Quien mira el cristianismo desde fuera advierte pronto los letreros de los templos: bautista, luterana, pentecostal, católica, ortodoxa e innumerables comunidades independientes. Jesús oró para que sus seguidores fueran uno. ¿Por qué, entonces, parecen ser tantos?
La pregunta la hacen de buena fe escépticos, nuevos creyentes y cristianos de todas las tradiciones. También se hace con menos inocencia: una cifra de «33.000 denominaciones protestantes» ha circulado durante años en la apologética católica y ortodoxa como prueba de que la Escritura sola conduce al caos, y los escépticos usan números parecidos para argumentar que ninguna Iglesia puede conocer la verdad. Este artículo recorre las principales líneas de división, comprueba qué mide la famosa estadística y expone cómo entiende la Iglesia ortodoxa la unidad, con las respuestas protestantes y católicas planteadas con justicia.
En resumen
Los cristianos han discutido desde la época apostólica, pero las separaciones duraderas llegaron por etapas. Tras los Concilios de Éfeso (431) y Calcedonia (451), comunidades del Imperio persa y de Egipto, Siria y Armenia quedaron fuera de la comunión de la Iglesia imperial; los diálogos modernos han concluido que algunas de esas rupturas se debieron en parte a usos diferentes de los mismos términos. El distanciamiento de Roma y las Iglesias orientales creció a lo largo de siglos, y 1054 es una fecha convencional para él. La Reforma produjo varias familias protestantes a la vez, porque su apelación a la Escritura como autoridad final no resolvió disputas como la de la Eucaristía; las Iglesias nacionales, los avivamientos y las crisis morales multiplicaron aún más los cuerpos eclesiales. La cifra de «33.000 denominaciones» procede de la World Christian Encyclopedia (2001), que contó todo el cristianismo mundial, no solo a los protestantes, y contó cada Iglesia por separado en cada país donde existe. Mide organizaciones, no doctrinas distintas. La Iglesia ortodoxa sostiene que la unidad de la Iglesia es una realidad dada, guardada en una sola fe y una sola Eucaristía, y que no es una federación de denominaciones. Los cristianos ortodoxos también tienen que admitir sus propios cismas.
Tesis: Las divisiones del cristianismo surgieron de disputas reales sobre doctrina y autoridad, agravadas por el idioma, la política y la cultura; las estadísticas populares las exageran, y el argumento ortodoxo a favor de la unidad visible se defiende mejor con honestidad sobre los propios fallos de la ortodoxia y sin caricaturizar a los protestantes.
La división es tan antigua como la Iglesia
El Nuevo Testamento no describe una edad de oro sin conflicto. San Pablo escribió a la iglesia de Corinto: «cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo?» Más adelante, en la misma carta, escribió que «preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros».1 La división se trató como una herida, nunca como un estado normal de cosas.
Los mismos autores insistieron en la unidad. Cristo oró «para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti», y la carta a los Efesios exhorta a los cristianos a guardar «la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz», porque hay «Un cuerpo, y un Espíritu; ... Un Señor, una fe, un bautismo».2 Los cristianos discrepan sobre qué clase de unidad se quiere decir: una comunión visible que comparte una sola Eucaristía y una sola fe, o una comunidad espiritual que puede sobrevivir a la separación externa.
Las primeras rupturas duraderas: Éfeso y Calcedonia
Las separaciones más antiguas que aún existen nacieron de debates del siglo V sobre cómo es Cristo a la vez Dios y hombre. En 431 un concilio reunido en Éfeso condenó a Nestorio, arzobispo de Constantinopla, que objetaba llamar a la Virgen María Theotokos (Madre de Dios), la que dio a luz a Dios. Como señala una historia de la Iglesia Ortodoxa en América (OCA), el obispo Juan de Antioquía y sus obispos llegaron cuatro días después de abierto el concilio y no aceptaron la decisión, y la disputa solo se resolvió en 433 con la Fórmula de Unión.3 Los cristianos del Imperio persa, cuya Iglesia se conoce hoy como Iglesia Asiria del Oriente, pasaron a quedar fuera de la comunión de la Iglesia imperial a medida que estas controversias se endurecían.
