Muchos cristianos aman los Salmos y los relatos del Génesis, y luego pasan en silencio por el resto del Antiguo Testamento. El Levítico les resulta ajeno, las guerras de Josué los inquietan y los profetas parecen hablar de la historia de otro. Otros van al extremo opuesto y encuentran a Jesús bajo cada piedra, de modo que las medidas del tabernáculo se vuelven mensajes cifrados sobre la Cruz. Ambos hábitos dejan sin respuesta una pregunta real: ¿para qué sirve el Antiguo Testamento si eres cristiano?
La pregunta es anterior al propio Nuevo Testamento. Los primeros cristianos no tenían otra Biblia. Cuando decían que Cristo murió y resucitó «conforme á las Escrituras», se referían a la Ley, los Profetas y los Salmos, leídos en su mayor parte en griego. Cómo leyeron esos libros, y cómo discutieron los Padres de la Iglesia la manera de leerlos bien, dio forma a la fe que la Iglesia ortodoxa sigue orando cada semana. Este artículo examina esa evidencia, las objeciones, incluidas las judías, y los lugares donde los cristianos han manejado mal estos textos.
En resumen
El Nuevo Testamento lee el Antiguo Testamento como una historia que conduce a Cristo. En Lucas 24, Jesús resucitado explica «en todas las Escrituras lo que de él decían», y San Pablo llama «tipos» a los acontecimientos de Israel en el desierto (1 Corintios 10) y lee alegóricamente a Sara y Agar (Gálatas 4). Escritores del siglo II como San Justino, San Melitón y San Ireneo leyeron así el Antiguo Testamento, y San Ireneo defendió esa lectura frente a los gnósticos, insistiendo en que la Escritura se lea dentro de la regla de fe de la Iglesia. Orígenes enseñó que la Escritura, como el ser humano, tiene cuerpo, alma y espíritu, pero sostuvo también que la mayor parte de la historia bíblica es verdadera como historia. La vieja imagen de una Alejandría alegorizante frente a una Antioquía de mentalidad literal contiene algo de verdad, pero ambas tradiciones buscaron un sentido espiritual y ambas respetaron el texto. La Iglesia ortodoxa recibe el Antiguo Testamento en su forma de la Septuaginta y lo lee de continuo en el culto. No tiene un único método dogmático de exégesis, pero su tradición es clara en cuanto al centro: Cristo es la clave, la historia importa y la interpretación pertenece a la vida común de la Iglesia.
Tesis: Los cristianos deben leer el Antiguo Testamento como historia verdadera y como el libro propio de la Iglesia, cuyo sentido se revela plenamente en Cristo, tomando en serio tanto la letra como la figura, y reconociendo que esta lectura es una confesión de fe hecha en retrospectiva, no una prueba neutral.
«Comenzando desde Moisés»: cómo lee el Nuevo Testamento el Antiguo
El punto de partida más claro es el camino de Emaús. Dos discípulos se alejan de Jerusalén, convencidos de que su esperanza ha muerto. Cristo resucitado se les une y pregunta: «¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?» Luego, «comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían». Más tarde dice a los apóstoles que «era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos», y que «les abrió el sentido» para que entendieran las Escrituras.1
Dos cosas de aquí importan para todo lo que sigue. Está a la vista todo el Antiguo Testamento, no un puñado de textos de prueba. Y los discípulos no lo vieron por sí mismos: su entendimiento tuvo que ser abierto, después de la Resurrección. En otro lugar Jesús dice de las Escrituras: «ellas son las que dan testimonio de mí», y señala episodios concretos: «como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado», y, así como Jonás estuvo tres días en el gran pez, «así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches».2
San Pablo da un vocabulario a esta manera de leer. Los israelitas en el desierto «en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar» y «bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo». Estas cosas «fueron en figura de nosotros», y «son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado». Las palabras griegas que están detrás de «figura» son typoi y typikōs, de donde viene nuestra palabra «tipo».3 San Pablo llama a Adán «figura del que había de venir» (Romanos 5:14); 1 Pedro llama al bautismo el antitipo del diluvio de Noé (3:21); Hebreos dice que la Ley tenía «la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas» (10:1).4
Luego está Gálatas 4. San Pablo toma a los dos hijos de Abraham, el de la esclava Agar y el de la libre Sara, y dice: «Las cuales cosas son dichas por alegoría»; las dos mujeres son dos pactos, y «la Jerusalem de arriba libre es; la cual es la madre de todos nosotros». La palabra griega que aquí se traduce «dichas por alegoría» es allēgoroumena, «dichas alegóricamente».5 Así, el Nuevo Testamento usa ambas palabras, «tipo» y «alegoría», sin separarlas con nitidez. (Sobre la Biblia griega de San Pablo, véase ¿Qué Biblia citaba Pablo?)
