BES La Biblia en Español Sencillo 2026 1 Miré, y vi al Cordero de pie sobre el monte Sion. Con él estaban ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían escrito en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre. 1 Y MIRÉ, y he aquí, el Cordero estaba sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de su Padre escrito en sus frentes.
2 Oí una voz del cielo, como sonido de muchas aguas y como sonido de un gran trueno. La voz que oí era como de arpistas tocando sus arpas. 2 Y oí una voz del cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno: y oí una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas:
3 Cantaban como un cántico nuevo delante del trono, delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender aquel cántico, sino los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de la tierra. 3 Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra.
4 Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero a dondequiera que va. Fueron redimidos de entre los hombres como primeros frutos para Dios y para el Cordero. 4 Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. Estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.
5 En su boca no se halló mentira, porque son sin mancha delante del trono de Dios. 5 Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios.
6 Vi a otro ángel que volaba en medio del cielo. Tenía el evangelio eterno para anunciarlo a los que viven en la tierra: a toda nación, tribu, lengua y pueblo. 6 Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo á los que moran en la tierra, y á toda nación y tribu y lengua y pueblo,
7 Decía con gran voz: Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. 7 Diciendo en alta voz: Temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad á aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.
8 Lo siguió otro ángel, un segundo, que decía: ¡Ha caído, ha caído Babilonia la grande! Ella hizo beber a todas las naciones del vino de la ira de su inmoralidad sexual. 8 Y otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, aquella grande ciudad, porque ella ha dado á beber á todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
9 Los siguió otro ángel, un tercero, que decía con gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en la frente o en la mano, 9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora á la bestia y á su imagen, y toma la señal en su frente, ó en su mano,
10 también beberá del vino de la ira de Dios, preparado puro en la copa de su enojo. Será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y delante del Cordero. 10 Este también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles, y delante del Cordero:
11 El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. No tienen descanso de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni el que recibe la marca de su nombre. 11 Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y los que adoran á la bestia y á su imagen, no tienen reposo día ni noche, ni cualquiera que tomare la señal de su nombre.
12 Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. 12 Aquí está la paciencia de los santos; aquí [están] los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.
13 Oí una voz del cielo que decía: Escribe: Dichosos los muertos que de ahora en adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras los acompañan. 13 Y oí una voz del cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen.
14 Miré, y vi una nube blanca. Sobre la nube estaba sentado uno semejante al Hijo del Hombre, con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano. 14 Y miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.
15 Otro ángel salió del templo, clamando con gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz y cosecha, porque ha llegado la hora de cosechar. La cosecha de la tierra está madura. 15 Y otro ángel salió del templo, clamando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar [te] es venida, porque la mies de la tierra está madura.
16 Entonces el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz sobre la tierra, y la tierra fue cosechada. 16 Y el que estaba sentado sobre la nube echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fué segada.
17 Otro ángel salió del templo que está en el cielo, y también tenía una hoz afilada. 17 Y salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda.
18 Otro ángel salió del altar. Tenía autoridad sobre el fuego, y clamó con gran voz al que tenía la hoz afilada: Mete tu hoz afilada y corta los racimos de la vid de la tierra, porque sus uvas están maduras. 18 Y otro ángel salió del altar, el cual tenía poder sobre el fuego, y clamó con gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra; porque están maduras sus uvas.
19 El ángel metió su hoz en la tierra, cortó la vid de la tierra y la echó en la gran prensa del vino de la ira de Dios. 19 Y el ángel echó su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó [la uva] en el grande lagar de la ira de Dios.
20 La prensa fue pisada fuera de la ciudad, y de la prensa salió sangre hasta los frenos de los caballos, por unos trescientos kilómetros. 20 Y el lagar fué hollado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios.