ambos lados lo reclaman
En el 433 Juan de Antioquía envió a San Cirilo una confesión de fe. Llamaba a Cristo «Dios perfecto y Hombre perfecto», de una misma sustancia con el Padre y con nosotros, y decía: «pues se produjo una unión de dos naturalezas. Por eso confesamos un solo Cristo, un solo Hijo, un solo Señor». Confesaba también a la Virgen como Madre de Dios. La alegre respuesta de San Cirilo comenzaba así: «Alégrense los cielos, y gócese la tierra».11 Esta Fórmula de Reunión muestra que San Cirilo podía aceptar el lenguaje de «dos naturalezas» cuando la unidad de Cristo estaba clara. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)
Cuando algunos de sus propios partidarios se alarmaron, San Cirilo defendió una frase que creía procedente de San Atanasio. Escribiendo al obispo Succenso, la llamó lo que «los santos Padres han declarado: Una Naturaleza Encarnada del Verbo». Explicó que después de la unión «no separamos las naturalezas la una de la otra», aunque también podía decir que la unión «se produjo a partir de dos naturalezas», comparando a Cristo con un ser humano compuesto de cuerpo y alma.12 La frase en realidad procedía de una carta de Apolinar que circulaba bajo el nombre de San Atanasio. El estudioso Hans van Loon sostiene que antes del 433 San Cirilo usó la fórmula con sus propias palabras una sola vez (otras dos veces la citó de la carta pseudoatanasiana), y que prefería hablar de una unión «según la hipóstasis».13
Calcedonia, en el 451, recibió formalmente «las cartas sinodales del bienaventurado Cirilo» a Nestorio y a los orientales, junto con el Tomo del papa León, y confesó a un solo Cristo «en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación».14 Muchos en Egipto y Siria vieron en ello un paso atrás hacia Nestorio. Severo de Antioquía, el gran teólogo no calcedoniano del siglo VI, objetó que el concilio buscaba «desterrar la confesión de que Cristo ha de ser reconocido como procedente de dos naturalezas e introducir en su lugar la confesión de que ha de ser reconocido como en dos naturalezas».15
Las Iglesias calcedonianas respondieron leyendo Calcedonia a través de San Cirilo. El Quinto Concilio Ecuménico (553) aceptó tanto «dos naturalezas» como «la única naturaleza hecha carne de Dios el Verbo», siempre que cada expresión se entendiera como enseñaron los santos Padres, como una unión hipostática sin confusión; condenó además los escritos de Teodoreto «contra los Doce Capítulos de San Cirilo».16 En 1989 la comisión mixta oficial de las Iglesias ortodoxas y las Iglesias ortodoxas orientales declaró haber hallado un terreno común en la fórmula de «nuestro Padre común, San Cirilo de Alejandría».17 El artículo del sitio sobre lo que Calcedonia definió en realidad explica el propio concilio.
Hipatia: lo que dicen las fuentes
Hipatia fue una matemática y filósofa platónica a quien, según Sócrates, todos admiraban por su dignidad y virtud. En marzo del 415, durante la Cuaresma, fue asesinada. Sócrates, la fuente más cercana, dice que corrió el rumor entre los cristianos de que ella impedía que Orestes se reconciliara con el obispo, y «algunos de ellos, arrastrados por un celo feroz y fanático, cuyo cabecilla era un lector llamado Pedro», la llevaron a una iglesia, la mataron y quemaron su cuerpo. Su veredicto: «Y ciertamente nada puede estar más lejos del espíritu del cristianismo que el consentimiento de masacres, peleas y actos de esa clase».18
La traducción inglesa estándar dice que el asunto acarreó a San Cirilo «ni el menor oprobio», lo que suena a absolución. El griego, tal como lo cita el historiador Philip Schaff, dice οὐ μικρὸν μῶμον, literalmente no pequeña censura, sobre San Cirilo y sobre la Iglesia de Alejandría.19 Sócrates atribuye a San Cirilo descrédito moral. No dice que San Cirilo ordenara el asesinato.
