¿En qué punto está la investigación sobre el origen de la vida?

Del experimento de Miller al mundo de ARN, la química de nucleótidos de Sutherland y los ribozimas evolutivos de Joyce: lo que ha logrado la investigación sobre el origen de la vida, lo que no ha logrado, lo que afirma el argumento de diseño de Stephen Meyer, cómo responden los críticos y por qué la fe ortodoxa en el Creador no depende del resultado.

¿Cómo surgió el primer ser vivo a partir de una química que no estaba viva? La biología puede estudiar cómo cambian, compiten y se diversifican los seres vivos, pero todos esos procesos suponen que la vida ya existe. Algo tuvo que venir primero: moléculas capaces de almacenar instrucciones, copiarlas y usarlas dentro de un compartimento protegido. Cómo ocurrió eso en la Tierra primitiva es una de las preguntas abiertas más difíciles de la ciencia, y es un campo de batalla predilecto entre los argumentos de diseño y sus críticos.

Los cristianos a veces tratan la cuestión como ya resuelta a su favor («los científicos no tienen ni idea»), y los escépticos a veces la tratan como resuelta a favor suyo («es solo cuestión de tiempo»). Ninguna de las dos afirmaciones refleja la investigación. Los químicos han resuelto problemas reales que antes parecían imposibles, y han descubierto otros más difíciles de lo que imaginaban los pioneros.

En resumen

En 1952 Stanley Miller hizo pasar chispas eléctricas por una mezcla de gases reductores y encontró aminoácidos, los componentes de las proteínas. Desde entonces la investigación se ha desplazado hacia el «mundo de ARN»: la idea de que el ARN almacenó en otro tiempo la información genética y a la vez catalizó reacciones. Químicos de laboratorio, en particular el grupo de John Sutherland, han encontrado vías plausibles hacia algunos componentes del ARN que se creían inalcanzables durante mucho tiempo. Otros, entre ellos Jack Szostak y Gerald Joyce, han construido vesículas de ácidos grasos que crecen y se dividen y enzimas de ARN que copian otros ARN. Pero ningún experimento ha producido todavía un sistema químico autorreplicante y evolutivo a partir de materiales de partida simples sin una gestión humana paso a paso, y los principales investigadores lo dicen con claridad. Los defensores del diseño inteligente, en especial Stephen Meyer, sostienen que el origen de la información funcional de la primera célula se explica mejor por una mente. Los críticos responden que este argumento descansa en el estado actual del conocimiento y ha tenido que retroceder repetidamente a medida que avanzaban los experimentos. Nuestro juicio es que la investigación sobre el origen de la vida ha logrado un progreso genuino, se enfrenta a problemas serios sin resolver y todavía no respalda afirmaciones seguras ni de que la química sin guía haya demostrado ser suficiente ni de que haya demostrado ser imposible.

Tesis: El estado honesto de la investigación sobre el origen de la vida es «progreso real, sin solución», de modo que el argumento de diseño a partir del origen de la vida es una inferencia razonable pero discutible, mientras que la confesión cristiana de Dios como Creador descansa sobre un fundamento más hondo que cualquier laguna actual de la química.

El experimento de Miller y lo que mostró

En 1952 Stanley Miller, estudiante de posgrado en el laboratorio de Harold Urey en la Universidad de Chicago, construyó un aparato de vidrio cerrado que contenía agua, metano, amoníaco e hidrógeno, la atmósfera «reductora» que muchos científicos pensaban entonces que había tenido la Tierra primitiva. Hizo pasar chispas eléctricas por los gases para imitar los rayos y luego analizó el agua. Informó de varios aminoácidos y publicó el resultado en Science en mayo de 1953 con el título «A Production of Amino Acids Under Possible Primitive Earth Conditions».1

El experimento importó porque mostró que algunos de los componentes de la vida pueden formarse con facilidad a partir de química simple. {{very-strong: Las descargas eléctricas a través de mezclas de gases reductores producen aminoácidos; esto se ha reproducido muchas veces desde 1953.}}

El experimento fue cuestionado pronto en un punto. La geoquímica posterior sugirió que la atmósfera primitiva probablemente no era fuertemente reductora. Un artículo de 2008 coescrito por el propio Miller plantea la cuestión directamente: «hoy se sostiene en general que la atmósfera de la Tierra primitiva probablemente no era reductora, sino que estaba dominada por N2 y CO2» (traducción nuestra). El mismo artículo informa, sin embargo, de que las mezclas de gases neutras producen «cantidades significativas de aminoácidos» una vez que se controla la química que los destruye durante el análisis.2 Los apologistas que dicen que el experimento de Miller fue sencillamente «refutado» están desactualizados, y lo mismo los relatos populares que lo presentan como si hubiera explicado casi la vida. Los aminoácidos están muy lejos de una célula.

