El fundamento bíblico de la Trinidad

La Trinidad no descansa en un solo versículo discutido. La Escritura confiesa un solo Dios, muestra al Padre, al Hijo y al Espíritu como personalmente distintos, da al Hijo y al Espíritu lo que pertenece solo a Dios y describe una sola obra divina indivisa. El Credo niceno, con el Padre como la única fuente, lo resume.

Jesús sube del Jordán. Mateo dice que «los cielos le fueron abiertos», que «vió al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él», y que una voz del cielo dijo: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento» (Mateo 3:16–17). (Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909, salvo que se indique otra versión; los corchetes son de esa edición.)1 La Iglesia ortodoxa canta este momento cada enero en la fiesta de la Teofanía: «Cuando Tú, oh Señor, fuiste bautizado en el Jordán, / se manifestó la adoración de la Trinidad» (traducción nuestra). La escena es breve, pero ya descarta dos respuestas fáciles. El Padre, el Hijo y el Espíritu no son una sola persona que representa tres papeles, porque, en el mismo momento, actúan unos respecto de los otros. Tampoco son tres dioses, porque la escena pertenece a la historia de Israel, la historia del único Dios que cumple su promesa.

Ningún versículo contiene, por sí solo, el vocabulario del siglo IV sobre «esencia» y «personas». La doctrina de la Trinidad es la lectura que la Iglesia hace de toda la Escritura, y su argumento es acumulativo. Este artículo lo expone paso a paso.

La cuestión importa porque musulmanes, Testigos de Jehová, santos de los últimos días, pentecostales unicitarios y muchos escépticos rechazan la doctrina nicena, cada uno por razones distintas. Cada objeción se presenta más abajo en una forma que sus defensores reconocerían, y se responde a partir de los textos.

En resumen

La Escritura da cuatro enseñanzas que la Iglesia siempre ha procurado mantener juntas. Primera: hay un solo Dios, el Dios de Israel, y el Nuevo Testamento nunca abandona esa confesión. Segunda: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personalmente distintos: se hablan entre sí, se envían, se aman y se glorifican unos a otros. Tercera: el Hijo y el Espíritu no son criaturas que estén fuera de Dios; el Nuevo Testamento les da los nombres, las obras y la adoración que pertenecen solo al único Dios. Cuarta: los tres no actúan como un comité; toda obra de Dios viene del Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo. El Credo niceno y los Padres lo resumieron así: una sola esencia, tres personas. En la enseñanza ortodoxa, el Padre es la única fuente, la «monarquía», del Hijo, que es engendrado eternamente, y del Espíritu, que procede del Padre. La doctrina describe al Dios que salva, que nos adopta como hijos e hijas y que nos atrae a su propia vida. Algunos textos probatorios son más débiles de lo que afirma la apologética popular, y este artículo dice cuáles.

Tesis: Leída en su conjunto, la Escritura nos exige confesar un solo Dios, tres personas personalmente distintas que pertenecen cada una a ese único Dios, y una sola obra divina indivisa; y la doctrina nicena de la Trinidad es el resumen más fiel de estas cuatro enseñanzas.

Un solo Dios: el punto de partida

Todo relato cristiano acerca de Dios parte de la confesión de Israel: «Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es» (Deuteronomio 6:4, traducción del griego de la Septuaginta). Isaías insiste en ello frente a los ídolos de las naciones: «Yo el primero, y yo el postrero, y fuera de mí no hay Dios» (Isaías 44:6). Solo el Dios de Israel hizo el mundo, gobierna la historia y salva.2

El Nuevo Testamento conserva íntegra esta confesión. Jesús cita el Shema como «El primer mandamiento de todos» (Marcos 12:29). Pablo dice a los corintios «que no hay más de un Dios» (1 Corintios 8:4). Santiago observa que incluso los demonios creen que Dios es uno (Santiago 2:19). Los apóstoles nunca se proponen corregir el monoteísmo judío. Lo dan por supuesto.

Lo sorprendente es cómo formula Pablo la confesión. En el mismo pasaje escribe: «Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él» (1 Corintios 8:6). Richard Bauckham ha argumentado que Pablo está reformulando el propio Shema, aplicando «Dios» al Padre y «Señor» a Jesús, de modo que Jesús queda incluido dentro de la identidad del único Dios en lugar de añadirse a su lado.3 Los estudiosos discuten los detalles de esa lectura, pero el hecho llano ya es bastante llamativo: un escritor judío, en un plazo de unos veinticinco años desde la crucifixión, coloca a un hombre crucificado dentro de la confesión que definía la fe de Israel en un solo Dios.

Lo que prepara el Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento no presenta una doctrina acabada de la Trinidad, pero aporta patrones que más tarde hacen posible el lenguaje del Nuevo Testamento. Dios crea por su palabra y por su Espíritu: «Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca» (Salmo 33:6; 32:6 en la Septuaginta), y en el principio «el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas» (Génesis 1:2). El «Angel de Jehová» a veces habla como Dios y a la vez se distingue de Dios (Éxodo 3:2–6; Jueces 13:15–22). Dios dice: «Hagamos al hombre á nuestra imagen» (Génesis 1:26). Escritores cristianos antiguos, como San Ireneo, leyeron ese plural como el Padre que habla a su Verbo y a su Sabiduría, el Hijo y el Espíritu; muchos intérpretes modernos lo leen como un plural de majestad o como Dios que se dirige a su corte celestial. En Isaías 48:16 alguien dice «el Señor Jehová me envió, y su espíritu», aunque la gramática hebrea y la identidad de quien habla son objeto de debate.

