Pregunta a muchos cristianos occidentales qué es el pecado, y la respuesta probablemente usará el lenguaje de la ley: el pecado quebranta los mandamientos de Dios, acarrea culpa y necesita una sentencia de perdón. Pregunta a un sacerdote ortodoxo, y quizá escuches un vocabulario distinto. El pecado es una enfermedad del alma, las pasiones son sus síntomas, la Iglesia es un lugar de sanación y el arrepentimiento es la larga labor de recuperar la salud. Los libros ortodoxos suelen presentar el contraste con crudeza, como si Occidente hubiera construido un tribunal y el Oriente hubiera conservado un hospital.
Vale la pena poner a prueba ese contraste. ¿De dónde viene el lenguaje ortodoxo de las «pasiones»? ¿Cómo llegó una lista de ocho pensamientos malos del desierto egipcio a ser los «siete pecados capitales» de los catecismos occidentales? ¿Dijo realmente San Juan Crisóstomo que la Iglesia es un hospital y no un tribunal? ¿Y es justo decir que los católicos y los protestantes piensan solo en términos jurídicos? Este artículo deja que respondan las fuentes, incluso donde complican el relato ortodoxo popular.
En resumen
La comprensión ortodoxa del pecado como una enfermedad del alma, curada por la gracia y el arrepentimiento, descansa en una tradición bien documentada. Su texto clave es el Praktikos de Evagrio Póntico (345 a 399), quien enseñó que ocho «pensamientos» (logismoi) están detrás de toda tentación y llamó a la libertad respecto de las pasiones «la salud del alma». San Juan Casiano llevó esa lista al Occidente latino, y San Gregorio Magno la reformuló en siete vicios principales con la soberbia como raíz. Ese es el linaje de los «siete pecados capitales». En el Oriente pasa por la Escala de San Juan Clímaco y la Filocalia. San Juan Crisóstomo sí predicó que la iglesia es «un hospital, no un tribunal», aunque la cita más larga que circula en internet es un compuesto moderno. El lenguaje de la sanación no es un monopolio oriental: San Gregorio Magno, el Cuarto Concilio de Letrán, el Concilio de Trento, el actual Catecismo católico y Martín Lutero lo usan, y los textos ortodoxos usan también un lenguaje jurídico. La diferencia honesta es de énfasis y de estructura, no una división limpia entre un Occidente «jurídico» y un Oriente «médico».
Tesis: La Iglesia ortodoxa lee el pecado ante todo como una enfermedad que la gracia sana y con la que coopera el arrepentimiento, una lectura fundada en la Escritura, los Padres del desierto y los cánones; comparte buena parte de esto con el cristianismo occidental, y resulta más convincente cuando se presenta sin una caricatura de Occidente.
Lo que la Iglesia ortodoxa entiende por pecado y pasión
Los cristianos ortodoxos confiesan que Dios hizo buenos a los seres humanos, a su imagen, y los llamó a crecer hasta su semejanza. El pecado es el apartarse de esa vocación. La tradición ortodoxa habla de una herencia de Adán que es sobre todo mortalidad y corrupción y no la culpa personal de Adán, un punto que explica nuestro artículo sobre el pecado original y el pecado ancestral. Como el problema es una naturaleza dañada y no solo una regla quebrantada, el remedio se describe como sanación, y su meta es la unión con Dios, la theosis (deificación) de la que hablaron los Padres.
La palabra «pasión» (en griego pathos) requiere cuidado. En los Padres ascéticos suele significar un impulso desordenado y habitual que se ha apoderado de una persona: gula, lujuria, avaricia, ira y las demás. Una pasión es más que un solo acto pecaminoso. Es la inclinación asentada que produce tales actos, de manera muy parecida a como una infección produce fiebre.
Jesús apuntó en esta dirección cuando situó el pecado dentro de la persona: «Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias» (Mateo 15:19). También describió su misión en términos médicos: «Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores» (Marcos 2:17).1 Santiago unió la confesión y la sanación en una sola frase: «Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos» (Santiago 5:16). Los monjes del desierto edificaron toda una ciencia espiritual sobre textos como estos.