Por qué el problema se desplazó al ARN

Las células vivas se enfrentan a una dependencia circular. El ADN almacena las instrucciones de las proteínas, pero se necesitan proteínas para copiar el ADN y leer sus instrucciones. ¿Qué vino primero? A principios de la década de 1980 los investigadores descubrieron que algunas moléculas de ARN pueden actuar como catalizadores, igual que las enzimas. En 1986 el bioquímico Walter Gilbert dio nombre a la propuesta resultante, «el mundo de ARN»: una etapa temprana de la vida en la que el ARN hacía ambas tareas, portar información y catalizar su propia copia, antes de que el ADN y las proteínas tomaran el relevo.3

El mundo de ARN se convirtió en el marco principal del campo, pero siempre ha tenido críticos tanto dentro de la ciencia como fuera de ella. Eugene Koonin, del Centro Nacional de Información Biotecnológica de los Estados Unidos, describió el mundo de ARN como «la solución (parcial) actualmente preferida», y advirtió al mismo tiempo de que «se enfrenta a sus propios problemas difíciles, ya que la replicación de ARN catalizada por ribozimas sigue siendo una hipótesis y las presiones selectivas que hay detrás del origen de la traducción siguen siendo misteriosas».4 Otros investigadores prefieren los modelos de «metabolismo primero», en los que ciclos químicos autosostenidos precedieron a cualquier molécula genética. Leslie Orgel, uno de los primeros defensores de la idea de que el ARN fue lo primero, criticó duramente esos modelos en un artículo terminado poco antes de su muerte en octubre de 2007 y publicado en 2008, y añadió un principio que vale la pena recordar: «Las teorías sobre el origen de la vida basadas en ciclos metabólicos no pueden justificarse por la insuficiencia de las teorías rivales: deben sostenerse por sí mismas».5 Como veremos, el mismo principio se aplica a los argumentos de diseño.

Progreso real: lo que han logrado los laboratorios

Componentes que se creían inalcanzables

Durante décadas un obstáculo importante fue fabricar nucleótidos, las unidades del ARN. En 2009 Matthew Powner, Béatrice Gerland y John Sutherland resumieron la dificultad: «Es difícil formar ribosa de manera selectiva, y la adición de nucleobases a la ribosa es ineficiente en el caso de las purinas y no ocurre en absoluto en el caso de las pirimidinas canónicas». Mostraron entonces que los ribonucleótidos de pirimidina activados (dos de las cuatro letras del ARN) pueden formarse por una vía distinta que evita por completo la ribosa libre, con materiales de partida y condiciones que juzgaron «coherentes con posibles modelos geoquímicos de la Tierra primitiva».6 En 2015 el grupo de Sutherland fue más lejos y comunicó que los precursores de nucleótidos, aminoácidos y lípidos pueden surgir todos de la química del cianuro de hidrógeno impulsada por luz ultravioleta, de modo que «todos los subsistemas celulares podrían haber surgido simultáneamente a partir de una química común».7

Esto es un avance real: un paso que los críticos, incluidos los defensores del diseño, habían citado como barrera tiene ahora una vía química propuesta.

Compartimentos y copia

La vida necesita también un límite. Jack Szostak, premio Nobel que se volcó en la investigación sobre el origen de la vida, mostró junto con Martin Hanczyc y Shelly Fujikawa en 2003 que los minerales de arcilla aceleran la formación de vesículas de ácidos grasos, que las vesículas pueden capturar ARN y que «pueden crecer incorporando ácido graso suministrado en forma de micelas y pueden dividirse sin que su contenido se diluya» cuando se las hace pasar por poros pequeños.8 Eso no es una célula, pero es un modelo sencillo de una membrana que crece y se divide.

También ha avanzado la copia de ARN sin proteínas. En 2009 Tracey Lincoln y Gerald Joyce construyeron pares de enzimas de ARN que se ensamblan entre sí a partir de cuatro fragmentos de ARN suministrados, amplificándose de forma exponencial «en ausencia de proteínas u otros materiales biológicos».9 En 2024 el laboratorio de Joyce comunicó un ribozima polimerasa de ARN, obtenido a su vez por evolución dirigida, lo bastante preciso como para copiar un ARN funcional pequeño a lo largo de rondas repetidas de replicación y selección, de manera que la población evolucionó de verdad.10

La quiralidad

Muchas moléculas biológicas existen en formas zurdas y diestras, y la vida usa solo una: azúcares diestros en el ARN, aminoácidos zurdos en las proteínas. La química ordinaria produce mezclas iguales. En 2023 Furkan Ozturk, Ziwei Liu, Sutherland y Dimitar Sasselov abrieron su artículo diciendo que los «orígenes» de la homoquiralidad «siguen siendo un enigma sin resolver», y comunicaron luego que un precursor racémico del ARN que cristalizaba sobre superficies de magnetita alcanzó un exceso enantiomérico de alrededor del 60 por ciento (aproximadamente una mezcla de 80:20 de las dos manos), y cristales totalmente de una sola mano tras una segunda cristalización, en condiciones que proponen para lagos poco profundos de la Tierra primitiva.11 Falta comprobar si operó en la Tierra primitiva real.

Los problemas sin resolver, en palabras de los propios investigadores

Nada de esto equivale a una explicación operativa de cómo comenzó la vida, y los investigadores lo dicen. Steven Benner abre una revisión de 2012 señalando que se ha llamado al ARN «la pesadilla del químico prebiótico» y da una razón por la que el campo todavía no acepta como convincente ninguna síntesis que ponga el ARN primero: «ningún experimento ha unido esos pasos sin intervención humana». Describe el «problema del asfalto» (las mezclas reactivas tienden a convertirse en alquitrán en lugar de en moléculas útiles) y el «problema del agua» (muchos enlaces del ARN son inestables en agua).12

El estudio de la polimerasa de 2024, por impresionante que sea, termina con una declaración franca de cuánto falta: «Los intentos de recrear la vida basada en ARN en el laboratorio deben lograr nuevas mejoras en la fidelidad de la replicación para permitir la evolución darwiniana totalmente autónoma de enzimas de ARN de una complejidad comparable a la de la propia polimerasa».10 En otras palabras, esa polimerasa no puede copiar algo tan complicado como ella misma, y ella misma se obtuvo por evolución dirigida en el laboratorio, no por una química de la Tierra primitiva sin ayuda. En 2026 el grupo de Philipp Holliger comunicó QT45, un ribozima polimerasa de solo 45 nucleótidos, hallado mediante selección de laboratorio a partir de secuencias de ARN al azar. Puede producir tanto su cadena complementaria como una copia de sí mismo, pero en reacciones separadas, a partir de componentes suministrados de tres nucleótidos, en solución parcialmente congelada (hielo eutéctico), con rendimientos de alrededor del 0,2 por ciento a lo largo de 72 días.13 Es un paso notable hacia la autorreplicación del ARN, pero todavía no un replicador que se sostenga solo.

El artículo de Koonin muestra lo difícil que juzgan algunos especialistas el problema. Con un modelo simplificado deliberadamente generoso, estimó que la probabilidad de que un sistema acoplado mínimo de replicación y traducción surgiera por azar en un único universo observable era inferior a 10-1018. Su solución no fue el diseño, sino la cosmología: en un multiverso infinito, argumentó, hasta sucesos tan improbables se vuelven inevitables, un modelo que, escribió, «no deja lugar alguno a ninguna forma de diseño inteligente».4 No hace falta aceptar su cifra ni su multiverso para advertir la concesión: un biólogo evolutivo de primer rango juzgó que la aparición casual de un sistema así en un solo universo es increíblemente improbable.

{{strong: Hasta donde sabemos, a 2026 ningún experimento ha producido un sistema químico autorreplicante y evolutivo a partir de materiales de partida prebióticos plausibles sin que los investigadores suministren reactivos purificados o controlen la secuencia de pasos.}} Eso es una afirmación sobre el estado actual del campo, no una predicción sobre su futuro.

Lo que sostiene el diseño inteligente

El argumento más completo a favor del diseño a partir del origen de la vida procede de Stephen Meyer, filósofo de la ciencia y director del Centro para la Ciencia y la Cultura del Discovery Institute, en un ensayo publicado por primera vez en 2003 y en su libro de 2009 Signature in the Cell.14 Su argumento no es simplemente «esto es improbable, así que lo hizo Dios». Tiene tres pasos.

  1. Lo que hay que explicar es la información especificada. Las secuencias de ADN, ARN y proteínas están dispuestas de modo que cumplen funciones. Meyer llama «especificada» a esta información y sostiene que su origen es el problema central del campo.
  2. No se ha demostrado que las causas no dirigidas sean adecuadas. Sostiene que el azar, la necesidad química (autoorganización) y su combinación con la selección o bien fallan o bien trasladan el problema de la información a una etapa anterior.
  3. La inteligencia es una causa conocida de tal información. En nuestra experiencia, los códigos y las secuencias funcionales proceden de mentes. En sus palabras: «Puesto que, en nuestra experiencia, la mente o el diseño inteligente es la única causa conocida de secuencias funcionalmente especificadas y ricas en información, se puede detectar (o retrodecir) la acción pasada de una inteligencia a partir de un efecto rico en información».15

Meyer presenta esto como una inferencia a la mejor explicación, el razonamiento que usan las ciencias históricas como la geología cuando explican acontecimientos pasados por causas que se sabe que actúan hoy. Los tratamientos más breves del sitio sobre la inferencia de diseño a partir del ADN (en inglés) y sobre el diseño como inferencia y no como freno de la ciencia (en inglés) exponen brevemente la misma estructura.

Los defensores del diseño señalan también lo raras que pueden ser las secuencias de proteínas funcionales. En un trabajo que los defensores del diseño inteligente citan con frecuencia, Douglas Axe estimó en 2004, tras mutar partes de una enzima bacteriana, que «la prevalencia global de secuencias que realizan una función específica con cualquier pliegue del tamaño de un dominio puede ser tan baja como 1 entre 10(77)», es decir, 1 entre 1077.16 Si las proteínas que funcionan son tan raras, la química al azar tendría pocas esperanzas de encontrarlas.

Por último, los defensores del diseño inteligente observan que los experimentos más exitosos sobre el origen de la vida dependen de químicos expertos que eligen los reactivos, purifican los intermediarios y cronometran los pasos. Cuando Darrel Falk, de BioLogos, citó dos experimentos recientes en contra suya, Meyer respondió que tales experimentos «de hecho refuerzan, aunque sea sin quererlo, el argumento principal» de su libro, porque muestran a la inteligencia haciendo el trabajo.17 La admisión de Benner sobre la «intervención humana» da cierta fuerza a este punto.

Las objeciones más fuertes, expuestas con justicia

1. «Es un argumento de lagunas, y las lagunas se cierran»

La respuesta más común es que el argumento de diseño depende de lo que los químicos todavía no han hecho. Darrel Falk, biólogo y entonces copresidente de BioLogos, una organización cristiana que acepta la evolución, reseñó Signature in the Cell en diciembre de 2009. Empezó confesando su propia fe: «Creo que la Mente es la inteligencia que hay detrás de todo lo que existe en el universo». Argumentó luego que Meyer subestimaba el progreso constante de investigadores como Szostak y Joyce, y escribió: «La ciencia de los orígenes no es el fracaso que se pretende que es».18

El registro respalda una parte de esta objeción. La vía de las pirimidinas de Sutherland respondió a un paso «imposible» ampliamente citado, y cualquier argumento de diseño atado a una barrera concreta queda expuesto al siguiente artículo.

Respuesta: El argumento de Meyer no descansa en ninguna reacción concreta que falte, sino en una afirmación general sobre qué clases de causas producen información funcional. Es una distinción justa, pero la afirmación general debe seguir contrastándose con el registro, y la regla de Orgel corta en ambos sentidos: el diseño también «debe sostenerse por sí mismo», y no solo por las debilidades de las teorías rivales. La parte positiva del argumento de Meyer, que las mentes son una causa conocida de códigos, es un argumento por analogía real. Si la analogía se sostiene para los primerísimos replicadores es precisamente lo que está en disputa.

2. «Las cifras de rareza miden lo que no es»

Los críticos señalan experimentos que sugieren que la función es menos rara de lo que implica la cifra de Axe. En 2001 Anthony Keefe y Jack Szostak examinaron una biblioteca de unos seis billones de proteínas de 80 aminoácidos al azar y encontraron cuatro familias nuevas que se unen al ATP. Estimaron «que aproximadamente 1 de cada 1011 de todas las proteínas de secuencia aleatoria tiene una actividad de unión al ATP comparable a la de las proteínas aisladas en este estudio», y sugirieron que las proteínas funcionales son lo bastante comunes como para que «puedan descubrirse por medios enteramente estocásticos».19

Respuesta: Las dos estimaciones miden cosas distintas. Keefe y Szostak seleccionaron la unión a una molécula pequeña, sin exigir actividad catalítica (enzimática); Axe estimó la frecuencia de las secuencias que se pliegan en un dominio enzimático funcional, partiendo de una enzima moderna. Ninguna de las dos cifras resuelve la cuestión de qué necesitaban hacer las primeras moléculas funcionales. Vale la pena citar también la propia cautela de Keefe y Szostak: su frecuencia «sigue siendo lo bastante baja como para subrayar la magnitud del problema al que se enfrentan quienes intentan el diseño de proteínas de novo».19 Los lectores honestos no deberían citar solo una de estas cifras.

3. «La intervención humana en el laboratorio no es evidencia de diseño en la naturaleza»

Los investigadores responden que la intervención en los experimentos es la manera en que la química aísla y prueba cada paso; no demuestra que la naturaleza necesitara un químico. Los artículos de Sutherland y de Ozturk intentan explícitamente vincular cada paso con un entorno geológico propuesto (lagos poco profundos, luz ultravioleta, superficies minerales).

Respuesta: Esto es justo. El argumento del «diseño involuntario» de Meyer muestra que ningún experimento demuestra todavía una vía sin guía, pero no puede por sí solo mostrar que no exista tal vía. Si cada éxito de laboratorio se contara como evidencia de diseño, el argumento no podría ponerse a prueba en absoluto. Pensamos que el punto debe formularse con modestia: la distancia entre la química de laboratorio dirigida y la química de la Tierra primitiva sin dirigir es real y los propios investigadores la reconocen.

4. «El diseño no es una explicación científica»

Muchos científicos objetan que «lo hizo una inteligencia» no hace predicciones comprobables sobre mecanismos, tiempos o química, por lo que no puede orientar la investigación. La Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos lo expresó sin rodeos: «El creacionismo, el diseño inteligente y otras afirmaciones de intervención sobrenatural en el origen de la vida o de las especies no son ciencia porque no pueden comprobarse con los métodos de la ciencia». El juez John E. Jones III citó esa declaración en su sentencia de 2005 en Kitzmiller v. Dover Area School District, que sostuvo que el diseño inteligente no es ciencia.20

Respuesta: Si las inferencias de diseño pertenecen al interior de las ciencias naturales es una cuestión filosófica que el sitio trata por separado. Pero el multiverso infinito de Koonin tampoco es un resultado experimental. Ambas partes aportan compromisos filosóficos a la evidencia, y es mejor decirlo abiertamente.

Una lectura ortodoxa

Para la Iglesia ortodoxa, el origen de la vida es ante todo una cuestión de confesión, no una laguna de la química. El Credo confiesa la fe «en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles», y llama al Espíritu Santo «Señor, Dador de Vida, que del Padre procede» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América).21 Las Vísperas se abren con el Salmo 103 (104), que en la Septuaginta dice: «Enviarás tu Espíritu, y serán creados; y renovarás la faz de la tierra» (traducción nuestra de la Septuaginta).22

San Basilio Magno, cuyas homilías sobre los seis días de la creación se convirtieron en una de las lecturas patrísticas más influyentes del Génesis, no pensaba que la obra creadora de Dios excluyera los poderes que él dio a la creación. El Génesis en la Septuaginta dice: «Y dijo Dios: Produzca la tierra el ser viviente según su género» (Génesis 1:24) (traducción nuestra de la Septuaginta).22 Al comentar este versículo, San Basilio escribió: «¡Mira la palabra de Dios que penetra la creación, y que ya entonces daba comienzo a la eficacia que hoy se ve desplegada y que se desplegará hasta el fin del mundo!». Antes, a propósito de la orden de que la tierra produjera plantas, describió la palabra de Dios como «una ley natural y permanente» dada a la tierra.23 San Basilio, siguiendo la ciencia de su tiempo, creía incluso que «el solo barro» produce anguilas. Su biología era errónea, pero su teología es instructiva: no veía conflicto entre «la tierra produjo» y «Dios creó». Para San Basilio, la fecundidad de la tierra era ella misma el efecto de la palabra de Dios. (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)

Esto tiene dos consecuencias. Primera, un cristiano ortodoxo no tiene necesidad teológica de que la investigación sobre el origen de la vida fracase. Si un día los químicos muestran cómo surgieron los primeros replicadores, habrán descrito cómo la tierra «produjo» por mandato de Dios, no habrán refutado el mandato. El artículo del sitio ¿Ha refutado la ciencia el cristianismo? hace la misma distinción entre mecanismo y explicación última, y el artículo sobre el Génesis y la edad de la Tierra muestra la variedad de lecturas que sostienen los cristianos.

Segunda, el argumento de diseño puede seguir teniendo valor, siempre que se ofrezca por lo que es. La inteligibilidad y el orden funcional de los seres vivos, como lo expresa la infografía sobre la función en el ADN (en inglés), invitan al asombro y apuntan hacia el Logos por medio del cual fueron hechas todas las cosas (Juan 1:3). Es un argumento que una persona razonable puede encontrar persuasivo, no una prueba, y la fe de la Iglesia no depende de él.

Lo que podemos afirmar con confianza

  • La química simple produce con facilidad algunos de los componentes de la vida, entre ellos aminoácidos, en una gama de condiciones atmosféricas (Miller 1953; Cleaves y colegas 2008).
  • Los laboratorios han demostrado vías plausibles hacia algunos nucleótidos de ARN, vesículas de membrana que crecen y se dividen, enzimas de ARN que copian ARN lo bastante bien como para que un ARN pequeño evolucione, un ribozima pequeño capaz de hacer una copia de sí mismo en reacciones separadas y dirigidas, y un posible mecanismo para seleccionar una sola «mano» molecular.
  • Ningún experimento ha producido todavía un sistema autorreplicante y evolutivo a partir de materiales de partida prebióticos plausibles sin que los investigadores gestionen los pasos, y los principales investigadores lo dicen.
  • El argumento de diseño de Stephen Meyer es una inferencia a la mejor explicación basada en la información funcional, no una simple apelación a la ignorancia, aunque los críticos discuten si evita esa acusación.
  • San Basilio veía la palabra creadora de Dios actuando a través de los poderes que él dio a la tierra, de modo que la doctrina cristiana de la creación no depende de ninguna laguna particular de la química.

Lo que sigue en disputa

  • {{debated: Si la inteligencia es la mejor explicación disponible para el origen de la primera información biológica.}}
  • Cuán raras son las secuencias funcionales de proteínas y de ARN, y cuánta función necesitaban los primeros replicadores (compárense Axe 2004 y Keefe y Szostak 2001).
  • Si es correcto el mundo de ARN, un modelo de metabolismo primero u otro escenario, y qué entornos de la Tierra primitiva intervinieron.
  • Si los problemas que quedan son temporales, como esperan la mayoría de los investigadores, o apuntan a un límite de principio, como sostienen los defensores del diseño.
  • Si las inferencias de diseño pertenecen al interior de las ciencias naturales o a la filosofía de la naturaleza.

Conclusión

La investigación sobre el origen de la vida merece respeto. Quienes la practican han resuelto problemas que antes parecían imposibles, y los mejores de ellos describen los obstáculos que quedan con una franqueza que los apologistas deberían imitar. El argumento de diseño también merece respeto: el origen del primer sistema portador de información y capaz de copiarse sigue sin explicarse, y no es irracional ver en el orden funcional de la vida la obra de una mente. Pero los cristianos no deben apostar la fe al fracaso del próximo experimento. La Iglesia confiesa que el Padre hizo todas las cosas por medio del Hijo y que el Espíritu Santo es el Dador de Vida. Ya sea que Dios haya hecho surgir a los primeros seres vivos por medio de la química, cosa que quizá algún día comprendamos, o de maneras que la ciencia nunca podrá rastrear, la vida sigue siendo su don, y la respuesta adecuada a ella es la acción de gracias.

