BES Bible in Simple Spanish (2026) 1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro de sesenta codos de alto y seis codos de ancho. La levantó en el valle de Dura, en la tierra de Babilonia. 1 EL rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, la altura de la cual era de sesenta codos, su anchura de seis codos: levantóla en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 Después mandó reunir a los capitanes, los jefes, los gobernantes, los sabios, los tesoreros, los jueces, los supervisores y todos los gobernadores de las regiones del país, para la presentación de la estatua que había levantado. 2 Y envió el rey Nabucodonosor á juntar los grandes, los asistentes y capitanes, oidores, receptores, los del consejo, presidentes, y á todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen á la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3 Los capitanes, los jefes, los gobernantes, los sabios, los tesoreros, los jueces, los supervisores y todos los gobernadores de las regiones del país se reunieron para la presentación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. Se colocaron delante de ella. 3 Fueron pues reunidos los grandes, los asistentes y capitanes, los oidores, receptores, los del consejo, los presidentes, y todos los gobernadores de las provincias, á la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado: y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4 Entonces un pregonero del rey anunció en voz alta: Pueblos, naciones y gente de toda lengua, esta es la orden que se les da: 4 Y el pregonero pregonaba en alta voz: Mándase á vosotros, oh pueblos, naciones, y lenguas,
5 Cuando oigan el sonido del cuerno, la flauta, el arpa, el trígono, el salterio, la gaita y toda clase de instrumentos, deben postrarse y adorar la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado. 5 En oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, os postraréis y adoraréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado:
6 Quien no se postre y la adore será arrojado en ese mismo momento al fuego ardiente del horno. 6 Y cualquiera que no se postrare y adorare, en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7 Por eso, cuando todos oyeron el sonido del cuerno, la flauta, el arpa, el trígono, el salterio y toda clase de instrumentos, se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado. 7 Por lo cual, en oyendo todos los pueblos el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, todos los pueblos, naciones, y lenguas, se postraron, y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
8 En ese momento, unos caldeos se acercaron y acusaron a los judíos. 8 Por esto en el mismo tiempo algunos varones Caldeos se llegaron, y denunciaron de los Judíos,
9 Dijeron al rey Nabucodonosor: ¡Que el rey viva para siempre! 9 Hablando y diciendo al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
10 Rey, tú has ordenado que todo el que oiga el sonido del cuerno, la flauta, el arpa, el trígono, el salterio, la gaita y toda clase de instrumentos se postre y adore la estatua de oro. 10 Tú, oh rey, pusiste ley que todo hombre en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, se postrase y adorase la estatua de oro:
11 Quien no se postre y la adore debe ser arrojado al fuego ardiente del horno. 11 Y el que no se postrase y adorase, fuese echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
12 Pero hay unos judíos a quienes pusiste a cargo de los asuntos de la tierra de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego. Ellos no te obedecen, rey. No sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que has levantado. 12 Hay unos varones Judíos, los cuales pusiste tú sobre los negocios de la provincia de Babilonia; Sadrach, Mesach, y Abed-nego: estos varones, oh rey, no han hecho cuenta de ti; no adoran tus dioses, no adoran la estatua de oro que tú levantaste.
13 Nabucodonosor, lleno de ira, ordenó traer a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Los llevaron ante el rey. 13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen á Sadrach, Mesach, y Abed-nego. Al punto fueron traídos estos varones delante del rey.
14 Nabucodonosor les preguntó: Sadrac, Mesac y Abed-nego, ¿es cierto que no sirven a mi dios ni adoran la estatua de oro que he levantado? 14 Habló Nabucodonosor, y díjoles: ¿Es verdad Sadrach, Mesach, y Abed-nego, que vosotros no honráis á mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
15 Si ahora están dispuestos a postrarse y adorar la estatua que hice cuando oigan el sonido del cuerno, la flauta, el arpa, el trígono, el salterio, la gaita y toda clase de instrumentos, está bien. Pero si no la adoran, serán arrojados en ese mismo momento al fuego ardiente del horno. ¿Qué dios podrá librarlos de mis manos? 15 Ahora pues, ¿estáis prestos para que en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, os postréis, y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo: ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor: No necesitamos darte una respuesta sobre este asunto. 16 Sadrach, Mesach, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: No cuidamos de responderte sobre este negocio.