La evidencia histórica primaria
Evagrio y los ocho pensamientos
Evagrio, un monje del Ponto, en Asia Menor, que se estableció en el desierto egipcio, escribió un análisis compacto y sistemático de la tentación. En el capítulo 6 de su Praktikos nombra ocho clases principales de pensamientos «que contienen en sí mismos todo pensamiento [tentador]» (traducción nuestra): gula, inmoralidad sexual, amor al dinero, tristeza, ira, acedia (un cansancio apático del espíritu), vanagloria y soberbia.2
El mismo capítulo traza la línea que más importa para la responsabilidad moral: «No podemos [controlar] si estos [pensamientos tentadores] pueden agitar el alma o no; pero que permanezcan [en nosotros] o no, y que muevan o no las pasiones, eso sí lo podemos [controlar]».3 Un pensamiento pasajero todavía no es pecado. Lo que hacemos con él es el comienzo del pecado o de la victoria.
La meta de Evagrio era la apatheia, que suele traducirse «impasibilidad». No significa indiferencia. Escribió que «apatheia es lo que llamaremos la salud del alma» y que «el amor es hijo de la apatheia».4 En el capítulo 86 explicó que el alma obra «según la naturaleza» cuando su parte desiderativa anhela la virtud y su parte irascible lucha por ella.5 Las facultades que las pasiones corrompen son, en sí mismas, buenas. El deseo y la ira están destinados a ser reorientados hacia Dios, no destruidos.
Hay aquí un hecho incómodo, y debe decirse. {{strong: Los escritos de Evagrio fueron condenados en griego en el Concilio de Constantinopla del año 553, por ideas especulativas sobre la cosmología y la Caída desarrolladas a partir de Orígenes.}} Los historiadores siguen debatiendo exactamente cómo y cuándo se aprobaron los anatemas antiorigenistas de ese año, pero la Iglesia ha recibido el concilio como condenatorio de él. Como señala Sebastian Brock, algunos de sus textos monásticos sobrevivieron en griego con otros nombres, y así es como su enseñanza ascética conservó su influencia.6 La Iglesia conservó su sabiduría práctica sobre la tentación y rechazó su especulación sobre la cosmología y la Caída.
Casiano lleva la lista a Occidente
San Juan Casiano, que había vivido entre los monjes de Egipto, llevó el esquema a los monasterios del sur de la Galia. Desde el libro 5 en adelante, sus Instituciones tratan «las ocho faltas principales», y dice que quiere explicar sus causas y «presentar adecuadamente las curas y los remedios para ellas».7 En su quinta Colación, el abba Serapión enumera las mismas ocho: gula, fornicación, avaricia, ira, abatimiento, acedia, vanagloria y soberbia.8
Casiano muestra también cómo las pasiones se alimentan unas a otras. Las primeras seis, dice, están «encadenadas entre sí, de modo que el exceso de una forma el punto de partida de la siguiente»: la gula lleva a la fornicación, la fornicación a la codicia, y así hasta la acedia. La cura sigue el mismo orden: «para destruir la fornicación, debes castigar el pecado de la gula».9 El ayuno ortodoxo apunta a ese primer eslabón, como explica nuestra guía sobre la oración, el ayuno y la Oración de Jesús (en inglés).