Veinte años después, en 451, el Concilio de Calcedonia confesó a Cristo como una persona en dos naturalezas, unidas «sin cambio, sin confusión, sin división, sin separación» (traducción nuestra). Muchos cristianos de Egipto, Siria y Armenia rechazaron esta definición y se atuvieron a la fórmula de San Cirilo de Alejandría, «una naturaleza del Verbo de Dios encarnada». La historia de la OCA registra que los calcedonianos los llamaron «monofisitas»; hoy se los suele llamar Iglesias ortodoxas orientales (no calcedonianas), entre ellas la copta, la armenia y la etíope.4 El artículo del sitio ¿Qué definió realmente el Concilio de Calcedonia sobre Jesucristo? explica la definición misma.
Los diálogos modernos son notables. En 1989 la comisión mixta oficial de las Iglesias ortodoxas y las Iglesias ortodoxas orientales acordó: «Hemos heredado de nuestros padres en Cristo la única fe y tradición apostólica, aunque como Iglesias hemos estado separadas unas de otras durante siglos». Una segunda declaración de 1990 afirmó que ambas familias habían mantenido «la misma auténtica fe cristológica ortodoxa ... aunque han usado los términos cristológicos de maneras diferentes», y recomendó levantar los antiguos anatemas.5 En 1994 el papa Juan Pablo II y el patriarca Mar Dinkha IV de la Iglesia Asiria del Oriente fueron más lejos y dijeron que las divisiones pasadas «se debieron en gran parte a malentendidos».6
Estas declaraciones no son la última palabra: no se ha restablecido la plena comunión entre los ortodoxos y los ortodoxos orientales, y quedan preguntas sobre los concilios posteriores y las figuras que cada parte condenó en su día. Aun así, {{moderate: algunas divisiones antiguas se debieron en parte a usos diferentes de los mismos términos teológicos y no a fes totalmente distintas.}}
Oriente y Occidente: por qué 1054 es una fecha convencional
Los manuales suelen fechar en 1054 la ruptura entre Roma y Constantinopla. Según cuenta la historia eclesiástica de la OCA, el cardenal Humberto depositó el 16 de julio sobre el altar de Santa Sofía una bula de excomunión contra el patriarca Miguel Cerulario, que respondió con su propia excomunión de los legados. La misma historia subraya que las relaciones entre algunas Iglesias orientales y Roma «siguieron siendo relativamente amistosas durante bastante tiempo» y que el cisma «se fue profundizando y extendiendo gradualmente», sobre todo después de que la Cuarta Cruzada saqueó Constantinopla en 1204.7
Cuando el papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras I levantaron las excomuniones mutuas en 1965, su declaración conjunta observó que las censuras de 1054 «no pretendían romper la comunión eclesiástica entre las Sedes de Roma y Constantinopla», y que la ruptura real vino de «la falta de comprensión y de confianza mutua» durante un largo período.8 Las disputas de fondo sobre la autoridad papal y el Filioque eran reales (véase ¿Por qué se separaron las Iglesias ortodoxa y católica?), pero 1054 simboliza un lento distanciamiento entre dos comuniones, cada una de las cuales afirma continuidad con la Iglesia antigua, y no la fundación de ninguna de ellas.
La Reforma y la cuestión de la autoridad
La gran multiplicación de Iglesias separadas comenzó en el siglo XVI. La protesta de Martín Lutero de 1517 empezó como una llamada a reformar la Iglesia occidental, pero en una generación las Iglesias luteranas, reformadas, anabaptistas y anglicanas estaban separadas de Roma y a menudo unas de otras. (Véase La Reforma protestante: qué ocurrió y por qué sigue importando (en inglés).)
