El papa Honorio: el papa al que condenó un concilio ecuménico

En 681 el Sexto Concilio Ecuménico leyó las cartas del papa Honorio sobre la voluntad de Cristo, las juzgó heréticas y lo anatematizó por su nombre; el papa León II lo confirmó. Qué escribió Honorio, qué dijeron el concilio y Roma, las respuestas católicas expuestas con equidad y respondidas, y por qué el caso va en contra de la infalibilidad papal.

En marzo de 681, en Constantinopla, los obispos del Sexto Concilio Ecuménico examinaron las cartas de un obispo de Roma, declararon su enseñanza ajena a la fe de los apóstoles y lo declararon anatema por su nombre. Los legados papales ocuparon el lugar de honor y no plantearon ninguna objeción. Más tarde resonaron las aclamaciones del concilio: «¡A Honorio, el hereje, anatema!» (traducción nuestra).1 El papa siguiente confirmó la sentencia por escrito.

El papa Honorio I (de 625 a 638) ha figurado desde entonces en todas las discusiones sobre el papado. El Concilio Vaticano I (1870) definió que el papa, cuando habla ex cathedra, goza de la infalibilidad prometida a la Iglesia, y que sus definiciones son irreformables «por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia».2 Si esa era la fe de la Iglesia antigua, ¿por qué un concilio ecuménico se sentó a juzgar las cartas doctrinales de un papa y lo anatematizó, con la aprobación de la propia Roma?

En resumen

Preguntado por el patriarca Sergio de Constantinopla acerca de la fórmula «una sola energía» en Cristo, el papa Honorio respondió, hacia el 634, que «confesamos una sola voluntad de nuestro Señor Jesucristo» y prohibió hablar de una o de dos energías. Entre 680 y 681, el Sexto Concilio Ecuménico definió dos voluntades naturales y dos energías naturales en Cristo y anatematizó a los dirigentes monotelitas, y con ellos a Honorio, «por lo que hallamos escrito por él a Sergio». El papa León II confirmó el concilio y anatematizó también a Honorio. Concilios posteriores y la profesión de fe de los nuevos papas repitieron la sentencia. Los teólogos católicos responden que Honorio no habló ex cathedra, o que fue condenado solo por negligencia. Esas respuestas salvan la letra de 1870; no explican por qué la Iglesia antigua sometió a prueba la enseñanza de un papa según la fe de toda la Iglesia y la juzgó.

Tesis: La condenación del papa Honorio por el Sexto Concilio Ecuménico, confirmada por su propia sede, muestra que la Iglesia antigua no sostenía la infalibilidad papal definida en 1870; el guardián de la fe era la Iglesia entera reunida en concilio, como la Iglesia ortodoxa sigue confesando.

Lo que estaba en juego: ¿una voluntad o dos?

El Concilio de Calcedonia (451) había confesado a un solo Señor Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, en dos naturalezas, divina y humana, unidas sin confusión y sin división. Los emperadores querían recuperar a los muchos cristianos de Egipto y de Siria que rechazaban Calcedonia. Según el relato posterior de Sergio, hacia el 622 el emperador Heraclio habló de «una sola operación» (energía) en Cristo, y Ciro, patriarca de Alejandría desde cerca del 630 o 631, usó la fórmula para lograr una amplia reunión con los monofisitas de Egipto, con el apoyo de Sergio.3

El monje San Sofronio, pronto patriarca de Jerusalén, objetó contra la «operación única». La razón es clara: negar a Cristo una energía y una voluntad humanas es hacer incompleta su humanidad, y, como había escrito San Gregorio el Teólogo, «lo que no ha asumido, no lo ha sanado».4 Sergio aceptó abandonar «una sola energía», pidió que se abandonara también «dos energías», y escribió a Roma.3