Las fuentes posteriores tiran en direcciones opuestas. Juan de Nikiu, un obispo egipcio de finales del siglo VII, llama a Hipatia pagana, «dedicada en todo tiempo a la magia, los astrolabios y los instrumentos de música», y dice que después el pueblo aclamó a San Cirilo como «el nuevo Teófilo».20 El filósofo pagano Damascio, que escribía a comienzos del siglo VI y cuyo texto se conserva en la enciclopedia bizantina llamada Suda, dice que San Cirilo vio las multitudes en casa de ella y «su alma fue mordida [de envidia], de modo que de inmediato tramó su muerte».21 Ambas fuentes son tardías y partidistas. Edward Watts, en una reciente biografía académica, sostiene que la turba probablemente no se propuso matarla y que el asesinato fue «circunstancial, más que premeditado», en palabras de un reseñador.22 Schaff observa que Gibbon y Milman se inclinaban a responsabilizar a San Cirilo, aunque el propio Schaff juzgó que «la evidencia no es suficiente»; algunos eruditos todavía interpretan su papel con más dureza.
{{moderate: La evidencia respalda la responsabilidad moral de San Cirilo por un clima de violencia en Alejandría, pero no que ordenara directamente el asesinato.}} William Bright, citado por Schaff, lo expresó con sobriedad: «Si no hubiera habido un ataque contra las sinagogas, sin duda no habría habido asesinato de Hipatia».19
¿Se entendieron San Cirilo y Nestorio?
Los eruditos responden de manera distinta. Varios puntos sugieren un malentendido real. Sócrates pensaba que Nestorio temía a una palabra más que negar la divinidad de Cristo. San Cirilo aceptó «una unión de dos naturalezas» en el 433, un lenguaje no muy lejano de lo que Nestorio quería. En su defensa tardía, el Bazar de Heraclides, Nestorio elogió al papa León, cuyo Tomo aprobó Calcedonia, como alguien «que solía predicar la verdad sin temor».23 El historiador alemán Friedrich Loofs concluyó que Nestorio podría haber aceptado el credo de Calcedonia, y lo llamó «un rasgo trágico en la suerte de Nestorio que ya hubiera sido condenado cuando se celebró el concilio cuyo credo habría podido aceptar».24 En 1994 la Iglesia católica y la Iglesia Asiria del Oriente declararon que las viejas divisiones «se debieron en gran parte a malentendidos».25
Otra evidencia apunta a una diferencia real. En Éfeso, informa Sócrates, Nestorio dijo: «No puedo llamar Dios a quien tenía dos y tres meses de edad».7 En el Bazar acoge con agrado la afirmación de que sus antiguos opositores Flaviano y Eusebio habían admitido, como él enseñaba, que «la unión se produjo en el prosôpon y no en la naturaleza»: una unión de dos naturalezas completas en un prosôpon (persona), y no en la única hipóstasis del Verbo.23 El propio Loofs concedió que «Nestorio no habría podido aceptar una interpretación según la tradición cirílica».24 La cuestión era si el Verbo eterno es él mismo el único sujeto de todo lo que Cristo hizo y padeció, incluido el nacimiento de María y la muerte en la Cruz. San Cirilo decía que sí, sin reservas. Nestorio dudaba.
Una respuesta equilibrada: los dos hombres a menudo hablaron sin entenderse, usando «naturaleza» y «persona» de manera distinta, y la hostilidad lo empeoró. Pero por debajo había una diferencia genuina sobre quién nace y quién muere. La Iglesia ortodoxa juzga que San Cirilo vio esto correctamente, aunque puede conceder que Nestorio fue tratado injustamente en cuanto al procedimiento.
¿Qué podemos verificar realmente?
