BES La Biblia en Español Sencillo 2026 1 En el primer año de Darío, hijo de Asuero, de descendencia meda, que había sido hecho rey del reino de los caldeos, 1 EN el año primero de Darío hijo de Assuero, de la nación de los Medos, el cual fué puesto por rey sobre el reino de los Caldeos;
2 en ese primer año de su reinado, yo, Daniel, entendí por los libros el número de años que el Señor había anunciado al profeta Jeremías para que terminara la desolación de Jerusalén: setenta años. 2 En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años, del cual habló Jehová al profeta Jeremías, que había de concluir la asolación de Jerusalem en setenta años.
3 Me volví al Señor Dios y me dediqué a orar y a pedir su favor, con ayuno, vestido de tela áspera y cubierto de polvo. 3 Y volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, en ayuno, y cilicio, y ceniza.
4 Oré al Señor mi Dios, confesé nuestros pecados y dije: Señor, Dios grande y temible, que guardas el pacto y muestras misericordia a quienes te aman y obedecen tus mandamientos: 4 Y oré á Jehová mi Dios, y confesé, y dije: Ahora Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;
5 Hemos pecado, hemos actuado mal y hemos hecho el mal. Nos hemos rebelado contra ti y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus leyes. 5 Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios.
6 No hemos escuchado a tus siervos los profetas, que hablaron en tu nombre a nuestros reyes, gobernantes, antepasados y a todo el pueblo de la tierra. 6 No hemos obedecido á tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron á nuestros reyes, y á nuestros príncipes, á nuestros padres, y á todo el pueblo de la tierra.
7 Señor, tuya es la justicia, pero nuestra es la vergüenza hasta el día de hoy. La vergüenza es de los hombres de Judá, de los habitantes de Jerusalén y de todo Israel, de los que están cerca y de los que están lejos, en todos los países adonde los has enviado por el pecado que cometieron contra ti. 7 Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy á todo hombre de Judá, y á los moradores de Jerusalem, y á todo Israel, á los de cerca y á los de lejos, en todas las tierras á donde los has echado á causa de su rebelión con que contra ti se rebelaron.
8 Señor, nuestra es la vergüenza, y también la de nuestros reyes, gobernantes y antepasados, porque hemos pecado contra ti. 8 Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.
9 Del Señor nuestro Dios son la misericordia y el perdón, pues nos hemos rebelado contra él. 9 De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia, y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado;
10 No hemos escuchado la voz del Señor nuestro Dios ni hemos seguido las leyes que nos dio por medio de sus siervos los profetas. 10 Y no obedecimos á la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes, las cuales puso él delante de nosotros por mano de sus siervos los profetas.
11 Todo Israel ha pecado contra tu ley y se ha apartado para no escuchar tu voz. Por eso han caído sobre nosotros la maldición y el juramento escritos en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra él. 11 Y todo Israel traspasó tu ley apartándose para no oir tu voz: por lo cual ha fluído sobre nosotros la maldición, y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos.
12 Él ha cumplido lo que anunció contra nosotros y contra los que nos juzgaban, al traer sobre nosotros una gran desgracia. Bajo todo el cielo nunca había sucedido algo como lo que sucedió en Jerusalén. 12 Y él ha verificado su palabra que habló sobre nosotros, y sobre nuestros jueces que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; que nunca fué hecho debajo del cielo como el que fué hecho en Jerusalem.
13 Tal como está escrito en la ley de Moisés, toda esta desgracia ha caído sobre nosotros. Pero no hemos pedido el favor del Señor nuestro Dios para apartarnos de nuestras malas acciones y alcanzar la verdadera sabiduría. 13 Según está escrito en la ley de Moisés, todo aqueste mal vino sobre nosotros: y no hemos rogado á la faz de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades, y entender tu verdad.
14 El Señor estuvo atento a esta desgracia y la trajo sobre nosotros. El Señor nuestro Dios es justo en todo lo que hace, pero nosotros no hemos escuchado su voz. 14 Veló por tanto Jehová sobre el mal, y trájolo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que hizo, porque no obedecimos á su voz.
15 Ahora, Señor nuestro Dios, tú sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano fuerte y te hiciste un nombre que perdura hasta hoy. Nosotros hemos pecado y hemos hecho el mal. 15 Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste nombre cual en este día; hemos pecado, impíamente hemos hecho.
16 Señor, por tu justicia, aparta tu ira y tu furor de tu ciudad Jerusalén, tu monte santo. Por nuestros pecados y las malas acciones de nuestros antepasados, Jerusalén y tu pueblo son motivo de vergüenza para todos los que nos rodean. 16 Oh Señor, según todas tus justicias, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalem, tu santo monte: porque á causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalem y tu pueblo dados son en oprobio á todos en derredor nuestro.
17 Ahora, Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y su petición de favor. Haz brillar tu rostro sobre tu santuario destruido, por amor a tus siervos, Señor. 17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.
18 Dios mío, inclina tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira nuestra desolación y la ciudad que lleva tu nombre. No presentamos nuestras oraciones ante ti por nuestra justicia, sino por tu gran misericordia. 18 Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestros asolamientos, y la ciudad sobre la cual es llamado tu nombre: porque no derramamos nuestros ruegos ante tu acatamiento [confiados] en nuestras justicias, sino en tus muchas miseraciones.
19 Señor, escucha. Señor, perdona. Señor, atiende y actúa. No tardes, por el honor de tu nombre, Dios mío, porque tu ciudad y tu pueblo llevan tu nombre. 19 Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
20 Yo seguía orando y confesando mis pecados y los de mi pueblo Israel ante el Señor, y pedía el favor del Señor mi Dios por su monte santo. 20 Aun estaba hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;
21 Mientras aún oraba, Gabriel, el hombre que había visto en la primera visión cuando estaba muy cansado, me tocó cerca de la hora de la ofrenda de la tarde. 21 Aun estaba hablando en oración, y aquel varón Gabriel, al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como á la hora del sacrificio de la tarde.
22 Me enseñó y me dijo: Daniel, he venido ahora para darte sabiduría. 22 E hízome entender, y habló conmigo, y dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración.
23 En cuanto comenzaste a orar, se dio una respuesta, y he venido para dártela a conocer, porque eres muy amado. Presta atención a estas palabras y entiende la visión. 23 Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres [varón] de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión.
24 Se han fijado setenta semanas para tu pueblo y tu ciudad santa, para que la rebelión llegue a su fin y el pecado alcance su límite, para hacer expiación por la maldad y traer justicia eterna, para confirmar como verdaderas la visión y la palabra del profeta, y para ungir un lugar santísimo. 24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
25 Debes saber con certeza que, desde que se dé la orden de reconstruir Jerusalén hasta la llegada de un príncipe ungido, pasarán siete semanas. En sesenta y dos semanas quedará reconstruida, con su plaza y su terraplén. 25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar á Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse á edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
26 Al terminar esos tiempos, después de las sesenta y dos semanas, un ungido será eliminado y no tendrá nada. El pueblo de un príncipe que vendrá destruirá la ciudad y el santuario. El fin llegará como una inundación, y hasta el fin habrá guerra y la desolación que se ha decretado. 26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá á la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos.
27 Se dictará una orden firme contra muchos por una semana. Durante la mitad de la semana cesarán el sacrificio y la ofrenda de harina, y en su lugar habrá una abominación que causa horror, hasta que la destrucción decretada caiga sobre el destructor. 27 Y en otra semana confirmará el pacto á muchos, y á la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones [será] el desolar, y [esto] hasta una entera consumación; y derramaráse la [ya] determinada sobre el [pueblo] asolado.