El siglo II: ¿de quién es el libro?
En el siglo II esta lectura fue cuestionada desde varios flancos. Marción rechazó por completo el Antiguo Testamento y a su Dios (véase ¿Quién fue Marción?). Los maestros gnósticos conservaron las Escrituras, pero las reordenaron para ajustarlas a sus propios mitos. Los maestros judíos negaron que los libros apuntaran a Jesús en absoluto.
San Ireneo de Lyon, que escribió Contra las herejías a finales del siglo, respondió a los gnósticos con una imagen famosa. Tratan la Escritura como si alguien tomara «una hermosa imagen de un rey» (traducción nuestra) hecha de piedras preciosas y reordenara las gemas «en forma de perro o de zorra», y luego afirmara que es el retrato del rey. El lector fiel, que conserva «la regla de la verdad que recibió por medio del bautismo», reconoce las joyas pero «ciertamente no aceptará la zorra en lugar de la semejanza del rey».6
San Ireneo enuncia también el principio positivo. Quien lee las Escrituras con atención «hallará en ellas un relato de Cristo», pues «el tesoro escondido en las Escrituras es Cristo, puesto que fue señalado por medio de tipos y parábolas». Añade que «toda profecía, antes de su cumplimiento, es para los hombres [llena de] enigmas y ambigüedades», y lo vincula directamente con Lucas 24.7 (Véase Ireneo de Lyon.)
San Melitón, obispo de Sardes en el mismo siglo, predicó una homilía pascual, identificada habitualmente con el escrito Sobre la Pascua que Eusebio le atribuye, en la que la Pascua se convierte en el patrón de la muerte de Cristo.8 Usa una analogía del artista: un modelo de cera o de arcilla viene antes de la obra acabada y le cede el lugar. «El pueblo era entonces un modelo a modo de boceto preliminar, y la ley era la escritura de una parábola.» Cristo es el «que fue asesinado en Abel», que fue atado en Isaac y desterrado en Jacob, y «vendido en José, y expuesto en Moisés».9
La honestidad exige decir qué más contienen estos textos. La misma homilía se vuelve contra Israel con amarga acusación: «¿Qué extraño crimen, Israel, has cometido?» San Justino Mártir dice a su interlocutor judío en el diálogo, Trifón, que las profecías están «contenidas en vuestras Escrituras, o más bien no vuestras, sino nuestras».10 San Ireneo dice que, cuando se lee la Ley a los judíos, «es como una fábula».7 La afirmación de que el Antiguo Testamento pertenece a la Iglesia es central para la fe cristiana, pero a veces se hizo de un modo que negaba a los judíos todo derecho sobre sus propias Escrituras. Un lector fiel de hoy puede recibir la tipología de San Melitón y de San Ireneo sin repetir su polémica.
Orígenes y el sentido espiritual
Orígenes de Alejandría, que murió a comienzos de la década de 250 a los sesenta y nueve años, fue el estudioso bíblico más dotado y más controvertido de la Iglesia primitiva (véase Orígenes: ¿brillante Padre de la Iglesia, peligroso especulador o hereje condenado?).11 En el libro 4 de Sobre los principios expuso la primera teoría cristiana sistemática de la interpretación: «Porque así como el hombre consta de cuerpo, alma y espíritu, así también la Escritura». El creyente sencillo se edifica con «la carne, por así decirlo, de la Escritura, pues así llamamos al sentido obvio»; el más avanzado, con su alma; el maduro, con «la ley espiritual, que tiene la sombra de los bienes venideros».12
Orígenes fue más lejos. Sostuvo que Dios puso «tropiezos» e «imposibilidades» en el relato para que los lectores miraran bajo la superficie. ¿Quién, pregunta, «supondrá que el primer día, y el segundo, y el tercero, y la tarde y la mañana, existieron sin sol, ni luna, ni estrellas?»13
Sin embargo, en el mismo libro insiste en que «los pasajes que son verdaderos en su sentido histórico son mucho más numerosos que aquellos que están entreverados con una significación puramente espiritual», y cita el entierro de Abraham en Hebrón, el templo de Salomón y el mandato de honrar a los padres, que es útil «aparte de todo sentido alegórico».14 Sus alegorías podían ser fantasiosas, y algunos Padres posteriores lo dijeron. Pero no trató el Antiguo Testamento como un libro de mitos.
Alejandría y Antioquía: un contraste a menudo exagerado
Los manuales suelen describir dos «escuelas». Alejandría, siguiendo a Orígenes, alegorizaba. Antioquía, con Diodoro de Tarso, Teodoro de Mopsuestia y San Juan Crisóstomo, leía de manera literal e histórica. Hay algo de cierto en esto. Teodoro era muy cauto a la hora de hallar a Cristo en los Salmos; los estudiosos señalan que aceptaba una lectura cristológica solo de los Salmos 2, 8, 44 (45) y 110. Fue condenado después de su muerte en el Segundo Concilio de Constantinopla en 553, principalmente por su cristología.15
Pero el contraste es fácil de exagerar. San Juan Crisóstomo, el antioqueno más famoso, comenta Gálatas 4:24: «Contra lo habitual, llama alegoría a un tipo; su sentido es el siguiente: esta historia no solo declara lo que aparece a simple vista, sino que anuncia algo más allá».16 Quiere que se conserve la historia, y quiere también ese «algo más allá». Los antioquenos tenían su propia palabra para verlo, theōria, «visión» o «contemplación». El estudioso ortodoxo Bradley Nassif dedicó su tesis doctoral a la theōria en San Juan Crisóstomo.17
Frances Young, destacada historiadora de la exégesis patrística, sostuvo que alejandrinos y antioquenos sabían por igual «que la redacción de la Biblia llevaba significados más profundos». A su juicio, los antioquenos querían que el sentido espiritual reflejara el relato coherente del texto, mientras que la alegoría podía tratar palabras sueltas como símbolos y romper el relato. Sostuvo además que la costumbre moderna de tratar la tipología como un método separado de la alegoría «no tiene base en el material patrístico».18
No todos llegan tan lejos. Mark Edwards, de Oxford, señala que muchos estudiosos han abandonado la dicotomía, pero él mantiene «que sí hubo, en efecto, dos tradiciones», con Alejandría más hospitalaria a la alegoría; concluye también que los alejandrinos rara vez incurrieron en la alegoría arbitraria que atacaba Teodoro.19 Richard Perhai defiende igualmente una distintividad antioquena real, construida en torno a la theōria, frente a quienes la ignoran y a quienes llaman a la exégesis antioquena esencialmente alejandrina.20 {{moderate: Las dos tradiciones diferían en énfasis y técnica, pero ambas leían el Antiguo Testamento como Escritura cristiana que habla de Cristo, y ninguna descartó la historia.}}
El Antiguo Testamento en el culto ortodoxo
Para un cristiano ortodoxo, la principal escuela para leer el Antiguo Testamento no es un comentario sino los oficios. El Salterio es la columna vertebral de la oración diaria, y en las Vísperas, la víspera de las grandes fiestas la Iglesia lee pasajes del Antiguo Testamento elegidos para iluminar la fiesta.
Las fiestas de la Theotokos (Madre de Dios) son un buen ejemplo. El catecismo del padre Thomas Hopko para la Iglesia Ortodoxa en América explica que en las Vísperas de su Natividad «las tres lecturas del Antiguo Testamento son “mariológicas” en su interpretación neotestamentaria»: la escala de Jacob que une el cielo y la tierra (Génesis 28), la puerta oriental del templo de Ezequiel, perpetuamente cerrada y llena de la gloria del Señor (Ezequiel 43-44), y la casa que edifica la Sabiduría (Proverbios 9).21
Durante la Gran Cuaresma se añaden a las Vísperas «lecturas de Génesis y Proverbios, y la profecía de Isaías a la Hora Sexta», y Hopko señala que cada una se lee casi por completo a lo largo del ayuno.22 El Sábado Santo, las Vísperas con la Liturgia de San Basilio incluyen «quince lecturas de las Escrituras del Antiguo Testamento», desde la creación y la Pascua hasta Jonás y el cántico de los tres jóvenes, «todas las cuales se refieren a la obra de Dios en la creación y la salvación, que ha sido recapitulada y cumplida en la venida del Mesías predicho».23 Toda la historia de Israel se lee junto al sepulcro de Cristo, justo antes del primer anuncio de la Resurrección. Nada de esto niega que Jonás predicara a Nínive ni que la Pascua fuera la fiesta de Israel. Lee esos acontecimientos, como lo hizo San Pablo, como escritos para nosotros.
Por qué importa la Septuaginta
El Antiguo Testamento de la Iglesia ortodoxa es la Septuaginta, la traducción griega iniciada por judíos en los siglos anteriores a Cristo y ampliamente usada por los escritores del Nuevo Testamento, con su canon más amplio. A veces el texto griego es donde empieza la lectura cristiana.
Hebreos 10:5 cita el Salmo 40 (39 en el griego) como palabras de Cristo al entrar en el mundo: «Sacrificio y presente no quisiste; mas me apropiaste cuerpo». El hebreo, según la Reina-Valera 1909, dice «has abierto mis oídos». La traducción de la Septuaginta de Brenton dice: «Sacrificio y ofrenda no quisiste; pero me has preparado un cuerpo» (traducción del griego de la Septuaginta).24 Hebreos construye su argumento sobre el cuerpo sacrificial de Cristo a partir de esa redacción.
Los estudiosos discrepan sobre su historia. Casi todos los manuscritos de la Septuaginta dicen «cuerpo», pero la edición de Rahlfs imprime «oídos», y Karen Jobes y Moisés Silva sostuvieron que «oídos» era el texto griego original. Ronald van der Bergh concluyó en 2008 que «cuerpo» es la lectura mejor atestiguada, probablemente una interpretación del traductor del hebreo.25 {{debated: Si «un cuerpo» fue la redacción original de la Septuaginta o entró en el Salterio griego a través de Hebreos sigue discutiéndose.}} En cualquier caso, la Iglesia recibió y ora el Salmo en la forma que cita Hebreos. Un caso similar se trata en Isaías 7:14: ¿«virgen» o «joven»?
La postura ortodoxa
- Dogma. El Antiguo Testamento es Escritura inspirada y pertenece a la Iglesia. El Dios de Israel es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el Credo confiesa al Espíritu Santo «que habló por los Profetas» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América). El rechazo del Antiguo Testamento por Marción es una herejía.
- Tradición común. Cristo es la clave del Antiguo Testamento. La tipología, que comienza en el Nuevo Testamento, es la manera normal en que la Iglesia lo lee, y la liturgia es su principal escuela. La Septuaginta es el Antiguo Testamento de la Iglesia. La Escritura se lee dentro de la regla de fe.
- Opinión teológica. Hasta dónde llegar con la alegoría, qué detalles son figuras, y si un salmo dado habla de Cristo directamente o por extensión. La Iglesia nunca ha definido un único método exegético, y hubo Padres en buena situación que discreparon.
El padre Georges Florovsky, uno de los teólogos ortodoxos más influyentes del siglo XX, resumió el equilibrio. El Antiguo Testamento es «un libro de la generación de Jesucristo», en el que «los acontecimientos también eran profecías». Pero no debe ser «transformado en una colección de textos de prueba», y reprochó al alegorismo «desde Filón y el Pseudo-Bernabé» en adelante que hiciera de la historia un mero «marco pictórico». «La Biblia es historia», escribió, y «el verdadero sentido profético de las profecías solo se ve con claridad, por así decirlo, en retrospectiva, después de que se han cumplido efectivamente».26
Las objeciones más fuertes
«Estás leyendo a Cristo en textos que significaban otra cosa»
Esta es la objeción judía, compartida por muchos críticos históricos. Isaías, los Salmos y la Torá tenían significados para el antiguo Israel, y leerlos como referencias a Jesús parece anular a sus autores. Peor aún, los cristianos han usado estas lecturas para acusar a los judíos de ceguera, como muestran algunos pasajes citados más arriba.
Mucho de esto debe concederse. Los autores humanos del Antiguo Testamento no conocían el nombre de Jesús. Incluso la Pontificia Comisión Bíblica católica ha dicho que «la lectura judía de la Biblia es una lectura posible» y que «debemos pues renunciar a la insistencia excesiva, característica de cierta apologética, sobre el valor de prueba atribuido al cumplimiento de las profecías».27 Ese no es un documento ortodoxo, pero enuncia una lección que los cristianos han aprendido con lentitud.
La respuesta ortodoxa es que la tipología nunca pretendió ser la primera lectura. Es una lectura en retrospectiva, como dicen Lucas 24, San Ireneo y Florovsky. El estudioso protestante Richard Hays la llama «leer hacia atrás»: «el discernimiento de una correspondencia figural es necesariamente retrospectivo y no prospectivo».28 La afirmación es que el Dios que obró en la historia de Israel es el Dios que resucitó a Jesús, de modo que los patrones son reales, no inventados. Eso es una afirmación de fe. No puede probarse contando versículos cumplidos, y no tiene por qué negar que la lectura judía tenga su propia integridad. (Para un caso discutido, véase Isaías 53.)
«La Escritura tiene un solo sentido, y la alegoría es arbitraria»
Muchos protestantes desconfían de la alegoría. La Confesión de Westminster (1646) sostiene que «el verdadero y pleno sentido de cualquier Escritura (que no es múltiple, sino uno)» debe ser «buscado y conocido por otros lugares que hablan con mayor claridad».29 Algunos estudiosos evangélicos defienden la tipología a la vez que rechazan la alegoría; Brent Parker sostiene que los intérpretes deben entender «la tipología y la alegoría como fenómenos literarios distintos».30 La preocupación es justa: si un texto puede significar cualquier cosa, no significa nada.
Los ortodoxos coinciden con más de esto de lo que podría esperarse. El rey y la zorra de San Ireneo es una advertencia contra la lectura arbitraria, y los antioquenos hicieron la misma protesta. La diferencia está en dónde se hallan los controles. Para los ortodoxos, el control no es un método único sino la regla de fe, la liturgia y el consenso de los Padres, junto con el respeto a la letra. Los Padres también dejaban que la Escritura interpretara la Escritura, pero lo hacían como miembros de la Iglesia, leyendo dentro de su fe y su culto.
«¿No son simplemente los cuatro sentidos católicos?»
La enseñanza católica distingue «el sentido literal y el sentido espiritual», siendo el espiritual alegórico, moral y anagógico, y sostiene que «todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal». Afirma la tipología «ya en los tiempos apostólicos», a la vez que advierte que «no debe hacer olvidar que el Antiguo Testamento conserva su valor propio de revelación».31 Los lectores ortodoxos reconocerán gran parte de su propia herencia, ya que ambos beben de los mismos Padres. La diferencia es sobre todo de forma: el esquema cuádruple se convirtió en un sistema occidental medieval, mientras que la lectura ortodoxa ha permanecido menos formalizada, transmitida por los himnos y las fiestas.