El erudito benedictino Columba Stewart ha rastreado este camino desde la herramienta diagnóstica de Evagrio, pasando por Casiano en la Galia, hasta los siete vicios capitales de San Gregorio Magno.10
San Gregorio Magno y los siete
San Gregorio Magno, papa de Roma de 590 a 604, es también santo de la Iglesia ortodoxa, recordado el 12 de marzo como San Gregorio el Dialogista y a quien tradicionalmente se atribuye la Liturgia de los Dones Presantificados.11 En su gran comentario sobre Job, los Moralia, reconstruyó la lista. La soberbia, «la reina de los pecados», queda ahora por encima de los demás: «siete vicios principales, como sus primeros vástagos, brotan sin duda de esta raíz venenosa, a saber: la vanagloria, la envidia, la ira, la melancolía, la avaricia, la gula, la lujuria».12
Compara las listas y los cambios son evidentes. La soberbia es promovida a raíz de todos los demás, se añade la envidia, y la acedia ya no aparece por su nombre. El Catecismo de la Iglesia Católica dice que los pecados capitales son los «que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano y a san Gregorio Magno», y enumera «la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza».13 {{strong: Los «siete pecados capitales» de Occidente descienden, por medio de Casiano y Gregorio, de los ocho pensamientos de Evagrio.}}
San Juan Clímaco y la Escala
En el Oriente, la guía más querida sobre las pasiones es La Escala del Divino Ascenso de San Juan, abad del monasterio del Sinaí. Sus treinta peldaños van de la renuncia al mundo al amor. La mayoría de los peldaños intermedios tratan pasiones particulares: la ira, el recuerdo de las ofensas, la calumnia, el abatimiento, «esa clamorosa señora, el estómago», el amor al dinero, la vanagloria y la soberbia, antes de que el libro ascienda a la humildad, el discernimiento, la quietud, la oración y la impasibilidad.14 La Iglesia ortodoxa le dedica el cuarto domingo de la Gran Cuaresma.15 Sus fechas son inciertas: dos páginas de la Iglesia Ortodoxa en América dan su nacimiento hacia el año 525 y hacia el 570.
Su peldaño sobre el arrepentimiento comienza con definiciones: «El arrepentimiento es la renovación del bautismo. El arrepentimiento es un contrato con Dios para una segunda vida». Más adelante, en el mismo peldaño, usa la imagen del cuidado de un médico: «Mientras una herida está todavía fresca y caliente es fácil de sanar, pero las viejas, descuidadas y supurantes son difíciles de curar». Añade enseguida: «Pero para Dios todas las cosas son posibles».16
La Filocalia
En 1782, San Nicodemo del Monte Santo y San Macario, metropolita de Corinto, publicaron en Venecia la Filocalia, una antología de escritos ascéticos desde el siglo IV hasta el XV, de Evagrio a San Gregorio Palamás y sus sucesores.17 Su primer volumen, en la traducción inglesa de G. E. H. Palmer, Philip Sherrard y Kallistos Ware, incluye tanto a Evagrio como a San Juan Casiano; un monje de la Galia de habla latina pertenece a la tradición compartida.18 Un pasaje del tercer volumen, de San Filoteo del Sinaí, resume cómo una tentación se convierte en pasión: «Primero está la provocación; luego un acoplamiento con la provocación; luego el asentimiento a ella; luego el cautiverio; luego la pasión hecha hábito; luego continua».19 La lucha es más fácil en la primera etapa, y por eso estos autores insisten en la vigilancia y en la Oración de Jesús, como hicieron los monjes hesicastas defendidos por San Gregorio Palamás.
La Iglesia como hospital: lo que dicen realmente las fuentes
Una frase popular atribuida a San Juan Crisóstomo dice: «La Iglesia es un hospital, y no un tribunal, para las almas». J. V. Howry ha rastreado la versión más larga hasta una entrada de blog en inglés de 2013, traducida de una antología griega moderna de extractos, y sospecha que el texto completo no se encuentra, como un todo, en ninguna obra de Crisóstomo.20
La idea central, sin embargo, es genuinamente suya. En la tercera de sus homilías Sobre el arrepentimiento, impresa en el volumen 49 de la Patrologia Graeca de Migne, Crisóstomo exhorta a los pecadores a arrepentirse por muchas veces que caigan, incluso en la vejez, y luego dice: iatreion gar estin entautha, ou dikasterion. En la traducción de Howry: «Porque aquí hay un hospital, no un tribunal; no la exigencia de castigo por los pecados, sino que allí está el perdón de los pecados».21 Hemos cotejado el griego con el volumen escaneado de Migne. {{strong: San Juan Crisóstomo llamó al lugar del arrepentimiento «un hospital, no un tribunal», aunque la cita popular más larga es una compilación moderna.}}
La idea tiene también peso canónico. El canon 102 del Concilio in Trullo (691 o 692), que la Iglesia ortodoxa recibe, manda a quienes «han recibido de Dios el poder de desatar y atar» que consideren la disposición del pecador y «apliquen la medicina adecuada a la enfermedad», porque «la enfermedad del pecado no es simple, sino variada y multiforme».22 San Gregorio el Teólogo había descrito ya la tarea del sacerdote «comparando la obra del médico de las almas con el tratamiento del cuerpo», y llamó a la dirección de los seres humanos «el arte de las artes y la ciencia de las ciencias».23
La confesión ortodoxa refleja esto. El metropolita Kallistos Ware escribió: «En la confesión no solo debemos ver a Cristo Juez levantando de nosotros la sentencia de condenación, sino también –y de manera más fundamental– ver a Cristo Médico, restaurando lo que está roto en nosotros».24 Mantiene ambas imágenes y las jerarquiza, que es el resumen más exacto de la postura ortodoxa. Para ver cómo funciona la confesión en la práctica, consulta nuestra guía sobre la confesión y por qué hay un sacerdote presente (en inglés).