La Sabiduría de Proverbios 8 exige una honestidad especial. Los Padres leyeron esta figura, que está junto a Dios en la creación, como Cristo, la Sabiduría de Dios. Pero en la Septuaginta, el Antiguo Testamento que recibió la Iglesia, el versículo 22 dice: «El Señor me hizo principio de sus caminos para sus obras» (traducción del griego de la Septuaginta, siguiendo la versión inglesa de Brenton; el verbo griego es ektisen, «creó»), mientras que las versiones inglesas hechas del hebreo difieren entre sí: «El SEÑOR me poseía» (NKJV), «El SEÑOR me creó» (RSV), «El SEÑOR me dio origen» (NIV) (traducción nuestra de esas versiones inglesas). Arrio y sus seguidores usaron este versículo para sostener que el Hijo es una criatura. San Atanasio no cambió el texto. Argumentó que los proverbios hablan en sentido figurado, de modo que «hay que indagar acerca de la persona», y aplicó «creó» a la asunción, por parte del Hijo, de una naturaleza humana creada para nuestra salvación.4 El episodio es una advertencia útil: un texto aislado puede leerse de más de una manera, y la doctrina descansa en el patrón completo y no en un solo versículo.

San Gregorio el Teólogo dio una explicación ortodoxa clásica de por qué la revelación llegó gradualmente: «El Antiguo Testamento proclamó abiertamente al Padre, y más oscuramente al Hijo. El Nuevo manifestó al Hijo, e insinuó la divinidad del Espíritu». Dios, dice, se reveló «por adiciones graduales», a medida que las personas podían soportarlo.5 Por eso el argumento cristiano más fuerte va del cumplimiento hacia atrás. Una vez que el Nuevo Testamento nombra a Jesús como el Verbo por medio del cual todo fue hecho, los patrones anteriores de la Palabra, la Sabiduría y el Espíritu se vuelven nítidos.

El Padre, el Hijo y el Espíritu son personalmente distintos

En el Evangelio de Juan, Jesús ora al Padre, es enviado por el Padre y vuelve al Padre (Juan 17; 5:23–24; 16:28). Estas relaciones se remontan a antes de la creación. Jesús ora: «Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese» (Juan 17:5), y de nuevo: «me has amado desde antes de la constitución del mundo» (Juan 17:24). El Prólogo sitúa al Verbo «con Dios» en el principio (Juan 1:1–2).

El Espíritu es distinto del mismo modo. Jesús promete que el Padre «os dará otro Consolador» (Juan 14:16), el Espíritu Santo, «al cual el Padre enviará en mi nombre» (Juan 14:26), y describe al «Espíritu de verdad, el cual procede del Padre», del que dice: «él dará testimonio de mí» (Juan 15:26).6 El Padre envía; el Hijo es enviado y, a su vez, envía al Espíritu; el Espíritu procede del Padre y da testimonio del Hijo. Las relaciones no son intercambiables, y esa distinción está escrita en la misma historia de la salvación.

La distinción personal no requiere tres cuerpos ni tres seres separados. En la Escritura, las personas se reconocen por el trato, la relación, el conocimiento, el amor y la voluntad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu muestran todo esto unos hacia otros.

El Hijo comparte la identidad del único Dios

La creación por medio del Hijo

Juan escribe: «Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho» (Juan 1:3). La frase es precisa: si todo lo que llegó a existir vino a la existencia por medio del Verbo, el Verbo no es una de las cosas que llegaron a existir. Hebreos dice que Dios hizo los siglos por medio del Hijo, que sostiene todas las cosas con la palabra de su poder (Hebreos 1:2–3). Colosenses dice de Cristo: «por él fueron criadas todas las cosas que [están] en los cielos, y que [están] en la tierra, visibles é invisibles … todo fué criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten» (Colosenses 1:16–17).

Los Testigos de Jehová entienden «el primogénito de toda criatura», en el versículo anterior (en griego, literalmente, «primogénito de toda la creación»), en el sentido de que el Hijo es lo primero que Dios hizo. Pero en el Antiguo Testamento «primogénito» puede significar rango y no orden de nacimiento: Dios dice de David, el menor de los hijos de Isaí: «Yo también le pondré [por] primogénito, alto sobre los reyes de la tierra» (Salmo 89:27; 88:28 en la Septuaginta). Luego Colosenses explica el título haciendo de Cristo el creador, la meta y el sustentador de «todas las cosas». La propia Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos vierte el versículo 16 como «todo lo demás». Su nota de estudio reconoce que «la traducción literal del texto griego podría ser “todas las cosas”», y sostiene que «las enseñanzas de la Biblia en conjunto» y «el sentido más probable del término griego» respaldan que se añada «lo demás». El texto griego dice simplemente ta panta, «todas las cosas»; la expresión «lo demás» la suplen los traductores a partir de su lectura del versículo 15.7