Lo que podemos afirmar con confianza
- {{very-strong: El propio Nuevo Testamento lee personas y acontecimientos del Antiguo Testamento como «tipos» de Cristo y de la Iglesia, y San Pablo una vez emplea el lenguaje de la alegoría (Gálatas 4:24).}}
- San Ireneo y otros escritores del siglo II defendieron una lectura centrada en Cristo frente a Marción y los gnósticos y la vincularon con la regla de fe.
- Orígenes enseñó un triple sentido de la Escritura, pero sostuvo que la mayor parte de la historia bíblica es verdadera como historia.
- Los escritores antioquenos, San Juan Crisóstomo incluido, buscaron un sentido espiritual (theōria) además del histórico.
- La Iglesia ortodoxa lee ampliamente en el culto el Antiguo Testamento de la Septuaginta, a la luz de Cristo.
- Parte de la tipología primitiva se unió a una dura polémica contra los judíos, que los cristianos no deben repetir.
Lo que sigue en debate
- Cuán marcadamente diferían Alejandría y Antioquía, y si la tipología y la alegoría son métodos distintos.
- Si «un cuerpo» en el Salmo 39(40) era la lectura original de la Septuaginta.
- Hasta qué punto un pasaje dado se refiere a Cristo directamente o por una extensión figural posterior; los Padres discreparon.
- Qué controles debe tener la lectura figural, algo que lectores protestantes, católicos y ortodoxos responden de manera diferente.
Conclusión
Entonces, ¿cómo deben leer los cristianos el Antiguo Testamento? Como lo hicieron los Padres en su mejor momento: despacio, como historia verdadera, y con Cristo como la clave que el propio Señor resucitado dio en el camino de Emaús. El desierto, la Pascua, Jonás y la escala de Jacob no son acertijos por descifrar, sino acontecimientos en los que el mismo Dios ya obraba. Su pleno sentido aparece en retrospectiva, y la Iglesia lo dice abiertamente.
La Iglesia ortodoxa da a sus miembros menos un método que una manera de escuchar. El Sábado Santo, junto al sepulcro de Cristo, lee quince pasajes de las Escrituras de Israel y luego, mientras las vestiduras se cambian de oscuras a brillantes, canta el versículo del salmo «Levántate, oh Dios, juzga la tierra».23 Todo se recoge, como dijo San Melitón del modelo del artista, en la obra acabada. Quienes aprendan a oírlo así no se saltarán el Levítico ni buscarán códigos en cada versículo. Quizá descubran, como los discípulos, que su corazón arde cuando se abren las Escrituras.
Notas
- Lucas 24:25-27, 44-45, Reina-Valera 1909.
- Juan 5:39; Juan 3:14; Mateo 12:40, Reina-Valera 1909.
- 1 Corintios 10:2, 4, 6, 11, Reina-Valera 1909. Griego typoi (10:6) y typikōs (10:11), SBL Greek New Testament.
- Romanos 5:14; 1 Pedro 3:21; Hebreos 10:1, Reina-Valera 1909. Griego typos (Romanos 5:14) y antitypon (1 Pedro 3:21), SBLGNT.
- Gálatas 4:24-26, Reina-Valera 1909; griego allēgoroumena (4:24), SBLGNT. La RSV lo traduce «Ahora bien, esto es una alegoría» (traducción nuestra).
- Ireneo, Contra las herejías 1.8.1 y 1.9.4, trad. Alexander Roberts y William Rambaut, Ante-Nicene Fathers vol. 1 (1885).
- Ireneo, Contra las herejías 4.26.1, misma traducción.
- Eusebio, Historia eclesiástica 4.26.2-3, trad. Arthur Cushman McGiffert, Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 1 (1890). La identificación de la homilía conservada con esta obra es la opinión erudita habitual.
