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Mateo · Versión Biblia Libre

Mateo 8 Versión Biblia Libre

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Sobre VBL
  • Traductor individual
  • AT: Texto masorético (hebreo) (no verificado)
  • NT: Texto crítico
  • Protestante (66 libros)
  • Dinámica (idea por idea)
  • 2020
  • CC BY-SA 4.0

Audio: Reina-Valera Antigua (RVA), leído por Joyfull · Sobre las grabaciones

VBL Versión Biblia Libre
RV1909 Reina-Valera 1909
1 Grandes multitudes siguieron a Jesús cuando bajó de la montaña.
1 Y COMO descendió del monte, le seguían muchas gentes.
2 Un leproso se acercó a él, y se arrodilló, adorándolo, y le dijo: “Señor, si quieres, por favor sáname”.
2 Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
3 Jesús se extendió hacia él y lo tocó con su mano. “Quiero”, le dijo. “Queda sano”. Inmediatamente este hombre fue sanado de su lepra.
3 Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.
4 “Asegúrate de no contárselo a nadie”, le dijo Jesús. “Ve y preséntate ante el sacerdote y da la ofrenda que Moisés ordenó, como evidencia pública”.
4 Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas á nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.
5 Cuando Jesús entró a Capernaúm, un centurión se le acercó, suplicándole su ayuda,
5 Y entrando Jesús en Capernaum, vino á él un centurión, rogándole,
6 “Señor, mi siervo está en casa, acostado y sin poder moverse. Está sufriendo una terrible agonía”.
6 Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.
7 “Iré y lo sanaré”, respondió Jesús.
7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8 El centurión respondió: “Señor, no merezco una visita a mi casa. Solo di la palabra y mi siervo quedará sano.
8 Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará.
9 Porque yo mismo estoy bajo la autoridad de mis superiores, y a la vez yo también tengo soldados bajo mi mando. Yo le ordeno a uno: ‘¡Ve!’ y él va. Mando a otro: ‘¡Ven!’ y él viene. Digo a mi siervo: ‘¡Haz esto!’ y él lo hace”.
9 Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.
10 Cuando Jesús escuchó lo que este hombre dijo, se quedó asombrado. Entonces le dijo a los que le seguían: “En verdad les digo que no he encontrado este tipo de confianza en ninguna parte de Israel.
10 Y oyendo Jesús, se maravilló, y dijo á los que [le] seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta.
11 Les digo que muchos vendrán del este y del oeste, y se sentarán con Abraham e Isaac en el reino de los cielos.
11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos:
12 Pero los herederos del reino serán lanzados a la oscuridad absoluta, donde habrá lamento y crujir de dientes”.
12 Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.
13 Entonces Jesús le dijo al centurión, “Ve a casa. Lo que pediste ya fue hecho, como creíste que pasaría”. Y el siervo fue sanado inmediatamente.
13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento.
14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, vio que la suegra de Pedro estaba enferma en cama y tenía una fiebre muy alta.
14 Y vino Jesús á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre.
15 Entonces Jesús tocó su mano y se le quitó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a prepararle comida a Jesús.
15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía.
16 Cuando llegó la noche, trajeron ante Jesús a un hombre endemoniado. Con solo una orden, Jesús hizo que los espíritus salieran de él, y sanó a todos los que estaban enfermos.
16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados; y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos;
17 Esto cumplió lo que el profeta Isaías dijo: “Él sanó nuestras enfermedades y nos libertó de nuestras dolencias”.
17 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
18 Cuando Jesús vio las multitudes que lo rodeaban, dio instrucciones de que debían ir al otro lado del lago.
18 Y viendo Jesús muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte [del lago].
19 Entonces uno de los maestros religiosos se acercó a él y le dijo: “Maestro, te seguiré adonde vayas”.
19 Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres.
20 “Los zorros tienen guaridas y las aves silvestres tienen nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostarse y descansar”, le dijo Jesús.
20 Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.
21 Otro discípulo le dijo a Jesús: “Señor, primero déjame ir y sepultar a mi padre”.
21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre á mi padre.
22 “Sígueme. Deja que los muertos sepulten a sus propios muertos”, le respondió Jesús.
22 Y Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos.
23 Entonces Jesús subió a una barca y sus discípulos se fueron con él.
23 Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron.
24 De repente, sopló una fuerte tormenta, y las olas golpeaban fuertemente contra la barca, pero Jesús seguía durmiendo.
24 Y he aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubría de las ondas; mas él dormía.
25 Los discípulos se acercaron a él y lo despertaron gritándole: “¡Sálvanos, Señor! ¡Vamos a hundirnos!”
25 Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, [que] perecemos.
26 “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Por qué tienen tan poca confianza?” les preguntó Jesús. Entonces se levantó y ordenó a los vientos y las olas que se detuvieran. Y todo quedó completamente en calma.
26 Y él les dice: ¿Por qué teméis, [hombres] de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.
27 Los discípulos estaban asombrados y decían: “¿Quién es este? ¿Incluso los vientos y las olas le obedecen?”
27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?
28 Cuando llegaron al otro lado, a la región de los gadarenos, dos hombres endemoniados salieron del cementerio para encontrarse con Jesús. Estos hombres eran tan peligrosos que nadie se atrevía a pasar por ese camino.
28 Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podía pasar por aquel camino.
29 Y ellos gritaban: “¿Qué tienes que ver con nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a torturarnos antes de tiempo?”
29 Y he aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿has venido acá á molestarnos antes de tiempo?
30 A lo lejos, había un gran hato de cerdos comiendo.
30 Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.
31 Los demonios le suplicaron a Jesús: “Si vas a sacarnos de aquí, envíanos a ese hato de cerdos”.
31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos.
32 “¡Vayan!” les dijo Jesús. Los demonios salieron de los dos hombres y huyeron hacia el hato de cerdos. Todo el hato de cerdos corrió, descendiendo por una pendiente, hasta que cayeron al mar y se ahogaron.
32 Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas.
33 Los que cuidaban el rebaño de cerdos, salieron corriendo. Entonces se fueron hacia la ciudad y le contaron a la gente que estaba allí todo lo que había sucedido y lo que había ocurrido con los dos hombres endemoniados.
33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.
34 Y toda la ciudad salió para encontrarse con Jesús. Cuando lo encontraron, le suplicaron que abandonara su ciudad.
34 Y he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á Jesús: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.
Referencias cruzadas (34)