En el centro estaba la cuestión de la autoridad. Los reformadores sostenían que la Escritura es la única regla infalible de fe, principio llamado después sola scriptura. La Confesión de Westminster (1647) enseña que «todo el consejo de Dios» necesario para la salvación está «expresamente expuesto en la Escritura, o por buena y necesaria consecuencia puede deducirse de la Escritura». Admite que «no todas las cosas de la Escritura son igualmente claras en sí mismas, ni igualmente claras para todos», pero sostiene que lo necesario para la salvación es lo bastante claro como para que «no solo los instruidos, sino también los no instruidos, con un uso debido de los medios ordinarios, puedan alcanzar una comprensión suficiente de ellas». Cuando un pasaje es discutido, «la regla infalible de interpretación de la Escritura es la Escritura misma».9
La dificultad se mostró pronto. En octubre de 1529 Lutero, Zuinglio y otros reformadores se reunieron en Marburgo para unir la causa protestante. Se pusieron de acuerdo en catorce artículos y en la mayor parte del decimoquinto, sobre la Cena del Señor, pero ese artículo registró que «no hemos podido ponernos de acuerdo por ahora sobre si el verdadero cuerpo y sangre de Cristo están corporalmente presentes en el pan y el vino». Se pidió a cada parte que «muestre hacia la otra amor cristiano, hasta donde lo permita la conciencia de cada una».10 Ambas partes apelaban a la misma Biblia, y las Iglesias luterana y reformada siguieron caminos separados.
Los reformadores creían que estaban recuperando la única Iglesia, no fundando muchas. La Confesión de Augsburgo (1530) define la Iglesia como «la congregación de los santos, en la cual se enseña rectamente el Evangelio y se administran rectamente los Sacramentos», y dice que «para la verdadera unidad de la Iglesia basta ponerse de acuerdo sobre la doctrina del Evangelio y la administración de los Sacramentos».11 Es una concepción seria de la unidad, pero dejó abierto quién decide, cuando creyentes sinceros discrepan, qué es el Evangelio rectamente enseñado. El historiador Alister McGrath ha descrito la «idea peligrosa» protestante como la convicción «de que todos los cristianos tienen derecho a interpretar la Biblia por sí mismos». McGrath ve en ella la fuente de la capacidad de renovación del protestantismo; los críticos del protestantismo ven en ella la raíz de sus divisiones.12 Para un tratamiento más completo de la doctrina, véase ¿Qué es la sola scriptura?
Avivamientos, naciones e Iglesias nuevas
La doctrina nunca fue el único factor. Las Iglesias estatales siguieron las fronteras políticas, la emigración las llevó a América, donde podían formarse grupos nuevos con libertad, y los avivamientos produjeron metodistas, iglesias de santidad, restauracionistas y pentecostales, muchos de los cuales volvieron a dividirse. ¿De dónde viene el cristianismo no denominacional? rastrea la línea hasta las congregaciones independientes de hoy.
Las crisis morales también dividieron Iglesias. En la Iglesia Metodista Episcopal, la cuestión de la esclavitud «llegó a su punto crítico en 1844», cuando el matrimonio de un obispo con una mujer propietaria de esclavos llevó a un plan de separación; las conferencias del sur organizaron la Iglesia Metodista Episcopal del Sur en Louisville en 1845, y la división «duró hasta 1939».13 El historiador Mark Noll ha argumentado que en la crisis estadounidense «existía un desacuerdo fundamental sobre lo que la Biblia tenía que decir acerca de la esclavitud», y que ambos bandos confiaban en que la Escritura estaba de su lado.14 Una Biblia compartida no produjo por sí sola un juicio compartido. Sin embargo, gran parte de la división moderna es organizativa y no doctrinal, y esa distinción importa cuando pasamos a los números.
¿Cuántas denominaciones hay en realidad?