El nombre divino y la adoración

El Nuevo Testamento aplica a Jesús pasajes que hablan del SEÑOR (el nombre divino YHWH, que la Reina-Valera vierte «Jehová», y la Septuaginta y el Nuevo Testamento, «Señor», en griego Kyrios), el Dios de Israel. El «Barred camino á Jehová» de Isaías (Isaías 40:3) se convierte en el camino preparado para Jesús (Marcos 1:2–3). Joel prometió que «cualquiera que invocare el nombre de Jehová, será salvo» (Joel 2:32); Pablo cita esa línea refiriéndola a invocar a Jesús (Romanos 10:9–13). En Isaías, el único Dios jura: «Que á mí se doblará toda rodilla» (Isaías 45:23); Pablo escribe que «en el nombre de Jesús se doble toda rodilla … á la gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:10–11). Hebreos toma el Salmo 102, dirigido al Creador eterno, y aplica sus palabras al Hijo: «Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra» (Hebreos 1:10; Salmo 102:25, 101:26 en la Septuaginta).8

La adoración viene a continuación. En Mateo, los discípulos «le adoraron» (Mateo 14:33; 28:9, 17). A Jesús se le invoca en la oración (Hechos 7:59; 1 Corintios 1:2; 16:22), y él perdona pecados por su propia autoridad (Marcos 2:5–12). Tomás se dirige a Jesús resucitado: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28). En el Apocalipsis, cuando Juan se postra ante un ángel, el ángel lo rechaza: «Mira que no lo hagas: yo soy siervo contigo … adora á Dios» (Apocalipsis 19:10). Sin embargo, toda criatura del cielo y de la tierra canta: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, [sea] la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás» (Apocalipsis 5:13). El Cordero recibe la adoración que el ángel rechazó.

{{strong: Una devoción a Jesús del tipo que los judíos reservaban para Dios aparece en los escritos cristianos más antiguos, décadas antes de cualquier concilio.}} Larry Hurtado lo documentó en detalle. No todos los estudiosos coinciden en lo que esto demuestra. James D. G. Dunn concluyó, con matices, que los primeros cristianos, por regla general, no adoraban a Jesús del modo en que adoraban a Dios, y Bart Ehrman sostiene que la creencia en la divinidad de Jesús surgió de la convicción, después de su muerte, de que Dios lo había exaltado.9 El debate es sobre cómo interpretar esta devoción temprana, no sobre si existió.

«El Padre mayor es que yo»

Otros textos apuntan en sentido contrario, y no se pueden suprimir. Jesús dice: «el Padre mayor es que yo» (Juan 14:28); el Hijo no conoce el día ni la hora (Marcos 13:32); obedece y ora. Muchos Padres leyeron esos pasajes como propios del Hijo que «se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo» (Filipenses 2:7) y vivió una vida verdaderamente humana. San Gregorio el Teólogo ofreció otra lectura de Juan 14:28 que ha marcado hondamente la teología ortodoxa: puesto que la Escritura también llama al Hijo igual a Dios, «lo Mayor se refiere al origen, mientras que lo Igual pertenece a la Naturaleza».10 El Padre es mayor como la fuente de la que el Hijo es engendrado eternamente, no como una clase superior de ser.

El Sexto Concilio Ecuménico (Constantinopla, 680–681) aclaró lo demás. Confesó en Cristo «dos voluntades naturales y dos operaciones naturales», divina y humana, y enseñó que «su voluntad humana sigue … sometida a su voluntad divina y omnipotente». Como la voluntad pertenece a la naturaleza, el Padre, el Hijo y el Espíritu tienen una sola voluntad divina. La obediencia del Hijo en Getsemaní es real, y es la obediencia de su voluntad humana. No lo convierte en un dios menor ni en una criatura.

El Espíritu Santo es una persona divina

Las imágenes del viento, el fuego y el agua no hacen impersonal al Espíritu, como tampoco «puerta» y «vid» hacen impersonal a Jesús. Los relatos muestran al Espíritu actuando como persona: «dijo el Espíritu Santo: Apartadme á Bernabé y á Saulo para la obra para la cual los he llamado» (Hechos 13:2). El Espíritu enseña (Juan 14:26), intercede (Romanos 8:26–27), puede ser contristado (Efesios 4:30) y reparte dones «particularmente á cada uno como quiere» (1 Corintios 12:11).

El Espíritu tampoco es una criatura que esté fuera de Dios. Pedro pregunta a Ananías por qué decidió mentir «al Espíritu Santo», y luego dice: «No has mentido á los hombres, sino á Dios» (Hechos 5:3–4). Pablo dice que «el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios», y que «nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios», así como el propio espíritu de una persona conoce sus pensamientos (1 Corintios 2:10–11).11 El Espíritu da vida (Romanos 8:11), santifica (2 Tesalonicenses 2:13) y hace de los creyentes templo de Dios al habitar en ellos (1 Corintios 3:16). En un mismo pasaje es a la vez «el Espíritu de Dios» y «el Espíritu de Cristo» (Romanos 8:9).

