BES Bible in Simple Spanish (2026) 1 Cuando Jacob supo que había grano en Egipto, dijo a sus hijos: «¿Por qué se quedan mirándose unos a otros? 1 Y VIENDO Jacob que en Egipto había alimentos, dijo á sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando?
2 He oído que hay grano en Egipto. Bajen allá y compren alimento para nosotros, para que vivamos y no muramos». 2 Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no nos muramos.
3 Entonces diez hermanos de José bajaron a Egipto para comprar grano. 3 Y descendieron los diez hermanos de José á comprar trigo á Egipto.
4 Pero Jacob no envió con ellos a Benjamín, hermano de José, porque temía que le sucediera algún daño. 4 Mas Jacob no envió á Benjamín hermano de José con sus hermanos; porque dijo: No sea acaso que le acontezca algún desastre.
5 Así los hijos de Israel fueron a comprar grano junto con otros que iban a Egipto, porque había hambre en la tierra de Canaán. 5 Y vinieron los hijos de Israel á comprar entre los que venían: porque había hambre en la tierra de Canaán.
6 José era el gobernador de Egipto y el que vendía grano a toda la gente. Cuando sus hermanos llegaron, se inclinaron delante de él rostro en tierra. 6 Y José era el señor de la tierra, que vendía á todo el pueblo de la tierra: y llegaron los hermanos de José, é inclináronse á él rostro por tierra.
7 José reconoció a sus hermanos en cuanto los vio, pero fingió no conocerlos y les habló con dureza: «¿De dónde vienen?». Ellos respondieron: «De la tierra de Canaán, para comprar alimento». 7 Y José como vió á sus hermanos, conociólos; mas hizo que no los conocía, y hablóles ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán á comprar alimentos.
8 José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron. 8 José, pues, conoció á sus hermanos; pero ellos no le conocieron.
9 Entonces José recordó los sueños que había tenido acerca de ellos y les dijo: «Ustedes son espías. Han venido a ver las partes débiles del país». 9 Entonces se acordó José de los sueños que había tenido de ellos, y díjoles: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido.
10 Ellos respondieron: «No, señor. Tus siervos han venido a comprar alimento. 10 Y ellos le respondieron: No, señor mío: mas tus siervos han venido á comprar alimentos.
11 Todos somos hijos de un mismo padre. Somos hombres honrados; tus siervos no son espías». 11 Todos nosotros somos hijos de un varón: somos hombres de verdad: tus siervos nunca fueron espías.
12 Pero José dijo: «No. Han venido a ver las partes débiles del país». 12 Y él les dijo: No; á ver lo descubierto del país habéis venido.
13 Ellos respondieron: «Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo hombre en la tierra de Canaán. El menor está ahora con nuestro padre, y otro ya no está». 13 Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece.
14 José les dijo: «Es como les dije: son espías. 14 Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías:
15 Los pondré a prueba de esta manera: tan cierto como que vive el faraón, no saldrán de aquí a menos que venga su hermano menor. 15 En esto seréis probados: Vive Faraón que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor aquí viniere.
16 Envíen a uno de ustedes a buscarlo. Los demás quedarán presos. Así veremos si lo que dicen es verdad. Si no, tan cierto como que vive el faraón, ustedes son espías». 16 Enviad uno de vosotros, y traiga á vuestro hermano; y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad con vosotros: y si no, vive Faraón, que sois espías.
17 Entonces los puso juntos bajo custodia durante tres días. 17 Y juntólos en la cárcel por tres días.
18 Al tercer día José les dijo: «Hagan esto y vivirán, porque yo temo a Dios. 18 Y al tercer día díjoles José: Haced esto, y vivid: Yo temo á Dios:
19 Si son hombres honrados, que uno de ustedes quede preso aquí. Los demás pueden llevar grano para alimentar a sus familias. 19 Si sois hombres de verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos; y vosotros id, llevad el alimento para el hambre de vuestra casa:
20 Pero deben traerme a su hermano menor. Así quedará probado que dicen la verdad y no morirán». Ellos aceptaron. 20 Pero habéis de traerme á vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
21 Se decían unos a otros: «En verdad somos culpables por lo que hicimos a nuestro hermano. Vimos su angustia cuando nos rogaba que tuviéramos misericordia, pero no quisimos escucharlo. Por eso nos ha venido esta desgracia». 21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le oímos: por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.