(a) Evidencia documental contemporánea o casi contemporánea
En el caso de San Cirilo estamos inusualmente bien abastecidos. Sus cartas y tratados se conservan en gran número, y también las actas de Éfeso y de Calcedonia. Sócrates escribió dentro de unos treinta años de los hechos de Alejandría, y la propia defensa de Nestorio se conserva en siríaco. El episcopado de San Cirilo (412 a 444), Éfeso, la reunión del 433 y las líneas principales del asunto de Hipatia están bien atestiguados.
(b) Tradición hagiográfica posterior
Las Vidas añaden material que los documentos no respaldan. La Vida de la OCA dice que Nestorio murió en el exilio «en espantosos tormentos» y que se le formaron gusanos en la lengua que había blasfemado contra la Madre de Dios; Sócrates, que escribía cuando Nestorio aún vivía, dice solo que fue desterrado al Oasis. La Vida cuenta también cómo San Cirilo, tras un sueño en el que la Theotokos pidió a San Juan Crisóstomo que lo perdonara, se reconcilió con la memoria de San Juan Crisóstomo. Que San Cirilo durante algunos años se negó a restituir el nombre de San Juan Crisóstomo en los dípticos está atestiguado; el sueño es un relato edificante posterior.26
(c) Milagros referidos
La Vida de la OCA refiere que San Cirilo expulsó demonios de un templo pagano y construyó allí una iglesia para las reliquias de los santos Ciro y Juan. Esto es referido, no documentado.
La postura ortodoxa
Como dogma, la Iglesia confiesa con Éfeso y Calcedonia que la Virgen es Theotokos y que Cristo es una sola Persona, el Verbo eterno, que asumió la naturaleza humana sin confusión ni división. Honrar a San Cirilo como padre y maestro es tradición común. No es dogma que cada acción de un santo fuera correcta; la santidad es obra de Dios en un ser humano arrepentido, no un certificado de buena conducta. Sobre cómo reconoce la Iglesia a los santos, véase ¿Cómo se llega a ser santo en la Iglesia ortodoxa? Si San Cirilo tiene culpa personal por Hipatia, o cuánto comprendió a Nestorio, es opinión teológica e histórica.
La Iglesia ortodoxa celebra su memoria el 18 de enero, junto con San Atanasio, y el 9 de junio, que la OCA llama el día de su reposo.27 Véanse también la guía de los Padres de la Iglesia (en inglés) y las Vidas de los santos (en inglés).
Las objeciones más fuertes
«Un hombre que usó turbas y sobornos no puede ser santo»
Los escépticos y muchos protestantes insisten en esto, y la respuesta honrada concede los hechos. Chapman, un admirador católico, escribió que «más paciencia y diplomacia quizá habrían podido incluso evitar que surgiera la vasta secta nestoriana».28 Sin embargo, la Iglesia nunca ha afirmado que sus santos fueran intachables; la Escritura habla de David y de San Pedro sin suavizar nada. La Iglesia venera a San Cirilo por la fe que defendió, que Dios mismo nació y padeció en la carne por nosotros (Juan 1:14), no por su política.
«Calcedonia traicionó a Cirilo» (la objeción de las Iglesias ortodoxas orientales)
Los coptos, los sirio-ortodoxos y los armenios sostienen, como lo hacía Severo, que «en dos naturalezas» y el Tomo de León reabrieron la puerta que San Cirilo había cerrado, y que Calcedonia recibió a Teodoreto y a Ibas, que lo habían atacado. Es un argumento serio de personas que aman a San Cirilo tanto como los ortodoxos. La respuesta de la Iglesia ortodoxa es que Calcedonia recibió las cartas de San Cirilo por su nombre y que el Quinto Concilio hizo vinculante la lectura cirílica. Las declaraciones acordadas del diálogo oficial sugieren que ambas familias confiesan al mismo Cristo con palabras distintas, aunque subsisten desacuerdos sobre los concilios posteriores y algunos anatemas.
