BES La Biblia en Español Sencillo 2026 1 Joab, hijo de Sarvia, se dio cuenta de que el corazón del rey se inclinaba hacia Absalón. 1 Y CONOCIENDO Joab hijo de Sarvia, que el corazón del rey estaba por Absalom,
2 Entonces Joab mandó traer de Tecoa a una mujer sabia y le dijo: Finge estar de luto. Ponte ropa de duelo y no te pongas aceite. Preséntate como una mujer que lleva mucho tiempo llorando por un muerto. 2 Envió Joab á Tecoa, y tomó de allá una mujer astuta, y díjole: Yo te ruego que te enlutes, y te vistas de ropas de luto, y no te unjas con óleo, antes sé como mujer que ha mucho tiempo que trae luto por [algún] muerto;
3 Ve ante el rey y dile lo que yo te voy a decir. Entonces Joab le explicó lo que debía decir. 3 Y entrando al rey, habla con él de esta manera. Y puso Joab las palabras en su boca.
4 La mujer de Tecoa fue ante el rey, se inclinó rostro en tierra y dijo: ¡Ayúdame, rey! 4 Entró pues aquella mujer de Tecoa al rey, y postrándose en tierra sobre su rostro hizo reverencia, y dijo: Oh rey, salva.
5 El rey preguntó: ¿Qué te pasa? Ella respondió: Soy viuda. Mi esposo murió. 5 Y el rey le dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Yo á la verdad soy una mujer viuda y mi marido es muerto.
6 Tu sierva tenía dos hijos. Los dos pelearon en el campo y no había nadie que los separara. Uno golpeó al otro y lo mató. 6 Y tu sierva tenía dos hijos y los dos riñeron en el campo; y no habiendo quien los despartiese, hirió el uno al otro, y matólo.
7 Ahora toda la familia se ha levantado contra tu sierva y dice: Entréganos al que mató a su hermano para que lo matemos por la vida de su hermano. Así también acabarán con el heredero. De ese modo apagarán la última brasa que me queda y no dejarán a mi esposo ni nombre ni descendencia sobre la tierra. 7 Y he aquí toda la parentela se ha levantado contra tu sierva, diciendo: Entrega al que mató á su hermano, para que le hagamos morir por la vida de su hermano á quien él mató, y quitemos también el heredero. Así apagarán el ascua que me ha quedado, no dejando á mi marido nombre ni reliquia sobre la tierra.
8 El rey dijo a la mujer: Ve a tu casa. Yo daré órdenes acerca de tu caso. 8 Entonces el rey dijo á la mujer: Vete á tu casa, que yo mandaré acerca de ti.
9 La mujer de Tecoa respondió: Mi señor el rey, que la culpa caiga sobre mí y sobre la familia de mi padre. Que el rey y su trono queden libres de culpa. 9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor mío, la maldad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; mas el rey y su trono sin culpa.
10 El rey dijo: Si alguien te amenaza, tráelo ante mí y no volverá a molestarte. 10 Y el rey dijo: Al que hablare contra ti, tráelo á mí, que no te tocará más.
11 Ella dijo: Que el rey recuerde al Señor su Dios e impida que el vengador de la sangre siga destruyendo y mate a mi hijo. El rey respondió: Tan cierto como que vive el Señor, ni un cabello de la cabeza de tu hijo caerá a tierra. 11 Dijo ella entonces: Ruégote, oh rey, que te acuerdes de Jehová tu Dios, que no dejes á los cercanos de la sangre aumentar el daño con destruir á mi hijo. Y él respondió: Vive Jehová, que no caerá ni un cabello de la cabeza de tu hijo en tierra.
12 Entonces la mujer dijo: ¿Puede tu sierva decir una palabra más a mi señor el rey? Él respondió: Habla. 12 Y la mujer dijo: Ruégote que hable tu criada una palabra á mi señor el rey. Y él dijo: Habla.
13 La mujer dijo: Entonces, ¿por qué has hecho algo semejante contra el pueblo de Dios? Al decir lo que acabas de decir, el rey se hace culpable por no hacer regresar al que desterró. 13 Entonces la mujer dijo: ¿Por qué pues piensas tú otro tanto contra el pueblo de Dios? que hablando el rey esta palabra, es como culpado, por cuanto el rey no hace volver á su fugitivo.
14 Todos tenemos que morir. Somos como agua derramada en tierra, que no puede recogerse otra vez. Pero Dios no desea quitar la vida, sino que prepara medios para que el desterrado no quede para siempre separado de él. 14 Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver á recogerse: ni Dios quita la vida, sino que arbitra medio para que su desviado no sea de él excluído.
15 He venido a decir esto a mi señor el rey porque el pueblo me daba miedo. Tu sierva pensó: Hablaré con el rey. Tal vez él haga lo que le pido. 15 Y que yo he venido ahora para decir esto al rey mi señor, es porque el pueblo me ha puesto miedo. Mas tu sierva dijo: Hablaré ahora al rey: quizá él hará lo que su sierva diga.
16 Tal vez el rey escuche y libre a su sierva del hombre que quiere destruirnos a mí y a mi hijo y quitarnos de la herencia de Dios. 16 Pues el rey oirá, para librar á su sierva de mano del hombre que me quiere raer á mí, y á mi hijo juntamente, de la heredad de Dios.