Pasajes relacionados con cada versículo, del Treasury of Scripture Knowledge, tal como los reúnen y ordenan los lectores de OpenBible.info.

  1. 1 Mateo 8:18; Mateo 4:25–5:1; Marcos 3:7; Mateo 20:29; Lucas 5:15
  2. 2 Marcos 1:40–45; Mateo 15:25; Lucas 17:12–19; Mateo 18:26; Hechos 10:25
  3. 3 Salmo 33:9; Lucas 5:13; Mateo 11:4–5; 2 Reyes 5:14; Marcos 1:41
  4. 4 Levítico 14:2–32; Lucas 5:14; Lucas 17:14; Marcos 7:36; Levítico 13:2–46
  5. 5 Lucas 7:1–10; Hechos 27:43; Mateo 27:54; Hechos 27:31; Hechos 10:1–33
  6. 6 Mateo 4:24; Colosenses 4:1; Hechos 9:33; Colosenses 3:11; Marcos 2:3–12
  7. 7 Lucas 7:6; Marcos 5:23–24; Mateo 9:18–19
  8. 8 Salmo 107:20; Lucas 7:6–7; Salmo 33:9; Marcos 1:25–27; Mateo 8:3
  9. 9 Tito 2:9; Salmo 107:25–29; Salmo 119:91; Salmo 148:8; Lucas 4:39
  10. 10 Lucas 7:9; Mateo 15:28; Marcos 6:6; Lucas 7:50; Lucas 5:20
  11. 11 Lucas 13:28–29; Efesios 3:6; Malaquías 1:11; Gálatas 3:28–29; Efesios 2:11–14
  12. 12 Mateo 25:30; Lucas 13:28; Mateo 21:43; Mateo 24:51; Mateo 13:42
  13. 13 Mateo 9:29–30; Juan 4:50; Marcos 9:23; Mateo 15:28; Mateo 9:22
  14. 14 Lucas 4:38–41; Marcos 1:29–34; 1 Corintios 9:5; Mateo 17:25; Hebreos 13:4
  15. 15 2 Reyes 13:21; Marcos 1:41; Lucas 8:54; Lucas 4:38–39; Juan 12:1–3
  16. 16 Éxodo 15:26; Mateo 14:14; Marcos 1:32–34; Hechos 5:15; Mateo 12:22
  17. 17 Isaías 53:4; 1 Pedro 2:24; Mateo 1:22
  18. 18 Lucas 8:22; Lucas 4:42–43; Marcos 4:35; Juan 6:15; Mateo 14:22
  19. 19 Lucas 22:33–34; Lucas 14:33; Juan 13:36–38; Lucas 14:25–27; Marcos 12:32–34
  20. 20 Salmo 84:3; Lucas 2:7; Isaías 53:2–3; Lucas 2:16; Salmo 104:17
  21. 21 Lucas 9:59–62; Mateo 19:29; Levítico 21:11–12; Números 6:6–7; 1 Reyes 19:20–21
  22. 22 Lucas 15:32; Colosenses 2:13; Efesios 5:14; Efesios 2:5; Efesios 2:1
  23. 23 Lucas 8:22–25; Marcos 4:36–41; Lucas 7:22; Mateo 9:1
  24. 24 Lucas 8:23; Marcos 4:37–38; Salmo 107:23–27; Jonás 1:4–5; Hechos 27:14–38
  25. 25 Jonás 1:6; Marcos 4:38–39; Salmo 44:22–23; 2 Crónicas 14:11; Isaías 51:9–10
  26. 26 Isaías 41:10–14; Salmo 65:7; Salmo 107:28–30; Salmo 89:9; Lucas 8:24–25
  27. 27 Marcos 7:37; Mateo 14:33; Marcos 6:51; Marcos 1:27; Mateo 15:31
  28. 28 Lucas 8:26–39; Marcos 5:1–20; Hechos 10:38; Mateo 4:24; Génesis 15:21
  29. 29 Marcos 1:24; Lucas 4:34; Santiago 2:19; Marcos 5:7; Lucas 8:28
  30. 30 Levítico 11:7; Deuteronomio 14:8; Isaías 65:3–4; Marcos 5:11; Isaías 66:3
  31. 31 Apocalipsis 20:1–2; Marcos 5:12; Apocalipsis 12:12; Lucas 8:30–33; Marcos 5:7
  32. 32 Marcos 5:13; Apocalipsis 20:7; Hechos 2:23; Lucas 8:33; Hechos 4:28
  33. 33 Lucas 8:34–36; Marcos 5:14–16; Hechos 19:15–17
  34. 34 Hechos 16:39; Lucas 8:37–39; Lucas 5:8; Marcos 5:17–18; Job 21:14