«Nestorio fue condenado sin ser oído» (la objeción de la Iglesia del Oriente)
El procedimiento fue apresurado, y Nestorio tenía motivos para quejarse, aunque fue citado y se negó a asistir. La Iglesia Asiria del Oriente añade que su propia confesión de dos naturalezas en un solo Cristo nunca fue la división de Cristo que Éfeso condenó, y en 1994 ella y la Iglesia católica declararon conjuntamente que las viejas divisiones surgieron en gran parte de malentendidos.25 Un proceso defectuoso no hace falsa la conclusión; lo que hizo ecuménico a Éfeso fue la recepción de su enseñanza por la Iglesia.
Lo que podemos decir con seguridad
- {{very-strong: Éfeso (431) depuso a Nestorio y respaldó el título de Theotokos, y Calcedonia (451) recibió las cartas sinodales de San Cirilo como norma de fe.}}
- Éfeso se abrió antes de que llegaran Juan de Antioquía y los legados romanos, y una asamblea rival depuso a San Cirilo.
- En el 433 San Cirilo aceptó una confesión que hablaba de «una unión de dos naturalezas».
- La fuente más cercana sobre Hipatia culpa a una turba dirigida por un lector de la Iglesia y dice que el hecho acarreó gran descrédito a San Cirilo.
Lo que sigue en discusión
- {{debated: Si San Cirilo ordenó directamente el asesinato de Hipatia o lo alentó a sabiendas.}}
- Si Éfeso adoptó formalmente los doce anatemas.
- Hasta qué punto discrepaban San Cirilo y Nestorio en la sustancia y no en el vocabulario.
- Si «en dos naturalezas» es un desarrollo fiel de la enseñanza de San Cirilo o un apartamiento de ella.
- Hasta qué punto los regalos a la corte moldearon el resultado después de Éfeso.
Conclusión
San Cirilo no es un santo fácil, y la Iglesia no nos pide que finjamos que lo fue. Su carácter y sus tácticas forman parte del registro, y también la muerte de Hipatia en su ciudad, sea cual fuere su parte precisa en ella. Pero la pregunta que no quiso soltar es la pregunta del Evangelio: ¿es el niño en brazos de María Dios el Verbo, que por nosotros y por nuestra salvación descendió y se hizo hombre? Cuando los cristianos ortodoxos cantan a la Theotokos, responden como respondió San Cirilo, y esa confesión sigue acercando entre sí a la Iglesia ortodoxa y a las Iglesias ortodoxas orientales.
Notas
- Sócrates Escolástico, Historia eclesiástica 7.7, trad. A. C. Zenos, Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 2 (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1890), newadvent.org; John Chapman, «St. Cyril of Alexandria», The Catholic Encyclopedia, vol. 4 (Nueva York: Robert Appleton Company, 1908), que da el 18 de octubre para la consagración. ↩
- Sócrates, Historia eclesiástica 7.13-14, trad. de Zenos. ↩
- Sócrates, Historia eclesiástica 7.32, trad. de Zenos. ↩
- Cirilo de Alejandría, Segunda carta a Nestorio, leída en la primera sesión de Éfeso, en The Seven Ecumenical Councils, trad. Henry Percival, Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 14 (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1900), newadvent.org. ↩
- Cirilo de Alejandría, Tercera carta a Nestorio y los Doce Anatemas, en Percival, NPNF2 vol. 14. ↩
- John Chapman, «Council of Ephesus», The Catholic Encyclopedia, vol. 5 (Nueva York: Robert Appleton Company, 1909), newadvent.org. Sócrates, Historia eclesiástica 7.34, también refiere ambas deposiciones. ↩
- Sócrates, Historia eclesiástica 7.34, trad. de Zenos. ↩
- Chapman, «Council of Ephesus». ↩
- Percival, NPNF2 vol. 14, Concilio de Éfeso, sesión I, nota del editor a continuación de los Doce Anatemas. ↩