17 Tu sierva pensó: Que la palabra de mi señor el rey me dé paz, porque mi señor el rey es como un ángel de Dios para distinguir el bien del mal. Que el Señor tu Dios esté contigo. 17 Tu sierva pues dice: Que sea ahora la respuesta de mi señor el rey para descanso; pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para escuchar lo bueno y lo malo. Así Jehová tu Dios sea contigo.
18 Entonces el rey dijo a la mujer: Voy a preguntarte algo. No me ocultes nada. Ella respondió: Hable mi señor el rey. 18 Entonces él respondió, y dijo á la mujer: Yo te ruego que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey.
19 El rey preguntó: ¿Está Joab detrás de todo esto? La mujer respondió: Tan cierto como que tú vives, mi señor el rey, nadie puede desviarse a la derecha ni a la izquierda de lo que dice mi señor el rey. Tu servidor Joab me dio las órdenes y puso todas estas palabras en mi boca. 19 Y el rey dijo: ¿No ha sido la mano de Joab contigo en todas estas cosas? Y la mujer respondió y dijo: Vive tu alma, rey señor mío, que no hay que apartarse á derecha ni á izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado: porque tu siervo Joab, él me mandó, y él puso en boca de tu sierva todas estas palabras;
20 Tu servidor Joab hizo esto para presentar el asunto de otra manera. Pero mi señor tiene la sabiduría de un ángel de Dios y conoce todo lo que sucede en la tierra. 20 Y que trocara la forma de las palabras, Joab tu siervo lo ha hecho: mas mi señor es sabio, conforme á la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer lo que hay en la tierra.
21 Entonces el rey dijo a Joab: Está bien. Haré esto. Ve y trae de regreso al joven Absalón. 21 Entonces el rey dijo á Joab: He aquí yo hago esto: ve, y haz volver al mozo Absalom.
22 Joab se inclinó rostro en tierra, bendijo al rey y dijo: Hoy tu siervo sabe que cuenta con tu favor, mi señor el rey, porque el rey ha concedido la petición de su siervo. 22 Y Joab se postró en tierra sobre su rostro, é hizo reverencia, y después que bendijo al rey, dijo: Hoy ha entendido tu siervo que he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío; pues que ha hecho el rey lo que su siervo ha dicho.
23 Joab se levantó, fue a Gesur y llevó a Absalón de regreso a Jerusalén. 23 Levantóse luego Joab, y fué á Gessur, y volvió á Absalom á Jerusalem.
24 Pero el rey dijo: Que vuelva a su casa y no se presente ante mí. Así Absalón regresó a su casa sin ver al rey. 24 Mas el rey dijo: Váyase á su casa, y no vea mi rostro. Y volvióse Absalom á su casa, y no vió el rostro del rey.
25 En todo Israel no había nadie tan admirado por su belleza como Absalón. Desde la planta de los pies hasta la cabeza no tenía ningún defecto. 25 Y no había en todo Israel hombre tan hermoso como Absalom, de alabar en gran manera: desde la planta de su pie hasta la mollera no había en él defecto.
26 Al final de cada año se cortaba el cabello porque le pesaba mucho. El cabello cortado pesaba doscientos siclos según la medida real. 26 Y cuando se cortaba el cabello, (lo cual hacía al fin de cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real.
27 Absalón tuvo tres hijos y una hija llamada Tamar, que era una mujer muy hermosa. 27 Y Naciéronle á Absalom tres hijos, y una hija que se llamó Thamar, la cual era hermosa de ver.
28 Absalón vivió dos años completos en Jerusalén sin ver al rey. 28 Y estuvo Absalom por espacio de dos años en Jerusalem, y no vió la cara del rey.
29 Entonces mandó llamar a Joab para enviarlo al rey, pero Joab no quiso ir. Lo llamó por segunda vez, pero tampoco quiso ir. 29 Y mandó Absalom por Joab, para enviarlo al rey; mas no quiso venir á él; ni aunque envió por segunda vez, quiso él venir.
30 Por eso Absalón dijo a sus servidores: El campo de Joab está junto al mío y tiene cebada. Vayan y préndanle fuego. Los servidores de Absalón incendiaron el campo. 30 Entonces dijo á sus siervos: Bien sabéis las tierras de Joab junto á mi lugar, donde tiene sus cebadas; id, y pegadles fuego; y los siervos de Absalom pegaron fuego á las tierras.
31 Entonces Joab fue a la casa de Absalón y preguntó: ¿Por qué tus servidores prendieron fuego a mi campo? 31 Levantóse por tanto Joab, y vino á Absalom á su casa, y díjole: ¿Por qué han puesto fuego tus siervos á mis tierras?
32 Absalón respondió: Te mandé llamar para enviarte al rey y preguntarle: ¿Para qué regresé de Gesur? Habría sido mejor quedarme allí. Ahora quiero ver al rey. Si soy culpable de algo, que me mate. 32 Y Absalom respondió á Joab: He aquí, yo he enviado por ti, diciendo que vinieses acá, á fin de enviarte yo al rey á que le dijeses: ¿Para qué vine de Gessur? mejor me fuera estar aún allá. Vea yo ahora la cara del rey; y si hay en mí pecado, máteme.
33 Joab fue al rey y le contó esto. Entonces el rey mandó llamar a Absalón. Absalón entró, se inclinó rostro en tierra delante del rey, y el rey lo besó. 33 Vino pues Joab al rey, é hízoselo saber. Entonces llamó á Absalom, el cual vino al rey, é inclinó su rostro á tierra delante del rey: y el rey besó á Absalom.