La cifra citada con más frecuencia procede de la World Christian Encyclopedia (segunda edición, 2001), editada por David Barrett, George Kurian y Todd Johnson. Según la cita del escritor católico Scott Eric Alt, la enciclopedia afirma que el cristianismo mundial «se compone de 6 grandes bloques eclesiástico-culturales, divididos en 300 grandes tradiciones eclesiásticas, compuestas por más de 33.000 denominaciones distintas en 238 países» (vol. 1, pág. 16).15 {{strong: La cifra de 33.000 cuenta todo el cristianismo mundial, no solo a los protestantes.}}
Dos rasgos de ese recuento cambian su significado. Primero, no es un total protestante. El desglose que hace Alt de las categorías de la enciclopedia da unos 22.000 «independientes», 9.000 protestantes, 1.600 «marginales», 781 ortodoxos, 242 católicos y 168 cuerpos anglicanos. Entre los independientes y los marginales, señala Alt, están los santos de los últimos días y los Testigos de Jehová. Su veredicto sobre las 33.000 denominaciones protestantes: «Ni de lejos hay tantas».16 Segundo, una «denominación» se cuenta país por país. El Centro para el Estudio del Cristianismo Global de Gordon-Conwell, que compila estas cifras, define una denominación como «una Iglesia cristiana organizada, tradición, grupo religioso, comunidad de personas, conjunto de centros de culto, normalmente dentro de un país concreto», y explica que «la presencia de la Iglesia católica en los 234 países del mundo da como resultado 234 “denominaciones” católicas». Con este método el Centro informó de «45.000 denominaciones cristianas en el mundo en 2019».17 El Pew Research Center, que usó los datos del Centro, advirtió que tales totales son «la suma global del número total de denominaciones en cada país» y que «muchas denominaciones están presentes en más de un país».18
Así pues, la estadística mide organizaciones, no credos rivales. Por el mismo método la Iglesia ortodoxa, que se entiende a sí misma como una sola Iglesia, aparece como 781 «denominaciones». La mayoría de los cristianos pertenecen a unas pocas grandes comuniones: Pew estimó que cerca de la mitad de todos los cristianos son católicos, el 37 por ciento protestantes y el 12 por ciento ortodoxos.19 La fragmentación protestante es real, pero la frase de las «33.000 denominaciones protestantes» no la describe con exactitud.
Una visión ortodoxa de la unidad
La Iglesia ortodoxa no se ve a sí misma como una denominación entre muchas. Su convicción dogmática, enunciada en el Credo, es que existe «la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica» (texto del Credo según la Diócesis de México de la Iglesia Ortodoxa en América), y que esta Iglesia es una comunión visible de Iglesias locales que comparten una sola fe, una sola Eucaristía y el ministerio apostólico de los obispos. El Concilio de Creta de 2016 lo expresó así: «La Iglesia ortodoxa funda la unidad de la Iglesia en el hecho de su establecimiento por nuestro Señor Jesucristo y en la comunión en la Santísima Trinidad y en los sacramentos» (traducción nuestra). Añadió que, «de acuerdo con la naturaleza ontológica de la Iglesia, su unidad nunca puede ser perturbada», y sin embargo «acepta el nombre histórico de otras Iglesias y Confesiones cristianas no ortodoxas que no están en comunión con ella».20 Ese documento es importante pero no fue recibido universalmente: cuatro Iglesias autocéfalas, entre ellas la Iglesia ortodoxa rusa, no asistieron al concilio.21
El teólogo laico ruso del siglo XIX Alexéi Jomiakov dio una exposición clásica. «La Iglesia es una», escribió, porque su unidad «se sigue necesariamente de la unidad de Dios». La división es un hecho solo en relación con nosotros: «La Iglesia es una, a pesar de su división tal como aparece a un hombre que aún vive en la tierra». Fue duro con el principio protestante («El hombre que toma solo la Escritura, y funda la Iglesia únicamente en ella, en realidad rechaza la Iglesia»), pero fue igualmente claro en que la Iglesia «no juzga al resto de la humanidad», y dejó a los que están fuera de ella, «ya sean ajenos a la Iglesia, o unidos a ella por lazos que Dios no ha querido revelarle», al «juicio del gran día».22
Conviene distinguir tres niveles. Como dogma, la Iglesia ortodoxa confiesa que la Iglesia es una y no puede dividirse en denominaciones. Como enseñanza común, sostiene que la Iglesia se encuentra en su plenitud en la comunión ortodoxa, que guarda la fe de los Concilios Ecuménicos (véase Cómo sabe la Iglesia ortodoxa qué concilios son ecuménicos). Como cuestión de opinión teológica, los autores ortodoxos difieren sobre el estatus de los bautismos, los sacramentos y la gracia fuera de la ortodoxia, y el propio documento de Creta pide una aclaración de «toda la cuestión eclesiológica», sobre todo de la enseñanza de otras Iglesias acerca de los sacramentos, la gracia, el sacerdocio y la sucesión apostólica. Muchos autores ortodoxos consideran a los protestantes no como extraños sino como creyentes bautizados en el nombre de la Trinidad, separados de la plenitud de la vida de la Iglesia.