Notas

  1. Stanley L. Miller, “A Production of Amino Acids Under Possible Primitive Earth Conditions,” Science 117, n.º 3046 (15 de mayo de 1953): 528-529, doi:10.1126/science.117.3046.528. El experimento se realizó en 1952.
  2. H. James Cleaves, John H. Chalmers, Antonio Lazcano, Stanley L. Miller y Jeffrey L. Bada, “A Reassessment of Prebiotic Organic Synthesis in Neutral Planetary Atmospheres,” Origins of Life and Evolution of Biospheres 38 (2008): 105-115, doi:10.1007/s11084-007-9120-3 (resumen).
  3. Walter Gilbert, “Origin of Life: The RNA World,” Nature 319 (20 de febrero de 1986): 618, doi:10.1038/319618a0.
  4. Eugene V. Koonin, “The Cosmological Model of Eternal Inflation and the Transition from Chance to Biological Evolution in the History of Life,” Biology Direct 2 (2007): 15, doi:10.1186/1745-6150-2-15, resumen y sección “A final comment on ‘irreducible complexity’ and ‘intelligent design’.”
  5. Leslie E. Orgel, “The Implausibility of Metabolic Cycles on the Prebiotic Earth,” PLoS Biology 6, n.º 1 (2008): e18, doi:10.1371/journal.pbio.0060018, “Conclusions.”
  6. Matthew W. Powner, Béatrice Gerland y John D. Sutherland, “Synthesis of Activated Pyrimidine Ribonucleotides in Prebiotically Plausible Conditions,” Nature 459 (2009): 239-242, doi:10.1038/nature08013 (resumen).
  7. Bhavesh H. Patel, Claudia Percivalle, Dougal J. Ritson, Colm D. Duffy y John D. Sutherland, “Common Origins of RNA, Protein and Lipid Precursors in a Cyanosulfidic Protometabolism,” Nature Chemistry 7 (2015): 301-307, doi:10.1038/nchem.2202 (resumen).
  8. Martin M. Hanczyc, Shelly M. Fujikawa y Jack W. Szostak, “Experimental Models of Primitive Cellular Compartments: Encapsulation, Growth, and Division,” Science 302 (2003): 618-622, doi:10.1126/science.1089904 (resumen).
  9. Tracey A. Lincoln y Gerald F. Joyce, “Self-Sustained Replication of an RNA Enzyme,” Science 323 (2009): 1229-1232, doi:10.1126/science.1167856 (resumen).
  10. Nikolaos Papastavrou, David P. Horning y Gerald F. Joyce, “RNA-Catalyzed Evolution of Catalytic RNA,” Proceedings of the National Academy of Sciences 121 (2024): e2321592121, doi:10.1073/pnas.2321592121 (resumen).
  11. S. Furkan Ozturk, Ziwei Liu, John D. Sutherland y Dimitar D. Sasselov, “Origin of Biological Homochirality by Crystallization of an RNA Precursor on a Magnetic Surface,” Science Advances 9, n.º 23 (2023): eadg8274, doi:10.1126/sciadv.adg8274 (resumen).
  12. Steven A. Benner, Hyo-Joong Kim y Matthew A. Carrigan, “Asphalt, Water, and the Prebiotic Synthesis of Ribose, Ribonucleosides, and RNA,” Accounts of Chemical Research 45 (2012): 2025-2034, doi:10.1021/ar200332w (resumen).
  13. Edoardo Gianni, Samantha L. Y. Kwok, Christopher J. K. Wan, Kevin Goeij, Bryce E. Clifton, Enrico S. Colizzi, James Attwater y Philipp Holliger, “A Small Polymerase Ribozyme That Can Synthesize Itself and Its Complementary Strand,” Science 391, n.º 6789 (2026): 1022-1028, doi:10.1126/science.adt2760 (resumen y manuscrito del autor, PMC7618777).
  14. Stephen C. Meyer, Signature in the Cell: DNA and the Evidence for Intelligent Design (Nueva York: HarperOne, 2009). El libro desarrolla ampliamente el ensayo de 2003 (nota 15); no se cita aquí.
  15. Stephen C. Meyer, “DNA and the Origin of Life: Information, Specification, and Explanation,” en John Angus Campbell y Stephen C. Meyer, eds., Darwinism, Design, and Public Education (East Lansing: Michigan State University Press, 2003). Citado del manuscrito protegido por derechos de autor del ensayo (resumen y sección sobre la inferencia de diseño, pág. 33 de esa copia); no se comprobó la paginación del volumen impreso.
  16. Douglas D. Axe, “Estimating the Prevalence of Protein Sequences Adopting Functional Enzyme Folds,” Journal of Molecular Biology 341 (2004): 1295-1315, doi:10.1016/j.jmb.2004.06.058 (resumen).
  17. Stephen C. Meyer, respuesta a Darrel Falk, publicada como “Stephen Meyer Responds to Darrel Falk at Biologos,” Evolution News (Discovery Institute), 28 de enero de 2010 (copia archivada).
  18. Darrel Falk, “Signature in the Cell,” BioLogos, 28 de diciembre de 2009, biologos.org/articles/signature-in-the-cell (copia archivada, septiembre de 2024).
  19. Anthony D. Keefe y Jack W. Szostak, “Functional Proteins from a Random-Sequence Library,” Nature 410 (2001): 715-718, doi:10.1038/35070613 (manuscrito del autor, PMC4476321).
  20. National Academy of Sciences, Science and Creationism: A View from the National Academy of Sciences, 2.ª ed. (Washington, DC: National Academy Press, 1999), “Conclusion,” doi:10.17226/6024; citado en Kitzmiller v. Dover Area School District, 400 F. Supp. 2d 707 (M.D. Pa. 2005), dictamen del 20 de diciembre de 2005, opinión en hoja suelta, págs. 69 y 89.
  21. El Símbolo de la fe (Credo niceno-constantinopolitano), traducción de la Iglesia Ortodoxa en América, oca.org.
  22. Génesis 1:24 y Salmo 103:30, en The Septuagint Version of the Old Testament, traducido por Sir Lancelot C. L. Brenton (Londres: Samuel Bagster and Sons, 1844; texto en ebible.org). El Salmo 103 (104 en la numeración hebrea) es el salmo inicial de las Vísperas en el rito bizantino.
  23. Basilio de Cesarea, Hexamerón 9.2 y 5.1, traducido por Blomfield Jackson, Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, vol. 8 (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1895), newadvent.org/fathers/32019.htm y 32015.htm. El comentario sobre las anguilas está en 9.2.