La fe que la Iglesia definió después es esta. Cristo es una sola Persona, el Hijo eterno, en dos naturalezas, y por eso tiene dos voluntades naturales y dos energías naturales, divina y humana. San Juan Damasceno lo resume: «Puesto que Cristo tiene dos naturalezas, sostenemos que tiene también dos voluntades naturales y dos energías naturales». La voluntad humana es real, pero nunca se opone a la voluntad divina. Cristo no tiene una voluntad pecadora ni una voluntad vacilante y deliberante, como la de los hombres caídos; San Juan escribe que «no podemos, si queremos ser exactos, hablar de Cristo como poseedor de juicio (gnome) y de preferencia».4 Es sin pecado y no podía pecar. En Getsemaní la voluntad humana habla y está perfectamente de acuerdo con la divina: «Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26:39).5

Lo que escribió Honorio

Honorio respondió a Sergio hacia el 634. El obispo Karl Joseph Hefele publicó una traducción inglesa completa en su History of the Councils.6 Gran parte es ortodoxa: Cristo es «Dios y hombre perfecto», el «único Mediador entre Dios y los hombres en dos naturalezas». Luego viene la frase sobre la que giró la controversia: «De ahí que también confesemos una sola voluntad de nuestro Señor Jesucristo», que explicó diciendo que la divinidad asumió nuestra naturaleza tal como era antes de la Caída, no como fue corrompida por el pecado. Ese es su razonamiento. Es justo que Cristo no tenga una voluntad pecadora, pero una voluntad sin pecado sigue siendo una voluntad humana, y la Iglesia nunca sacó de la ausencia de pecado la conclusión de que su humanidad carezca de una voluntad propia.

Honorio escribió que la cuestión de si hablar de una energía o de dos no debía convertirse en dogma de la Iglesia, «ya que ni los Evangelios ni las cartas de los apóstoles, ni tampoco los Sínodos, lo han establecido». Dejó la cuestión «a los gramáticos» e instó a Sergio a unirse a él en «huir de la nueva manera de hablar de una energía o de dos».6 En una segunda carta, de la cual el concilio leyó fragmentos, rechazó otra vez ambas expresiones, diciendo, con más acierto, que cada naturaleza obra lo que le es propio.7

¿Era Honorio monotelita de corazón? El papa Juan IV, escribiendo en 641, defendió su intención aunque reconoció que «una sola voluntad» era una expresión equívoca; San Máximo también lo defendió, citando al abad Juan, redactor de la carta: Honorio solo quiso negar que Cristo tuviera una segunda voluntad, contraria, propia de la carne caída.8 Eso puede ser cierto de su intención, pero usó las palabras de los herejes, y el silencio que impuso amordazó a los ortodoxos. En 638 Sergio publicó la Ekthesis en nombre del emperador, ordenando a todos confesar una sola voluntad en Cristo. Un sínodo de Constantinopla la aclamó como «de verdad acorde con la predicación apostólica», palabras que, según la Catholic Encyclopedia, se apoyan evidentemente en la carta de Honorio.9 Honorio murió el 12 de octubre de 638.

Cuarenta años de lucha

Los papas siguientes condenaron la Ekthesis. El emperador Constante II la sustituyó con el Typos, que prohibía a todos hablar de una voluntad o de dos. El papa San Martín I reunió un concilio en el Laterano en 649 que condenó ambos edictos; fue llevado a Constantinopla y murió en el exilio, en Crimea, en 655. San Máximo fue juzgado, mutilado y desterrado, y murió en 662.10 Su confesión se relata en nuestro artículo sobre San Máximo el Confesor.