El arrepentimiento como camino hacia la salud
El arrepentimiento, metanoia, significa un cambio de mente y de rumbo. En la lectura ortodoxa es toda la vida cristiana después del bautismo, y por eso San Juan Clímaco lo llama «la renovación del bautismo». Santa María Egipcíaca es su gran ícono; nuestro artículo sobre Santa María Egipcíaca examina esa historia y sus fuentes.
La terapia tiene partes reconocibles. La oración, sobre todo la Oración de Jesús, custodia la mente en el momento de la «provocación». El ayuno debilita el primer eslabón de la cadena de Casiano. La limosna afloja la avaricia. La confesión saca a la luz los pensamientos ocultos, y la Comunión une a la persona enferma con Cristo, el médico. La cura lleva tiempo. San Juan Clímaco decía a los monjes: «No te sorprendas de caer cada día; no te rindas, sino mantente firme con valentía».25 La meta no es un historial moral limpio, sino una persona sanada que ama a Dios y al prójimo con libertad.
La gracia viene primero en todo momento. Los ortodoxos hablan de sinergia, la gracia y la respuesta humana obrando juntas, pero el paciente no se sana a sí mismo. El cirujano, en la imagen de Ware, es Cristo.
¿Es Occidente realmente un tribunal? Una comparación justa
Lo que enseñan realmente los cristianos occidentales
Existe una tradición occidental real que enmarca el pecado sobre todo en términos de deuda, ley y satisfacción. San Anselmo de Canterbury sostuvo en Cur Deus Homo que «pecar no es otra cosa que no rendir a Dios lo que le es debido».26 El Concilio de Trento enseñó en 1551 que la absolución sacerdotal es «a la manera de un acto judicial, por el cual el sacerdote pronuncia sentencia como un juez».27 El Catecismo Menor de Westminster, presbiteriano, define el pecado como «cualquier falta de conformidad con la ley de Dios, o transgresión de ella», y la justificación como un acto en el que Dios «perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos ante sus ojos».28 El propio San Pablo escribe: «Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús...» (Romanos 8:1), que es lenguaje de tribunal.
Pero esas mismas fuentes occidentales están llenas de medicina. San Gregorio Magno, padre de los siete vicios capitales, escribió en su Regla pastoral que «el gobierno de las almas es el arte de las artes», y advirtió contra quienes «se profesan médicos del corazón» sin formación.29 El Cuarto Concilio de Letrán, en 1215, el concilio que hizo obligatoria la confesión anual en Occidente, mandó al sacerdote «verter vino y aceite en las heridas del lesionado a la manera de un médico hábil», y a la vez llamó a la confesión «el tribunal de la penitencia».30 Trento, en la misma sesión que llamó acto judicial a la absolución, describió las penitencias como «remedios para los restos del pecado» que «quitan los hábitos adquiridos con la mala vida».31 El actual Catecismo de la Iglesia Católica llama a Cristo «médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos» y nombra la Penitencia como uno de los dos «sacramentos de curación», y dice que el pecado «hiere la naturaleza del hombre».32
Los protestantes hablan también de sanación. El mismo Catecismo Menor define la santificación como la obra de Dios «por la cual somos renovados en todo el hombre a la imagen de Dios». Martín Lutero, en sus lecciones sobre Romanos (1515 a 1516), comparó al creyente con un enfermo bajo el cuidado de un médico, que es «un pecador de hecho, pero un hombre justo por la imputación segura y la promesa de Dios de que seguirá librándolo del pecado hasta que lo haya sanado por completo».33
Los textos ortodoxos usan también lenguaje jurídico
El tránsito va también en el otro sentido. San Atanasio, columna de la teología ortodoxa, escribió que el Verbo, al ofrecer su propio cuerpo, «satisfizo la deuda con su muerte».34 En cada Divina Liturgia los cristianos ortodoxos piden «una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo».35 La comprensión ortodoxa de por qué murió Jesús (en inglés) subraya la victoria sobre la muerte y la sanación, pero no borra el juicio.