Referencias cruzadas: OpenBible.info (CC BY), tomadas sobre todo del Treasury of Scripture Knowledge (dominio público). · Fuentes y licencias

Lo que dijeron los Padres

Pasajes de los Padres de la Iglesia que comentan o citan este capítulo, tal como aparecen en la edición de Schaff (traducciones inglesas del siglo XIX, de dominio público). Los textos están en inglés.

Cómo se eligieron

«Comentario» es el comienzo de una homilía o exposición sobre este capítulo (homilías de san Juan Crisóstomo; tratados, sermones y comentarios a los Salmos de san Agustín). «Cita» es una frase en la que las notas de la propia edición identifican la cita de un versículo de este capítulo; solo se conserva si el texto coincide con el versículo. Solo se usan obras de autoría segura. Los Salmos siguen la numeración hebrea (Agustín usa la de los Setenta: su Salmo 50 es aquí el 51).

  1. Comentario 8:8 Augustine of Hippo, Sermons on Selected Lessons of the New Testament (Sermon XII)

    We have heard, as the Gospel was being read, the praise of our faith as manifested in humility. For when the Lord Jesus promised that He would go to the Centurion's house to heal His servant, He answered, "I am not worthy that Thou shouldest come under my roof: but speak the word only, and he shall be healed." By …

    Leer en contexto · Nicene and Post-Nicene Fathers, series 1, vol. 6 (1888)

  2. Comentario 8:5 John Chrysostom, Homilies on the Gospel of Matthew (Homily XXVI)

    The leper came unto Him "when He was come down from the mountain," but this centurion, "when He was entered into Capernaum." Wherefore then did neither the one nor the other go up into the mountain? Not out of remissness, for indeed the faith of them both was fervent, but in order not to interrupt His teaching.

    Leer en contexto · Nicene and Post-Nicene Fathers, series 1, vol. 10 (1888)

  3. Cita 8:9 Irenaeus of Lyons, Against Heresies (Book I, Chapter VI)

    They maintain that he is the centurion mentioned in the Gospel, who addressed the Saviour in these words: "For I also am one having soldiers and servants under my authority; and whatsoever I command they do." They further hold that he will continue administering the affairs of the world as long as that is fitting and needful, and specially that …

    Leer en contexto · Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (1885)

  4. Cita 8:22 Augustine of Hippo, The City of God (Book V, Chapters 16–17)

    … of the gospel, by which the citizens of the heavenly city are delivered from divers errors and gathered together from divers wanderings, to whom his Lord has said, when anxious about the burial of his father, "Follow me, and let the dead bury their dead?" Regulus, in order not to break his oath, even with his most cruel enemies, returned …

    Leer en contexto · Nicene and Post-Nicene Fathers, series 1, vol. 2 (1887)

  5. Cita 8:8 John Chrysostom, Homilies on the Gospel of Matthew (Homily III)

    It was in this way that the centurion also said, "I am not fit that thou shouldest enter under my roof;" because of this, he became worthy, and was "marvelled at" above all Jews.

    Leer en contexto · Nicene and Post-Nicene Fathers, series 1, vol. 10 (1888)