El Sexto Concilio Ecuménico condena a un papa

El emperador Constantino IV convocó el concilio, que se reunió en Constantinopla desde el 7 de noviembre de 680 hasta el 16 de septiembre de 681. Estuvieron representados los cinco patriarcados, Alejandría y Jerusalén (entonces bajo dominio musulmán) por delegados, y el papa San Agatón envió legados con una larga carta en defensa de las dos voluntades.11 En ella decía que «esta su Iglesia apostólica nunca se ha apartado del camino de la verdad hacia ninguna dirección de error».12

En la sesión duodécima se presentaron y leyeron las cartas de Sergio y de Honorio. En la decimotercera, el 28 de marzo de 681, el concilio los juzgó a todos: «encontramos que estos documentos son del todo ajenos a los dogmas apostólicos, a las declaraciones de los santos Concilios y a todos los Padres aceptados, y que siguen las falsas enseñanzas de los herejes».13 Tras anatematizar a Sergio, Ciro, Pirro, Pablo, Pedro y Teodoro de Farán, añadió:

Y con estos definimos que sean expulsados de la santa Iglesia de Dios y anatematizado Honorio, que fue en otro tiempo papa de la Antigua Roma, por lo que hallamos escrito por él a Sergio: que en todo siguió su parecer y confirmó sus impías doctrinas.13

{{very-strong: El concilio anatematizó a Honorio por su nombre, por el contenido de sus propias cartas doctrinales, y ordenó quemarlas.}}14 La definición de fe, firmada por los legados y los obispos, nombra a «Honorio, que fue papa de la Roma más antigua» entre los instrumentos de los que el autor del mal se valió para levantar «los tropiezos de una sola voluntad y una sola operación», y luego define:

asimismo declaramos que en él hay dos voluntades naturales y dos operaciones naturales, de modo indiviso, inconvertible, inseparable e inconfuso, según la enseñanza de los santos Padres. Y estas dos voluntades naturales no son contrarias la una a la otra (¡Dios no lo quiera!), como afirman los herejes impíos, sino que su voluntad humana sigue, y esto no como resistiendo y renuente, sino más bien como sometida a su voluntad divina y omnipotente.15

La carta del concilio al papa San Agatón dice que los obispos «los mataron con el anatema, como caídos en la fe y como pecadores», Honorio entre ellos, y el edicto del emperador, según lo resumen Hefele y Percival, lo llama «el confirmador de la herejía que se contradijo a sí mismo».16

Roma confirma la sentencia

El papa San Agatón murió antes de que las actas llegaran a Roma. Su sucesor, León II, consagrado en agosto de 682, confirmó el concilio en una carta al emperador. En la traducción de John Chapman a partir del griego (Catholic Encyclopedia):

Anatematizamos a los inventores del nuevo error, es decir, a Teodoro, Sergio, ... y también a Honorio, que no intentó santificar esta Iglesia apostólica con la enseñanza de la tradición apostólica, sino que, por una traición profana, permitió que su pureza fuera contaminada.17

Las copias latinas difieren. Una dice, en nuestra traducción, que Honorio «intentó subvertir la fe inmaculada» (immaculatam fidem subvertere conatus est); otra, citada por Hefele, que «permitió que la fe inmaculada fuera manchada» (immaculatam fidem maculari permisit).18 Todas las formas lo condenan. A los obispos de España, León les nombró a Honorio como uno que «no extinguió, como correspondía a la autoridad apostólica, la llama de la enseñanza herética en sus comienzos, sino que la fomentó con su negligencia». Al rey Ervigio le escribió que Honorio «permitió que la regla inmaculada de la tradición apostólica, que recibió de sus predecesores, fuera empañada».17 Pidió a los obispos de España que suscribieran la definición del concilio, anatema incluido.18

Una sentencia repetida durante siglos

El Concilio de Trulo (692), en su primer canon, dice que el Sexto Concilio «condenó con justa sentencia a quienes adulteraron la verdadera doctrina», y nombra a «Teodoro de Farán, Ciro de Alejandría, Honorio de Roma, Sergio, Pirro, Pablo y Pedro». Roma no aceptó los cánones trulanos en su conjunto, pero este canon solo informa de lo que había hecho el Sexto Concilio.19 El Séptimo Concilio Ecuménico (Nicea, 787), en su decreto de fe, afirma «dos voluntades y dos operaciones según la realidad de cada naturaleza, como también enseñó el Sexto Sínodo, celebrado en Constantinopla, que expulsó a Sergio, Honorio, Ciro, Pirro, Macario y a los que concuerdan con ellos».20 El concilio de 869-870, que Roma cuenta como el octavo concilio ecuménico y los ortodoxos no, repitió el anatema.21