Una sola obra de Dios

La Escritura atribuye la creación al Padre (1 Corintios 8:6), por medio del Hijo (Juan 1:3) y por el Espíritu (Génesis 1:2; Salmo 104:30, 103:30 en la Septuaginta). La resurrección de Cristo es acto del Padre (Gálatas 1:1), del propio Hijo (Juan 10:17–18) y del Espíritu (Romanos 8:11). La salvación viene del Padre, se realiza en el Hijo y es sellada por el Espíritu (Efesios 1:3–14).

No se trata de tres aportes que se suman. San Gregorio de Nisa resumió la regla en una frase: «toda operación que se extiende de Dios a la creación … tiene su origen en el Padre, procede por medio del Hijo y se perfecciona en el Espíritu Santo». El Occidente latino sostuvo el mismo principio. San Agustín, al comentar precisamente la voz que se oyó en el Jordán, escribió que «el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, así como son indivisibles, así obran indivisiblemente».12 Lewis Ayres ha argumentado que, a finales del siglo IV, no había una división de fondo entre la teología trinitaria oriental y la occidental en puntos como este.

Bautismo, bendición y culto

Cristo resucitado manda: «id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19). Los tres son nombrados, distinguidos y puestos bajo un solo «nombre», y esto se convierte en la puerta de entrada a la Iglesia. {{very-strong: La Didajé, un antiguo manual eclesiástico que suele fecharse a finales del siglo I o principios del II, ya da la misma fórmula bautismal triple.}}

Algunos críticos afirman que la fórmula se añadió más tarde, y citan a Eusebio de Cesarea (murió hacia 339), que a veces cita el versículo así: «Id y haced discípulos de todas las naciones en mi nombre». Las pruebas están en contra de esa afirmación. Ningún manuscrito conservado de Mateo que contenga el versículo carece de la fórmula, como señala la nota textual de la NET Bible, y el propio Eusebio cita la redacción completa en la carta que escribió a su iglesia de Cesarea después de Nicea, conservada por el historiador Sócrates.13 La forma breve se explica mejor como una abreviación del versículo que Eusebio hace para su argumento.

Pablo termina su carta a los corintios con una bendición triple: «La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la participación del Espíritu Santo sea con vosotros todos» (2 Corintios 13:14; versículo 13 en algunas ediciones). La oración sigue el mismo camino: «por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Efesios 2:18). El culto de la Iglesia es trinitario porque la salvación que celebra es trinitaria. Las oraciones ortodoxas todavía suelen terminar dando gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Cómo lo expresó la Iglesia en palabras

El Credo de Nicea (325), ampliado en Constantinopla (381), dio al patrón su forma más breve. En la traducción que usa la Iglesia Ortodoxa en América (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América), confiesa al Hijo como «nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, Verdadero Dios de Dios Verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial con el Padre», y al Espíritu Santo como «Señor, Dador de Vida, que del Padre procede, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado».14 Ese es el Credo tal como lo redactaron los Concilios y como la Iglesia ortodoxa todavía lo dice. Más tarde, el Occidente latino añadió que el Espíritu procede del Padre «y del Hijo» (filioque). Los católicos sostienen que el añadido expresa una enseñanza verdadera; la Iglesia ortodoxa no lo acepta y conserva el texto original. El artículo del sitio sobre el Filioque (en inglés) expone ambas posturas.

«Esencia» (ousia) nombra lo que Dios es, y es una. «Persona» (hypostasis) nombra quién es Dios como Padre, Hijo y Espíritu, y son tres. San Basilio explicó la distinción comparándola con la de lo general y lo particular: «confesamos una sola esencia o sustancia para no dar una definición variable de la existencia, pero confesamos una hipóstasis particular, para que nuestro concepto del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo sea sin confusión y claro».

{{strong: Los Padres griegos confesaron al Padre como la única fuente, la «monarquía», del Hijo y del Espíritu, y vieron en ello un fundamento de la unidad de Dios.}} San Basilio escribió que, «adorando como adoramos a Dios de Dios, confesamos la distinción de las Personas y, a la vez, nos mantenemos en la Monarquía». Añadió que los cristianos no cuentan a Dios por adición, «uno, dos y tres». San Gregorio el Teólogo llamó al Padre «el Engendrador y el Emisor» del Hijo y del Espíritu, y dijo que la Iglesia honra una «Monarquía que no se limita a una sola Persona», cuya unidad proviene de «una igualdad de Naturaleza y una Unión de mente, y una identidad de movimiento». El Hijo y el Espíritu son eternamente del Padre, de modo que ninguno de los dos comenzó jamás a existir. Así es como la teología ortodoxa mantiene unidos el monoteísmo de Israel y la plena divinidad del Hijo y del Espíritu.

Toda formulación tiene límites. En el lenguaje moderno, «persona» puede sugerir tres centros de ser separados, cosa que los Padres no querían decir, y las analogías populares fallan: el agua como hielo, líquido y vapor sugiere el modalismo, y un trébol de tres hojas divide a Dios en partes. La Iglesia, por lo general, ha preferido aprender la doctrina a partir de la historia de la salvación y del culto antes que de objetos domésticos. San Gregorio advirtió que Dios está más allá de nuestras palabras e incluso de nuestros pensamientos: «es imposible expresarlo, y aún más imposible concebirlo».