- Melitón de Sardes, Sobre la Pascua 36-40 y 69, en Melito of Sardis: On Pascha and Fragments, ed. y trad. Stuart George Hall (Oxford: Clarendon Press, 1979), tal como lo reproduce el Boston College Center for Christian-Jewish Learning.
- Melitón, Sobre la Pascua 73, traducción de Hall; Justino Mártir, Diálogo con Trifón 29, trad. Marcus Dods y George Reith, Ante-Nicene Fathers vol. 1.
- Eusebio, Historia eclesiástica 7.1, traducción de McGiffert, dice que Orígenes murió cuando Galo sucedió a Decio, «a los sesenta y nueve años de edad».
- Orígenes, Sobre los principios 4.11 (numeración de la traducción del griego), trad. Frederick Crombie, Ante-Nicene Fathers vol. 4 (1885).
- Orígenes, Sobre los principios 4.15-16 (traducción del griego), traducción de Crombie. Los «tropiezos» y las «imposibilidades» están en 4.15, la pregunta sobre los días en 4.16.
- Orígenes, Sobre los principios 4.19 (griego), traducción de Crombie.
- Richard J. Perhai, Antiochene Theōria in the Writings of Theodore of Mopsuestia and Theodoret of Cyrus (Minneapolis: Fortress Press, 2015), cap. 1 (capítulo de muestra de la editorial), que resume estudios anteriores sobre el comentario de Teodoro a los Salmos y señala su condenación póstuma en 553.
- Juan Crisóstomo, Comentario a la Carta a los Gálatas, sobre 4:24, trad. Gross Alexander, Nicene and Post-Nicene Fathers, 1.ª serie, vol. 13 (1889).
- Bradley L. Nassif, «Antiochene theōria in John Chrysostom's Exegesis» (tesis doctoral, Fordham University, 1991), resumen.
- Frances M. Young, «Alexandrian and Antiochene Exegesis», en A History of Biblical Interpretation, vol. 1, ed. Alan J. Hauser y Duane F. Watson (Grand Rapids: Eerdmans, 2003), 352; y Biblical Exegesis and the Formation of Christian Culture (Cambridge: Cambridge University Press, 1997), 152-53, 162, ambos citados por Brent E. Parker (nota 30), 58, 74 y 78.
- Mark J. Edwards, «Origen, Didymus and Theodore on the Literal Sense», en Perspectives on Origen and the History of His Reception, ed. Alfons Fürst, Adamantiana 21 (Münster: Aschendorff, 2021); manuscrito aceptado del autor en el Oxford University Research Archive.
- Perhai, Antiochene Theōria, introducción (muestra de la editorial).
- Thomas Hopko, The Orthodox Faith, vol. 2, Worship, «The Nativity of the Theotokos», oca.org.
- Hopko, The Orthodox Faith, vol. 2, «Lenten Services», oca.org.
- Hopko, The Orthodox Faith, vol. 2, «Holy Saturday», oca.org.
- Hebreos 10:5 y Salmo 40:6, Reina-Valera 1909; Salmo 39:7 (numeración de versículos de Brenton), The Septuagint Version of the Old Testament, trad. Lancelot C. L. Brenton (London: Bagster, 1844), edición de ebible.org. Griego de Hebreos 10:5, sōma, SBLGNT.
- Ronald H. van der Bergh, «A Textual Comparison of Hebrews 10:5b-7 and LXX Psalm 39:7-9», Neotestamentica 42, núm. 2 (2008): 353-382, en 355-357, que recoge la postura de Jobes y Silva y la lectura impresa por Rahlfs.
- Georges Florovsky, «Revelation and Interpretation», en Bible, Church, Tradition: An Eastern Orthodox View, Collected Works vol. 1 (Belmont, MA: Nordland, 1972), 23, 29-32 (publicado por primera vez en Biblical Authority for Today, ed. Alan Richardson y W. Schweitzer, 1951).