Desde una perspectiva ortodoxa, la razón principal de tantas denominaciones es la pérdida de una autoridad compartida y viva para interpretar la Escritura: la Tradición de la Iglesia, los concilios y la comunión eucarística. Una vez que la Escritura se opuso a la comunidad que la recibió, las disputas sobre su significado no tenían una vía ordinaria de resolución. Eso es un argumento, no una ley histórica demostrada, y enfrenta objeciones serias.
Las objeciones más fuertes
«La sola scriptura no significa que cada uno vaya por su cuenta»
Los protestantes clásicos rechazan la acusación de que su principio sea individualismo. El teólogo reformado Keith Mathison distingue la enseñanza de la Reforma, en la que la Escritura es la autoridad final interpretada dentro de la Iglesia y sus credos, de una versión populista posterior que llama «solo Scriptura». Escribe: «El recurso de los reformadores a la “Escritura sola”, sin embargo, nunca pretendió significar “yo solo”».23 Las Iglesias luterana y reformada conservaron confesiones, sínodos y maestros ordenados.
Respuesta. Es una corrección justa, y los autores ortodoxos no deben atacar una postura que los protestantes clásicos no sostienen. El propio Mathison dice que «en muchos sectores del mundo evangélico» la visión revisionista es «con mucho la visión predominante ahora». Y sigue en pie la pregunta de dónde descansa la autoridad final cuando las Iglesias confesionales discrepan, como discreparon luteranos y reformados en Marburgo.
«La unidad es espiritual, no organizativa»
Muchos protestantes sostienen, con la Confesión de Augsburgo, que la verdadera unidad está en el acuerdo sobre el Evangelio y no en una sola institución, de modo que los creyentes que confiesan al mismo Cristo ya son uno.
Respuesta. Los cristianos ortodoxos coinciden en que la unidad es primero espiritual, un don del Espíritu Santo. Pero el Nuevo Testamento vincula esa unidad con cosas visibles: un solo bautismo, un solo pan («un pan, [es que] muchos somos un cuerpo», 1 Corintios 10:17) y una enseñanza apostólica común. Los cristianos que no pueden compartir la Eucaristía todavía no son uno en el sentido de la Iglesia primitiva, por cálido que sea el amor que se tengan.
«Los ortodoxos también están divididos»
Esta objeción es la más fuerte, y debe admitirse con franqueza. Los ortodoxos y los ortodoxos orientales están sin comunión desde el siglo V. En octubre de 2018 el Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa rompió la comunión eucarística con el Patriarcado Ecuménico después de que Constantinopla se dispusiera a conceder la autocefalia a una Iglesia de Ucrania.24 El Concilio de Creta se reunió sin cuatro Iglesias.
Respuesta. Son fallos reales y un apologista ortodoxo no debe ocultarlos. La afirmación ortodoxa es que la Iglesia guarda una sola fe y trata los cismas como heridas que hay que sanar, no como opciones aceptables. Aun así, el argumento «la ortodoxia está visiblemente unida, el protestantismo no» es más débil de lo que suele sonar.
«La unidad requiere al sucesor de Pedro»
El Concilio Vaticano II enseñó que la única Iglesia de Cristo «subsiste en la Iglesia católica, que está gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, aunque se encuentren muchos elementos de santificación y de verdad fuera de su estructura visible» (traducción nuestra).25 Los católicos argumentan que, sin una cabeza visible universal, ni siquiera los ortodoxos tienen un medio final para zanjar las disputas, como muestra Ucrania.