Entonces, ¿cuál es la diferencia real?
{{moderate: La diferencia entre el Oriente y el Occidente sobre el pecado es sobre todo de énfasis y de estructura, y no de vocabularios opuestos.}} La teología occidental, especialmente después de Anselmo y de la Reforma, dio a las categorías jurídicas un lugar rector en los relatos sistemáticos de la salvación: satisfacción, mérito, imputación y, en la enseñanza católica, la pena temporal y el purgatorio (véase nuestro artículo sobre el purgatorio). La teología ortodoxa ha dejado en general que gobiernen las categorías médicas y ha conservado las jurídicas como verdaderas pero secundarias. La jerarquización de Ware, que ve a Cristo Juez pero «de manera más fundamental» a Cristo Médico, lo expresa bien.
Las objeciones más fuertes
«El lenguaje terapéutico desdibuja el Evangelio» (una objeción protestante)
Un cristiano reformado podría decir: si la salvación es una cura de toda la vida, nadie puede estar seguro de ser aceptado por Dios, y la gracia se convierte en una recompensa por el esfuerzo ascético. La Ortodoxia no hace que el perdón espere a la recuperación plena. El hospital de San Juan Crisóstomo es, ante todo, el lugar donde «está el perdón de los pecados», y los enfermos son acogidos antes de estar sanos. Tampoco el ayuno gana el amor de Dios; la tradición lo llama medicina, no pago. Los propios protestantes distinguen la justificación de la santificación y describen la segunda como renovación «en todo el hombre». El desacuerdo real es si la justificación debe definirse en términos estrictamente forenses y mantenerse lógicamente antes de la sanación. Los ortodoxos rechazan esa separación estricta; no niegan que Dios perdona gratuitamente.
«Estás atacando a un hombre de paja» (una objeción católica)
Un lector católico puede señalar a San Gregorio Magno, a Letrán IV, a los «remedios» de Trento y a los «sacramentos de curación» del Catecismo, y decir, con razón, que Occidente nunca abandonó la medicina. Los autores ortodoxos que llaman al catolicismo puramente jurídico exageran. Lo que queda son diferencias reales: el lugar sistemático de la satisfacción y de la pena temporal, el purgatorio y la definición de Trento de la absolución como acto judicial.
«Esto es filosofía griega, no la Biblia» (una objeción escéptica)
Evagrio usó claramente herramientas filosóficas. Su explicación de las partes desiderativa, irascible y racional del alma en Praktikos 86 refleja el alma tripartita de la filosofía griega, y su ideal de apatheia tiene antecedentes filosóficos. El propio registro de la Iglesia muestra que no tragó este material entero: la teología especulativa de Evagrio fue condenada en el 553 mientras que sus observaciones prácticas se conservaron. Las afirmaciones centrales, que el pecado comienza en el corazón y que Cristo vino como médico para los pecadores, están en los Evangelios.
«Llamar enfermedad al pecado lo excusa»
Los escritores del desierto rechazarían esto. Evagrio distinguió lo que no está bajo nuestro control (un pensamiento tentador) de lo que sí lo está (si lo dejamos quedarse), y las etapas de Filoteo son una serie de decisiones. Esta enfermedad es algo que en parte nos acarreamos nosotros mismos y que debemos combatir, bajo el cuidado de un médico.
Lo que podemos decir con confianza
- Evagrio Póntico (345 a 399) expuso ocho pensamientos tentadores principales en Praktikos 6 y llamó a la libertad respecto de las pasiones la salud del alma.
- San Juan Casiano transmitió los ocho al Occidente latino, y San Gregorio Magno los reelaboró en siete vicios principales con la soberbia como raíz.