Roma también conservó el recuerdo. El Liber Diurnus, el formulario de la cancillería papal, conserva una profesión de fe que, según Hefele, cada nuevo papa hacía al asumir el cargo, en una forma probablemente fijada bajo Gregorio II a comienzos del siglo VIII. En ella el papa acepta el anatema del Sexto Concilio sobre los dirigentes monotelitas «junto con Honorio, que dio pábulo a sus perversas afirmaciones».22 {{strong: Durante siglos, los propios papas profesaron que un predecesor había sido anatematizado con justicia por un concilio ecuménico.}}23

Por qué importa para la infalibilidad papal

El Vaticano I fundó su definición en la promesa de Cristo a Pedro y apeló a los Padres como testigos: seguían la enseñanza de los romanos pontífices «porque sabían muy bien que esta sede de San Pedro permanece siempre libre de todo error», citando Lucas 22:32. Esa apelación es una afirmación sobre la historia, y la historia de Honorio la pone a prueba.2 El Concilio Vaticano II repitió que «con razón» las definiciones del papa «son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia».24 El concilio del 681 actuó de otro modo. No preguntó si Honorio había hablado con una solemnidad especial; comparó lo que escribió con las Escrituras, los concilios y los Padres, y lo juzgó. Los legados de Roma firmaron, y el siguiente obispo de Roma estuvo de acuerdo. Nuestro tratamiento más amplio es Infalibilidad papal: ¿doctrina antigua o desarrollo posterior?

Las respuestas católicas, expuestas con equidad

1. Honorio no habló ex cathedra

Esta es la respuesta principal, bien expuesta por el cardenal John Henry Newman en su Letter to the Duke of Norfolk (1875). Newman concede que la condenación «es ciertamente un fuerte argumento primâ facie contra la infalibilidad doctrinal del papa». Pero el Vaticano I limita la infalibilidad a las definiciones solemnes que obligan a toda la Iglesia, y las cartas de Honorio «en su misma apariencia no son más que partes de una discusión con vistas a alguna decisión final». Así, «sus palabras no eran ex cathedrâ y, por tanto, no procedían de su infalibilidad».25 Chapman coincide en que la carta «no puede llamarse privada, pues es una respuesta oficial a una consulta formal», pero, como no define ni condena nada, «es por supuesto imposible considerarla una declaración ex cathedra».26

Respuesta. Concedamos que el caso no contradice la letra estricta de 1870. Nada en las actas del 681, ni en la confirmación de Roma, reconoce una categoría de enseñanza papal exenta de juicio; el concilio no clasificó las palabras de Honorio en solemnes y privadas, sino que juzgó su contenido. Honorio respondió al patriarca de Constantinopla, a petición formal de este, sobre la doctrina que entonces dividía a la Iglesia, y sus palabras fueron incorporadas a un credo imperial. Si tal enseñanza puede ser herética, la promesa de una sede «libre de todo error» significa mucho menos de lo que suena. El propio León II, en el griego de su carta, dijo que Honorio dejó que se contaminara la pureza de «esta Iglesia apostólica».

2. Honorio fue condenado solo por negligencia

Algunos apologistas, como Pennacchi y Grisar, sostuvieron que León II sustituyó la acusación de herejía del concilio por una de negligencia. Después de 1870, Hefele sostuvo que Honorio erró en la expresión, no en el pensamiento, y que León definió el sentido en que debía entenderse la sentencia.26

Respuesta. Chapman, erudito católico, rechazó la primera forma de este argumento: «Nada, sin embargo, podría ser menos explícito». Concluyó: «Está claro que ningún católico tiene derecho a defender al papa Honorio. Fue un hereje, no por intención, sino de hecho». Chapman añade que Honorio no fue condenado como monotelita, que sería duro llamarlo «hereje privado» dado que sus intenciones eran buenas, y que su carta no era, con todo, una declaración ex cathedra. La respuesta ortodoxa es que esta no es una distinción que el concilio trazara.26 León anatematiza a Honorio en la misma frase que a los inventores del error. Y un papa cuyo deber era guardar la fe, y que en cambio dejó crecer la herejía en su nacimiento, incurre precisamente en la falta que el Vaticano I dice que no puede sobrevenir a la sede de Pedro.