Objeciones y respuestas

Objeción musulmana: «Tres» compromete la unicidad de Dios

El Corán dice a los cristianos (trad. de Julio Cortés): «¡No digáis “Tres”! ¡Basta ya, será mejor para vosotros! Alá es sólo un Dios Uno», y añade (trad. de Raúl González Bórnez): «¡Glorificado sea! ¡Cómo va a tener Él un hijo!» (4:171). Condena a quienes dicen «Alá es el tercero de tres» (5:73), presenta a Jesús interrogado sobre si dijo a los hombres: «¡Tomadnos a mí y a mi madre como a dioses, además de tomar a Alá!» (5:116), y dice que Dios «No ha engendrado, ni ha sido engendrado» (112:3).15 Para los musulmanes, la unicidad de Dios (tawhid) excluye cualquier socio o descendencia, y la objeción es sincera y seria.

Respuesta: los cristianos nicenos también niegan que haya tres dioses, un dios entre otros o cualquier engendramiento físico. «Hijo» nombra una relación eterna, no una procreación, y «una sola esencia» significa un solo Dios indiviso. Los cristianos no incluyen a María en la Divinidad. El verdadero desacuerdo es más hondo: si la Palabra y el Espíritu de Dios pueden ser distintos dentro de la vida eterna de Dios, y si Jesús es esa Palabra hecha carne. Eso depende de la identidad, la muerte y la resurrección de Jesús, no de definiciones. El artículo del sitio ¿Entiende mal el Corán la Trinidad? examina estos versículos en detalle.

Objeción de los santos de los últimos días: el Padre y el Hijo están claramente separados

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que «los miembros de la Trinidad son tres seres separados. El Padre y el Hijo tienen cuerpos tangibles y glorificados de carne y hueso, y el Espíritu Santo es un personaje de espíritu», y que «son uno en propósito y en doctrina». (En sus textos oficiales en español, esa Iglesia usa «Trinidad» para traducir el término inglés Godhead.) Su escritura afirma: «El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo» (Doctrina y Convenios 130:22). La misma página de Temas y preguntas sitúa el comienzo de la restauración de esta doctrina en la Primera Visión de José Smith, en la que, según creen los santos de los últimos días, él vio al Padre y al Hijo.16

Respuesta: los cristianos nicenos están de acuerdo en que el Padre y el Hijo son personalmente distintos, y siempre lo han dicho. El desacuerdo está en si la distinción exige seres separados, unidos solo en propósito. Los textos citados más arriba, en especial el único Creador de Isaías y de Juan 1:3, el Shema reformulado en torno a Jesús en 1 Corintios 8:6 y la única obra divina, apuntan a un solo Dios y no a un concilio divino. La cuestión se trata a fondo en ¿Un solo Dios o un concilio de dioses?

Objeción de los Testigos de Jehová: Jesús es «un dios», la primera creación

Los Testigos de Jehová enseñan acerca de Jesús que «Jehová lo creó antes de hacer todo lo demás. Por eso se le llama “el primogénito de toda la creación”». Su traducción de Juan 1:1 dice: «la Palabra estaba con Dios y la Palabra era un dios». Su nota de estudio explica que theos lleva el artículo cuando se refiere al Dios Todopoderoso, mientras que, «cuando en esta construcción gramatical no lo lleva, se convierte en un término que describe una cualidad o una característica de “la Palabra”», y añade que antiguas versiones coptas tratan de forma diferente los dos casos.17

Respuesta: aquí hay un terreno común real. Los cristianos nicenos están de acuerdo en que la cláusula es cualitativa y en que el Verbo es distinto del Padre, «con Dios». El conocido estudio de Philip Harner sostuvo que un sustantivo predicado colocado antes del verbo, como aquí, a menudo expresa la naturaleza o el carácter del sujeto. La pregunta es qué naturaleza. Un Evangelio que sitúa al Verbo fuera de todo lo que «fué hecho» (Juan 1:3), lo llama «el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre» (Juan 1:18) y termina con el «¡Señor mío, y Dios mío!» de Tomás, se lee con más naturalidad como si dijera que el Verbo tiene la naturaleza misma de Dios que como si dijera que es un segundo dios, menor. La gramática por sí sola no resuelve la doctrina. Véase el artículo del sitio sobre Juan 1:1 y la Traducción del Nuevo Mundo (en inglés).

Objeción histórica: la filosofía posterior corrompió un Evangelio sencillo

Los unitarios y muchos historiadores escépticos sostienen que Jesús predicó al único Dios de Israel y que la filosofía griega, en los siglos siguientes, lo convirtió en un segundo dios.

Respuesta: los términos técnicos son, en efecto, posteriores; ousia e hypostasis adquirieron sus significados establecidos recién en el siglo IV. Pero las pruebas que esos términos ordenan son tempranas: las cartas de Pablo, el bautismo, la oración a Jesús y el nombre divino aplicado a él. Una lectura no trinitaria tiene que explicar por qué seguidores judíos de Jesús, en la primera generación, lo incluyeron en prácticas y textos que pertenecían al Dios de Israel. Los Padres nicenos argumentaron a partir de estos textos, no a partir de Platón.