- Los escritos de Evagrio fueron condenados en Constantinopla en el 553 (el procedimiento exacto se debate), pero su enseñanza ascética sobrevivió, en parte con otros nombres.
- San Juan Crisóstomo sí describió el lugar del arrepentimiento como «un hospital, no un tribunal» en su tercera homilía Sobre el arrepentimiento; la cita más larga que circula es una compilación moderna.
- El canon 102 de Trullo hace de la medicina espiritual el modelo de la labor del confesor.
- Tanto el Oriente como Occidente usan imágenes médicas y jurídicas para el pecado y el perdón.
Lo que sigue en disputa
- Hasta qué punto la teología occidental se volvió «jurídica» en su estructura, y si los críticos ortodoxos la han descrito con justicia.
- Cuánto debió Evagrio a la filosofía griega y cuánto a la experiencia monástica anterior.
- Las fechas de San Juan Clímaco, que las propias fuentes ortodoxas dan de manera distinta.
- Si la justificación debe definirse en términos estrictamente forenses. Este sigue siendo un punto real de diferencia entre ortodoxos y cristianos reformados.
Conclusión
La comprensión ortodoxa del pecado toma el pecado más en serio, no menos: como algo que ha entrado en nosotros y nos ha cambiado, y que un veredicto por sí solo no deshace. Los Padres del desierto estudiaron las pasiones como los buenos médicos estudian la enfermedad, para que las personas fueran sanadas. Su sabiduría pasó a las dos mitades de la cristiandad, y los cristianos católicos y protestantes que oran contra la soberbia, la envidia o la acedia beben del mismo pozo que los monjes ortodoxos.
La Iglesia ortodoxa ofrece esa herencia completa: los ayunos, la Oración de Jesús, la confesión y la Comunión, dentro de la vida de la Iglesia, donde Cristo, el Médico, recibe a los enfermos antes de que estén sanos. «Porque aquí hay un hospital, no un tribunal». Es una palabra de esperanza para quien ha caído una y otra vez. El médico es el mismo Señor que también juzgará, y vino, como dijo, a llamar a los pecadores al arrepentimiento.
Notas
- Mateo 15:19; Marcos 2:17; Santiago 5:16; Romanos 8:1; el artículo en inglés cita los cuatro pasajes de The Holy Bible, New King James Version (Nashville: Thomas Nelson, 1982), vía biblegateway.com; aquí se citan según la Reina-Valera 1909. ↩
- Evagrio Póntico, Praktikos 6, trad. Luke Dysinger, OSB, texto griego-inglés en ldysinger.com. ↩
- Evagrio, Praktikos 6, trad. Dysinger. Los corchetes son del traductor. ↩
- Evagrio, Praktikos 56 y 81, trad. Dysinger. ↩
- Evagrio, Praktikos 86, trad. Dysinger. ↩
- Sebastian P. Brock, «Evagrius (345-399)», en Gorgias Encyclopedic Dictionary of the Syriac Heritage, edición electrónica, gedsh.bethmardutho.org. Sobre el debate acerca de cómo se aprobaron los anatemas del 553 contra el origenismo, véase Henry R. Percival, «Excursus on the XV. Anathemas Against Origen», NPNF2 vol. 14 (1900), quien juzga que una respuesta dogmática es «the height of rashness» (la cumbre de la temeridad). ↩
- Juan Casiano, Instituciones 5.1, trad. C. S. Gibson, Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 11 (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1894), newadvent.org. ↩
- Juan Casiano, Colaciones 5.2, NPNF2 vol. 11, newadvent.org. ↩
- Casiano, Colaciones 5.10. ↩
- Columba Stewart, «Evagrius Ponticus and the ‘Eight Generic Logismoi’», en In the Garden of Evil: The Vices and Culture in the Middle Ages, ed. Richard Newhauser, Papers in Mediaeval Studies 18 (Toronto: Pontifical Institute of Mediaeval Studies, 2005), 3-34; resumido a partir del resumen publicado. ↩
- Gilbert Huddleston, «Pope St. Gregory I (‘the Great’)», Catholic Encyclopedia, vol. 6 (1909), newadvent.org; Iglesia Ortodoxa en América, «Saint Gregory Dialogus, Pope of Rome», conmemorado el 12 de marzo, oca.org. ↩
- Gregorio Magno, Moralia in Job 31.45.87, en Morals on the Book of Job, Library of the Fathers (Oxford: John Henry Parker, 1844-1850), reproducido en lectionarycentral.com. ↩