3. El mismo concilio elogió a Roma

Los católicos señalan con razón que el concilio acogió la carta de San Agatón, llamó a Roma «la primera sede de la Iglesia universal» y declaró en su discurso al emperador que «Pedro habló por medio de Agatón».27 El papa Adriano II sostuvo más tarde que los orientales solo pudieron juzgar a Honorio porque el consentimiento de Roma había precedido.21

Respuesta. La Iglesia ortodoxa no niega nada de esto. Roma ocupaba el primer lugar de honor, y San Agatón confesó la fe verdadera. Pero el concilio elogió a San Agatón porque su carta concordaba con la fe apostólica, que examinó, y en las mismas actas condenó a Honorio porque la suya no. Como observó Bossuet, los obispos «aprueban los decretos de Agatón, condenan los de Honorio».28 El elogio siguió a la ortodoxia; la ortodoxia no siguió a la sede. En cuanto a Adriano II, Hefele muestra que se equivocó: San Agatón no había condenado a Honorio en absoluto, sino que había sostenido que todos sus predecesores mantuvieron la doctrina verdadera.21 Esa es la comprensión ortodoxa del primado, expuesta en ¿Creía la Iglesia primitiva en la supremacía papal?

4. Las actas fueron falsificadas

El cardenal Baronio sostuvo que el nombre de Honorio había sido insertado en las actas mediante una falsificación. Los eruditos católicos abandonaron esa tesis; Chapman dice que la teoría «se ha demostrado con frecuencia insostenible», y Percival señala que Hefele también la refutó.29

Honorio en el Vaticano I

En el Vaticano I, Honorio estuvo en todas partes. Hefele, el principal historiador de los concilios, publicó Causa Honorii Papae (Nápoles, 1870) contra la definición, votó non placet el 13 de julio de 1870 y regresó a su casa; promulgó los decretos en su diócesis el 10 de abril de 1871.30 El historiador Ignaz von Döllinger atacó el dogma en los artículos de «Janus», se negó a someterse y fue excomulgado el 18 de abril de 1871.31 Sobre el concilio mismo, véase El Vaticano I y el ultramontanismo.

La posición ortodoxa

La Iglesia ortodoxa honra al Sexto Concilio Ecuménico como la voz de toda la Iglesia y recibe como dogma su definición de las dos voluntades y las dos energías. Recibe también su sentencia sobre Honorio, sin regodeo: fue un pastor respetado, y patriarcas de Constantinopla fueron condenados en la misma sentencia.

La lección es dónde reside la garantía de la fe. Cristo prometió que las puertas del Hades no prevalecerían contra su Iglesia, no que alguna sede estuviera exenta de error. El honor de Roma vino de la sangre de San Pedro y San Pablo y de un largo historial de confesión de la fe (véase ¿Estuvo San Pedro alguna vez en Roma? (en inglés)), y la Iglesia amó esa sede cuando confesaba rectamente. Cuando no lo hizo, la Iglesia juzgó. {{strong: En 681 la prueba final de la ortodoxia era la concordancia con la fe apostólica transmitida en la Escritura, los concilios y los Padres; la comunión con Roma era honrada y buscada, pero no se permitía que excusara una carta que no superaba esa prueba.}} Esa es la fe entregada una vez para siempre y guardada por todo el cuerpo, como San Pablo encargó a San Timoteo guardar el buen depósito.