Objeción unicitaria: «Padre», «Hijo» y «Espíritu» son modos de una sola persona

La Iglesia Pentecostal Unida Internacional confiesa «un solo Dios, que se ha revelado como Padre; por medio de su Hijo, en la redención; y como el Espíritu Santo, por emanación», y sostiene que «Jesucristo es Dios manifestado en carne».18 Los creyentes unicitarios (de la «Unidad») subrayan con razón la unidad de Dios y la plena divinidad de Jesús.

Respuesta: unos modos o papeles no pueden amarse antes de la creación, enviarse el uno al otro ni compartir la gloria uno junto al otro (Juan 17:5, 24). En el Jordán, el Padre habla, el Hijo es bautizado y el Espíritu desciende a la vez. La postura unicitaria protege la unidad a costa de las relaciones que describe la Escritura. El artículo del sitio sobre el pentecostalismo unicitario (en inglés) responde a esta postura con más detalle.

Lo que podemos afirmar con confianza

  • El Nuevo Testamento da por supuesto en todo momento el monoteísmo de Israel y nunca lo corrige.
  • El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se relacionan entre sí como personas y no pueden reducirse a una sola persona con tres nombres.
  • El Nuevo Testamento da a Jesús las obras, los nombres y la adoración que pertenecen al Dios de Israel, y lo hace en sus documentos más antiguos.
  • El Espíritu habla, quiere, conoce, envía y da vida; no es un ángel creado ni una fuerza impersonal.
  • Los patrones triples recorren el bautismo, la bendición, la oración y las descripciones de la salvación, y la fórmula bautismal trinitaria está atestiguada en todos los manuscritos conservados de Mateo que contienen el versículo, y en la Didajé.
  • El Credo niceno, con el Padre como la única fuente del Hijo y del Espíritu, preserva a la vez la unidad y las distinciones que se encuentran en estos patrones.

Lo que sigue en debate

  • La interpretación de textos concretos: si Romanos 9:5, Tito 2:13 y Hebreos 1:8 llaman «Dios» a Jesús directamente, y cuánto peso pueden soportar Génesis 1:26, Proverbios 8 e Isaías 48:16.
  • Cómo surgió la devoción más temprana a Jesús y qué implica, entre estudiosos como Bauckham y Hurtado, por un lado, y Dunn y Ehrman, por otro.
  • La procesión del Espíritu Santo: el filioque latino sigue siendo un punto de división entre ortodoxos y católicos.
  • Cuál es la mejor manera de explicar, filosóficamente, tres personas en una sola esencia. La Escritura da las relaciones y los límites, no un diagrama de la vida interior de Dios, y los Padres insistieron en que la esencia de Dios sigue estando más allá de nuestra comprensión.

Conclusión

A veces se trata la Trinidad como una pregunta de examen que los cristianos deben contestar bien. La Escritura presenta algo más cálido. El Padre envía a su Hijo por un mundo al que ama. El Hijo asume nuestra naturaleza, muere y resucita para llevarnos a casa. El Espíritu habita en nosotros, de modo que «Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre» (Gálatas 4:6). Por medio del Hijo y en el Espíritu llegamos a ser, en palabras de Pedro, «participantes de la naturaleza divina» (2 Pedro 1:4): hijos adoptivos que participan por gracia en la vida del Dios que es amor.

Por eso la Iglesia ortodoxa no trata la Trinidad solo como una doctrina que hay que defender. En la Divina Liturgia, justo antes del Credo, el diácono (o el sacerdote) exclama: «Amémonos los unos a los otros, para que con un mismo sentir confesemos», y el pueblo responde: «Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Trinidad consubstancial e indivisible».19 El amor que los cristianos se deben unos a otros está llamado a reflejar la comunión de las tres personas. Para quienes deseen profundizar, ¿Qué es el cristianismo niceno? y Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre continúan la historia, y la guía de los Padres de la Iglesia (en inglés) presenta a los autores citados aquí.