- Volker Menze, «Blessings, Bribes, and Bishops: Cyril of Alexandria, the Council of Ephesus (431), and the Making of Orthodoxy», en The Dangers of Gifts from Antiquity to the Digital Age (Taylor & Francis, 2022), 48-64, doi:10.4324/9781003302407-4, resumen. La lista es Cirilo, Carta 96, en Letters 51-110, trad. John I. McEnerney, Fathers of the Church 77 (Washington, DC: Catholic University of America Press, 1987). ↩
- Cirilo de Alejandría, Carta a Juan de Antioquía, leída en Calcedonia, en Percival, NPNF2 vol. 14. Sobre la fecha del 433, véase Hans van Loon (nota 13). ↩
- Cirilo de Alejandría, Primera carta a Succenso, 6-7, trad. John A. McGuckin, St. Cyril of Alexandria: The Christological Controversy (Crestwood, NY: St Vladimir's Seminary Press, 2004), 352-58, tal como se reproduce en st-takla.org. ↩
- Hans van Loon, The Dyophysite Christology of Cyril of Alexandria (Leiden: Brill, 2009), 521-30, extractado como «On St. Cyril and the Mia Physis Formula», orthochristian.com (2016). ↩
- Concilio de Calcedonia, Definición de fe, en Percival, NPNF2 vol. 14. ↩
- Severo de Antioquía, n.º 14 de la colección (de su respuesta a la pregunta decimoquinta enviada por Tomás, su sincelo, 513-18), en E. W. Brooks, ed. y trad., A Collection of Letters of Severus of Antioch, Patrologia Orientalis 12.2 (París, 1915), tertullian.org. ↩
- Segundo Concilio de Constantinopla, Capitula, anatema 8, y la Sentencia del Sínodo, en Percival, NPNF2 vol. 14. ↩
- Comisión Mixta del Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Ortodoxas Orientales, Primera declaración acordada, monasterio de Anba Bishoy, Egipto, 20-24 de junio de 1989, ecupatria.org. ↩
- Sócrates, Historia eclesiástica 7.15, trad. de Zenos. La fecha (cuarto año del episcopado de San Cirilo, marzo, en Cuaresma) es del propio Sócrates; las notas de Suda On Line dan el 415. ↩
- Philip Schaff, History of the Christian Church, vol. 3, §171, «Cyril of Alexandria», nota (ccel.org), que cita el griego de Sócrates 7.15 y a William Bright, A History of the Church from 313 to 451, 275. La cita de Bright aparece también en la nota de Zenos a Sócrates 7.15 (NPNF2 vol. 2). ↩
- Juan de Nikiu, Crónica 84.87-103, trad. R. H. Charles (Londres, 1916), tertullian.org. ↩
- Suda, upsilon 166, «Hypatia», trad. Catharine Roth, Suda On Line (stoa.org / cs.uky.edu), basada en Damascio, Vida de Isidoro. ↩
- Aistė Čelkytė, reseña de Edward J. Watts, Hypatia: The Life and Legend of an Ancient Philosopher (Nueva York: Oxford University Press, 2017), Bryn Mawr Classical Review 2017.10.07. ↩
- Nestorio, The Bazaar of Heracleides, trad. G. R. Driver y Leonard Hodgson (Oxford: Clarendon Press, 1925), 374-75, tertullian.org. El pasaje sobre León y el pasaje sobre el prosôpon están ambos en estas páginas; este último se refiere a Flaviano y Eusebio. ↩
- Friedrich Loofs, Nestorius and His Place in the History of Christian Doctrine (Cambridge: Cambridge University Press, 1914), 100-101, archive.org. ↩
- Papa Juan Pablo II y el catolicós-patriarca Mar Dinkha IV, Declaración cristológica común entre la Iglesia católica y la Iglesia Asiria del Oriente, 11 de noviembre de 1994, vatican.va. ↩
- Orthodox Church in America, «Saint Cyril, Archbishop of Alexandria» (9 de junio), Lives of the Saints, oca.org; Chapman, «St. Cyril of Alexandria», sobre los dípticos e Isidoro de Pelusio. ↩
- Orthodox Church in America, «Saint Cyril, Archbishop of Alexandria», Lives of the Saints para el 18 de enero y el 9 de junio, oca.org. Chapman (1908) da igualmente el 9 de junio y el 18 de enero en los Menaia griegos. ↩
- Chapman, «St. Cyril of Alexandria». ↩
Bibliografía
Fuentes primarias
- Sócrates Escolástico. Historia eclesiástica, libro 7. Traducción de A. C. Zenos. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 2. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1890.