Por tanto, la infalibilidad papal definida en 1870 es un error, no la fe de los concilios que católicos y ortodoxos llaman por igual ecuménicos. Los católicos romanos son nuestros hermanos en Cristo y confiesan la cristología del Sexto Concilio; les pedimos que sopesen lo que ese concilio hizo con la misma seriedad con que sopesan lo que dijo. Por qué esto importa para hallar la Iglesia se expone en nuestra página ¿Por qué la ortodoxia?.

Lo que podemos afirmar con confianza

  • Honorio escribió a Sergio hacia el 634: «confesamos una sola voluntad de nuestro Señor Jesucristo», y prohibió hablar de una o de dos energías.
  • El Sexto Concilio Ecuménico (680-681) juzgó sus cartas contrarias a la fe apostólica y lo anatematizó por su nombre en su sentencia, en sus aclamaciones y en su definición de fe.
  • El papa León II confirmó el concilio y anatematizó a Honorio en sus propias cartas; el Concilio de Trulo, el Séptimo Concilio Ecuménico y la profesión del Liber Diurnus repitieron la condenación.
  • El dogma de la Iglesia es dos voluntades naturales y dos energías naturales en la única Persona de Cristo, nunca opuestas, siguiendo la voluntad humana a la divina.

Lo que sigue en disputa

  • Lo que Honorio quiso decir en privado. Juan IV y San Máximo defendieron su intención; Hefele lo consideró ortodoxo en el pensamiento pero equivocado en la expresión; otros lo leen como monotelita.
  • La redacción exacta y la fecha de la carta de León II al emperador, cuyas formas griega y latina difieren: en una, Honorio dejó que se contaminara la pureza de la Iglesia; en otra, intentó subvertir la fe.
  • Con qué amplitud se usó la profesión del Liber Diurnus.
  • Si las cartas de Honorio caen bajo los términos del Vaticano I para la enseñanza ex cathedra, una disputa dentro de la teología católica. Los ortodoxos rechazan la categoría misma como ajena al primer milenio.

Conclusión

El Sexto Concilio Ecuménico confesó que el Hijo de Dios tomó una voluntad humana plena para que nuestras voluntades fueran sanadas; en Getsemaní su voluntad humana está libre y perfectamente de acuerdo con la del Padre. Al defender esa verdad, el concilio mostró también cómo la Iglesia la guarda: se reunió, examinó, confesó y juzgó, y juzgó a un papa. Honorio permanece en la memoria de la Iglesia como una advertencia de que ninguna sede está más allá del error. La fe se guarda en la única Iglesia en la que los Padres del 681 la confesaron, y esa Iglesia, la Iglesia ortodoxa, la sigue confesando.