Notas

  1. Mateo 3:16–17. El original inglés cita en todo el texto la New King James Version (NKJV), salvo que se indique otra traducción. Donde la Reina-Valera 1909 (RV1909) dice «Jehová», el hebreo tiene el nombre divino (YHWH), que la Septuaginta y el Nuevo Testamento vierten como «Señor» (Kyrios). La numeración de los Salmos sigue el hebreo, con el número de la Septuaginta añadido. Las citas de Padres, concilios y textos litúrgicos son traducción nuestra del inglés que cita el original, salvo que se indique una traducción española publicada. Tropario de la Teofanía, tono 1, Orthodox Church in America, «Troparia and kontakia for January 6». ↩
  2. Deuteronomio 6:4, traducido aquí del griego de la Septuaginta (Κύριος ὁ Θεὸς ἡμῶν, Κύριος εἷς ἐστι), porque el argumento depende de la palabra «Señor»; la RV1909, hecha del hebreo, dice «Jehová nuestro Dios, Jehová uno es». (El margen de la NKJV también da «El SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR solo».) Isaías 44:6; véase también Isaías 40:18–26; 43:10–13; 45:5–7, 21–23. ↩
  3. Richard Bauckham, Jesus and the God of Israel: God Crucified and Other Studies on the New Testament’s Christology of Divine Identity (Grand Rapids: Eerdmans, 2008). La lectura de 1 Corintios 8:6 como un Shema reformulado es el argumento de Bauckham; otros estudiosos la valoran de otro modo. ↩
  4. Proverbios 8:22 en The Septuagint Version of the Old Testament, trad. Lancelot C. L. Brenton (1844); texto griego Κύριος ἔκτισέ με. Versiones del hebreo según la NKJV, la Revised Standard Version y la New International Version (BibleGateway); la RV1909 dice «Jehová me poseía». Ireneo de Lyon, Against Heresies 4.20.1, trad. Alexander Roberts y William Rambaut, ANF vol. 1. Atanasio, Four Discourses Against the Arians 2.44, trad. John Henry Newman y Archibald Robertson, NPNF2 vol. 4. ↩
  5. Gregorio Nacianceno, Oration 31 (Quinto discurso teológico) 26, trad. Charles Gordon Browne y James Edward Swallow, NPNF2 vol. 7. ↩
  6. Juan 17:5, 24; 14:16, 26; 15:26. «Consolador» (en la NKJV, «Helper») traduce el griego Paraklētos. ↩
  7. Colosenses 1:15–17 (RV1909; el original inglés cita la NKJV, que dice «the firstborn over all creation»); texto griego de la SBL Greek New Testament (ὅτι ἐν αὐτῷ ἐκτίσθη τὰ πάντα). New World Translation of the Holy Scriptures (Study Edition), Colosenses 1:16 y su nota de estudio, jw.org; las citas en español son de la Traducción del Nuevo Mundo (edición de estudio), Colosenses 1:16 y su nota, wol.jw.org (consultado el 18 de octubre de 2026). Salmo 89:27; sobre David como el hijo menor, 1 Samuel 16:10–13. ↩
  8. Isaías 40:3 con Marcos 1:2–3; Joel 2:32 (3:5 en la Septuaginta) con Romanos 10:13; Isaías 45:23 con Filipenses 2:10–11; Salmo 102:25–27 con Hebreos 1:10–12. Sobre estos textos, véase Bauckham, Jesus and the God of Israel. ↩
  9. Larry W. Hurtado, Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity (Grand Rapids: Eerdmans, 2003); James D. G. Dunn, Did the First Christians Worship Jesus? The New Testament Evidence (London: SPCK; Louisville: Westminster John Knox, 2010); Bart D. Ehrman, How Jesus Became God: The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee (New York: HarperOne, 2014). ↩
  10. Gregorio Nacianceno, Oration 30 (Cuarto discurso teológico) 7, NPNF2 vol. 7. Tercer Concilio de Constantinopla, Definición de fe, trad. Henry Percival, NPNF2 vol. 14. ↩
  11. Hechos 13:2; 5:3–4; 1 Corintios 2:10–11; 12:11. ↩
  12. Gregorio de Nisa, On “Not Three Gods” (To Ablabius), trad. H. A. Wilson, NPNF2 vol. 5; Agustín, On the Trinity 1.4.7, trad. Arthur West Haddan, NPNF1 vol. 3; Lewis Ayres, Nicaea and Its Legacy: An Approach to Fourth-Century Trinitarian Theology (Oxford: Oxford University Press, 2004). ↩
  13. Didache 7, trad. M. B. Riddle, ANF vol. 7. NET Bible, nota de crítica textual sobre Mateo 28:19. Eusebio, Demonstratio Evangelica 3.6, trad. W. J. Ferrar (1920); Sócrates Escolástico, Ecclesiastical History 1.8 (carta de Eusebio a la iglesia de Cesarea), trad. A. C. Zenos, NPNF2 vol. 2. ↩
  14. «El Credo», Iglesia Ortodoxa en América, Diócesis de México, https://ocamexico.org/elcredo (consultado el 18 de octubre de 2026); el original inglés cita «The Symbol of Faith», Orthodox Church in America. Basilio de Cesarea, Letter 236.6 y On the Holy Spirit 18.45, trad. Blomfield Jackson, NPNF2 vol. 8; Gregorio Nacianceno, Oration 29 (Tercer discurso teológico) 2 y Oration 28 (Segundo discurso teológico) 4, NPNF2 vol. 7. ↩
  15. Corán 4:171; 5:73; 5:116; 112:3, trad. de Julio Cortés (texto de Tanzil.net). La segunda frase citada de 4:171 es de la trad. de Raúl González Bórnez (Tanzil.net), porque el texto de Cortés en esa fuente está incompleto en ese punto. El original inglés cita la traducción Saheeh International (quran.com). ↩
  16. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, «Godhead», Gospel Topics; en español, «Trinidad», Temas y preguntas, churchofjesuschrist.org (consultado el 18 de octubre de 2026); Doctrina y Convenios 130:22. ↩
  17. Enjoy Life Forever!, lección 15, «Who Is Jesus?» (jw.org); en español, ¡Disfrute de la vida para siempre!, lección 15, «¿Quién es Jesús?» (jw.org, consultado el 18 de octubre de 2026); New World Translation, Juan 1:1 (en español, Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio, Juan 1:1 y su nota, wol.jw.org). Philip B. Harner, «Qualitative Anarthrous Predicate Nouns: Mark 15:39 and John 1:1», Journal of Biblical Literature 92 (1973): 75–87. ↩
  18. United Pentecostal Church International, «Our Beliefs», upci.org (traducción nuestra). ↩
  19. Gálatas 4:6; 2 Pedro 1:4. La Divina Liturgia según la cita Orthodox Church in America, The Orthodox Faith, vol. 2, Worship, «Love and Faith» (traducción nuestra; «consubstancial e indivisible» vierte el griego ὁμοούσιον καὶ ἀχώριστον, que esa versión inglesa traduce «one in essence and undivided»). ↩