- Catecismo de la Iglesia Católica §1866, vatican.va. ↩
- Títulos de los peldaños según figuran en «The Ladder of Divine Ascent», OrthodoxWiki, conforme a la traducción del archimandrita Lazarus Moore. ↩
- Iglesia Ortodoxa en América, «4th Sunday of Great Lent: St John Climacus (of the Ladder)» y «Venerable John Climacus of Sinai, Author of ‘the Ladder’» (30 de marzo), oca.org. ↩
- Juan Clímaco, The Ladder of Divine Ascent, peldaño 5.1 y 5.30, trad. archimandrita Lazarus Moore, reproducido en churchmotherofgod.org («On Repentance») y blog.bostoncathedral.org («Sunday of St. John Climacus», 2025). ↩
- «Philokalia», OrthodoxWiki; «Philokalia», Encyclopaedia Britannica en línea; descripción de la editorial de The Philokalia (Penguin Classics), penguin.co.uk, para el período que va del siglo IV al XV. ↩
- The Philokalia: The Complete Text, trad. y ed. G. E. H. Palmer, Philip Sherrard y Kallistos Ware (Londres: Faber and Faber, 1979-), contenido del vol. 1, según el registro del catálogo de las bibliotecas de la Universidad de Pensilvania. ↩
- San Filoteo del Sinaí, en The Philokalia, vol. 3, p. 29, citado por el padre Vladimir Berzonsky, «Falling for Satan», Iglesia Ortodoxa en América, Reflections in Christ, 25 de abril de 2010, oca.org. ↩
- J. V. Howry, «Where does Chrysostom Say the Church is a Hospital not a Courtroom?», Notes by J. V. (Substack), 29 de enero de 2026. ↩
- Juan Crisóstomo, De paenitentia, homilía 3, en J.-P. Migne, ed., Patrologia Graeca, vol. 49, texto griego cotejado con el escaneo de archive.org; trad. inglesa de Howry, «Where does Chrysostom Say». Existe una traducción inglesa completa (Gus George Christo, trad., St. John Chrysostom: On Repentance and Almsgiving), pero no se consultó para este artículo. ↩
- Concilio in Trullo, canon 102, trad. Henry Percival, NPNF2 vol. 14 (1900), newadvent.org. ↩
- Gregorio Nacianceno, Discurso 2.16, trad. Charles Gordon Browne y James Edward Swallow, NPNF2 vol. 7 (1894), newadvent.org. ↩
- Metropolitano Kallistos Ware, «Coming to Christ the Physician: The Orthodox Experience of Confession», The Presbyter, PDF reproducido por St. Paul's Greek Orthodox Church, Irvine, stpaulsirvine.org. ↩
- Clímaco, Escala 5.30, trad. Moore, reproducido en blog.bostoncathedral.org y churchmotherofgod.org. ↩
- Anselmo de Canterbury, Cur Deus Homo 1.11, trad. Sidney Norton Deane (Chicago: Open Court, 1903), Internet Medieval Sourcebook, sourcebooks.fordham.edu. ↩
- Concilio de Trento, sesión 14 (25 de noviembre de 1551), Doctrina sobre la penitencia, cap. 6, en The Canons and Decrees of the Sacred and Oecumenical Council of Trent, ed. y trad. J. Waterworth (Londres: Dolman, 1848), Hanover Historical Texts Project. ↩
- Catecismo Menor de Westminster, preg. 14 y 33, opc.org. ↩
- Gregorio Magno, Regla pastoral 1.1, trad. James Barmby, NPNF2 vol. 12 (1895), newadvent.org. ↩
- Cuarto Concilio de Letrán (1215), canon 21, trad. H. J. Schroeder, Disciplinary Decrees of the General Councils (St. Louis: B. Herder, 1937), Internet Medieval Sourcebook, sourcebooks.fordham.edu. ↩
- Concilio de Trento, sesión 14, Doctrina sobre la penitencia, cap. 8, trad. Waterworth, 102-103. ↩
- Catecismo de la Iglesia Católica §§1421 y 1849, vatican.va. ↩
- Catecismo Menor de Westminster, preg. 35, opc.org; Martín Lutero, Lectures on Romans (sobre Romanos 4:7), en Luther's Works, vol. 25, 260, citado por Matthew Phillips, «Unknowingly Righteous», blog de profesores de Concordia University Nebraska, 31 de octubre de 2014. ↩
- Atanasio, Sobre la encarnación del Verbo 9.2, trad. Archibald Robertson, NPNF2 vol. 4 (1892), newadvent.org. ↩
- Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, letanía de súplica, citada en «What is the ‘Judgment Seat?’», St. Michael Orthodox Church, Broadview Heights, Ohio, stmichaelscleveland.org. ↩
Bibliografía
Fuentes primarias
- Evagrio Póntico. Praktikos. Traducido por Luke Dysinger, OSB. Edición griego-inglés, ldysinger.com.