17 Si nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del fuego ardiente del horno y de tus manos, rey, él nos librará. 17 He aquí nuestro Dios á quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18 Pero si no lo hace, debes saber, rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado. 18 Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado.
19 Nabucodonosor se llenó de ira, y su rostro cambió al mirar a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Ordenó calentar el horno siete veces más de lo acostumbrado. 19 Entonces Nabucodonosor fué lleno de ira, y demudóse la figura de su rostro sobre Sadrach, Mesach, y Abed-nego: [así] habló, y ordenó que el horno se encendiese siete veces tanto de lo que cada vez solía.
20 También ordenó a unos hombres fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los arrojaran al fuego ardiente del horno. 20 Y mandó á hombres muy vigorosos que [tenía] en su ejército, que atasen á Sadrach, Mesach, y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
21 Así que los ataron con sus abrigos, pantalones, gorros y demás ropa, y los arrojaron al fuego ardiente del horno. 21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus turbantes, y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
22 La orden del rey era firme y el horno estaba tan caliente que las llamas mataron a los hombres que llevaron a Sadrac, Mesac y Abed-nego hasta el horno. 22 Y porque la palabra del rey daba priesa, y había procurado que se encendiese mucho, la llama del fuego mató á aquellos que habían alzado á Sadrach, Mesach, y Abed-nego.
23 Los tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados en el fuego ardiente del horno. 23 Y estos tres varones, Sadrach, Mesach, y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24 Entonces el rey Nabucodonosor, lleno de temor y asombro, se levantó de prisa y preguntó a sus sabios: ¿No arrojamos al fuego a tres hombres atados? Ellos respondieron: Así es, rey. 24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantóse apriesa, y habló, y dijo á los de su consejo: ¿No echaron tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Es verdad, oh rey.
25 El rey dijo: ¡Miren! Veo cuatro hombres sueltos que caminan en medio del fuego sin sufrir daño. El cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses. 25 Respondió él y dijo: He aquí que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño hay en ellos: y el parecer del cuarto es semejante á hijo de los dioses.
26 Nabucodonosor se acercó a la entrada del horno y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, ¡salgan y vengan aquí! Ellos salieron del fuego. 26 Entonces Nabucodonosor se acercó á la puerta del horno de fuego ardiendo, y habló y dijo: Sadrach, Mesach, y Abed-nego, siervos del alto Dios, salid y venid. Entonces Sadrach, Mesach, y Abed-nego, salieron de en medio del fuego.
27 Los capitanes, los jefes, los gobernantes y los sabios del rey que se habían reunido vieron que el fuego no había dañado sus cuerpos. Ni un cabello se les había quemado; sus abrigos estaban intactos y ni siquiera olían a quemado. 27 Y juntáronse los grandes, los gobernadores, los capitanes, y los del consejo del rey, para mirar estos varones, como el fuego no se enseñoreó de sus cuerpos, ni cabello de sus cabezas fué quemado, ni sus ropas se mudaron, ni olor de fuego había pasado por ellos.
28 Nabucodonosor dijo: ¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego! Él envió a su ángel y libró a sus siervos, que confiaron en él. Ellos desobedecieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos al fuego antes que servir o adorar a otro dios que no fuera su Dios. 28 Nabucodonosor habló y dijo: Bendito el Dios de ellos, de Sadrach, Mesach, y Abed-nego, que envió su ángel, y libró sus siervos que esperaron en él, y el mandamiento del rey mudaron, y entregaron sus cuerpos antes que sirviesen ni adorasen otro dios que su Dios.
29 Por eso ordeno que cualquiera, de cualquier pueblo, nación o lengua, que hable contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego sea cortado en pedazos y su casa sea destruida. Porque no hay otro dios que pueda salvar de esta manera. 29 Por mí pues se pone decreto, que todo pueblo, nación, ó lengua, que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrach, Mesach, y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa sea puesta por muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.
30 Entonces el rey dio a Sadrac, Mesac y Abed-nego aún más autoridad en la tierra de Babilonia. 30 Entonces el rey engrandeció á Sadrach, Mesach, y Abed-nego en la provincia de Babilonia.