22 Rubén respondió: «¿No les dije que no pecaran contra el muchacho? Pero no me escucharon. Ahora se nos pide cuentas por su sangre». 22 Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el mozo; y no escuchasteis? He aquí también su sangre es requerida.
23 Ellos no sabían que José los entendía, porque hablaba con ellos por medio de un intérprete. 23 Y ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos.
24 José se apartó de ellos y lloró. Después volvió y habló con ellos. Tomó a Simeón y lo hizo atar delante de ellos. 24 Y apartóse él de ellos, y lloró: después volvió á ellos, y les habló, y tomó de entre ellos á Simeón, y aprisionóle á vista de ellos.
25 José ordenó que llenaran sus sacos de grano, que devolvieran el dinero de cada uno dentro de su saco y que les dieran alimento para el viaje. Así se hizo. 25 Y mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino: é hízose así con ellos.
26 Ellos cargaron el grano sobre sus asnos y se fueron. 26 Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y fuéronse de allí.
27 Cuando uno de ellos abrió su saco en el lugar donde pasaron la noche para dar alimento a su asno, vio su dinero en la boca del saco. 27 Y abriendo uno de ellos su saco para dar de comer á su asno en el mesón, vió su dinero que estaba en la boca de su costal.
28 Dijo a sus hermanos: «¡Me devolvieron el dinero! Aquí está en mi saco». Sus corazones se llenaron de temor y, temblando, se preguntaban unos a otros: «¿Qué nos ha hecho Dios?». 28 Y dijo á sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y aun helo aquí en mi saco. Sobresaltóseles entonces el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?
29 Cuando llegaron a la tierra de Canaán, contaron a Jacob, su padre, todo lo sucedido: 29 Y venidos á Jacob su padre en tierra de Canaán, contáronle todo lo que les había acaecido, diciendo:
30 «El hombre que gobierna el país nos habló con dureza y nos trató como espías. 30 Aquel varón, señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como á espías de la tierra:
31 Le dijimos: “Somos hombres honrados, no somos espías. 31 Y nosotros le dijimos: Somos hombres de verdad, nunca fuimos espías:
32 Somos doce hermanos, hijos de un mismo padre. Uno ya no está, y el menor está ahora con nuestro padre en la tierra de Canaán”. 32 Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.
33 Entonces el hombre que gobierna el país nos dijo: “Así sabré si son hombres honrados: dejen conmigo a uno de sus hermanos, tomen grano para sus familias y váyanse. 33 Y aquel varón, señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres de verdad; dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad,
34 Luego tráiganme a su hermano menor. Así sabré que no son espías, sino hombres honrados. Entonces les devolveré a su hermano y podrán moverse libremente por el país”». 34 Y traedme á vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres de verdad: [así] os daré á vuestro hermano, y negociaréis en la tierra.
35 Cuando vaciaron sus sacos, cada uno encontró su bolsa de dinero dentro del suyo. Al ver el dinero, ellos y su padre tuvieron miedo. 35 Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero: y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor.
36 Jacob, su padre, les dijo: «Me están dejando sin hijos. José ya no está, Simeón tampoco está, ¿y ahora quieren llevarse a Benjamín? Todo esto está contra mí». 36 Entonces su padre Jacob les dijo: Habéisme privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y á Benjamín le llevaréis: contra mí son todas estas cosas.
37 Rubén dijo a su padre: «Puedes matar a mis dos hijos si no te devuelvo a Benjamín. Ponlo bajo mi cuidado y yo te lo traeré de regreso». 37 Y Rubén habló á su padre, diciendo: Harás morir á mis dos hijos, si no te lo volviere; entrégalo en mi mano, que yo lo volveré á ti.
38 Pero Jacob respondió: «Mi hijo no bajará con ustedes. Su hermano murió y él es el único que me queda. Si le sucede algo en el camino, ustedes harán que este anciano muera de tristeza». 38 Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros; que su hermano es muerto, y él solo ha quedado: y si le aconteciere [algún] desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor á la sepultura.