- The Seven Ecumenical Councils (actas de Éfeso, Calcedonia y Constantinopla II, con las cartas de Cirilo a Nestorio y a Juan de Antioquía). Traducción de Henry Percival. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 14. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1900.
- Cirilo de Alejandría. Primera carta a Succenso. En John A. McGuckin, St. Cyril of Alexandria: The Christological Controversy: Its History, Theology, and Texts, 352-58. Crestwood, NY: St Vladimir's Seminary Press, 2004.
- Cirilo de Alejandría. Letters 51-110. Traducción de John I. McEnerney. Fathers of the Church 77. Washington, DC: Catholic University of America Press, 1987.
- Nestorio. The Bazaar of Heracleides. Traducción de G. R. Driver y Leonard Hodgson. Oxford: Clarendon Press, 1925.
- Severo de Antioquía. A Collection of Letters of Severus of Antioch from Numerous Syriac Manuscripts. Edición y traducción de E. W. Brooks. Patrologia Orientalis 12.2. París, 1915.
- Juan de Nikiu. The Chronicle of John, Bishop of Nikiu. Traducción de R. H. Charles. Londres, 1916.
- Suda, upsilon 166, «Hypatia». Traducción de Catharine Roth. Suda On Line.
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Orthodox Church in America. «Saint Cyril, Archbishop of Alexandria» (18 de enero y 9 de junio). Lives of the Saints, oca.org.
- Comisión Mixta del Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Ortodoxas Orientales. Primera declaración acordada. Monasterio de Anba Bishoy, 1989.
Otros estudios (incluidos los autores que discrepan)
- Chapman, John. «St. Cyril of Alexandria». The Catholic Encyclopedia, vol. 4. Nueva York: Robert Appleton Company, 1908.
- Chapman, John. «Council of Ephesus». The Catholic Encyclopedia, vol. 5. Nueva York: Robert Appleton Company, 1909.
- Schaff, Philip. History of the Christian Church, vol. 3, §171. ccel.org.
- Loofs, Friedrich. Nestorius and His Place in the History of Christian Doctrine. Cambridge: Cambridge University Press, 1914.
- Van Loon, Hans. The Dyophysite Christology of Cyril of Alexandria. Supplements to Vigiliae Christianae 96. Leiden: Brill, 2009.
- Menze, Volker. «Blessings, Bribes, and Bishops: Cyril of Alexandria, the Council of Ephesus (431), and the Making of Orthodoxy». En The Dangers of Gifts from Antiquity to the Digital Age, 48-64. Taylor & Francis, 2022.
- Čelkytė, Aistė. Reseña de Edward J. Watts, Hypatia: The Life and Legend of an Ancient Philosopher (Oxford University Press, 2017). Bryn Mawr Classical Review 2017.10.07.
Fuentes de las tradiciones tratadas (de las Iglesias ortodoxas orientales, de la Iglesia del Oriente, católica y crítica)
- Declaración cristológica común entre la Iglesia católica y la Iglesia Asiria del Oriente. Vaticano, 11 de noviembre de 1994.
- Severo de Antioquía y Nestorio (véanse las fuentes primarias) representan los casos no calcedoniano y antioqueno con sus propias palabras; Damascio (por medio de la Suda) representa la tradición pagana hostil.