Respuesta. Los cristianos ortodoxos responden que la Iglesia antigua resolvió sus grandes disputas mediante concilios recibidos por toda la Iglesia, no por decisión papal, y que las pretensiones papales fueron en sí mismas una causa importante de división en Occidente y entre Oriente y Occidente. Este desacuerdo sigue sin resolverse.
«Tantas Iglesias prueban que el cristianismo es falso»
El desacuerdo entre intérpretes no demuestra que no haya nada verdadero que interpretar, como las disputas científicas no demuestran que el mundo carezca de estructura. Y la estadística inflada exagera el desacuerdo: los católicos y los ortodoxos por sí solos, cerca de seis de cada diez cristianos según la estimación de Pew, confiesan el Credo niceno, como lo hacen la mayoría de las Iglesias protestantes históricas.
Lo que podemos afirmar con confianza
- La división entre los cristianos es tan antigua como el Nuevo Testamento, y la Escritura la trata como una herida, no como una norma.
- Las separaciones más antiguas que sobreviven datan del siglo V, después de Éfeso (431) y Calcedonia (451). {{very-strong: Los diálogos oficiales modernos han concluido que algunas de esas rupturas implicaron usos diferentes de los mismos términos.}}
- 1054 es una fecha convencional para un largo distanciamiento entre Oriente y Occidente; la declaración de 1965 dijo que las censuras se dirigían a personas, no a Iglesias.
- La división protestante comenzó pronto, como muestra el Coloquio de Marburgo (1529), y se multiplicó mediante Iglesias nacionales, emigración, avivamientos y crisis morales como la esclavitud.
- La cifra de «33.000 denominaciones» abarca todo el cristianismo, cuenta los cuerpos eclesiales país por país y mide organizaciones, no doctrinas distintas.
- La Iglesia ortodoxa confiesa una sola Iglesia indivisa, pero tiene cismas reales propios.
Lo que sigue en disputa
- Hasta qué punto la propia sola scriptura, y no la política, la cultura y el individualismo, explica la fragmentación protestante. {{debated: Si la sola scriptura es la causa principal de la fragmentación protestante.}}
- Si las divisiones cristológicas del siglo V fueron totalmente o solo en parte verbales.
- El estatus de los bautismos y las Iglesias no ortodoxas, sobre el cual difieren los teólogos y las Iglesias locales ortodoxas.
- Si la unidad visible requiere un primado universal (la visión católica), la comunión conciliar (la visión ortodoxa) o el acuerdo en el Evangelio (la visión protestante clásica).
- Cuántos cuerpos cristianos genuinamente distintos existen; cualquier recuento depende de las definiciones.
Conclusión
El cristianismo tiene muchas denominaciones porque los cristianos han discrepado sobre cosas reales: quién es Cristo, qué es la Eucaristía, dónde reside la autoridad. Esos desacuerdos se agudizaron por imperios, idiomas, naciones y pecado, y a veces por simple malentendido. Los cristianos ortodoxos deberían dejar de repetir una estadística que su propia tradición no superaría por el mismo método.
La Iglesia ortodoxa ofrece aun así una respuesta distintiva. No invita a los cristianos a elegir la denominación menos objetable, sino a volver a la única Iglesia del Credo, la comunión de los Padres y los Concilios que la ortodoxia cree haber guardado. Solo puede hacerlo con credibilidad con humildad, admitiendo sus propias divisiones y honrando la fe de los cristianos con quienes todavía no está en comunión. El concilio de Creta describió a la Iglesia ortodoxa como una Iglesia que «ora sin cesar “por la unión de todos”». Esa oración, al final, es la respuesta ortodoxa a la pregunta: la unidad es don de Cristo antes que logro nuestro, y se recibe en arrepentimiento por todas las partes.