- Juan Casiano. Instituciones y Colaciones. Traducido por C. S. Gibson. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 11. Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1894.
- Gregorio Magno. Morals on the Book of Job. Library of the Fathers. Oxford: John Henry Parker, 1844-1850. Y Regla pastoral, traducida por James Barmby, NPNF2 vol. 12, 1895.
- Juan Crisóstomo. De paenitentia, homilía 3. En Patrologia Graeca, editada por J.-P. Migne, vol. 49.
- Gregorio Nacianceno. Discurso 2. Traducido por Charles Gordon Browne y James Edward Swallow. NPNF2 vol. 7, 1894.
- Atanasio. Sobre la encarnación del Verbo. Traducido por Archibald Robertson. NPNF2 vol. 4, 1892.
- Concilio in Trullo (691/692). Cánones. Traducido por Henry Percival. NPNF2 vol. 14, 1900.
- Anselmo de Canterbury. Cur Deus Homo. Traducido por Sidney Norton Deane. Chicago: Open Court, 1903.
- Cuarto Concilio de Letrán (1215). Cánones. En H. J. Schroeder, Disciplinary Decrees of the General Councils. St. Louis: B. Herder, 1937.
- Concilio de Trento. The Canons and Decrees of the Sacred and Oecumenical Council of Trent. Editado y traducido por J. Waterworth. Londres: Dolman, 1848.
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Juan Clímaco. The Ladder of Divine Ascent. Traducido por el archimandrita Lazarus Moore. Londres: Faber and Faber, 1959.
- Palmer, G. E. H., Philip Sherrard y Kallistos Ware, trads. y eds. The Philokalia: The Complete Text. Londres: Faber and Faber, 1979-.
- Ware, Kallistos. «Coming to Christ the Physician: The Orthodox Experience of Confession». The Presbyter. PDF en stpaulsirvine.org.
- Iglesia Ortodoxa en América. Vidas de los santos: «Venerable John Climacus of Sinai», «4th Sunday of Great Lent: St John Climacus», «Saint Gregory Dialogus, Pope of Rome»; y Berzonsky, Vladimir, «Falling for Satan», Reflections in Christ, 2010. oca.org.
Otros estudios (incluidos estudiosos que discrepan)
- Stewart, Columba. «Evagrius Ponticus and the ‘Eight Generic Logismoi’». En In the Garden of Evil: The Vices and Culture in the Middle Ages, editado por Richard Newhauser, 3-34. Toronto: Pontifical Institute of Mediaeval Studies, 2005.
- Brock, Sebastian P. «Evagrius (345-399)». Gorgias Encyclopedic Dictionary of the Syriac Heritage, edición electrónica. gedsh.bethmardutho.org.
- Howry, J. V. «Where does Chrysostom Say the Church is a Hospital not a Courtroom?» Notes by J. V., 29 de enero de 2026.
Fuentes de las tradiciones tratadas (católica y protestante)
- Catecismo de la Iglesia Católica. Libreria Editrice Vaticana. vatican.va.
- Catecismo Menor de Westminster. Edición de la Orthodox Presbyterian Church, opc.org.
- Luther, Martin. Lectures on Romans. Luther's Works, vol. 25. Citado a partir de reproducciones secundarias; no se abrió directamente.