Notas

  1. Tercer Concilio de Constantinopla (Sexto Concilio Ecuménico), sesión XVI, aclamaciones, trad. Henry R. Percival, NPNF2 vol. 14, https://www.newadvent.org/fathers/3813.htm; sobre el asiento de los legados papales, la Historical Introduction de Percival, https://ccel.org/ccel/schaff/npnf214/npnf214.xiii.ii.html, y Chapman, «Monothelitism and Monothelites» (nota 3), que llama a su asiento «el lugar de honor»; sobre el hecho de que los legados no plantearon objeción, Chapman, «Pope Honorius I» (nota 3).
  2. Concilio Vaticano I, Pastor Aeternus (18 de julio de 1870), capítulo 4, trad. en Norman P. Tanner, ed., Decrees of the Ecumenical Councils, https://www.papalencyclicals.net/councils/ecum20.htm.
  3. John Chapman, «Monothelitism and Monothelites», Catholic Encyclopedia vol. 10 (1911), https://www.newadvent.org/cathen/10502a.htm; y Chapman, «Pope Honorius I», Catholic Encyclopedia vol. 7 (1910), https://www.newadvent.org/cathen/07452b.htm.
  4. San Gregorio el Teólogo, Carta 101 (A Cledonio), trad. Charles Gordon Browne y James Edward Swallow, NPNF2 vol. 7, https://www.newadvent.org/fathers/3103a.htm; San Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa 3.14, trad. E. W. Watson y L. Pullan, NPNF2 vol. 9, https://www.newadvent.org/fathers/33043.htm.
  5. El original inglés cita la Escritura según la New King James Version (Nashville: Thomas Nelson, 1982), comprobada en https://www.biblegateway.com/; esta edición en español cita la Reina-Valera 1909.
  6. Honorio, primera carta a Sergio, en Charles Joseph Hefele, A History of the Councils of the Church, vol. 5, trad. William R. Clark (Edimburgo: T. & T. Clark, 1896), pp. 28-32, https://archive.org/details/ahistoryofthecou05hefeuoft.
  7. Hefele, History of the Councils, vol. 5, pp. 49-52. Hefele juzgó incoherente decir que cada naturaleza obra lo que le es propio y, aun así, prohibir la expresión ortodoxa «dos energías».
  8. Chapman, «Pope Honorius I» (nota 3), sección «The ecthesis of Heraclius»; Chapman, «St. Maximus of Constantinople», Catholic Encyclopedia vol. 10 (1911), https://www.newadvent.org/cathen/10078b.htm; Hefele, vol. 5, pp. 52-53.
  9. Chapman, «Monothelitism and Monothelites» (nota 3); Chapman, «Pope Honorius I» (nota 3), sobre la fecha de la muerte de Honorio.
  10. Chapman, «Pope Honorius I», sección «The type of Constans»; Chapman, «St. Maximus of Constantinople» (nota 8).
  11. Percival, Historical Introduction to the Sixth Council, NPNF2 vol. 14 (nota 1).
  12. Papa Agatón, Carta al emperador, leída en el Sexto Concilio, NPNF2 vol. 14, https://www.newadvent.org/fathers/3813.htm.
  13. Tercer Concilio de Constantinopla, sesión XIII, la sentencia contra los monotelitas, NPNF2 vol. 14, https://www.newadvent.org/fathers/3813.htm; fecha de la sesión según Chapman, «Pope Honorius I».
  14. Percival, «Excursus on the Condemnation of Pope Honorius», NPNF2 vol. 14, puntos 1-2, https://ccel.org/ccel/schaff/npnf214/npnf214.xiii.xiii.html.
  15. Tercer Concilio de Constantinopla, Definición de fe (sesión XVIII), NPNF2 vol. 14, https://ccel.org/ccel/schaff/npnf214/npnf214.xiii.x.html.
  16. Tercer Concilio de Constantinopla, Carta al papa Agatón, NPNF2 vol. 14, https://www.newadvent.org/fathers/3813.htm; el edicto imperial tal como se cita en el Excursus de Percival, punto 7 (nota 14).
  17. Chapman, «Pope Honorius I» (nota 3), sección «In what sense Honorius was condemned», que traduce las cartas de León II al emperador Constantino IV, a los obispos de España y al rey Ervigio.
  18. Hefele, History of the Councils, vol. 5, pp. 179-180, 184-186 y 189-190; el latín también en el Excursus de Percival, n. 337 (nota 14).
  19. Concilio de Trulo (692), canon 1, NPNF2 vol. 14, https://www.newadvent.org/fathers/3814.htm.
  20. Segundo Concilio de Nicea (787), Decreto, NPNF2 vol. 14, https://www.newadvent.org/fathers/3819.htm.
  21. Hefele, History of the Councils, vol. 5, pp. 186-187 (el concilio de 869-870 y la carta del papa Adriano II leída allí).
  22. Chapman, «Pope Honorius I» (nota 3), que traduce el Liber Diurnus ii, 9; Hefele, vol. 5, p. 187 (latín: quia pravis haereticorum assertionibus fomentum impendit; ed. de Rozière, n.º 84); Excursus de Percival, punto 12 (nota 14).
  23. Chapman, «Pope Honorius I», sección «Modern controversies on the subject» (la condenación se conservó también en la lección del Breviario Romano para la fiesta de León II hasta el siglo XVIII); Excursus de Percival, punto 13.
  24. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 25 (1964), https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_en.html. Cita en español según el texto oficial: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html.
  25. John Henry Newman, A Letter Addressed to His Grace the Duke of Norfolk (Londres: Pickering, 1875), sección 8, https://www.newmanreader.org/works/anglicans/volume2/gladstone/section8.html.
  26. Chapman, «Pope Honorius I» (nota 3), secciones «The reply of Honorius», «In what sense Honorius was condemned» y «Modern controversies on the subject».
  27. Tercer Concilio de Constantinopla, Carta al papa Agatón y Prosphoneticus, NPNF2 vol. 14 (nota 16).
  28. J.-B. Bossuet, Defensio Declarationis Cleri Gallicani, libro 7, cap. 24, tal como se cita en la nota introductoria de Percival a la carta de Agatón, NPNF2 vol. 14, https://www.newadvent.org/fathers/3813.htm.
  29. Chapman, «Pope Honorius I», sección «Modern controversies on the subject»; Excursus de Percival (nota 14), que cita a Hefele, vol. 5, p. 190 y siguientes.
  30. Johannes Baptist Sägmüller, «Karl Joseph von Hefele», Catholic Encyclopedia vol. 7 (1910), https://www.newadvent.org/cathen/07191a.htm.
  31. Paul Maria Baumgarten, «Johann Joseph Ignaz von Döllinger», Catholic Encyclopedia vol. 5 (1909), https://www.newadvent.org/cathen/05094a.htm.