Notas
- 1 Corintios 1:12-13; 11:19 (Reina-Valera 1909). ↩
- Juan 17:21; Efesios 4:3-5 (Reina-Valera 1909). ↩
- Iglesia Ortodoxa en América, The Orthodox Faith, vol. 3, Church History, “Fifth Century: Third Ecumenical Council,” oca.org. ↩
- OCA, The Orthodox Faith, vol. 3, “Fifth Century: The Fourth Ecumenical Council” y “The Monophysites,” oca.org. ↩
- Comisión Mixta del Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Ortodoxas Orientales, Primera Declaración Acordada (Monasterio de Anba Bishoy, Egipto, junio de 1989); Segunda Declaración Acordada (Chambésy, septiembre de 1990), §§9-10. ↩
- Papa Juan Pablo II y Mar Dinkha IV, Common Christological Declaration (11 de noviembre de 1994), vatican.va. ↩
- OCA, The Orthodox Faith, vol. 3, “Eleventh Century: The Great Schism,” oca.org. ↩
- Papa Pablo VI y patriarca ecuménico Atenágoras I, Joint Catholic-Orthodox Declaration (7 de diciembre de 1965), §§3-4, vatican.va. ↩
- Confesión de Fe de Westminster (1647), 1.6, 1.7, 1.9, en Philip Schaff, The Creeds of Christendom, vol. 3 (ccel.org). ↩
- Los Artículos de Marburgo (3 de octubre de 1529), art. 15, trad. Ellen Yutzy Glebe, German History in Documents and Images, de WA 30/3:160-71. ↩
- Confesión de Augsburgo (1530), art. 7, en Triglot Concordia, trad. F. Bente y W. H. T. Dau (St. Louis: Concordia, 1921), bookofconcord.org. ↩
- Alister McGrath, Christianity’s Dangerous Idea (Nueva York: HarperOne, 2007), 2, citado en la reseña de Mark E. Durrett, Presbyterian Outlook, 5 de octubre de 2008. ↩
- General Commission on Archives and History, The United Methodist Church, “Site of the Organization of the Methodist Episcopal Church, South,” gcah.org. ↩
- Mark A. Noll, The Civil War as a Theological Crisis (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2006), 29, citado en la reseña de Kent T. Dollar, Journal of Southern Religion 9. ↩
- David B. Barrett, George T. Kurian y Todd M. Johnson, eds., World Christian Encyclopedia, 2.ª ed. (Oxford University Press, 2001), 1:16, citado en Scott Eric Alt, “We Need to Stop Saying That There Are 33,000 Protestant Denominations,” National Catholic Register, 9 de febrero de 2016. No se pudo abrir la propia enciclopedia. ↩
- Alt, “We Need to Stop Saying.” ↩
- Center for the Study of Global Christianity, Gordon-Conwell Theological Seminary, “Quick Facts About Global Christianity” (FAQ), “How do you define a ‘denomination’?”, gordonconwell.edu. ↩
- Pew Research Center, Global Christianity (diciembre de 2011), Apéndice B, n. 24. ↩
- Pew Research Center, “Global Christianity: Christian Traditions,” 19 de diciembre de 2011, pewresearch.org. ↩
- Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa (Creta, 2016), “Relations of the Orthodox Church with the Rest of the Christian World,” §§2, 4, 6, orthodoxcouncil.org. ↩
- Sergei Chapnin, “Russia’s No-Show at Pan-Orthodox Council Reveals Hopeless Lack of Unity,” Carnegie Endowment for International Peace, 29 de junio de 2016. ↩
- A. S. Khomiakov, “The Church Is One,” §§1, 2, 5, en W. J. Birkbeck, ed., Russia and the English Church During the Last Fifty Years, vol. 1 (Londres, 1895), cap. 23. ↩
- Keith A. Mathison, “Solo Scriptura: The Difference a Vowel Makes,” Modern Reformation 16, n.º 2 (marzo/abril de 2007): 25-29. ↩
- “Russian Orthodox break communion with Ecumenical Patriarch,” Vatican News, 16 de octubre de 2018. ↩
- Concilio Vaticano II, Lumen Gentium (1964), §8, vatican.va. ↩
Bibliografía
Fuentes primarias
- The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982.