- Pontificia Comisión Bíblica, El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana (2001), secciones 21-22, vatican.va.
- Richard B. Hays, Reading Backwards: Figural Christology and the Fourfold Gospel Witness (Waco, TX: Baylor University Press, 2014), 2, citado en la reseña de Benjamin L. Gladd, Reformed Faith & Practice 1, núm. 1 (2016).
- Confesión de Fe de Westminster 1.9, texto de la Orthodox Presbyterian Church, opc.org.
- Brent E. Parker, «Typology and Allegory: Is There a Distinction? A Brief Examination of Figural Reading», Southern Baptist Journal of Theology 21, núm. 1 (2017): 57-83, en 57.
- Catecismo de la Iglesia Católica 115-116, 128-129, vatican.va.
Bibliografía
Fuentes primarias
- The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982. Comparación con la Revised Standard Version (1952) y el SBL Greek New Testament (2010).
- Brenton, Lancelot C. L., trad. The Septuagint Version of the Old Testament. London: Samuel Bagster, 1844. Edición de ebible.org.
- Ireneo de Lyon. Contra las herejías. Traducido por Alexander Roberts y William Rambaut. Ante-Nicene Fathers, vol. 1. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1885. newadvent.org.
- Justino Mártir. Diálogo con Trifón. Traducido por Marcus Dods y George Reith. Ante-Nicene Fathers, vol. 1. newadvent.org.
- Melitón de Sardes. On Pascha and Fragments. Editado y traducido por Stuart George Hall. Oxford: Clarendon Press, 1979.
- Orígenes. Sobre los principios, libro 4. Traducido por Frederick Crombie. Ante-Nicene Fathers, vol. 4. 1885. newadvent.org.
- Juan Crisóstomo. Comentario a la Carta a los Gálatas. Traducido por Gross Alexander. Nicene and Post-Nicene Fathers, 1.ª serie, vol. 13. 1889. newadvent.org.
- Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica. Traducido por Arthur Cushman McGiffert. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 1. 1890. newadvent.org.
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Florovsky, Georges. Bible, Church, Tradition: An Eastern Orthodox View. Collected Works, vol. 1. Belmont, MA: Nordland, 1972.
- Hopko, Thomas. The Orthodox Faith, vol. 2, Worship. Orthodox Church in America, oca.org.
- Nassif, Bradley L. «Antiochene theōria in John Chrysostom's Exegesis». Tesis doctoral, Fordham University, 1991.
Otros estudios (incluidos estudiosos que discrepan)
- Edwards, Mark J. «Origen, Didymus and Theodore on the Literal Sense». En Perspectives on Origen and the History of His Reception, editado por Alfons Fürst. Adamantiana 21. Münster: Aschendorff, 2021.
- Hays, Richard B. Reading Backwards: Figural Christology and the Fourfold Gospel Witness. Waco, TX: Baylor University Press, 2014.
- Perhai, Richard J. Antiochene Theōria in the Writings of Theodore of Mopsuestia and Theodoret of Cyrus. Minneapolis: Fortress Press, 2015.
- Van der Bergh, Ronald H. «A Textual Comparison of Hebrews 10:5b-7 and LXX Psalm 39:7-9». Neotestamentica 42, núm. 2 (2008): 353-382.
- Young, Frances M. Biblical Exegesis and the Formation of Christian Culture. Cambridge: Cambridge University Press, 1997.
Fuentes de las tradiciones tratadas (católica, protestante y del diálogo judeocristiano)
- Catecismo de la Iglesia Católica. 2.ª ed. Libreria Editrice Vaticana, 1997. vatican.va.
- Pontificia Comisión Bíblica. El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana. 2001. vatican.va.
- Confesión de Fe de Westminster (1646). opc.org.
- Parker, Brent E. «Typology and Allegory: Is There a Distinction? A Brief Examination of Figural Reading». Southern Baptist Journal of Theology 21, núm. 1 (2017): 57-83.