Bibliografía

Fuentes primarias

  • Basilio de Cesarea. Hexamerón. Traducido por Blomfield Jackson. Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, vol. 8. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1895.
  • Brenton, Lancelot C. L., trad. The Septuagint Version of the Old Testament. Londres: Samuel Bagster and Sons, 1844.

Fuentes ortodoxas y patrísticas

  • Iglesia Ortodoxa en América. “The Symbol of Faith.” oca.org/orthodoxy/prayers/symbol-of-faith.

Otros estudios (incluidos los de autores que discrepan)

  • Benner, Steven A., Hyo-Joong Kim y Matthew A. Carrigan. “Asphalt, Water, and the Prebiotic Synthesis of Ribose, Ribonucleosides, and RNA.” Accounts of Chemical Research 45 (2012): 2025-2034.
  • Cleaves, H. James, John H. Chalmers, Antonio Lazcano, Stanley L. Miller y Jeffrey L. Bada. “A Reassessment of Prebiotic Organic Synthesis in Neutral Planetary Atmospheres.” Origins of Life and Evolution of Biospheres 38 (2008): 105-115.
  • Falk, Darrel. “Signature in the Cell.” BioLogos, 28 de diciembre de 2009.
  • Gianni, Edoardo, Samantha L. Y. Kwok, Christopher J. K. Wan, Kevin Goeij, Bryce E. Clifton, Enrico S. Colizzi, James Attwater y Philipp Holliger. “A Small Polymerase Ribozyme That Can Synthesize Itself and Its Complementary Strand.” Science 391 (2026): 1022-1028.
  • Gilbert, Walter. “Origin of Life: The RNA World.” Nature 319 (1986): 618.
  • Hanczyc, Martin M., Shelly M. Fujikawa y Jack W. Szostak. “Experimental Models of Primitive Cellular Compartments: Encapsulation, Growth, and Division.” Science 302 (2003): 618-622.
  • Kitzmiller v. Dover Area School District, 400 F. Supp. 2d 707 (M.D. Pa. 2005).
  • Keefe, Anthony D., y Jack W. Szostak. “Functional Proteins from a Random-Sequence Library.” Nature 410 (2001): 715-718.
  • Koonin, Eugene V. “The Cosmological Model of Eternal Inflation and the Transition from Chance to Biological Evolution in the History of Life.” Biology Direct 2 (2007): 15.
  • Lincoln, Tracey A., y Gerald F. Joyce. “Self-Sustained Replication of an RNA Enzyme.” Science 323 (2009): 1229-1232.
  • Miller, Stanley L. “A Production of Amino Acids Under Possible Primitive Earth Conditions.” Science 117 (1953): 528-529.
  • National Academy of Sciences. Science and Creationism: A View from the National Academy of Sciences. 2.ª ed. Washington, DC: National Academy Press, 1999.
  • Orgel, Leslie E. “The Implausibility of Metabolic Cycles on the Prebiotic Earth.” PLoS Biology 6 (2008): e18.
  • Ozturk, S. Furkan, Ziwei Liu, John D. Sutherland y Dimitar D. Sasselov. “Origin of Biological Homochirality by Crystallization of an RNA Precursor on a Magnetic Surface.” Science Advances 9 (2023): eadg8274.
  • Papastavrou, Nikolaos, David P. Horning y Gerald F. Joyce. “RNA-Catalyzed Evolution of Catalytic RNA.” Proceedings of the National Academy of Sciences 121 (2024): e2321592121.
  • Patel, Bhavesh H., Claudia Percivalle, Dougal J. Ritson, Colm D. Duffy y John D. Sutherland. “Common Origins of RNA, Protein and Lipid Precursors in a Cyanosulfidic Protometabolism.” Nature Chemistry 7 (2015): 301-307.
  • Powner, Matthew W., Béatrice Gerland y John D. Sutherland. “Synthesis of Activated Pyrimidine Ribonucleotides in Prebiotically Plausible Conditions.” Nature 459 (2009): 239-242.

Fuentes de la tradición analizada (diseño inteligente)

  • Axe, Douglas D. “Estimating the Prevalence of Protein Sequences Adopting Functional Enzyme Folds.” Journal of Molecular Biology 341 (2004): 1295-1315.
  • Meyer, Stephen C. “DNA and the Origin of Life: Information, Specification, and Explanation.” En Darwinism, Design, and Public Education, editado por John Angus Campbell y Stephen C. Meyer. East Lansing: Michigan State University Press, 2003.
  • Meyer, Stephen C. Respuesta a Darrel Falk. Evolution News, 28 de enero de 2010.

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