- Los Artículos de Marburgo (1529). Traducido por Ellen Yutzy Glebe. German History in Documents and Images, German Historical Institute. De D. Martin Luthers Werke, vol. 30, parte 3 (Weimar, 1910), 160-71.
- Confesión de Augsburgo (1530). En Triglot Concordia: The Symbolical Books of the Evangelical Lutheran Church. Traducido por F. Bente y W. H. T. Dau. St. Louis: Concordia Publishing House, 1921. bookofconcord.org.
- Confesión de Fe de Westminster (1647). En Philip Schaff, The Creeds of Christendom, vol. 3. Nueva York: Harper, 1882. ccel.org.
- Papa Pablo VI y patriarca ecuménico Atenágoras I. Joint Catholic-Orthodox Declaration. 7 de diciembre de 1965. vatican.va.
- Papa Juan Pablo II y Mar Dinkha IV. Common Christological Declaration between the Catholic Church and the Assyrian Church of the East. 11 de noviembre de 1994. vatican.va.
Fuentes ortodoxas y patrísticas
- Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa (Creta, 2016). “Relations of the Orthodox Church with the Rest of the Christian World.” Texto oficial en inglés, orthodoxcouncil.org.
- Comisión Mixta del Diálogo Teológico entre la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Ortodoxas Orientales. Primera Declaración Acordada (Anba Bishoy, 1989) y Segunda Declaración Acordada y Recomendaciones a las Iglesias (Chambésy, 1990).
- Khomiakov, A. S. “The Church Is One” (Essay on the Unity of the Church). En Russia and the English Church During the Last Fifty Years, vol. 1, editado por W. J. Birkbeck. Londres, 1895.
- Iglesia Ortodoxa en América. The Orthodox Faith, vol. 3, Church History: “Third Ecumenical Council,” “The Fourth Ecumenical Council,” “The Monophysites,” “The Great Schism.” oca.org.
Otros estudios (incluidos los de autores que discrepan)
- Barrett, David B., George T. Kurian y Todd M. Johnson, eds. World Christian Encyclopedia: A Comparative Survey of Churches and Religions in the Modern World. 2.ª ed. 2 vols. Nueva York: Oxford University Press, 2001. (No consultada; citada a través de Alt.)
- Alt, Scott Eric. “We Need to Stop Saying That There Are 33,000 Protestant Denominations.” National Catholic Register, 9 de febrero de 2016.
- Center for the Study of Global Christianity, Gordon-Conwell Theological Seminary. “Quick Facts About Global Christianity.” gordonconwell.edu.
- Pew Research Center. Global Christianity: A Report on the Size and Distribution of the World’s Christian Population. Washington, DC, diciembre de 2011. Incluye el Apéndice B.
- Noll, Mark A. The Civil War as a Theological Crisis. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2006. (Citado a través de la reseña de Kent T. Dollar, Journal of Southern Religion 9.)
- Chapnin, Sergei. “Russia’s No-Show at Pan-Orthodox Council Reveals Hopeless Lack of Unity.” Carnegie Endowment for International Peace, 29 de junio de 2016.
- “Russian Orthodox break communion with Ecumenical Patriarch.” Vatican News, 16 de octubre de 2018.
- General Commission on Archives and History, The United Methodist Church. “Site of the Organization of the Methodist Episcopal Church, South.” gcah.org.
Fuentes de las tradiciones analizadas (protestante y católica)
- Mathison, Keith A. “Solo Scriptura: The Difference a Vowel Makes.” Modern Reformation 16, n.º 2 (marzo/abril de 2007): 25-29. Véase también su The Shape of Sola Scriptura (Moscow, ID: Canon Press, 2001).
- McGrath, Alister. Christianity’s Dangerous Idea: The Protestant Revolution, a History from the Sixteenth Century to the Twenty-First. Nueva York: HarperOne, 2007. (Citado a través de la reseña de Mark E. Durrett, Presbyterian Outlook, 2008.)
- Concilio Vaticano II. Lumen Gentium. 21 de noviembre de 1964. vatican.va.