Bibliografía

Fuentes primarias

  • The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982. (Versión citada en el original inglés; esta edición en español cita La Santa Biblia, Reina-Valera 1909.)
  • Brenton, Lancelot C. L., trad. The Septuagint Version of the Old Testament, with an English Translation. London: Samuel Bagster, 1844.
  • Holmes, Michael W., ed. The Greek New Testament: SBL Edition. Atlanta: Society of Biblical Literature; Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2010.
  • The Didache. Traducido por M. B. Riddle. ANF vol. 7. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1886.
  • Tercer Concilio de Constantinopla (680–681), Definición de fe. En The Seven Ecumenical Councils, traducido por Henry Percival. NPNF2 vol. 14. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1900.
  • The NET Bible, notas del traductor. Biblical Studies Press (consultado en BibleGateway).

Fuentes ortodoxas y patrísticas

  • Ireneo de Lyon. Against Heresies. Traducido por Alexander Roberts y William Rambaut. ANF vol. 1. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1885.
  • Atanasio de Alejandría. Four Discourses Against the Arians. Traducido por John Henry Newman y Archibald Robertson. NPNF2 vol. 4. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1892.
  • Basilio de Cesarea. On the Holy Spirit y Letter 236. Traducido por Blomfield Jackson. NPNF2 vol. 8. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1895.
  • Gregorio Nacianceno. Orations 28–31 (los Discursos teológicos). Traducido por Charles Gordon Browne y James Edward Swallow. NPNF2 vol. 7. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1894.
  • Gregorio de Nisa. On “Not Three Gods”. Traducido por H. A. Wilson. NPNF2 vol. 5. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1893.
  • Agustín de Hipona. On the Trinity. Traducido por Arthur West Haddan. NPNF1 vol. 3. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1887.
  • Eusebio de Cesarea. The Proof of the Gospel (Demonstratio Evangelica). Traducido por W. J. Ferrar. London: SPCK, 1920.
  • Sócrates Escolástico. Ecclesiastical History. Traducido por A. C. Zenos. NPNF2 vol. 2. Buffalo: Christian Literature Publishing, 1890.
  • Orthodox Church in America (oca.org). «The Symbol of Faith»; «Troparia and kontakia for January 6» (Teofanía); The Orthodox Faith, vol. 2, Worship, «Love and Faith». En español: Iglesia Ortodoxa en América, Diócesis de México, «El Credo» (ocamexico.org/elcredo).

Otros estudios

  • Ayres, Lewis. Nicaea and Its Legacy: An Approach to Fourth-Century Trinitarian Theology. Oxford: Oxford University Press, 2004.
  • Bauckham, Richard. Jesus and the God of Israel: God Crucified and Other Studies on the New Testament’s Christology of Divine Identity. Grand Rapids: Eerdmans, 2008.
  • Dunn, James D. G. Did the First Christians Worship Jesus? The New Testament Evidence. London: SPCK; Louisville: Westminster John Knox, 2010.
  • Ehrman, Bart D. How Jesus Became God: The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee. New York: HarperOne, 2014.
  • Harner, Philip B. «Qualitative Anarthrous Predicate Nouns: Mark 15:39 and John 1:1». Journal of Biblical Literature 92 (1973): 75–87.
  • Hurtado, Larry W. Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity. Grand Rapids: Eerdmans, 2003.

Fuentes de las tradiciones examinadas

  • La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. «Godhead». Gospel Topics. churchofjesuschrist.org; Doctrina y Convenios 130. En español: «Trinidad», Temas y preguntas, y Doctrina y Convenios 130 (churchofjesuschrist.org, ?lang=spa).
  • Testigos de Jehová. New World Translation of the Holy Scriptures (Study Edition), Juan 1 y Colosenses 1 con sus notas de estudio; Enjoy Life Forever! An Interactive Bible Course, lección 15. jw.org. En español: Traducción del Nuevo Mundo (edición de estudio), wol.jw.org; ¡Disfrute de la vida para siempre! Curso interactivo de la Biblia, lección 15, jw.org.
  • United Pentecostal Church International. «Our Beliefs». upci.org.
  • The Qur’an. Saheeh International translation. quran.com. En español: El Corán, trad. de Julio Cortés, y trad. de Raúl González Bórnez (texto de Tanzil.net).

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