Bibliografía

Fuentes primarias

  • Tercer Concilio de Constantinopla (680-681): actas (extractos), Sentencia, Definición de fe, Prosphoneticus, Carta a Agatón, con la Carta del papa Agatón. Trad. Henry R. Percival. NPNF2 vol. 14.
  • Concilio de Trulo (692), canon 1; Segundo Concilio de Nicea (787), Decreto. NPNF2 vol. 14.
  • Honorio I, Cartas a Sergio; León II, Cartas; Liber Diurnus. Tal como se imprimen y traducen en Hefele, vol. 5, y en Chapman (más abajo).
  • The Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson, 1982 (versión citada en el original inglés; esta edición en español cita la Reina-Valera 1909).

Fuentes ortodoxas y patrísticas

  • San Gregorio el Teólogo. Carta 101, A Cledonio. NPNF2 vol. 7.
  • San Juan Damasceno. Exposición exacta de la fe ortodoxa. Trad. E. W. Watson y L. Pullan. NPNF2 vol. 9.
  • Percival, Henry R., ed. The Seven Ecumenical Councils. NPNF2 vol. 14. 1900. Incluye el «Excursus on the Condemnation of Pope Honorius».

Fuentes de la tradición católica romana

  • Concilio Vaticano I. Pastor Aeternus. 1870. En Tanner, Decrees of the Ecumenical Councils.
  • Concilio Vaticano II. Lumen Gentium. 1964.
  • Hefele, Charles Joseph. A History of the Councils of the Church. Vol. 5. Trad. William R. Clark. Edimburgo: T. & T. Clark, 1896.
  • Chapman, John. «Pope Honorius I»; «Monothelitism and Monothelites»; «St. Maximus of Constantinople». Catholic Encyclopedia, 1910-1911.
  • Sägmüller, Johannes Baptist. «Karl Joseph von Hefele». Catholic Encyclopedia, 1910.
  • Baumgarten, Paul Maria. «Johann Joseph Ignaz von Döllinger». Catholic Encyclopedia, 1909.
  • Newman, John Henry. A Letter Addressed to His Grace the Duke of Norfolk. Londres: Pickering, 1875.
  • Bossuet, Jacques-Bénigne. Defensio Declarationis Cleri Gallicani, citado en NPNF2 vol. 14.

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